El legado de ‘Sexo en Nueva York’
Las hijas de Carrie

El legado de ‘Sexo en Nueva York’

the bold type serie amazon

'The Bold Type' (Amazon) es una dramedia que muestra un tipo de feminismo sin ideales rígidos ni caducos.

Más de quince años después de la despedida de Carrie Bradshaw, y antes de que llegue el revival, damos voz a 8 series que existieron porque 'Sexo en Nueva York' allanó el camino.

Cinco palabras: cuatro mujeres en Nueva York. Una sola idea acude a la mente: Sex and the City. Durante seis años, Miranda Hobbes, Samantha Jones, Carrie Bradshaw y Charlotte York fueron el espejo en el que se miraban millones de mujeres cada semana, mientras el grupo de amigas lidiaba con sus vidas profesionales y sentimentales siempre amparadas bajo la sólida amistad que las unía. La serie Sexo en Nueva York forma ya parte del imaginario colectivo audiovisual con sus aciertos y errores y con ella se rompieron algunas cadenas sexuales, no todas, que encorsetaban a las mujeres.

La serie era sexo, era Manhattan, era moda, era humor, era amor, era drama, pero sobre todo, era amistad entre mujeres. Y, cuando finalizó, aún quedaban muchas historias por contar y espectadoras ávidas de escucharlas. Más de quince años después de la despedida, y antes de que llegue el revival, damos voz a todas esas series que existieron porque Sexo en Nueva York allanó el camino.

‘Girls’

Año 2012. HBO. La sucesora díscola.

Amada y odiada a partes iguales, Girls nació como la heredera oficial de Sexo en NY pero orientada a un perfil más joven puesto que las cuatro amigas protagonistas rozaban la veintena. La serie creada y protagonizada por Lena Dunham, como Hannah, estaba acompañada de sus amigas Marnie, Jessa y Shoshanna en su viaje. Y aunque la serie carece de la pátina de brillo y glamour de su progenitora, esto le permite plantear un enfoque más real, fresco y veraz.

Aún así, el egocéntrico personaje de Hannah Horvath, al igual que su homólogo Carrie Bradshaw, absorbe descaradamente el protagonismo de la serie provocando que el espectador deambule permanentemente por cada uno de los desvaríos de la protagonista.

‘Girls’ supuso un paso adelante en el retrato de una generación de mujeres fuertes buscando su lugar en el mundo pero no fue, ni de lejos, la revolución que pretendía ser

En su momento, Girls representó la alternativa perfecta para los espectadores hastiados de los caprichos y fantasías de Bradshaw y sus amigas, y que además renegaban de la inverosimilitud de Sex and the City en muchos ámbitos: relaciones amorosas, perspectivas laborales, amistades, sexo, familia… Hay que reconocer que la precariedad laboral se retrata en Girls de una forma más acertada en un NY también más alejado de los circuitos más sofisticados y, quizás, incluso, las relaciones de amistad no sean tan idílicas, hasta los personajes masculinos se alejan de los clásicos galanes atractivos. Pero ahí acaba la audacia.

Y, es cierto, que Girls supuso un paso adelante en el retrato de una generación de mujeres fuertes buscando su lugar en este mundo pero no supone, ni de lejos, la revolución que pretendía ser. Al fin y al cabo en ambas series nos encontramos con un universo de mujeres blancas, sin rastro de diversidad racial, personajes cisgénero heterosexuales donde las relaciones homosexuales son puramente anecdóticas y con recreación de escenas improbables, por demasiado burdas y vulgares en el caso de la serie de Dunham y por demasiado elegantes y refinadas en el caso de la serie de Darren Star.

En la misma línea, los incontables desnudos de Hannah pretendían romper con la imagen de cuerpos perfectos de Carrie y compañía y mostrar una realidad más natural y cercana. Lena Dunham no podrá aspirar a desfilar como modelo de Victoria’s Secret pero su cuerpo es 100% normativo en la sociedad actual. Su pretendida innovación sexual sólo escandalizó a los americanos más puritanos. Y, desde luego, Samantha Jones le daba mil vueltas en cuanto a sexo sin prejuicios.

‘Lipstick Jungle’

Año 2007. NBC. La que llegó cuando la fiesta ya había terminado.

Manhattan, tres amigas Wendy, Nico y Victory, idéntico estilo de realización visual y basada en un libro de Candace Bushnell, la misma escritora del libro Sexo en NY. Mujeres de Manhattan, que es como se tradujo al castellano, tenía todos los ingredientes y más para ser un éxito. El problema es que ya existía un Sex and the City, en el trono sólo cabe una y se lo quedó la primera que llegó.

En 1998, Sexo en NY innovó y justo ahí radica su éxito, por eso cualquier producción posterior basada en ella, por muy buena que fuera, no iba a triunfar. Y menos cuando se cometían los mismos errores en cuanto a querer repetir un producto ya sobreexplotado, huir de la diversidad y mostrar sólo una cara, la esplendida, de la gran manzana.

Lipstick Jungle tiene una calidad actoral más alta representada por Brooke Shields, de sobras conocida; Kim Raver, con un buen currículum interpretativo a sus espaldas; y Lindsay Price, que ya prometía en Beverly Hills 90210. Las tres, mujeres de cuarenta años, independientes y profesionales. Las tramas son más adultas y profundas, las relaciones sentimentales son complejas y con matices, la amistad se aparta de condescendencias y paternalismos e incluso la moda elegante y aquí sí con clase, está presente. Mujeres de Manhattan tuvo sólo dos temporadas y la lástima fue que se apuntara al carro demasiado tarde, cuando en verdad debería haberlo conducido.

‘The Bold Type’

Año 2017. Freeform. Amazon. Feminismo y glamour en el siglo XXI.

The Bold Type es la serie que se merecen las jóvenes del siglo XXI, dicho queda, sin paños calientes. Jane (Katie Stevens) es periodista en una revista de moda y junto a sus amigas y compañeras de trabajo Kat (Aisha Dee) y Sutton (Meghann Fahy) se enfrentan a sus vicisitudes laborales y problemas sentimentales siempre de la mano y bajo un paraguas de feminismo consciente, real y aterrizado en la sociedad que vivimos.

Ha habido que esperar más de una década, pero por fin la diversidad racial ocupa un lugar principal en una serie sobre amistad entre mujeres. Y es esa una diversidad racial muy bien construida porque el personaje de Kat no gira sobre ese eje únicamente. Kat no es negra. Kat es negra y tiene sueños, ambiciones, preocupaciones, miedos, es creativa, luchadora y ambiciosa, cuida la amistad, sale con hombres pero se enamora de verdad de una mujer. Y de una mujer musulmana. Vaya regalo de personaje que nos brinda Sarah Watson, la creadora de la serie. Pero no es sólo Kat…

Un feminismo que lucha en el día a día sin enarbolar pancartas sino con acciones diarias que son igualitarias sin necesidad de proclamar que lo son

Jane es el personaje más conservador en cuanto a roles, quizás para ofrecer un contrapeso a la narración tan innovadora y fresca de las otras dos. Y aún así, dentro de su narcisismo, seguro herencia directa del personaje de la Bradshaw, introduce temas hasta ahora nunca tocados de forma tan honesta como la mastectomía o el complejo proceso de los altibajos de una relación estable.

Sutton es otro personaje complejo y muy bien elaborado que persigue sus sueños y cuando los consigue (sin spoilers) descubre que estos han tomado un rumbo diferente, sus objetivos han cambiado, así que ajusta la ruta a sus valores. Se enfrenta a la vida con madurez, con ambición y tenacidad, sin perder el humor y con una visión clara de sus propósitos. Tanto en su vida como en pareja.

The Bold Type es un drama con momentos de comedia que muestra un tipo de feminismo sin ideales rígidos ni caducos, compatible perfectamente con mujeres que se visten a la moda, se maquillan, ligan cuando quieren, y sólo si quieren, y miran a la misma altura al resto de personas, sean hombre o mujeres. Un feminismo que lucha en el día a día sin enarbolar pancartas ni aleccionar sino con acciones diarias que son igualitarias sin necesidad de proclamar que lo son.

‘Dollface’

Año 2019. Hulu. Sátira de la amistad femenina.

Química de primero de carrera: «La materia amistad femenina ni se crea ni se destruye, sólo se transforma». Existe como tal y se rige por unos códigos y clichés. Y Jordan Weiss, la creadora de Dollface, no sólo los conoce, sino que se ríe de ellos, los sobredimensiona y construye una comedia refrescante, muy ágil y diferente de todo lo visto hasta ahora.

El punto de partida es tan simple como una ruptura. A Jules, su novio la deja de forma inesperada y es entonces cuando ella se da cuenta de que ha estado en una relación dependiente a tiempo completo en la que ha olvidado su propia vida y carece de amistades de ningún tipo, así que toca recuperar a las antiguas amigas del pasado. Partiendo de esta base, se alza un guion basado en la amistad a cuatro bandas que explota con éxito todos los registros posibles de una forma cómica.

Se recrean sitcoms, juicios, concursos de belleza, tramas de trenes en marcha, urgencias… una lección de metatelevisión de comedia

Uno de los pilares básicos de las series sobre amistad femenina es que todos los personajes deben funcionar por separado, como entidad propia, pero también complementarse. Y en Dollface la silla cojea. Tres patas aún la sostienen pero la cuarta… mejor si hubiera sido un taburete. Kat Dennings, como la protagonista, Jules, está muy curtida gracias a la sitcom 2 Broke Girls; Brenda Song como Madison creció, durante años, como actriz de comedia en otra sitcom de humor Hotel dulce hotel: Las aventuras de Zack y Cody y en sus secuelas, y por eso representa la compañera perfecta de Dennings.

Esther Povitsky es Izzy que aporta su propia personalidad al grupo y sostiene el ritmo, ensalzando la comedia con mucho aplomo. Y llegamos a Stella, protagonizada por Shay Mitchell y la actriz prescindible del cuarteto. Shay Mitchell es preciosa, tiene mucha clase, y aporta eso a Dollface pero durante siete años ha sido la sufridora Emily Fields en Pretty Little Liars. Y eso debe pesar… Porque para el drama puede tener talento, pero la comedia le queda muy grande y con mucha diferencia. No es graciosa, su actuación se percibe incómoda y no fluye.

La multitud de escenas que refleja Dollface son ampliamente conocidas por cualquier mujer actualmente: despedidas de soltera, un like resbaladizo a un post antiguo de Instagram de la actual novia de tu ex, relaciones de pareja, lo new age en la época actual, tipos de hombre… y todo esto con escenas de fantasía en cada capítulo para recrear situaciones. La primera vez de estas alucinaciones sorprende un poco, pero con el paso de cada capítulo se esperan con ganas, pudiendo presenciar todo tipo de recursos televisivos en este sentido: se recrean sitcoms, juicios, concursos de belleza, típicas series de tramas en trenes en marcha, en urgencias… representan toda una lección de metatelevisión de comedia.

‘The Carrie Diaries’

Año 2013. The CW. La precuela prescindible.

¿En qué momento se le ocurrió a Amy Harris, creadora de esta serie, que alguien envidiaría algo más que el vestidor de Carrie Bradshaw y estaría deseando conocer sus empanadas mentales de adolescente? Las mujeres adultas que veíamos Sexo en NY poco interesadas estábamos en una serie juvenil sobre los últimos años del instituto de Carrie. Y las adolescentes de la época venían de la serie Gossip Girl y batallaban en el bando de Blair o de Serena, o incluso en el de Jenny, chicas malotas de clase alta… así que una inocentona Bradshaw les iba a saber a muy poco.

El único hype era ver cómo se conocieron y entablaron esa amistad profunda Carrie y Samantha y hasta eso decepciona. Anna Sophia Robb, como Carrie, es igual de exasperante e insoportable que la adulta y no es un halago; Lindsey Gort, como Samantha, está completamente desdibujada y fuera de lugar; Austin Butler, como Sebastian Kydd, el crush juvenil de Carrie (¿qué es Bradshaw sin un hombre al lado?) encaja mejor en High School Musical y el resto de personajes son tan prescindibles como insustanciales. La amistad de Carrie con sus amigas es prácticamente inexistente, la moda de los 80 parece de mercadillo, la banda sonora… sale más a cuenta buscar una playlist en Spotify. ¿Por qué de la existencia de esta precuela innecesaria?

‘Desenfrenadas’

Año 2020. Netflix. Amistad a la mexicana.

Como si de un crossover se tratara entre Thelma y Louise y Sexo en Nueva York, Desenfrenadas es básicamente un road trip desde México DF a Oaxaca de tres amigas, Vera, Rocío y Carlota, a las que se le acaba uniendo Marcela. Es un viaje de descubrimiento personal pero aunque la amistad que une a los personaje pudiera parecer simplemente el telón de fondo es realmente el hilo conductor de toda la historia.

Esta versión juvenil y fresca es mucho más profunda en su planteamiento que otras series que partían de la misma base y se enorgullecían de su inspirado guion. Aunque los personajes están encorsetados en el papel que representan, aún desde ahí se permite que la historia evolucione y crezca. Quizás no aporta nada transgresor y se retorna a unos clichés ya obsoletos, sobre todo el personaje de Carlota, pero Desenfrenadas no copia a Sexo en NY sino que crea su propia versión latinoamericana de la sororidad femenina acorde a sus valores y referencias culturales.

‘Ellas y el sexo débil’ y ‘Valeria’

Churros patrios. Así como concepto global…

Ay, ay, ay… cuando en España empezaron a escucharse rumores de que se pretendía hacer una versión autóctona de Sexo en Nueva York, muchos vimos avecinarse el desastre pero no teníamos dónde escondernos. El final de Edipo se nos vino a la mente como un mal presagio de lo que nos sucedería si la visionábamos. Y, efectivamente, en el año 2006, llegó a Antena 3 Ellas y el sexo débil creada y protagonizada por Ana Obregón, la bióloga Anita la Fantástica, bien conocida por nuestros padres y abuelos. Las aventuras de la condesa Viñacorta con sus amiguitas no pasaron del tercer capítulo y la infumable serie se canceló. Luego para que digan que no hay que creer en milagros…

Años después, en 2020, Netflix se atrevió con Valeria, sin reconocer abiertamente que también bebía de Sexo en NY pero ahí estaba la inspiración, tanto en la versión audiovisual como en el libro en el que se basa. Ni siquiera el aburrimiento en un confinamiento estricto, en el que cualquier serie que simplemente entretuviera era bien acogida, fue capaz de conferirle cierto atractivo a esta propuesta insulsa protagonizada por Diana Gómez. El listón estaba bajo pero ni así. En esta ocasión no ha habido tanta suerte porque la segunda temporada ya está en producción así que las treintañeras, pero inmaduras, Carmen, Lola y Nerea volverán. Sin encanto, pero volverán.

‘¿Me oyes?’

Año 2018. Netflix. Amistad marginal

Cuando se diseña una corona, la pieza más valiosa siempre se coloca la última. M’entends-tu? es una serie canadiense que es pura poesía callejera. Versos de barrio, descarnados, brutos, encapsulados en capítulos de menos de 30 minutos. Traducida como ¿Me oyes?, es una serie creada por Florence Longpré que también protagoniza a uno de los tres personajes principales, Ada. Aún siendo su creación, e incluso también es suya la elección de escenarios rica y variada, Longpré no acapara el protagonismo aunque lo consigue por méritos propios. Si incluso el cast de la serie está ordenado alfabéticamente, siendo ella la última referenciada en la intro. A ver qué actor o actriz ofrece esa lección de humildad silenciosa en el mundo audiovisual actual (¿me oyes Sarah Jesssica Parker?).

M’entends-tu? gira en torno a las vidas y vivencias de tres mujeres jóvenes muy diferentes, solas emocionalmente y procedentes de familias desestructuradas, en un barrio marginal y la amistad entre las tres representa el lugar seguro donde ser ellas mismas y sobrevivir, incluso más que crecer. Ada, Caro y Fabi, construyen, deconstruyen y reconstruyen, a lo largo de toda la serie, una amistad basada en vivencias, en luchas conjuntas ante la vida, en apoyo y en sufrimiento sobre un hombro compañero.

Ève Landry crea una Caro perfecta, compleja, llena de matices y miedos que el espectador percibe con solo una mirada. La forma en la que su personaje representa su relación de pareja disfuncional y la vivencia de la violencia de género es tan descarnada que es imposible no inmutarse.

Mélissa Bédard es una mujer hermosa, muy alta, por encima de la media, con sobrepeso y negra, negra real, no morena o más clara… como le gusta a Hollywood

Y de repente llega Mélissa Bédard, en el papel protagonista de Fabi, para romper de una patada todos los cánones corporales establecidos. Mélissa Bédard que no ha modificado ni un ápice su físico para este papel, es una mujer hermosa (aunque la revista Vogue discrepara), muy alta, por encima de la media, con sobrepeso y/o obesidad. Y negra, negra real, no morena, no disimulada o más clara… como le gusta a los productores de Hollywood. Un tono de piel y unas características físicas hasta ahora excluidas de carteles promocionales, a excepción de la película Precious, o reducidas a secundarios marginales. Y sí, Fabi es un personaje marginal pero también muy católico, con una voz prodigiosa, generoso, amoroso, protector, familiar, luchador, divertido, crítico, con una fuerza y una trama en esta serie de gran mérito.

Finalmente Ada que rezuma vida, generosidad pura y fuerza. La maravilla que Mélissa Bédard construye con este personaje es incuestionable. Ada es capaz de provocar en dos temporadas un sinfín de emociones puras, sin filtro, en el espectador: ternura, enfado, provocación, hastío, ira, diversión, ternura, carcajadas, exasperación, lágrimas… Ada deja huella y, al igual que su serie, quizás no es una imprenta tan estética visualmente, pero sí muy profunda.

A veces no es agradable ver ¿Me oyes? porque su dramatismo golpea sin concesiones, pero es que la vida es algo más que Manolos, cocktails y hombres. No nos dejemos engañar por los abundantes momentos de humor, principalmente de Ada, esta serie no es una comedia. Esas burbujas humorísticas son necesarias para aliviar la tensión dramática tan dura que sino se volvería insostenible de visionar. Esta serie muestra una realidad existente y mucho más habitual de lo que creemos. No por silenciada es invisible.

Escrito por Meritxell Cárdaba en enero 2021.

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