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Cartel promocional de la primera temporada de 'Strange Angel'.
Nacido el 2 de octubre de 1914, Parsons fue criado por su madre –su marido la abandonó al poco de nacer él- y sus abuelos en un entorno acomodado en Pasadena (Los Ángeles), localidad de la que terminaría siendo uno de sus hijos más polémicamente célebres. Poseedor de una desbordante imaginación que en numerosos casos tomaría las riendas de su destino, Parsons afirmaba haber invocado al Diablo cuando tenía apenas 13 años en busca de represalias contra aquellos compañeros de clase que se metían con él, quedando congelado eso sí por el terror ante la (presunta) presencia del Maligno. Hipnotizado por las novelas de terror y ciencia ficción desde muy joven soñó con que el ser humano viajaría al espacio.
Cuando tuvo que convertirse en la fuente de manutención de su madre al fallecer su abuelo aprovechó su don innato para trabajar con diferentes tipos de explosivos en diversas compañías químicas y fábricas de municiones. Era capaz de reconocerlos por aspectos como su olor y su textura, como si se tratara de un alquimista de la pólvora. Su pasión por el mundo de los cohetes le llevó a realizar una serie de experimentos caseros junto a su amigo de la infancia Edward Foreman –el cuál había sido uno de sus defensores en su difícil infancia cuando Parsons era blanco fácil de los abusones escolares- que resultaron bastante innovadores y aunque por sus carencias económicas no logró acceder a estudios universitarios, gracias a una conferencia del ingeniero en cohetes Eugen Sänger conoció al joven Frank Malina, con el que compartía sueños e intereses como el de alcanzar el espacio.
Existió otro Jack Parsons, nocturno, misterioso, esotérico, supersticioso y, por encima de todo, único
Gracias a los fondos conseguidos por el Instituto Caltech, y junto a Malina, Foreman y un equipo de jóvenes científicos un tanto temerarios –apodados The Suicide Squad mucho antes que DC Comics registrara ese nombre- y después de algunas pruebas no exentas de peligro tuvieron el suficiente éxito para fundar el JPL, siglas de Jet Propulsion Laboratory, compañía especializada originalmente en el desarrollo de cohetes propulsados a chorro. La JPL sería absorbida por la NASA a finales de los años 50 y terminaría siendo clave en el objetivo de volar al espacio y dar ese pequeño paso para el hombre y gigantesco para la humanidad.
Este breve resumen de la vida de Jack Parsons solo hace referencia a un aspecto de su vida. El diurno, el científico con los pies aparentemente en la tierra y poseedor de unas aptitudes poco comunes para el mundo de la propulsión y los explosivos. Sin embargo, existió otro Jack Parsons, nocturno, misterioso, esotérico, supersticioso y, por encima de todo, único.

Rudolph Schott, Apollo Milton Olin Smith, Frank Malina, Ed Forman y Jack Parsons en la 1ª prueba de encendido de un motor de cohete en el JPL en 1936.
Toda ley será hacer tu voluntad. Parsons entró en contacto con la filosofía de Thelema a finales de 1939 cuando descubrió en la biblioteca de su viejo colega Robert Rypinski el libro Knox Om Pax del mago, ocultista, escritor, poeta y pintor Aleister Crowley, publicado en 1907. El místico, cuyo apodo más popular fue el de La bestia 666, se había convertido en líder de la O.T.O. (Ordo Templi Orientis) a principios de la década de los 20 tras haber abandonado la Hermetic Order of the Golden Dawn (“Orden Hermética del Alba Dorada”) y la había reconvertido en una sociedad que aplicaba los conceptos de Thelema, cuya principal ley era “Haz tu voluntad”.
La única logia en EEUU, afincada precisamente en Pasadena, estaba a pocas millas del hogar de Parsons. Jack y su esposa Helen, con la que había contraído nupcias en 1935 se unieron a la Logia Ágape el 15 de febrero de 1941, adquiriendo los nombres de “Father T.O.P.A.N” (Siglas de Thelemun Obtentum Procedero Amoris Nuptiae, que significa “el logro de Thelema mediante las nupcias del amor”) y “Soror Grimaud” respectivamente.
En 1945 entró en escena una figura tan escandalosa o más que el propio Parsons: Ron L. Hubbard, futuro creador de la Iglesia de la Cienciología
Con el paso del tiempo, Parsons llegó a alcanzar el estatus de líder de la Logia Ágape, desbancando a Wilfred Smith, el cual fue tanto figura paternal como rival en lo que respecta a conquistar el corazón de su esposa Helen, que acabaría teniendo un hijo suyo y marchándose a vivir con él a su “retiro mágico” en Rainbow Valley cuando tuvo de abandonar su puesto por orden de Crowley. Parsons, por su parte, había comenzado un romance con la hermana pequeña de Helen, Betty, y aunque todos estos líos de alcoba parezcan surgidos de una telenovela no eran tampoco nada del otro jueves en una organización que consideraba (en palabras de Crowley) el matrimonio como una “institución detestable” y el sexo libre estaba a la orden del día.
En 1945 entró en escena una figura tan escandalosa o más que el propio Parsons: Ron L. Hubbard, futuro creador de la Iglesia de la Cienciología y por aquel entonces un soldado retirado con tendencia a la mentira patológica, y también un escritor de novelas de ciencia ficción cuya repercusión causaría un efecto bastante modesto e intrascendente salvo para los seguidores de su credo. Hubbard, independientemente de sus muy cuestionables cualidades humanas, era un místico de primera y terminó volviéndose la mano derecha de Parsons y colaborando en sus prácticas rituales. Juntos, como si se trataran de unos John Dee y Edward Kelly modernos, trabajaron en una serie de ritos para invocar a la diosa Babalon, la Mujer Escarlata, que nacería como una Moonchild, una criatura mágica que debería llegar a ser la figura mesiánica tras la llegada de una Nueva Era.

Ron L. Hubbard fotografiado en su casa Sussex en 1959. © Getty Images
Prácticamente al terminar sus rituales se manifestó en la vida de Parsons (literalmente: apareció en la puerta de su mansión, a la que llamaban Parsonage) Marjorie Cameron. Poetisa, escritora, pintora y actriz (y pelirroja cual Babalon), Cameron era un torrente de creatividad que inició un romance (un tanto alborotado, eso sí) con Parsons que culminaría en matrimonio en 1946. Cameron estaba destinada a dar a luz a la Moonchild en el plano astral –aunque otras versiones la interpretan literalmente como la reencarnación de Babalon-. Ese mismo año se gestó la traición de Hubbard, que robó a Parsons gran parte de la fortuna, ya muy dilapidada, que había ganado de la venta de sus participaciones en JPL, y le estafó en un negocio de reparación y venta de yates.
Para más inri Hubbard se fugó con la que había sido la amante predilecta de Parsons, Betty, que terminaría casándose con Hubbard y sufriendo en el futuro las iras y las torturas psicológicas del líder de la Cienciología. En una persecución bastante loca Parsons les perdió al poco de que zarparan de la costa de Florida: ni corto ni perezoso el científico y ocultista dibujó un círculo en el suelo de la habitación de su hotel, invocó a Bartzabel (el espíritu de Marte) … y una furiosa tormenta obligó a Hubbard y a Betty a volver a la costa para ser detenidos. Parsons solo recuperaría una pequeña parte de su fortuna, y Hubbard, usando muchos de los conceptos aprendidos gracias a la OTO y dándoles la vuelta, fundaría su propia religión, la polémica Iglesia de la Cienciología.
En el mundo terrenal Parsons se vio investigado por el FBI por su pasada relación con miembros del partido comunista
En los últimos años de su vida Parsons tuvo que vivir de manera mucho más modesta económicamente que en los momentos de mayor éxito de la JPL, alternando trabajos que fueron desde empleado de gasolinera a diseñador de explosivos para efectos especiales de cine, pasando por contrabandista de nitroglicerina, y escribió su ensayo Freedom is a Two-Edged Sword donde condenaba el autoritarismo y la corrupción enquistados en la sociedad estadounidense. En 1948 Babalon se le apareció en sueños y le impelió a retomar su actividad mística.
Volvió a reunirse con Wilfred Smith, hizo que le bautizara como “Belarion Armiluss Al Dajjad, AntiCristo” y tomó el Juramento del Abismo, que implica la renuncia total del mundo y el desprendimiento del ego. En un viaje astral llegó hasta la ciudad maldita de Corozaín, donde se levantaba una enorme torre de basalto negro. En su particular Peregrinaje negro se refirió a sí mismo como reencarnación de Simón el Mago, Gilles de Rais (el terrible Barba Azul), al quinto conde de Bothwell y del conde Cagliostro. Profetizó que en nueve años Babalon se manifestaría por fin en la Tierra.

Jack Parsons y Marjorie Cameron.
Sin embargo, en el mundo terrenal Parsons se vio investigado por el FBI por su pasada relación con miembros del partido comunista y fue despedido de su nuevo trabajo en la compañía de Howard Hughes donde estaba reverdeciendo sus laureles como científico debido a su mala praxis con la documentación confidencial. En 1952, trabajando en su garaje mientras manejaba explosivos que iba a usar en una película, algo ocurrió que provocó una detonación que terminó con su vida.
Aunque durante mucho tiempo, Jack Parsons pareció desvanecerse de la historia de la NASA, poco a poco fue convirtiéndose en una figura de culto
La versión oficial es que fue un accidente –algo bastante plausible dado lo negligente que solía ser Parsons en cuestiones de seguridad con un material tan delicado, y a la posibilidad de que estuviera consumiendo morfina en aquella época-, aunque existen teorías para todos los gustos: desde que fue la venganza de un policía corrupto al que Parsons había ayudado a encarcelar hasta que fue el propio Gobierno americano que quería quitárselo de en medio por saber demasiado sobre el desarrollo armamentístico. Incluso que fue demasiado lejos invocando a un elemental del fuego. Tras la explosión, todavía vivió unos treinta minutos aproximadamente y según algunos testigos, sus últimas palabras fueron “aún no había terminado”. Aunque parezca mentira, solo tenía 37 años.
Aunque durante mucho tiempo, durante el siglo XX, Jack Parsons pareció desvanecerse de la historia de la NASA, poco a poco fue convirtiéndose en una figura de culto. El libro Sexo y cohetes publicado en EEUU en 1999 (editado en España por la editorial Desvelo en 2018) fue el primero en interesarse por su persona. En 2006 surgió una nueva biografía centrada en su figura: el fabuloso Strange Angel, the Otherworldy Life of Rocket Scientist John Whiteside Parsons, de George Pendle, que tuvo una magnífica aceptación crítica y que además era un goloso caramelo para los estudios hollywoodienses en busca de un libro que adaptar a la pantalla. Más todavía a la pequeña, ya que el libro de Pendle es detallado y conciso, está escrito con elegancia y se percibe en él una auténtica fascinación por el sujeto.
En definitiva, el tipo de volumen con el que sueña un guionista para poder construir la biblia de un serial televisivo. Fue Ridley Scott quién adquirió los derechos del libro a través de su productora Scott Free Productions para convertirlo en una serie y para ello contrató al prestigioso guionista Mark Heyman, todavía con el éxito cercano de su libreto de Cisne Negro (“Black Swan”, 2010) dirigida por Darren Aronofsky. Originalmente el proyecto estaba destinado para la cadena AMC, pero se echó atrás y estuvo a punto de quedarse en el development hell hasta que finalmente fue adquirido por CBS, que lo consideró lo suficientemente distinguido para darle lustre a CBS All Access, su plataforma digital de VOD que acababa de nacer.

Parsons junto a un contenedor de despegue asistido en el centro de pruebas del JPL.
Strange Angel, la serie de televisión, iniciaría su andadura el 14 de junio de 2018 con un episodio piloto dirigido por un director con la personalidad suficiente para otorgarle una identidad propia y ciertos rasgos distintivos: David Lowery, director de filmes como En un lugar sin ley (“Ain’t Them Bodies Saint”, 2013), A Ghost Story (2017) o la recién estrenada Mother Mary (2026), fue el encargado de la difícil tarea de mostrar a un Jack Parsons como mínimo la mitad de magnético e impredecible que en la vida real. Y salió bastante victorioso del encargo: el Parsons al que daba vida el actor Jack Reynor resultaba en esas primeras horas de programa lo suficientemente impetuoso, temerario, infantil e incluso algo pánfilo para cubrir un buen espectro de lo esperable en semejante dinamo humana.
A la larga, el problema sería que Hayman y su equipo de guionistas no serían capaces apenas de encontrarle muchas más dimensiones. Las dos primeras horas de programa tenían un enfoque que en ocasiones recordaba a una película con la que tenía algunos puntos en común, The Master (Paul Thomas Anderson, 2012), tanto en lo visual como en la relación que se establecía entre sus dos protagonistas, y en el hecho de no tratar de manera frívola la adherencia de sus personajes principales a un culto ni tampoco celebrarla, sino intentar narrar de manera natural que formaba parte de su accidentado viaje de autodescubrimiento, con todo lo bueno y lo espantoso que ello iba a conllevar.
Ernest Donovan es el mejor personaje de ‘Strange Angel’ en sus primeras horas
Al igual que le ocurrió a la magistral película de Anderson con su excepcional banda sonora compuesta por Jonny Greenwood, la serie iba a gozar de un universo musical particularmente complejo y bello, que en ocasiones parecía servir para dar buena cuenta mediante sus armónicas partituras del estado mental de sus respectivos protagonistas más que para servir de mero acompañamiento de la narración. Fue compuesta por Daniel Hart, habitual compinche de Lowery y destaca por encima de la media de lo habitual en los soundtracks televisivos.
En el inicio del Strange Angel televisivo nos encontramos a Jack viviendo con su esposa Susan (versión de la verdadera Helen Parsons interpretada por Bella Heathcote) de manera modesta. Apenas logra mantener los gastos del hogar con su trabajo en una fábrica de explosivos y Susan debe trabajar de secretaria para su estricto, cristiano y moralista padre, Virgil (Michael Gaston), del cual apenas puede disimular el desagrado –cuando no directamente el asco- que siente hacia él debido a un oscuro secreto de su pasado que guarda en lo profundo de su mente.
Parsons dedica un buen montón de noches a salir para hacer pruebas de despegue de cohetes construidos junto a su amigo de la infancia Richard Onstead (Peter Mark Kendall). Este personaje es una fusión de los verdaderos Ed Foreman (el amigo de la infancia del Parsons real) y de Frank Malina (el universitario con el que alcanzaría a fundar JPL).

En ‘Strange Angel’ Jack Reynor (izquierda) da vida a Jack Parsons.
La vida de los Parsons dará un vuelco cuando se mude a la casa de enfrente Ernest Donovan (Rupert Friend), un tipo desaliñado y pintoresco que se convierte en el robaplanos oficial de la primera temporada. Donovan no parece regirse ni por las reglas sociales de conducta ni por la moral establecida y poco a poco va volviendo del revés la vida de la pareja. Su influencia sobre Jack repercute primero en su absorción de las filosofías thelemitas para después ser introducido como miembro de la OTO; en Susan para que afronte sus propios demonios que la impiden liberarse. Pero la pareja también resultará ser un imán para él, especialmente Jack.
Ernest es el mejor personaje de Strange Angel en sus primeras horas. Es temerario, aparentemente salvaje pero sujeto por más cadenas de las que él mismo piensa, y su interés sincero por el ocultismo paulatinamente se trasladaba a la verdadera estrella del programa. Su look era más semejante de entrada a Ed Foreman que Onstead (que se parece mucho más al Frank Malina real), y su personalidad bebía de otros personajes reales como John Baxter, una de las personas más influyentes a la hora de empujar a Parsons hacia el movimiento gnóstico que además sentía una profunda atracción romántica por él.
El primer año de programa se destacó por ser comedido a la hora de abrazar lo extraño deteniendo su atención con mucha más frecuencia en lo mundano
El personaje al que da vida de manera magnífica Rupert Friend –popular por interpretar al agente Peter Quinn en la serie de espionaje Homeland- tiene de nuevo una deuda importante con la película The Master y con su protagonista Freddie Quell, al que interpretaba Joaquim Phoenix, ya que parece ser la base en la que se sustenta su personalidad, lo imprevisible de sus actos y hasta lo extravagante de sus movimientos físicos. Y como aquel, tiene una cantidad de traumas internos que contrastan con sus imperantes ansias de libertad.
El primer año de programa se destacó por ser comedido a la hora de abrazar lo extraño deteniendo su atención con mucha más frecuencia en lo mundano con soberbias excepciones como el extraordinario quinto episodio Dance of the Earth, un viaje al desierto bajo los efectos de los psicotrópicos en los que Parsons se veía a sí mismo transportado a la Luna, encontrándose con su padre, viendo un futuro muy lejano, y aceptando sus visiones y aplicándolas a la vida “terrenal” ya que era su visión (o su viaje astral) lo que le proporcionaba las claves para mejorar en sus experimentos.
Con unos índices de audiencia que no fueron los esperados por los ejecutivos de CBS All Access, se encargó una segunda temporada de solo 7 episodios en lugar de los 10 de la anterior donde Heyman y su equipo iban a intentar poner toda la carne en el asador. Tendría resultados desiguales: algunos de sus mejores momentos brillan por encima de los de la primera temporada, pero el conjunto da la impresión de ser más irregular y poco preciso.

Bella Heathcote, Jack Reynor y Rupert Friend en ‘Strange Angel’.
La segunda temporada da comienzo un par de años después que la anterior, con Estados Unidos a punto de formar parte de la II Guerra Mundial y solicitando al JPL tecnología armamentística capaz de competir con los misiles V2 alemanes. Parsons volvía a disponer de una fortuna. Los thelemitas son expulsados de su Logia por culpa de las protestas de Virgil –ahora en guerra con ellos no solo por la adhesión a la OTO de Susan sino también de su hija pequeña Patty (Laine Neil), claramente inspirada en Betty Parsons- y la congregación cristiana de Pasadena.
Jack y Susan los invitan a vivir en su mansión, la Parsonage, iniciándose un conflicto a cuatro bandas entre su líder Alfred Miller (Greg Wise, basado en Wilfred Smith), Jack (ahora el nuevo ojito derecho de Crowley) y las dos hermanas. El segundo año de programa se detiene mucho más en mostrar cómo era la vida de la OTO en Pasadena, un refugio de artistas bohemios y outsiders de la sociedad convencional, pero siempre con cierta cautela a la hora de mostrar su parcela más esotérica, algo que no hará hasta explotar en una espectacular escena de su episodio final. La secuela intentó dotar de mucho más protagonismo a Jack en detrimento de Ernest (que solo aparece la mitad de la temporada), pero en sus intentos de mostrar su dualidad genio/loco o soñador/drogadicto solía tener más predisposición hacia lo segundo.
La serie se quedó a las puertas de los aspectos más esotéricos y alucinantes de la vida de Parsons
Aunque Parsons y Aleister Crowley no se conocieron en persona nunca en la vida real Hayman se las ingenió para introducirlo en la serie interpretado muy adecuadamente por Angus Macfayden, añadiendo un toque mágico muy bienvenido (aunque fue de manera muy ambigua) al programa. Ben Wheatley, director de películas de culto como Kill List (2011) y A Field in England (2013) y uno de los causantes del auge del subgénero Folk Horror en los últimos tiempos se encargó de sustituir a Lowery poniéndose tras las cámaras en los dos primeros episodios, donde habría muchos más contrastes entre la luz y la oscuridad, entre las soleadas mañanas californianas en los jardines de la Parsonage y las noches de los rituales de la OTO y también de callejones oscuros ocupados por espías y traidores.
Wheatley también había dirigido el sexto de la primera temporada, The Mystic Circle of Young Girls. Los inconvenientes en esta segunda entrega vendrían dados por demasiadas concesiones a tramas de estilo soap opera y si esto puede ser asumible en lo referente a la relación entre Susan y Alfred (apoyados por el buen hacer tanto de Bella Heathcote y Greg Wise, con los que termina siendo imposible no encariñarse) dado que la propia vida real en la Logia Ágape se prestaba a ello, se torna prácticamente un estorbo en el aburrido romance entre Onstead y Marisol (Victoria Osorio), que parece diseñado únicamente para que Peter Mark Kendall mantenga su crédito como intérprete principal y que no aporta absolutamente nada a Strange Angel.

‘Strange Angel’ solo duró dos temporadas.
La serie se despidió con un último episodio donde Parsons ocupaba junto a Patty su puesto como Magus de la Logia. Antes de despedirse regalaba una hipnótica escena de una orgía donde tenía visiones dignas de un practicante de la magia negra y culminaba con Ron L. Hubbard llamando a su puerta. Era un acto de osadía final, ya que aparte de Parsons y Crowley ningún personaje real conservaba su nombre y sin embargo sí se lanzaron a hacerlo con el fundador de la Iglesia de la Cienciología, que, aunque no conserva el poder que tuvo durante la década de los 90 todavía es capaz de ejercer cierta influencia –demasiado parecida a la de cualquier organización criminal- en la ciudad de los sueños.
Nos quedamos sin tener una tercera temporada que prometía ser, a tenor por la biografía de Jack, terrorífica, tremenda y demencial
Si CBS All Access recibió presiones por su parte o si se debió únicamente a unas cifras de espectadores poco boyantes nunca lo sabremos. Se quedó a las puertas de los aspectos más esotéricos y alucinantes de la vida de Parsons: los rituales para invocar a Babalon, su romance infinito con Marjorie Cameron, la invocación a Bartzabel para frenar a Hubbard, el peregrinaje negro a la ciudad soñada de Corazaín (sospechosamente parecida al relato El Conde Magnus, de M. R. James), ese reencuentro con Wilfred Smith/Alfred Miller para adoptar el rol de Belarion… y ese tristísimo final que según mostraba Alan Moore en su serie de cómic Promethea le hace arder en el éxtasis del fuego del amor hasta el fin de los tiempos por amor a Babalon.
Nos quedamos sin tener una tercera temporada que prometía ser, a tenor por la biografía de Jack, terrorífica, tremenda y demencial. La serie de docudramas basados en hechos reales con aspectos sobrenaturales Lore, adaptación de un poscast del mismo nombre y emitida en Amazon Prime, tiene un episodio dedicado a Parsons, The Devil and the Divine. No es gran cosa y se ve limitado por su escasa duración de 45 minutos, pero al menos llega hasta el fin de sus días y tiene a Alicia Witt interpretando a Marjorie Cameron, con la que, aparte de su cabellera roja, se parece como un huevo a una castaña, pero igualmente hubiera sido genial tenerla en el papel en una hipotética tercera temporada.

