«En esta profesión las expectativas no son nada buenas»
Entrevista a Diana Gómez ('Valeria')

«En esta profesión las expectativas no son nada buenas»

La actriz catalana protagoniza la adaptación del fenómeno literario de Elísabet Benavent. Una comedia que estrena Netflix y que bebe de series como 'Sexo en Nueva York' y 'Girls'.

Cuatro amigas se acercan peligrosamente a los 30 sin haber hecho realidad sus viejas aspiraciones. Son muy distintas, pero se complementan; afrontan los retos, los varapalos laborales, las relaciones sentimentales y el sexo de formas opuestas, pero se escuchan, se aconsejan, se apoyan a muerte. Sororidad a prueba de bombas. Chicas de hoy en día. Nacidas de la imaginación de la valenciana Elísabet Benavent, sus peripecias transitan de fenómeno literario, con más de un millón de ejemplares vendidos, a producción de Netflix con todo en su mano para repetir ese éxito.

Valeria podría ser la evolución natural de las referenciales Sexo en Nueva York y Girls. Sin Carrie Bradshaw, sin Hannah Horvath, probablemente no estaríais leyendo esto. La protagonista de la serie que nos ocupa sueña con ser escritora y empieza a pensar que sus seis años de matrimonio tienen poco recorrido por delante. Duda si dejarse tentar por el guaperas que se ha cruzado en su camino, duda si aceptar un trabajo alimenticio, duda si está en un punto de inflexión vital, duda. «Está desencantada, en plena crisis personal», afirma Diana Gómez, la actriz encargada de ponerle rostro y cuerpo a la Valeria de los libros.

La Tatiana de La Casa de Papel no es, precisamente, una recién llegada: debutó con un pequeño rol en la película Salvador (Puig Antich), y ha asomado, en papeles más o menos importantes, en series como El secreto de Puente Viejo, Capitán Alatriste, Sé quién eres, El Crac, El día de mañana, 45 revoluciones o, claro, La Casa de Papel. Alrededor de ella bailan el resto de personajes de una serie  destinada a colocarse inmediatamente en la lista de 10 más vistas que Netflix incluye en su menú desde hace unas semanas. Pero Diana Gómez (Igualada, 1989) es prudente con el éxito, consciente que esta es una profesión caprichosa y un mundo en el que las predicciones suelen servir para bien poco.. Todavía más en tiempos de coronavirus: «No sé, la verdad es que hay tanta incertidumbre que no me planteo nada. Tampoco sé si pensaría demasiado en lo que está por llegar si no estuviéramos viviendo esta situación de pandemia, porque puede pasar cualquier cosa. Ojalá Valeria funcione, claro, y que haya más temporadas, y que de aquí salgan otros proyectos. Pero, aun sin pandemia, nunca se sabe: hay proyectos que parece que te pueden lanzar y no, o al revés. Nunca se sabe, y ahora mucho menos».

Gómez sabe de lo que habla. Como su personaje, ella también vivió un momento de crisis que la llevó a platearse su realidad, su profesión, su situación vital. «Afortunadamente no he dejado de trabajar, pero durante muchos años fui tirando de ahorros, porque haciendo uno o dos proyectos al año no te da para vivir. Y llegó un momento en que esos ahorros se terminaron, y sin previsión de curro tuve que pensar qué podía hacer. Yo no quería dejar de ser actriz, así que tenía de encontrar trabajos que me permitieran compaginar con seguir haciendo castings, con seguir siendo actriz. Y tampoco tenía experiencia en otras cosas. Era un pez que se mordía la cola. Estaba a punto de cumplir los 30 y no tenía claro qué pasaría: te planteas muchas cosas, quién eres, qué haces… Y hace un par de veranos estuve currando de camarera en la barra del Sónar y como guía turística. Pero entonces me salió un papel en 45 revoluciones, y después salió La Casa de Papel, y a partir de ahí…

¿Puede ser que hayas estado a punto de dar el salto muchas veces, y no ha acabado de pasar?

Puede ser. Pero yo estoy muy contenta con mi carrera. Y si ha ido así, será por algo. He aprendido mucho en este camino, y ahora Valeria me llega en un buen momento. Soy consciente que la profesión tiene altos y bajos, y que igual estás buscando trabajos de otras cosas porque necesitas ingresar dinero en la cuenta corriente como que protagonizas una serie para Netflix. Vete a saber qué pasa después… Esta es una profesión que cuesta mucho, pero estoy contenta de cómo me ha ido.

Valeria es una serie que se alimenta de varias crisis: crisis de pareja, crisis laboral, la maldita crisis de los 30 años…

Absolutamente. En ese sentido me sentía muy identificada con Valeria, por mi propia crisis. Sobre todo económica y laboral: ella tiene un trabajo creativo, pero no tiene dinero… el entorno le pide tener un plan B, y ella no lo quiere, y eso le plantea muchas dudas a nivel íntimo. Llega a los 30 y se da cuenta que la vida no es aquello que le habían prometido, y que quizás nunca llegará a esa estabilidad que desea. Quizás eso le ocurra a otra gente a otras edades, pero a Valeria y a mí nos pilló a los 30. La generación millennial nos encontramos con la crisis económica, necesitando de golpe la ayuda de los padres, compartiendo piso… Y ahora llega un nuevo golpe, con todo lo que estamos viviendo.

Siento decirte que a los 40 también se pasan crisis existenciales…

Sí, ¿verdad? Creo que los que ahora tenemos 30 nos damos cuenta que esto continúa, y que es cíclico. El peor de los miedos es saber que, aunque ahora superemos una de esas crisis, habrá otras, que la cosa no termina, que la vida es exactamente eso. O te acostumbras o lo pasas fatal.

En cualquier caso, esa crisis sorprende viendo tu currículum… No has parado, y supongo que eso demuestra esa precariedad en la profesión de actor que algunos compañeros tuyos han denunciado a menudo.

Sí… y creo que se habla poco de esa precariedad. A mí me ocurrió justo después del estreno de El día de mañana, que para mí fue un proyecto especial, un punto de inflexión, porque suponía recuperar una exposición de mi trabajo en toda España. Y fue una serie que disfruté muchísimo. Un proyecto tan cuidado como El día de mañana, con un rodaje que se alargó mucho en el tiempo, pero en el que tenía un papel secundario… Si no tienes algún otro trabajo se hace muy difícil vivir de esto.

De izq a dcha: Teresa Riott, Diana Gómez, Silma López y Paula Malia (protagonistas de ‘Valeria’) / Netflix.

Volvamos a Valeria. ¿Como llegas a la serie? ¿Participabas del fenómeno literario?

Pues debo reconocer que no, ni conocía las novelas, ni siquiera lo que había alrededor. Me llegó la posibilidad de hacer el casting, fui pasando fases, y en ese proceso descubrí que los libros eran best-sellers, y me di cuenta de la dimensión del fenómeno. Una vez tuve el papel, es verdad que con las directoras decidimos no leer las novelas, para basarnos del todo en los guiones, en su adaptación. Pero también es verdad que, cuando llevábamos ya mes y medio de trabajo, decidí leerlas para ver si íbamos por buen camino y para matizar algunas cosas del personaje.

¿Ibais por buen camino para no defraudar a los lectores de las novelas?

Sí, creo que el espíritu de los libros estaba ahí. La propia Elísabet Benavent había participado al principio del proceso de escritura con las guionistas, pero también es verdad que dejó mucho espacio, mucha libertad. Lo curioso es que la esencia de los personajes y de los libros se mantiene, por mucho que los guiones sean una adaptación. Obviamente los lectores tienen su imaginario creado, y eso es difícil de reproducir, pero la esencia está y espero que los que fueron lectores revivan las sensaciones que tuvieron.

¿Dirías que ‘Valeria’ es una serie feminista?

Yo diría que es una serie sobre cuatro amigas, y sobre cómo influyen unas en las vidas de otras. No sé si podemos decir que es una serie feminista, porque para mí eso implicaría una lucha por romper con los estereotipos heteropatriarcales. Y yo creo que Valeria es una serie romántica y de amistad que sí reivindica a mujeres que deciden sobre sus propias vidas…

¿Estás de acuerdo en que la serie podría ser hija de ‘Sexo en Nueva York’ y de ‘Girls’?

«Me basé mucho en Annie Hall a la hora de crear a Valeria, tanto en su verborrea como en lo físico»

Pues por un lado debo decir que nunca vi Sexo en Nueva York. Probablemente las novelas beban de ella, pero no te lo sé decir. En cambio, sí he visto Girls, que es una serie que me chifla. Y, sin pensar que realmente sea un referente de Valeria, porque no lo creo, sí es verdad que también habla sobre cuatro amigas y sus vidas. Pero el tratamiento es muy diferente, aunque la estructura se parezca y, al final, los conflictos que viven las protagonistas puedan parecerse. Pero no es tanto el qué sino el cómo.

En Nueva York o en Madrid, el sexo está muy presente en la serie…

Creo que es casi un personaje más, aunque no tiene ni más ni menos importancia de la que tiene en nuestras vidas. Es verdad que en otras series y películas es un tema tabú o algo muy mitificado, que se trata de manera o muy bonita o muy pasional. Aquí el sexo aparece de forma muy natural, también muy desacomplejada, en función de lo que viven y les ocurre a los personajes. Con miedos, con más o menos confianza…

Ni Carrie ni Hannah… ¿manejaste algún otro referente para construir a Valeria?

Sí, me basé mucho en Annie Hall a la hora de crear a Valeria, tanto en su verborrea como en lo físico. Ambas son mujeres que hablan muchísimo, siempre con la palabra a punto. Son muy inteligentes. Y los movimientos de Annie, como los de Valeria, tienen algo de torpes, pero con mucho carácter…

Annie Hall es, de alguna manera, la madre de muchos personajes que han venido después.

Sí, sí, y además, en su momento, escapaba mucho de los tópicos que acompañaban a las mujeres. Es un personaje del que no puedes no enamorarte, y es muy moderna, en el vestuario, en su comportamiento… Te enamoras de esa cosa un poco desastre que tiene, de sus imperfecciones, que la hacen más humana, carismática. Todo eso le iba muy bien a Valeria, que es una mujer que está muy lejos de ser perfecta, con sus crisis y sus defectos…

‘Valeria’ se estrena en Netflix el 8 de mayo.

En ‘La Casa de Papel’ haces un papel pequeño, al menos hasta el momento. ¿Has vivido también el efecto fenómeno de la serie?

Bueno, la cuarta temporada nos ha pillado confinados, así que no… pero sí es curioso cómo, a raíz del estreno, me han llegado mensajes de ex compañeros de Primaria, o de amigos de Londres, donde viví un tiempo. La verdad es que cuesta asimilar que, de golpe, un trabajo que haces llegue a 190 países. Me cuesta entender en qué se traduce eso. Hay algo en mi cabeza que me hace difícil comprenderlo. No tengo ni idea de qué pasará, pero sí es cierto que es muy fuerte saber que Valeria va a verse en tantos sitios en todo el mundo.

Antes hablábamos de tu currículum. Me gustaría que destacaras dos o tres trabajos de los que estés especialmente satisfecha…

El día de mañana, porque la experiencia fue buenísima. Mariano Barroso es un gran director. Es uno de los trabajos recientes de los que más contenta y orgullosa estoy. Obviamente, El Crac: estoy muy agradecida a Joel Joan y a Héctor Claramunt porque me dieron un personaje que, de entrada, me iba a la contra, pero esos retos son los que más me motivan como actriz, crear un personaje que tiene poco que ver contigo, trabajártelo. Y reivindicaré El Secreto de Puente Viejo: primero porque está a punto de terminar, y segundo porque las series diarias no suelen despertar ninguna atención mediática, y son trabajos muy complicados, que cuesta mucho sacar adelante, con tanto texto, tantas escenas… Creo que tenemos buenas series diarias, que se ven mucho, y hay que reivindicarlas.

De Alatriste no hablamos…

(risas) Pues es verdad que después de hacerla me he vuelto más cautelosa. Alatriste tenía que ser una gran producción, con rodaje en Budapest, con varios episodios dirigidos por Enrique Urbizu. Pero a veces las cosas van como van, hubo problemas internos… bueno. Cosas que pasan. Y allí me di cuenta que en esta profesión las expectativas no son nada, nada, buenas.

Escrito por Àlex Montoya en mayo 2020.

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