«Cuando haces ficción, si no eres osado estás muerto»
Entrevista a Rodrigo Sorogoyen ('Antidisturbios')

«Cuando haces ficción, si no eres osado estás muerto»

El director de premiadas películas como ‘El Reino’ o ‘Que Dios nos perdone’ nos habla de su salto a la ficción seriada: ‘Antidisturbios’, un potente relato que rasca en la trastienda de los uniformados agentes de élite, y que vuelve a bucear en las fétidas cloacas de la corrupción y el poder.

«Tus amigos paletos de la porra no caen bien a casi nadie, pero son necesarios». Es la frase que lo resume todo: en una tensa conversación en el interior de un coche, un poderoso ex policía (un tal Revilla que perfectamente podría apellidarse Villarejo) poco acostumbrado a que nadie le chiste y una obstinada agente de Asuntos Internos dirimen algunos de los peliagudos sucesos que les han llevado hasta su extraño encuentro. Esos mismos sucesos que nos han conducido como espectadores hasta el sexto capítulo de Antidisturbios: un desahucio desastroso y de dudosa legalidad que termina con un vecino muerto, inmigrante para más inri; una investigación aparentemente destinada a purgar ese cuerpo de élite y aclarar los hechos; una trama de largo alcance, siempre mirando hacia arriba; una actuación accidentada y violenta con hooligans durante un partido de la Champions; manos negras, cargos públicos, jefes de policía, jueces, hedor a corrupción sistémica.

«Tus amigos paletos de la porra no caen bien a casi nadie, pero son necesarios», dice el falso Villarejo, convencido que esos policías que habían reclamado sus servicios para salir airosos ante su propio desatino son peones imprescindibles en una cadena que funciona desde que el mundo es mundo. Los cabezas de turco de toda la vida, tontos útiles para que los listos, los que manejan los hilos, sigan comiendo langosta y cobrando comisiones. «Aunque no fue una decisión tomada a priori, más bien nos encontramos con ello durante el proceso de escritura, es verdad que enseguida miramos hacia arriba y nos expandimos a temas como la corrupción. Empezamos hablando de un grupo de policías antidisturbios, pero necesitábamos una trama sólida que aguantara bien seis capítulos. Esa expansión fue algo orgánico, una cosa llevó a la otra», explica Rodrigo Sorogoyen ante la vinculación que el arriba firmante realiza entre su serie y El Reino, el film que le dio el Goya a Mejor Director.

Y es que Antidisturbios juega al trampantojo, busca el despiste del espectador, sello habitual de los guiones escritos a cuatro manos por Sorogoyen y su socia Isabel Peña. Ni es una serie de tíos, porque desde el principio sabemos que gran parte del peso de la trama se apoyará en los hombros de Laia Urquijo, perspicaz y ambiciosa inspectora de Asuntos Internos, de las que no se rinde jamás, ni jugando al Trivial. Ni siquiera es una serie sobre policías antidisturbios, o no solamente es una serie sobre policías antidisturbios, aunque su protagonismo esté fuera de dudas. «Eso también nos ponía muy cachondos, hacer una ficción que parece que va de una cosa y que, de repente, se convierta en otra, eso me gusta muchísimo», afirma el director: «Y sí, tiene que ver con nuestra idea de descolocar al público, que es algo que me divierte mucho, y que también me encanta como espectador. No hay nada más aburrido que algo que no te sorprende, que va exactamente en esa dirección que sospechabas que iba a tomar».

Últimamente demasiado habituados a temblar desde la manifestación pacífica o sujetando el móvil visionando vídeos de salvajes intervenciones policiales, censurables desde cualquier prisma (el movimiento 15M, mil y un desalojos, y, por supuesto, Catalunya: el 1 y el 3 de octubre de 2017, la semana de altercados tras el anuncio de la sentencia del Procés en 2019…), algunos espectadores quizás esperáramos un enfoque más crítico hacia la violencia uniformada. Cuestión de miradas. Obviamente, Antidisturbios podría haber puesto el dedo en una llaga que evita: en absoluto blanquea algunas actuaciones de los de la porra, pero tampoco ahonda en la herida. En realidad, su elección es respetable, hay mucha mierda en la que rascar, y la serie prefiere atizar a quienes dan las órdenes, y no tanto a quienes las cumplen con mayor o menor pericia.

«Vaya persons», dice Laia cuando empieza su investigación y recorre los seis perfiles de la Unidad Puma 93 tras el lío del trágico desahucio: hay de todo, profesionales que intentan hacer su trabajo lo mejor que saben y pueden, y también tipejos violentos sin cerebro, que consumen drogas, uno de ellos maltratador de manual. «Sí, pero no dejan de ser elementos de ficción, dramáticos, puramente anecdóticos. A mí nadie me ha contado que un policía se drogue, no hay ninguna voluntad de hacer ninguna generalización al respecto», defiende Sorogoyen: «Una de las cosas que más nos atrajo, al penetrar en su mundo, fue descubrir lo mal atendidos que están en general y en muchos sentidos, tanto material como psicológicamente. Son cuerpos de élite entrenados para hacer algo muy específico, y están muy mal atendidos. Hablamos con varios policías antidisturbios, tuvimos un asesor que nos resolvió muchísimas dudas, y corroboramos algo que ya esperábamos: ¿Son todos iguales? Obviamente no. ¿Tienen algo en común? Obviamente sí. Pero cada uno es hijo de su padre y de su madre. Y tratamos de reflejar eso en nuestro furgón».

A.M: Me decías hace unos meses en otra entrevista que estabas convencido que os iban a dar caña con la serie.

«Hacerlo humanizando a los personajes, sin irnos a los polos, encontrando un equilibrio en todos los puntos de la trama… eso era lo más difícil»

R.S: Bueno, yo soy muy bocazas, tampoco hay que hacerme mucho caso (risas). Hablando en serio, creo que lo dije porque suelo pecar de prudente, pero tras el primer feedback que me llega, después de su proyección en el Festival de San Sebastián, la caña ha sido menos de la que esperaba entonces. Ahora veo la serie con algo más de distancia, y creo que está muy equilibrada, y que da pocos motivos para que le den caña. También es verdad que las cosas se pueden contar de muchas maneras. Puedes hacerlo de forma burda, o maniquea, o tendenciosa, o panfletaria, y que merezcas esa caña. El cómo lo cuentas es lo importante, hacerlo humanizando a los personajes, sin irnos a los polos, encontrando un equilibrio en todos los puntos de la trama… eso era lo más difícil.

Tocar a las fuerzas de seguridad es complicado. Lo hemos visto a menudo, las instituciones cierran filas y protegen intervenciones policiales innecesariamente violentas…

Bueno, sí, pero en realidad lo vemos con las fuerzas del orden, pero también con las económicas y con las políticas. Cierran filas enseguida y no aceptan críticas, es lo rápido y lo fácil. De hecho, esa era la génesis de El Reino: ¿de verdad estos tíos no van a pedir perdón por lo que han robado? Esa indignación es la que nos llevó a escribirla. Y ocurre lo mismo con las fuerzas de seguridad, y tiene su lógica interna, lo que no significa que no sea condenable.

La serie tiene algunas potentes escenas de acción, pero hay más tensión en los despachos que en la calle.

Sí, y ese equilibrio es una de las cosas de las que más contentos estamos. Esa es, también, la realidad de los antidisturbios, su día a día es más bien aburrido, y los momentos en los que hay acción son poco frecuentes. Desde un punto de vista digamos dramatúrgico, queríamos empezar fuertes con alguna escena potente, y después compensarla con otra hacia el final, algo que ocurre en el quinto episodio con el partido de fútbol. Y creo que, en general, Antidisturbios refleja bastante bien lo que ellos viven habitualmente.

Y llegamos a un sexto capítulo en el que se percibe algo diferente respecto a los anteriores episodios…

Es cierto, tiene una estructura muy distinta, y radical. Me gusta mucho ese capítulo. No sé si te diste cuenta, pero conforme avanza, el montaje de la serie es cada vez más pausado. La realización empieza de una manera más caótica, con unos angulares que después desaparecen: vamos alejándonos de los personajes utilizando las ópticas y haciendo planos cada vez más largos. Hay un discurso estético, en función de hacia dónde vamos y del viaje que quiero que el espectador haga. Y ese caos del episodio uno, encuentra su opuesto en forma de plano secuencia en el sexto.

Ese plano secuencia es una larga escena de casi 20 minutos con los seis antidisturbios protagonistas en una sobremesa con humo y alcohol. ¿Cuánto hay de sacada de polla en esa escena?

¿Sacada de polla? ¿Te parece? (risas).

Lo cierto es que la escena es magnífica, funciona muy bien. Pero cuando uno decide hacer algo así demuestra mucha seguridad en sí mismo, mucha osadía.

Eso sí, pero ser osado no significa sacarse la polla. Ese plano secuencia es osado, sí, pero tengo tanta experiencia haciéndolos con mi equipo que sé perfectamente que acaba valiendo la pena. Siempre decimos que algún día no nos va a salir bien, pero de momento eso no ha ocurrido. Y después te puedo asegurar que el día de filmación de una escena así es inolvidable, no se te va de la memoria: para los actores y para el equipo, que está mucho más tensionado. Además, lo hicimos al final del rodaje, faltaban tres días, nos estábamos casi despidiendo, y de repente estás haciendo puro cine, ves a actores tan intensos… Son momentos muy bonitos. Y sí, es osado. Pero en es que yo creo que en el cine, en la ficción, si no eres osado estás muerto.

Raúl Arévalo y Rodrigo Sorogoyen en una escena de Antidisturbios / Movistar+.

Con estos actores, uno es osado pero un pelín menos…

Claro, claro, con ellos y teniendo el equipo que tengo. Tenemos mucha experiencia haciendo este tipo de cosas, las preparamos, ensayamos… Los actores son buenísimos y llevábamos juntos cuatro meses, ya nos conocíamos mucho. Eso no lo puedes hacer el primer día de rodaje, sin conocer el material humano que tienes, es una locura. Pensándolo… quizás tampoco ha sido tan osado (risas).

Lo que diferencia a un osado de un gilipollas es afrontar una escena como esta sin los medios y la preparación necesarios. En cualquier caso, la manera de filmar la escena creo que da una intensidad en los actores que solamente se consigue haciendo un plano secuencia como este. El actor llega a unas cotas de intensidad a las que no llegaría si interpretara esa misma escena con 40 planos y contraplanos, cortando y demás. Estoy bastante seguro que rodar así añadía unos nervios a flor de piel que beneficiaban su interpretación. Están 16 minutos siendo el personaje que representan, y de esta manera consiguen llegar a esa intensidad de una forma mucho más orgánica.

¿Cuántas veces la rodasteis? Y… ¿es especialmente complicado elegir la secuencia buena?

«Cuando llegó Vicky Luengo, lo tuve claro»

Creo que la hicimos 17 veces. Y no, no es difícil. Haces una criba gigantesca y te quedan dos o tres para escoger. Luego sí suele ser más complicado elegir entre las finalistas, pero en este caso no lo fue. Por el final, que no era el previsto pero que salió así precisamente por rodar la escena en plano secuencia: en guion, el personaje de Raúl Arévalo decía que se piraba, y se iba. Pero hay un momento en que Álex García se puso a llorar y Raúl termina pidiendo perdón. Eso no estaba en guion, pero salió así, y queda muchísimo mejor, no hubo duda.

Incluso parece que Raúl golpea con la cabeza a Álex de forma involuntaria.

Sí, sí (risas), le dio sin querer. ¡Es que fue increíble, de verdad!

El reparto parece una carta a los Reyes, y de hecho creo que muchos de ellos eran los rostros en los que pensabais al escribir el guion…

La carta a los Reyes nos salió muy bien, porque todos dijeron que sí. El único en el que no habíamos pensado era Patrick Criado, al que no tenía demasiado situado como actor y que está fantástico. El resto eran los que teníamos en la cabeza: Raúl Arévalo, Hovik Keuchkerian, Roberto Álamo, Raúl Prieto… y Álex García, al que sí le pedí hacer casting porque, aunque le queríamos a él, me gusta probar a los actores y nunca habíamos trabajado juntos. Hace un trabajo acojonante, para mí es una sorpresa, aunque sea muy conocido. Y con el personaje de Laia sí me apetecía buscar mucho más, hacer una elección que no fuera obvia, buscar una actriz que fuera menos conocida, hacer un pruebas con muchas chicas. Cuando llegó Vicky Luengo, con la que ya había trabajado hace años en la serie La pecera de Eva y que me parecía buenísima, lo tuve claro.

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La actriz Vicky Luengo interpreta a la inspectora Laia Urquijo / Movistar+

Laia Urquijo (Vicky Luengo) es la protagonista real de la historia, y diríamos que es alguien con muchos claroscuros: ambigua, ambiciosa…

Sí, totalmente. Queríamos a alguien muy humano, con sus luces y sus sombras, que hace cosas de las que se arrepiente, y cosas que a algunos nos pueden parecer moralmente reprobables. Laia es un personaje muy de verdad.

También es muy de verdad ese oscuro personaje tan parecido a José Manuel Villarejo…

(risas) ¿Sabes que el actor es mi padre, verdad?

(nota para el lector: El actor en cuestión es Paco Revilla, nombre artístico de Rodrigo Sorogoyen padre, que suele aparecer en los films de su hijo; por ejemplo, era el abogado de Antonio de la Torre en El Reino).

¡No lo sabía! Está estupendo interpretando a Villarejo…

Bueno, es un alter ego, hemos hecho nuestra propia interpretación, no sé si nos hemos pasado, pero la verdad es que Villarejo es tan conocido y sabemos tanto de él que nuestro Revilla, con poquísimas escenas, tiene otorgada un aura a su alrededor que de otra manera no podríamos haber conseguido. Le ves y enseguida piensas que ese tío es peligroso. Y Revilla-Villarejo conecta con la realidad que nos rodea, a partir de un personaje lamentable de nuestra sociedad, seguramente producto de nuestro sistema y de quienes somos. Y aunque sea en una pincelada, nos apetecía contarlo.

Hablemos de otra pincelada: Catalunya y el Procés. La serie se sitúa en 2016 y hay alusiones al tema. ¿Nunca fue una opción que la serie situara a los protagonistas en Catalunya el 1 de octubre de 2017?

No, nunca fue una opción real para la primera temporada, era muy pronto, y en realidad nos interesaba mucho más hablar de temas sociales, de los desahucios… Pero otra cosa era renunciar a que el tema apareciera, porque la relación entre los antidisturbios y Catalunya tenía que estar presente: es algo que también nos apetecía contar, aunque fuera de soslayo.

Regalas una escena que abre la puerta a tocar el asunto en una hipotética segunda temporada. ¿Hay realmente intención de hacerlo?

(lo piensa unos segundos) Habría que ver si es el momento… Creo que es un tema que debería tratarse, que es importante en nuestro presente, peliagudo, pero también creo que a lo mejor hay que abordarlo dentro de unos años…

Escrito por Àlex Montoya en octubre 2020.

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