Análisis de la canción de ‘Oliver y Benji’
Minutos musicales

Análisis de la canción de ‘Oliver y Benji’

La canción del opening del anime sigue resonando en nuestra cabeza muchos años después del último capítulo.

Dato rápido e impactante para iniciar el artículo: el autor de la letra de la canción de Oliver y Benji es el mismo que el de canciones como ‘Resistiré’, del Dúo Dinámico, y ‘Desesperada’, de Marta Sánchez. Es evidente que no estamos hablando del Leonard Cohen español, pero sí de un tipo capaz de meterse en tu cabeza con cuatro frases simples y ramplonas, que eso también es un arte.

No nos engañemos, si en España preguntas qué debería desaparecer antes, si la canción de Oliver y Benji o el manuscrito original de El Quijote, muchos serían los que prenderían fuego a la obra de Cervantes. En honor a ese temazo, que se interna en tu cerebro e infecta todas y cada una de tus neuronas hasta convertirte en un autómata amante del anime y el fútbol, hoy analizaremos su letra para Serielizados.

Oh, ah oh, ah oh, ah oh… Oh, ah oh, ah oh, ah oh.”

Tremendo inicio con base melódica nacida del techno-pop más rancio y con unos coros dignos de Loquendo acatarrado. Es curioso, pero la melodía de esta mítica canción pertenecía a la serie Lupin, de la que hablamos en su día por ser uno de los primeros trabajos de Hayao Miyazaki.

Cuando Oliver y Benji desembarcó en España fue de la mano de Mediaset, que ya la había distribuido con éxito en Italia. Allí la productora también emitía Lupin, y para la versión española de Campeones decidió usar la melodía que en esos momentos se utilizaba para el opening italiano del propio Lupin. Aquí la prueba:

“Allá van con el balón en los pies…”

Joder, y que lo digas. En lo que tarda Oliver en recorrer diez metros de campo da tiempo a la fundación, apogeo, declive y desaparición de la URSS y del Imperio Romano juntos. ¿Por qué esos flashbacks de capítulo y medio durante los sprints? ¿Por qué esos niños de diez años tenían mundos interiores tan colosales? ¿Por qué el campo era abombado en el horizonte?

Se calcula que los campos de la serie tenían 18 kilómetros de longitud y que Oliver se desplazaba a una velocidad de 150 km/hora con el balón

Un estudiante de física de vete tú a saber calculó -teniendo cuenta la altura de Oliver, la distancia del horizonte y el ángulo del centro de la Tierra- que los campos de la serie tenían 18 kilómetros de longitud y que Oliver se desplazaba a una velocidad de 150 km/hora con el balón. A fliparse nadie gana a los japoneses, excepto tú borracho bailando música trap a las seis de la mañana.

“… y ninguno los podrá detener”

Por falta de ganas no será, porque yo no he visto entradas más criminales en mi vida que las de Oliver y Benji. Me gustaría hablar con el árbitro de alguno de esos partidos para saber qué considera falta y qué no; ríete tú de Mateu Lahoz. Chavales tirándose en segadas genocidas, levantando los tacos a la altura de la rodilla, olvidándose del balón y con el único propósito de convertir la rodilla del rival en humus.

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Durante mis años de jugador en ligas regionales, en campos de tierra que parecían escenarios de Mad Max, imperaban unas normas muy básicas al respecto: tarjeta amarilla solo si haces sangrar al rival, roja si lo matas. Si ni sangra ni muere tras tu patada, jueguen. Esta filosofía parece tener adeptos en Japón, a tenor de los vándalos con botas y espinilleras que se hacen llamar defensas en Oliver y Benji. Sin ir más lejos, se dice que la línea defensiva del Muppet, el equipo de Mark Lenders, fue una prolífica cantera de futuros sicarios de la Yakuza.

“El estadio vibra con la emoción…”

FACT: Un partido de Oliver y Benji (categoría alevín, recordemos) tiene una asistencia media de público superior a la entrada que se registra anualmente en los campos del Getafe, el Numancia y Las Palmas. En las últimas elecciones generales, UPyD consiguió 50.000 votos. Es decir, a un partido de liga regular del New Team asiste el doble de personas que las que votaron a Rosa Díez.

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Además no hablamos de afición de petanca, pausada y pipera, sino de auténticos ultras cuya pasión en las gradas recuerda a [introducir referencia histórica nipona aquí para dar la sensación de que el autor del artículo sabe algo del país] la actitud expansionista e imperialista del Imperio del Sol Naciente en la primera mitad de siglo XX.

“… de ver jugar a los dos, a los dos.”

¿Faubert y Drenthe? ¿Chigrinskiy y Oleguer Presas? ¿Tu salario y tu hambre? No, evidentemente hablamos de Oliver y de Benji. Uno, el delantero más salvaje que ha parido el deporte rey, capaz de chutar una pelota con la fuerza de un miura atiborrado de anabolizantes. El otro, un portero sobrenatural que deja a los artistas del Cirque du Soleil en simples borrachos intentando andar en línea recta a petición de la policía en un control de alcoholemia.

El delantero más salvaje que ha parido el deporte rey y un portero sobrenatural que deja a los artistas del Cirque du Soleil en simples borrachos intentando andar en línea recta

Si estos dos jabatos orientales existieran, yo pagaría una buena pasta por verlos jugar y al terminar el partido saltaría al verde para hacerme un selfie con ellos para luego colgar en Instagram con el texto “Aquí con los CRACKS #fúrbol #love #narcisismo”.

“Solamente juegan para ganar…

Sí, eso se encargan de dejarlo claro cada veinte segundos cuando dicen “¡Tenemos que ganar!” y derivados. La verdad es que se las inventan todas para vencer aunque ello conlleve saltarse todas las putas normas establecidas, como los políticos españoles. La “Catapulta Infernal”, el chut combinado de Tom y Oliver, el “Tiro del Tigre” de Mark Lenders, las paradas de Ed Warner impulsándose contra los postes… no tienen ningún tipo de límites, ni los jugadores ni los entrenadores.

El mejor ejemplo de ello es el pedazo de escoria que entrena al Mambo y decide poner a jugar a Julian Ross, un chavalín con más problemas cardiacos que un abuelo con barra libre de Viagra en un viaje del Imserso y que se desploma sobre el terreno de juego cada dos por tres. Auténticos marines del fútbol.

“… pero siempre con deportividad…”

Sí, la verdad es que la serie está repleta de moralejas sobre la amistad y la deportividad. Campeones es una serie bienqueda, no nos vamos engañar. Tan diplomática es que cuando Oliver ficha por el Barça (Catalunya FC en la serie), en el partido de su debut se hace un guiño tanto a los fascistas más recalcitrantes del estado español como a los independentistas catalanes más radicales.

¿No me creéis? Ojo a este fragmento de capítulo: en la grada del Camp Nou se pueden ver banderas franquistas con el aguilucho (minuto 2:55) y a la vez en una conversación en la grada (minuto 1:20) se dice textualmente “Estupendo, ya no soy el único que conoce a Oliver. Ahora todo el mundo lo conoce en todo el PAÍS CATALÁN”. Una Catalunya independiente pero franquista, esa es la solución de Oliver y Benji a la situación catalana.

“… y no hay nadie mejor para la afición.”

La verdad es que no, estos niños son espectáculo puro. Solo la cantera de niños andaluces que cuentan chistes en Canal Sur ha dado más espectáculo en la historia de la humanidad.

“Oliver, Benji, los magos del balón…”

El estribillo. Magnífico. Espectacular. Tremendo. Adictivo. Perfecto. La primera frase de este es muy descriptiva, puesto que es obvio que solo la magia puede explicar las filigranas y goles que hacen los jugadores.

… Benji, Oliver, sueños de campeón”

Oliver, Mark Lenders, Julian Ross, los gemelos Derrick y la larga lista de personajes memorables de la serie tienen dos cosas en común: dentro de la pantalla, todos ellos tienen sueños de grandeza deportiva; fuera de la pantalla, todos ellos provocaron que los que estábamos frente el televisor tuviéramos esos mismos sueños de grandeza deportiva.

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“Benji, Oliver, el fútbol es su pasión…”

Y la nuestra.

“… hay que marcar otro gol.”

Y otro y otro y otro y otro y otro hasta que nos demos cuenta de que lo más importante es saber disfrutar de la celebración más que meter el gol en sí. Y ahora quiero mi título certificado de coach emocional, gracias.

Bonus track: “El orgullo de luchar a morir por su equipo, su ciudad, su país, no se puede contar. Es algo especial.”

Ojo que la canción sigue, aunque mucha gente lo desconozca. La verdad es que no merece la pena esta segunda parte del tema, muy floja comparada con la primera. De hecho, parece más una arenga ultranacionalista de esas que termina en cerebros lavados y xenofobia -como se aprecia en el extracto de letra que he elegido para ejemplificarlo- que no el opening de una serie para niños. Aunque esta letra cuadra con la mítica leyenda urbana de que la canción de Oliver y Benji reproducida al revés dice “Viva Hitler”.

De este mundo yo ya me lo creo todo.

Escrito por Marc Renton en abril 2018.

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