El mejor equipo de todos los tiempos
Sobre 'Oliver y Benji'

El mejor equipo de todos los tiempos

Tenían 12 años, eran japoneses y de dibujos animados... pero son el mejor equipo de fútbol jamás concebido.

¿Cuál es el mejor equipo de fútbol de la historia? Esta pregunta ha colmado infinitas horas de debate en tertulias deportivas y discusiones de bar. Algunos dicen que nadie ha llegado a igualar nunca al Brasil de los 70; otros creen que el Barça de Guardiola es la sublimación del fútbol en su estado más puro; e incluso hay opiniones que defienden al Milan de Arrigo Sacchi como el equipo que modernizó este deporte y que por ello merecería estar en lo más alto de este podio ficticio. Da igual, todos se equivocan. Y conmigo estará de acuerdo una generación entera, la que creció viendo Oliver y Benji.

“La selección japonesa de esos cracks fue el mejor equipo de fútbol de todos los tiempos y un atentado contra las leyes de la física”

No hace falta ser Maldini (que en estos momentos estará viendo un partido de la tercera división guatemalteca) para saber que el mejor equipo de fútbol de todos los tiempos es la selección japonesa que integraron los más grandes cracks de esta bendita serie, que por otra parte atentaba contra todas las leyes de la física conocidas. Aquella selección podría a ganar a cualquier equipucho de la historia en un cara a cara de 90 minutos, y todos los que hemos visto la serie estamos convencidos de ello. Por eso hoy retamos un homenaje a los jugadores que formaron parte de esa constelación de estrellas niponas, y de paso reconocemos el carácter pionero de Oliver y Benji a la hora de tratar la relatividad del espacio-tiempo en su línea narrativa, con terrenos de juego cuya longitud variaba en kilómetros dependiendo del equipo que atacara y con partidos que duraban eternidades gracias a los flashbacks (que podían durar un par de capítulos tranquilamente) que congelaban el tiempo un microsegundo antes de ese chut o parada transcendental. No hay tanta diferencia entre Interestellar y un capítulo de Oliver y Benji, a decir verdad.

Empecemos por el principio, que no es otro que la portería. Obviamente el primer nombre que nos asalta es Benji Price, la pantera del Sol Naciente y coprotagonista de la mítica canción que daba inicio a los capítulos (y que todos nos sabemos de memoria). Aunque en España la serie fue traducida como Campeones, todo el mundo la conocía como Oliver y Benji debido a los goles de uno y las paradas de otro. Y es que joder, Benji lo paraba todo. Da igual que tuviera 12 años y que un chut a trescientos por hora se dirigiera a la escuadra. Él se lanzaba a lo loco a por el balón y, ojo al dato, lo blocaba. Ya no es que la potencia del chut no le partiera el brazo, como sería lo normal en un niño de su edad, o que se limitara a despejar el balón; lo más increíble es que el tío lo atajaba y culminaba la parada con una voltereta/salto mortal digna del Cirque du Soleil. Y por si fuera poco, su suplente en la selección no es otro que Ed Warner, cuyos padres eran propietarios de un gimnasio de karate (estos ínfimos detalles biográficos de los personajes son claves para entender su juego sobrenatural) donde aprendió este noble arte marcial que practica también bajo los palos, teniendo como ejemplo más destacado la patada contra un poste a modo de impulso supersónico para llegar a los disparos más difíciles. La portería está más que cubierta con estos dos felinos con guantes.

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“La defensa consistía en lanzarse con una entrada brutal a la altura de la rodilla que destrozaba los ligamentos y fulminaba la carrera del rival”

La defensa es la línea en la que menos atención centraremos, puesto que en la serie no se esfuerzan mucho en describir o dar algún rigor táctico a las estrategias defensivas de los equipos. Básicamente, en Oliver y Benji defender significa lanzarse con una entrada brutal a la rodilla del que lleva la pelota. Con suerte le engancha y fulmina su carrera destrozándole los ligamentos, pero en el 99% de los casos el atacante driblaba sin ninguna dificultad. Los defensa más ilustres de esta selección de Japón son tres. En primer lugar está Bruce Harper, un chaval que en los primeros capítulos bordea el retraso y al que sus compañeros hacen bullying por meterse un gol en propia puerta; en un gran ejemplo de superación, resurge de sus cenizas para convertirse en el pilar defensivo del New Team y de la selección. Era el Harper más imbécil de la historia de las series hasta que llegaron Alan y Jake en Dos Hombres y Medio para arrebatarle este dudoso honor. También tenemos a Clifford Yuma, la roca del centro de la defensa y que a juzgar por su aspecto físico debía alimentarse a base de tortillas de anabolizantes; es uno de esos centrales de la vieja escuela tan necesarios en cualquier equipo, va bien de cabeza y domina el insulto barriobajero para debilitar psicológicamente al rival.

El tercer defensa es mi personaje favorito de la serie. Un cóctel de exquisita técnica, visión de juego, equilibrio táctico y drama personal: Julian Ross. Este pedazo de jugador, que tanto podía jugar de centrocampista como de líbero, no solo se enfrentaba a sus rivales en los partidos, también jugaba contra su propio corazón. Un cruel problema cardíaco le impedía jugar los partidos enteros, pero para él el fútbol era lo más grande y se jugaba la vida sobre el terreno de juego, haciendo caso omiso de los consejos médicos con una insensatez que emocionaba. A todos se nos cortaba la respiración cuando la imagen de un corazón partiéndose en mil pedazos invadía la pantalla y Julian Ross caía de rodillas sobre el campo mientras un lluvia muy oportuna convertía la escena en una tragedia griega. Los más osados dicen que sin su enfermedad, Julian hubiera llegado a ser mejor que Oliver. Llamadme loco, pero comparto esa opinión.

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En el centro del campo la calidad es abrumadora. En tareas de pivote defensivo, todo entrega y sacrifico en beneficio de sus compañeros, tenemos a Phillip Callahan. Era el alma de los Flyned y seguramente es el único jugador de la serie que antepone lo colectivo al lucimiento personal para satisfacer a los cincuenta mil espectadores en trance que había en los estadios (un nivel de asistencia realmente notable teniendo en cuenta que son partidos de alevines). De hecho nos podemos hacer una idea del carácter de Callahan si nos fijamos en un detalle: la cinta que llevaba en la cabeza, en plan kamikaze, que servía para recordar a sus compañeros la importancia del trabajo en equipo. El psicópata perfecto para la medular, una perla. Las alas del equipo son Rob Denton (aka Terry) y Tom Baker, dos jugadores que atesoran un gran desborde y la humildad necesaria para ceder todo el protagonismo ofensivo a los que realmente lo parten en el equipo. Lo más destacable de Terry es su triste historia. Un desalmado le estafó dos millones de liras haciéndole creer que si le daba ese dinero podría hacer una prueba en un famoso club italiano; cuando vio que era todo una mentira y estando tan lejos de casa, el pobre Terry solo podía elegir entre convertirse en chapero o dedicarse a limpiar botas en ese equipo italiano, decantándose comprensiblemente por esta última opción. Allí, después de meses de menosprecios y jornadas de trabajo infinitas a cambio de un sueldo miserable, finalmente logró una oportunidad para demostrar su valía en el campo que le valió para ser llamado a la selección. Por su parte Tom Baker era el gran complemento ofensivo de Oliver en el New Team, un chico con mucho gol y gran capacidad de asociación. Para el recuerdo de todos queda ese chut combinado que patentó junto a Oliver y la gran amistad (con ciertos toques homosexuales, por qué no decirlo) que se forjó entre ellos.

“Oliver Atom es un líder inigualable, el ídolo de una generación, un personaje noble hasta dar asco”

Y ahora toca hablar del 10 del equipo, el gran líder, el inigualable Oliver Atom. Descubierto para el fútbol por un borrachuzo realmente inquietante, Roberto Sedinho, Oliver lo es todo en esta serie y el ídolo de una generación. Noble hasta dar asco, técnicamente maravilloso y con un repertorio colosal para meter todo tipo de goles, ese es Oliver Atom. No hace falta hablar mucho de él pues es de sobras conocido por todos, desde su chilenas elevándose a doce metros del suelo hasta su tortuosa infancia sin una figura paterna. Todos queríamos ser Oliver, el genio precoz del fútbol.

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En la delantera hemos dejado espacio para tres jugadores más. Está claro que los dos extremos son para los inenarrables gemelos Derrick, autores de la archiconocida y temible Catapulta Infernal. Podría hablaros de ellos durante horas, pues su psicodélica forma de entender el fútbol da para tesis doctoral, pero es mucho mejor que escuchéis el fragmento del monólogo que Dani Mateo les dedicó a estos funambulistas del balón unos años atrás. Por último a todo equipo le hace falta un killer del área, una máquina de hacer goles, y en esta selección japonesa dicha figura la encarna el legendario Mark Lenders. Si no fuera porque la serie es de los 80, diríamos que Lenders está creado a imagen y semejanza de Cristiano Ronaldo. Chulo, irrespetuoso, odiado por todo Dios excepto por los de su equipo y un delantero con instinto asesino. Lenders está tan loco que practica su temible Tiro del Tigre chutando como un poseso contra inocentes árboles, haciéndolos mierda a base de balonazos surgidos de la potencia de sus paranormales cuádriceps y jugándose una querella de Greenpeace por crímenes contra la naturaleza. Pero como no podía ser de otra manera durante la serie se ve que en el fondo el chaval tiene buen corazón, y en la selección formará una dupla imparable junto a Oliver. Los antiguos enemigos ahora juntos defendiendo un mismo escudo, precioso. Como si mañana Messi y Cristiano ficharan por el Albacete y se convirtieran en la mejor pareja atacante de la historia.

Estos son los jugadores más importantes de la selección, pero tampoco hay que dejar de recordar a figuras tan entrañables como Teo Sellers (un excelente portero a pesar de sufrir obesidad mórbida), Ralph Peterson, Bob Denver, Danny Mellow, Paul Diamond, Patrick Everett o el emo Sandy Winters. Nombres propios que acompañaron a muchos de nosotros durante nuestra infancia. Nos hicieron creer en un fútbol fantástico y, lo más importante, lograron convertirnos a todos en un aficionado más de sus delirantes partidos. Todas estas razones son suficientes para afirmar sin ningún tipo de dudas que esta selección japonesa es el mejor equipo de fútbol de todos los tiempos, sin más.

– Momento nostálgico:

Escrito por Marc Renton en enero 2015.

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