Crítica de 'Attack on Titan' (T4): "Poética y mito en Shingeki no Kyojin"
'Attack on Titan' (T4)

Háblame, titán: poética y mito en ‘Shingeki no Kyojin’

A través de las imágenes poéticas y míticas más potentes de 'Ataque a los titanes', nos sumergimos en las profundidades de su mundo titánico y de la humanidad. Una historia de historias donde cabemos todos. También tú, titán.
ataque titanes final temporada

Se le suponen al lector conocimientos titánicos. No en el sentido de una vastedad inconmensurable de ellos; nos referimos a conocimientos sobre, literalmente, titanes. Los de Shingeki no Kyojin, para ser más precisos. Y no se le suponen como un imperativo para leer este artículo. En el caso de que el lector no haya visto el anime aquí tratado, que no desfallezca. Este texto está pensado también para todo aquel que no esté familiarizado con los titanes. Trataremos su poética y su conexión con los mitos, es decir, profundizaremos en las imágenes poéticas y míticas que podemos hallar en la serie y que nos trasladan directamente a las cavernas de la humanidad. Y en esa honda gruta, lector, cabemos todos.

En la premisa de Shingeki no Kyojin encontramos un mundo humano encerrado en tres murallas concéntricas que se encuentra bajo constante asedio de unas figuras monstruosas, asexuadas y devoradoras de hombres, los titanes. De entre toda la humanidad presa, un joven parece tener la llave para derrotar a los titanes: Eren Jaeger, el hijo de la furia. Esa llave es literal, y le cuelga del cuello. Con ella, se supone, abrirá el sótano donde su padre guardó el gran secreto que permita derrotar a los titanes. La casa donde se encuentra dicho sótano, la misma en la que Eren vio cómo su madre era engullida, está en territorio titán. Eren y sus apesadumbrados compañeros de aventuras deberán llegar hasta allí de forma desesperada. Su gran baza para lograrlo es la misteriosa pero utilísima capacidad de Eren de convertirse en titán asesino de titanes, es decir, en titán al servicio de la humanidad.

Hasta aquí el contexto necesario para empezar a desarrollar el artículo. No queremos alargarnos con más preámbulos y frases estériles como esta misma. Del párrafo anterior, lector, quedémonos con la llave y el sótano. Es en esos dos elementos donde encontramos toda la fuerza poética de la serie, por lo menos en sus tres primeras temporadas. Allí reside el latido atávico de Shingeki no Kyojin. No lo decimos nosotros, lector, lo dice el filósofo francés Gastón Bachelard. En su imprescindible ensayo Poética del espacio (1958), Bachelard estudia la fenomenología de las casas, los hogares, los nidos y conchas que habitamos. Entendemos por fenomenología el estudio de las experiencias de la consciencia y el modo en que el mundo se nos manifiesta en ella. Entre los muchos elementos e imágenes poéticas inherentes a la casa que Bachelard analiza en el libro, encontramos el sótano y encontramos el cajón. Hablemos de ellos.

sotano ataque titanes serie

«El sótano es locura enterrada», nos dice Gastón Bachelard.

«El sótano es, ante todo, el ser oscuro de la casa […] El sótano es locura enterrada«, nos dice Bachelard. Apunta el filósofo que la mera palabra sótano despierta en nosotros una idea apenas irreal de oscuridad, secretos y criaturas subterráneas. El miedo que profesamos a sus tinieblas no es humano: es cósmico. En el sótano aguarda lo que la luz terrenal jamás nos revelaría. «El misterio de un cuartucho puede ser tan grande o mayor que el de un ilimitado mundo invisible», en palabras de Álvaro Cortina Urdampilleta en su fantástico Abisal, libro de zonas y figuras. ¿No es eso, precisamente, Shingeki no Kyojin? El misterio de su mundo titánico aguarda, agazapado, en un sótano. Pero, ay, lector, cuando llegamos al fin al ínclito cuartucho subterráneo del padre de Eren.

Hay la posibilidad de un mundo que para el espectador era inconcebible antes de entrar en el sótano; y hay, por encima de todo, el mito

La llave no abre la puerta del sótano. ¿Cómo puede ser? ¿Nos ha mentido la serie todas estas temporadas? No, al contrario. He aquí donde la poética de Shingeki no Kyojin alcanza su cenit. Tras echar abajo la puerta del sótano y pasearse con sorprendente calma por éste -«En el sótano se mueven seres más lentos, menos vivos, más misteriosos», acierta de nuevo Bachelard-, Eren descubre que lo que realmente abre la llave de su padre es un cajón. Y, para gran suerte del lector, como hemos dicho antes, nuestro filósofo francés de cabecera dedica un capítulo entero a los cajones y a las llaves que los abren en su Poética del espacio.

Decimos cajón, pero, en el contexto de la serie, bien podría tratarse de un cofre, otra de las imágenes que cita Bachelard en el mismo capítulo. Sabemos que allí dentro hay un tesoro: el secreto de la humanidad. El cajón, o el cofre, se abre con una llave, la de Eren, hendiéndose en una cerradura, la que allí puso el padre de Eren. Hasta ese momento, todo en Shingeki no Kyojin ha orbitado alrededor de la llave del hijo y la cerradura del padre: el abrir de lo oculto. La serie, para el espectador, era esto. De un plumazo, sin embargo, Bachelard nos destroza: «Todo es mucho más grande que una llave y una cerradura». Como si Hajime Isayama, creador de Shingeki no Kyojin, hubiese leído a nuestro sesudo amigo francés, esa frase se despliega en toda su enormidad después de que Eren abra el cajón. ¿Qué diablos hay allí dentro? Muchísimo más de lo que esperábamos. Sirva de ejemplo un tuit perdido de un tuitero perdido que leí en las estepas tuiteras: «Y nosotros que creíamos que al llegar al sótano se resolverían todas las dudas de la serie jajaja». Diste en el clavo, heroico tuitero anónimo.

eren ataque titanes llave

Hasta ese momento, todo ha orbitado alrededor de la llave del hijo y la cerradura del padre.

Decimos que ese cajón acaudala toda la poética titánica de la serie porque intuíamos que en él hallaríamos todas las respuestas que necesitábamos y, una vez abierto, comprobamos que las tiene… ¡pero a su vez contiene preguntas de una magnitud aún mayor que tales respuestas! Para citar por última vez a Bachelard y dejarlo ya tranquilo, al pobre: «En el cofre [o el cajón] se encuentran las cosas inolvidables«. En Shingeki no Kyojin esa frase tiene más sentido que en ninguna otra serie, pues sabemos que a la población de intramuros se la ha borrado la memoria para que olvidara el mundo anterior a las murallas. En el cajón hay lo inolvidable, por mucho que la familia Reiss se haya esforzado en perpetuar el olvido entre su pueblo durante generaciones; hay la posibilidad de un mundo que para el espectador era inconcebible antes de entrar en el sótano; y hay, por encima de todo, el mito.

‘Shingeki no Kyojin’, una amalgama de leyendas contadas desde el albor de los días

Habíamos dicho con anterioridad que no contextualizaríamos más la serie, pero aquí se hace de nuevo imprescindible. Discúlpanos, lector, el engaño. Lo que encontramos en el cajón son unas libretas donde el padre de Eren escribió la verdad sobre el mundo: hay humanidad fuera de las murallas. Esa humanidad continental -las murallas se encuentran en una isla-, encabezada por la nación de Marley, es la encargada de crear titanes para acabar con la raza intramuros, los llamados eldianos. Largas guerras enfrentaron tiempo atrás a Marley y Eldia. Los eldianos, raza a la que pertenece Eren, son los únicos de entre los hombres que tienen el poder de convertirse en titanes. Descienden estos de Ymir Fritz, la primera humana que adquirió el poder de los titanes, por lo que son conocidos como gente de Ymir.

La primera mitad del artículo, centrada en la poética, pretendía mostrar cómo con dos objetos tan simples como una llave y un sótano Shingeki no Kyojin conseguía agitar brutalmente la imaginación y las expectativas del espectador. Ahora, tirando del hilo de Ymir, queremos conectar la serie con algunos mitos sobre los que se edifica su historia. En otras palabras: comprobaremos cómo la historia de Shingeki no Kyojin es una amalgama de leyendas ya contadas desde el albor de los días. Eso no le resta un ápice de originalidad a la serie, que quede claro. De hecho, que la serie se asiente sobre los mitos con los que la humanidad se ha contado a sí misma durante milenios no hace más que hablar en favor de su solidez narrativa.

Ymir Fritz ataque titanes

Ymir Fritz, la primera humana que adquirió el poder de los titanes.

¿Qué es un mito? Parce lógico empezar con esta pregunta. En palabras de Joseph Campbell, autor de El héroe de las mil caras (1959) y uno de los mitólogos más relevantes del siglo XX: «El mito es la secreta abertura por la que las energías inagotables del cosmos se vierten hasta cuajar en la manifestación cultural humana». Recuerde, lector, que el sótano tenía algo de cosmos, y la llave y el cajón todo de abertura. En los mitos que encontramos incrustados en Shingeki no Kyojin, por lo tanto, se nos desvelará la faz del universo titánico en toda su amplitud.

La huella de la mitología nórdica en la serie es colosal; en ella Ymir fue el fundador de la raza de los gigantes

Otra pista de qué son los mitos nos la da Mircea Eliade en Mito y realidad (1963): «El mito cuenta cómo, gracias a las hazañas de los Seres Sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia, sea ésta la realidad total, el Cosmos, o solamente un fragmento: una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una institución». Hazañas, seres sobrenaturales, realidades que vienen a la existencia, islas, comportamiento humano. Este fragmento de Eliade también apunta a que todo en Shingeki no Kyojin es mito y nace del mito. Veamos ejemplos de ello, lector.

Por demasiado obvia, ignoraremos de entrada la relación de la serie con los titanes de la mitología griega, acérrimos enemigos de los dioses del Olimpo. Vayamos directamente a Ymir Fritz, el origen de todo titán en la serie. Ese nombre, Ymir, no es casual. En la mitología y cosmogonía nórdica, Ymir fue el fundador de la raza de los gigantes. Snorri Sturluson, gran historiador islandés del siglo X que recopiló la mitología nórdica en su conocida Edda -nombre sospechosamente parecido a Eldia- donde advierte de la presencia de Ymir en el poema Völuspá:

 

Gigantes recuerdo en remotos tiempos, que de ellos un día yo misma nací; los nueve mundos, las nueve ramas, y bajo tierra tapado el gran árbol glorioso.

No había en la edad en que Ymir vivió; ni arenas ni mar, ni frescas olas, no estaba la tierra, ni arriba el cielo, se abría un gran abismo, ni hierba había.

 

Los nueve mundos, las nueve ramas. ¿Cuántos Titanes -que no titanes- hay en Shingeki no Kyojin? También nueve, por supuesto: Titán Fundador, Titán de Ataque, Titán Colosal, Titán Acorazado, Titán Hembra, Titán Bestia, Titán Mandíbula, Titán Carguero y Titán Martillo de Guerra. No parece casualidad. Hay más. Las nueve ramas mencionadas en el fragmento de Völuspá nacen de Yggdrasil, el árbol de la vida de la mitología nórdica. En el encuentro entre Eren y la fundadora Ymir Fritz, en el capítulo ochenta de la serie, al fondo aparece un enorme árbol lumínico que ciertamente nos hace pensar en Yggdrasil.

Un último detalle con relación al fundador de gigantes. Perdida en Groenlandia hallamos una isla llamada Ymer, bautizada así en honor al gigante Ymir; también en una isla, como ya hemos dicho, vive recluida la gente de Ymir en la serie. Aunque no toda. Hablaremos de ello más adelante.

ataque titanes arbol final

Un enorme árbol lumínico que ciertamente nos hace pensar en Yggdrasil.

Quizás el mito nórdico de Ymir es el que más peso tiene sobre la trama de Shingeki no Kyojin, pero la serie está trufada de muchas otras reminiscencias mitológicas. Las legiones de seguidores del anime así lo han hecho notar en multitud de entradas repartidas por ese laberinto del minotauro que es Internet. Un par de ejemplos. Uno: encontramos el ojo perdido de Odín en la histriónica y sabia Hage. Dos: los berseker eran guerreros vikingos que combatían supuestamente en trance y tras una epifanía casi psicótica, algo muy parecido a lo que les sucede a todos los miembros del clan Ackerman en la serie, Mikasa entre ellos.

La huella de la mitología nórdica en la serie es colosal, y nótese que muchas de las familias fundadoras del universo Shingeki no Kyojin son rubias y de ojos azules. Pero caminemos más allá de la cosmogonía de los ancestrales pueblos vikingos. Qué me dices, lector, del Eren titanizado levantando una enorme roca para tapar el agujero en la muralla María y así evitar que los titanes sigan entrando en ella. ¿Acaso no es una imagen idéntica al Atlas Farnesio, escultura del siglo II d.C. que representa a Atlas, titán de la mitología griega al que Zeus condenó a cargar sobre sus hombros la bóveda celeste? Es decir, el mundo, como Eren.

ataque titanes eren titan

Eren titanizado y el Atlas Farnesio.

No podemos terminar el artículo sin hacer un gran salto en el tiempo y desplazarnos del mito arcaico hasta los seísmos fundacionales modernos, es decir, las tragedias del siglo XX con las que explicamos el siglo XXI, también muy presentes en la serie. Éstas no están protagonizadas por ningún Dios, puesto que Nietzsche tuvo a bien certificar su defunción, sino por hombres. Son heridas aún abiertas en las carnes de la humanidad: las dos guerras mundiales.

La cuarta temporada de Shingeki no Kyojin empieza en suelo continental, lejos de Eldia y las murallas, con una escena bélica que nos lleva directamente a las trincheras de la Primera Guerra Mundial. En ese infierno de barro y acero hubo lugar para los poetas. De hecho, la Gran Guerra no se entiende sin sus poetas. Uno de sus mayores estandartes fue el británico Wilfred Owen, quien halló la muerte en las trincheras una semana antes del fin de la contienda. De entre todos sus versos escritos bajo fuego enemigo, destacamos estos del poema Extraño encuentro:

 

Pareció que yo escapaba de la batalla
por un profundo, obtuso túnel; mucho tiempo atrás cavado
a través de granitos que abovedaron guerras titánicas.

 

¿Ha leído Isayama a Owen? Imposible saberlo. Pero Owen pereció, según sus propias palabras, en una guerra titánica de trincheras, y la cuarta temporada de Shingeki no Kyojin arranca con titanes combatiendo en trincheras. Algunas, las continentales, son de tierra; otras, las de la isla, son murallas construidas con una roca titánica tan dura como el granito. Que cada uno decida, lector, si la conexión está ahí o es pura invención.

La relación de la serie con la Segunda Guerra Mundial es mucho más evidente. Con el Holocausto, deberíamos decir, más bien. En Marley, los pocos eldianos que quedan son encerrados en un gueto, enterrados entre altos muros, y se les obliga a llevar un brazalete con una estrella que recuerda a la de David. A algún genio del equipo de merchandaising de Shingeki no Kyojin se lo ocurrió en su día que comercializar dichos brazaletes era una gran idea, provocando un alud de críticas a la serie. No es para menos.

eldianos ataque titanes judios

Los pocos eldianos que quedan son encerrados en un gueto y obligados a llevar un brazalete con una estrella que recuerda a la de David.

Se ha escrito muchísimo sobre las evidentes vinculaciones entre la historia de los titanes y el Holocausto judío, incluso algunas voces han llegado a advertir -creemos que infundadamente- sobre el peligro de un posible mensaje fascista subyacente en la serie. Es tanta la tinta derramada sobre el tema que nosotros no le dedicaremos más atención; tampoco queremos eternizar el artículo. Basta con concluir que Shingeki no Kyojin bebe no solo de mitología más remota para construirse, sino también de la Historia más reciente. La serie es, por lo tanto, un mundo donde encontramos muchos de los mundos e inframundos que la humanidad ha erigido, con leyenda o con sangre. Historia, qué bonito nombre, por cierto. ¿Os imagináis que un personaje de la serie, quizás alguien de familia real y heredera al trono eldiano, se llamara así?

Pero basta.

Cuántas palabras, lector. Lo sentimos si ha sido una empresa titánica llegar hasta aquí. Eran necesarias todas y cada una de ellas, creemos. Para entender la poética y el mito detrás de Shingeki no Kyojin. Para arrojar quizás un poco de luz a los motivos del éxito planetario de la serie. Para sacudirnos el terror, mirar a los ojos a la bestia y, con aplomo, decirle: háblame, titán.

Escrito por Marc Renton en febrero 2022.

Ver más en Animación, Cult TV, Distopía, Pueblos, Ataque a los Titanes.