«Hasta que no aparecen casos así, no tenemos ni idea de cómo son las leyes que rigen nuestra vida»
Entrevista a Isaki Lacuesta ('Bajo Escucha. El Acusado')

«Hasta que no aparecen casos así, no tenemos ni idea de cómo son las leyes que rigen nuestra vida»

Isaki Lacuesta durante el rodaje de 'Bajo Escucha. El Acusado' / Crédito: Movistar+

Nos sentamos a hablar con el director Isaki Lacuesta sobre su última creación, 'Bajo Escucha. El Acusado', en la que cuenta la historia de un crimen que todavía hoy no tiene culpables.

Cada siete años, Almonte (Huelva) celebra la Venida de la Virgen, y traslada desde la vecina aldea de El Rocío a la virgen que lleva su nombre para acogerla durante nueve meses. La última vez que tuvo lugar esta tradición religiosa fue el 27 de abril de 2013, una jornada que quedó marcada en el recuerdo de los almonteños por un trágico suceso. El asesinato de Miguel Ángel Domínguez y su hija de 8 años, María, a los que se encontró 36 horas después con más de un centenar de puñaladas en sus cuerpos.

Las primeras hipótesis barajaron que Miguel Ángel, despechado por el reciente divorcio de su mujer Marianela, había matado a su hija y se había suicidado. Pronto fueron descartadas, pero tuvo que pasar mes y medio para que los investigadores detuviesen al primer y único sospechoso, Francisco Javier Medina. El novio de Marianela y compañero de trabajo de ella y de Miguel Ángel en el Mercadona del pueblo.

Desde entonces han pasado seis años, y la mitad de ese tiempo Medina ha estado en la cárcel por un delito del que terminó siendo declarado no culpable, los asesinatos de Domínguez y su hija. Un crimen que, todavía hoy, no tiene culpables. En 2018 decidió romper su silencio y contar su versión en una serie documental sobre el crimen, Bajo escucha. El acusado (Bambú Producciones). La última producción de no ficción que Movistar + estrena esta noche, con Ramón Campos y David Miralles en la producción e Isaki Lacuesta en la dirección.

Precisamente Lacuesta (Girona, 1975) fue el encargado de presentar la producción durante la presentación de nuevos proyectos de no ficción de la plataforma. Y tras dejarnos con los dientes largos hablando de la unión de “la tradición periodística y la cinematográfica” quisimos charlar con él sobre su primera incursión el género de las series documentales.

¿Cómo se pasa del éxito de ‘Entre dos aguas’, ganadora de la Concha de Oro en San Sebastián a rodar un documental que además tiene tantas cosas implícitas? Es un crimen muy duro, hay una persona acusada que parece no ser el culpable…

Pues fue muy simultáneo, en realidad empezamos a trabajar antes del estreno de Entre dos aguas, aunque ya la habíamos terminado. Ambos proyectos tienen en común que trabajas con personas que están sufriendo, y que están sufriendo en presente. Hubo otros casos que había rechazado anteriormente, y en este lo que más me llamó fueron tres cosas. Una cuando David (Miralles) me cuenta que hay una persona que ha estado en la cárcel tres años y medio y que ha sido declarada inocente, pero está pendiente de un recurso. Esto nos coloca en una situación en la que sabes que ha habido algo injusto ya sea que alguien inocente ha estado tres años en la cárcel o que han absuelto a alguien que es culpable. En aquel momento yo no tengo idea del caso y entro de cero a absorber toda la documentación que me facilitan.

Otra cosa que me interesa mucho es dónde ocurre la historia, que sea en este espacio del Rocío, de Almonte, que es tan particular y tan peculiar. Y la tercera cosa que me interesa mucho es poder participar de este momento en el que las plataformas empiezan a producir documental que es una cosa que León Siminiani, que es muy amigo, me empezó a decir hace unos años. Antes de que él hiciera Caso Asunta, me dijo: “Va a empezar a ocurrir esto, es un momento muy importante porque por fin el documental puede ser mainstream, puede ser prime-time y puede ocurrir a través de las series”. Y yo era muy escéptico cuando me decía que teníamos que estar ahí, que esto iba a ocurrir y que iba a ser importante porque iba a marcar el camino durante unos años. Y tenía razón.

Ya que hablas de ello, ¿cómo ves el auge del true crime, que se haya convertido en algo tan popular? Al igual que se está haciendo en EEUU también se está haciendo aquí.

Tengo la esperanza de que trascienda del true crime y que se pueda trabajar muchos géneros documentales. Me encantaría que todo siga siendo más como lo que está ocurriendo aquí y que haya documentales de estéticas muy distintas y temas muy distintos. Sí tengo la sensación de que en un momento dado parecía que lo más importante era el true crime, y creo que es importante que el abanico se abra.

Creo que esto tiene relación con el éxito que han tenido los true crimes norteamericanos. Making a murderer y todo ese tipo de series han sido las primeras series documentales que han llegado a públicos muy amplios. Si sirve para que se descubran otras formas, bienvenido sea. Me daría pena que se quedara solo en una línea, en un género, además muy codificado a veces.

Precisamente, y ahora que la mencionas, a pesar de que ‘Bajo escucha. El acusado’ tiene una extensión mucho más corta de solo dos episodios… ¿Se parecen en algo, o solo comparten género?

«Decidimos no utilizar escenas ficcionadas, y que para intentar evocar aquel pasado recurriríamos a cosas que ocurren en el presente»

Creo que hemos encontrado un estilo propio, que es a lo que más vueltas le dimos con David. Hubo un momento en el que tuvimos esa sensación de haberlo encontrado, que fue cuando empezamos a montar las secuencias de retrato de tantos espacios de vida cotidiana en presente, y de vida cotidiana presente de las personas implicadas en el caso. Es decir, cuando decidimos que no utilizaríamos escenas ficcionadas, y que para intentar evocar aquel pasado recurriríamos a cosas que ocurren en el presente. Me gusta pensar que es casi como una especie de flashbacks en presente, cuando ves cosas que ocurren en el presente y te pueden evocar lo que ocurrió hace años. Tú estás viendo a Francisco Medina en el pozo en el que le acusan de haber escondido el arma, y estar trabajando allí con sus animales, en presente, pero no puedes evitar pensar en esa hipótesis del pasado.

Ese tipo de situaciones, creo que ahí es donde encontramos nuestra personalidad. Y creo que hay ingredientes que son comunes en los true crime, en el sentido de que hay entrevistas con los testimonios que lo han vivido, hay material de archivo tanto de los juicios como de los informativos que lo trataron en su momento.

Almonte celebra la Venida de la Virgen y traslada desde la vecina aldea de El Rocío a la virgen que lleva su nombre / Crédito: Movistar+

¿Trabajar en el documental ha cambiado tu opinión sobre el caso?

Sí, de hecho la opinión de todo el equipo iba cambiando día a día y semana a semana. Creo que es de las cosas más potentes que han ocurrido, que al enseñar la serie a las partes, que conocían todos los datos que hay, o casi todos, ha habido alguna de las personas muy implicadas que ha llegado a cambiar de opinión sobre el caso. Y eso creo que está bien, aunque el documental no dé una posición definitiva. Lo que hacemos es exponer y ordenar todas estas historias y dar voz a las personas que lo han vivido.

¿Qué nos vamos a encontrar en cada episodio? ¿Habéis centrado la narración en el acusado, tal y como especifica el título, u os ocupáis también de las víctimas, de Almonte?

Se cuenta el caso pero el testimonio principal es el acusado. Es decir, Francisco Medina nunca había querido hablar con ningún medio de comunicación, su apuesta personal fue no hacer ninguna declaración, creo que en parte por su carácter, porque son gente que no están predestinadas a salir en la tele y él no quería aparecer. Y hay un momento en el que después de la primera absolución, cuando le están acusando de ser un cobarde y le acusan de ser culpable por no querer dar la cara, incluso le siguen acusando a veces con información tergiversada, él decide aceptar la propuesta de David Miralles y aparecer en la serie. Entonces nos damos cuenta de que esto era algo muy especial, y se ha convertido en el tronco de la historia.

Planteamos a los familiares directos de los fallecidos, de los asesinados, que aparecieran, decidieron no aparecer… Fue una especie de inversión, la viuda y la madre de la niña fallecida, que había participado mucho en medios, decidió cambiar su política de medios y no aparecer más en ningún lado. Le propusimos aparecer, hasta el final del montaje, y hubo un momento que nos planteamos si tenía sentido hacer la serie aunque no estuvieran las voces de los familiares directos de las víctimas. Y nos dimos cuenta de que contar con Fran Medina como tronco principal, acompañado de testimonios de la acusación y de la defensa si funcionaba y tenía sentido narrativo. Yo pensaba mucho en las películas de Errol Morris, esos documentales que muchas veces se centran en una sola entrevista y en la que es la propia persona, simpatices o no con ella, la que te va contando su opinión, y tú sacas tus conclusiones. Pensé que era un modelo que funcionaba.

¿Cómo ha sido el rodaje en Almonte, qué ambiente os habéis encontrado allí?

Es un caso muy duro, porque no está cerrado. Creo que la gran diferencia con hacer un caso cerrado de hace años es que todo lo están viviendo y sufriendo en presente. Y eso es muy complicado y muy duro para la gente que lo vive. A nosotros nos toca de forma superficial, aunque hace que nuestro trabajo sea más complicado.

Os toca de manera más superficial pero influyó en vuestra manera de trabajar, porque como tú dices no es lo mismo trabajar en un caso cerrado que en algo que cualquier día puede salir lo que falta y cambiarlo todo.

Sí, de alguna forma creo que incide sobre todo en intentar ser más respetuoso con las personas y con los datos, ¿no? Son heridas abiertas.

¿Hay algún momento que te sorprendió, cuando llevabais a cabo vuestra propia investigación os encontrasteis con algo que no esperases?

«Me sorprende de mí mismo y de la sociedad lo poco que sabemos de leyes, que son una emanación nuestra»

Sí, con muchas cosas (sonríe) pero no sé cómo contarlo sin hacer spoilers… (Ríe) Ha habido muchísimas cosas que me han sorprendido mucho y he aprendido mucho también… Una cosa que me sorprende de mí mismo y de la sociedad es lo poco que sabemos de las leyes, por ejemplo, que son una emanación nuestra y que no tenemos ni idea de cómo son. En parte el interés del true crime también tiene relación con esto, ¿no? Con poder acceder a la intimidad de un juicio, de una defensa, de una acusación… Creo que es algo que cuando todos vemos estas series decimos: “¡ostras! Que esto funciona así”. Y empezamos a entender cosas.

A mí el funcionamiento de estas cosas me ha sorprendido y me ha enseñado. Igual que hemos descubierto la diferencia penal entre violación y agresión, o entre rebelión y sedición, lo estamos descubriendo ahora porque no teníamos ni idea. Al menos yo, y creo que la mayoría de la sociedad, hasta que no aparecen casos así es que no tenemos ni idea de cómo son las leyes que rigen nuestra vida.

¿La extensión venía predeterminada o ha sido fruto del material del que disponíais?

Venía predeterminada. Son dos capítulos de aproximadamente una hora. Creo que es la duración adecuada. Es una cosa que hablamos mucho también con Siminani últimamente, hasta qué punto la posibilidad de las series hace que a veces se pierda el trabajo de síntesis, que me parece que es importante también.

Antes una película de ocho horas era Shoah, que te contaba el Holocausto entero. Ahora parece que hacen falta quince horas para contar cualquier caso, cuando El Padrino dura lo que dura y es una obra maestra. Parecía el extremo de lo largo, y cuenta tantísimas cosas… Creo que está bien no perder de vista el poder de la síntesis.

Si repitieses en el formato documental televisivo, ¿hay algún tema que te interesaría especialmente?

Hay varios, sí. Pero lo que tengo más en marcha es un largometraje de ficción, con Bambú también, para rodar en 2020. Hay varias ideas de series documentales que me gustaría llevar a cabo, pero que todavía están ahí, en los limbos.

Hace unos años nos hablaban de documentales televisivos y todo el mundo pensaba en La 2 y en la siesta, y ahora hay gente que se apunta a las plataformas exclusivamente para verlos.

A mí lo que me extrañaba era antes, cuando la gente pensaba que el documental no era para todos los públicos. Creo que por una parte, era por desconocimiento, porque no se emitían los documentales de Morris, los de Wiseman, los de Filibert, los de Jordá… Yo creo que en el momento que la gente los ve, se da cuenta de que son historias potentísimas con una emoción muy fuerte porque son cosas que están ocurriendo de verdad.

En el caso del true crime actual, se adaptan las narrativas actuales para que la historia resulte más atractiva para el espectador…

No son formas especialmente nuevas, son cosas que se hacían hace mucho tiempo pero faltaba que alguien se animara a programarla. En realidad no se animó nadie, y fueron las plataformas las que al colocarlo descubrieron que hay una demanda de eso, afortunadamente.

El estreno ya está aquí, ¿cómo crees que se lo van a tomar en Almonte?

Creo que se va a vivir con dolor, va a ser muy complicado para ellos. Habrá gente que no le gustará nada, gente que le gustará… Al final, lo que hemos hecho, y es de lo que podemos responder, es del rigor y de un trabajo de ordenación, sobre todo. De trabajar a un ritmo distinto al del periodismo diario, que a veces no puede hacer ese trabajo de tomar una cierta distancia y ordenar las cosas. Seguro que habrá gente a la que le dolerá, por fuerza.

Escrito por Aloña Fdez. Larrechi en octubre 2019.

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