‘El Caso Alcàsser’: horror y telebasura
Hablamos con Ramón Campos y Elías Leon Siminiani

‘El Caso Alcàsser’: horror y telebasura

El Caso Alcàsser - Fotograma El caso Alcàsser. De izquierda a derecha: Elías León Siminiani (director documental), el forense Luis Frontela y Ramón Campos (productor documental).

Tras 'El Caso Asunta (Operación Nenúfar)', la productora Bambú vuelve al género del truecrime abordando el asesinato más mediático de la historia de España.

Viernes, 13 de noviembre de 1992. Alcàsser (Valencia). Tres adolescentes caminan en dirección a Cooler, la discoteca de la cercana Picassent. Toñi, Miriam y Desirée —27 años después seguimos recordando sus nombres— no llegan jamás a su destino. Su desaparición, primero, y el descubrimiento de sus cadáveres, después, convierten el suceso escalofriante en un espectáculo dantesco que alimenta el morbo de una televisión lanzada de cabeza a una piscina de mierda.

«La intención era hacer una crónica de todo lo sucedido. Dentro de esa crónica, el suceso criminal es sólo una parte. La otra, muy importante, es cómo los medios afrontaron ese caso y como se fue narrando», advierte Ramón Campos, cofundador y productor ejecutivo de Bambú, fábrica de éxitos catódicos como Velvet, Las Chicas del Cable o Fariña.

El alcance mediático del asunto formó parte de una espiral en la que los medios de comunicación perdieron cualquier sombra de raciocinio. Fue una pelea sin sentido y sin ética por sacar tajada de la desgracia, del horror.

En el primer episodio de El Caso Alcàsser (El DOCS Barcelona estrena este martes 21 de mayo en exclusiva antes de que la serie llegue a Netflix, el próximo 14 de junio), el estómago se revuelve del todo cuando Nieves Herrero, su aflautada voz y su falta de escrúpulos, entran en escena. Y lo hace en directo en aquel De tú a tú especial y con las familias destrozadas de las víctimas sentadas en un escenario ante los airados vecinos que clamaban justicia y pena de muerte.

Las vergonzosas peleas por la audiencia, con la carnaza de un triple asesinato, dispararon teorías de todo tipo, que aún hoy, tres décadas más tarde, continúan vivas.

Herrero no ha querido participar en el proyecto, a diferencia de un Paco Lobatón que también formó parte del vertedero mediático con Quién sabe dónde y que sí aparece en pantalla. «Creo que queda como un señor diciendo que aquello no estuvo bien», valora Ramón Campos.

«Hay una consciencia de que eso marcó un antes y un después.»

«No sé si hay arrepentimiento por parte de quienes abordaron el asunto de esa forma, pero sí hay una consciencia de que eso marcó un antes y un después. Ese fue el principio de una nueva forma de abordar los sucesos y la crónica negra que seguimos viendo hoy», apunta Elías Leon Siminiani.

De hecho, Leon Siminiani es director de otros documentales tan insólitos como Mapa o Apuntes para una película de atracos y partner in crime de un Campos que sitúa su serie en las antípodas de la búsqueda del morbo: «Tengo una máxima, que mis hijas de 8 años, cuando sean mayores, no me puedan preguntar ¿por qué hiciste eso? Eso es clave y te lleva a cortar cualquier cosa que te haga avergonzarte de lo que estás grabando. Hay que tener mucho cuidado con dónde pones el pie».

Siminiani y Campos se pusieron el traje de detectives, abogados, periodistas y cineastas, todo en uno, para construir El Caso Asunta (Operación Nenúfar) para Atresmedia, y repiten ahora en el género, ya bajo el manto de Netflix.

«Hay una hermandad entre los dos casos: a nivel criminal, sociológico, o del impacto en los medios de comunicación, son series primas hermanas. Lo que ocurrió en Alcàsser se repitió después con Asunta. Vosotros salís de ver el primer capítulo, impactados con el periodismo que se hacía en España en 1993. Pero seguimos cometiendo los mismos errores, no hay ningún arrepentimiento, a día de hoy sigue pasando», reflexiona Campos.

«Era muy importante para nosotros que nadie tuviese la impresión de que éramos otros más que llegaban a grabar.»

Inmediatamente, el productor aleja su docuserie de aquella vorágine: «Era muy importante para nosotros, cuando entramos físicamente en el pueblo de Alcàsser, que nadie tuviese la impresión de que éramos otros más que llegaban a grabar, a poner la alcachofa y salir corriendo, para llevar una noticia nueva que emitir al día siguiente. Hay una herida abierta, lógica, en el pueblo. Les explicamos que queríamos poner un pie, formar parte del paisaje, hablar con toda la gente que pudiéramos, pero siempre sin molestar a nadie. Nosotros estábamos dispuestos a dedicarle mucho tiempo a entender esto».

Siminiani abunda en la idea: «En ambos proyectos hemos tenido mucho tiempo: para investigar, para madurar esa investigación, y para la historia en toda su profundidad. Poner en valor ese tiempo es algo que, como cineasta, agradezco muchísimo».

Un año y medio de producción, 228 horas de entrevistas grabadas con casi 60 testimonios («algunos de ellos no habían hablado nunca en público sobre el tema», advierte Siminiani), miles y miles de folios del sumario y de informes de todo tipo revisados, centenares de piezas de informativos televisivos analizadas y un material inédito: 400 horas con el juicio entero que arrojan luz a aspectos poco claros y que permitirán escuchar, por primera vez, la voz de Miguel Ricart, a la postre el único condenado tras la desaparición, aún hoy sin resolver, del supuesto autor material de los crímenes. Antonio Anglés.

El Caso Alcàsser – Fotograma del juicio a Miguel Ricart

«Hemos tenido gargantas profundas que nos han dicho que se seguía investigando su paradero, y hemos tirado de esos hilos, pero no aparece, no le hemos encontrado», confiesa Campos.

La tarea ha sido ardua, concienzuda. Y la pregunta, con un único episodio visionado, es obligada: ¿Llega El Caso Alcàsser a conclusiones que difieran, que cuestionen, las oficiales?

«Nosotros hacemos la crónica del caso, desde que se inicia hasta hoy, y es verdad que hay partes difíciles de explicar. Pero lo que no hacemos es cubrir nada. Lo que mostramos sucedió. En cualquier caso, y como hicimos en El Caso Asunta, ponemos frente al espectador todo lo que hemos encontrado y, con ese material, le invitamos a decidir, a tomar sus propias conclusiones», explica Ramón Campos.

«¿La teoría del Bar España? En la serie no hay ninguna mención a ese asunto porque no encontramos ninguna vinculación real.»

El arriba firmante insiste con una de las teorías más repetidas en Internet, la que vincula a las asesinadas de Alcàsser con una oscura trama de pederastia y crimen situada en el Bar España: «En la serie no hay ninguna mención a ese asunto porque, más allá de las teorías que se encuentran en la red, no encontramos ninguna vinculación real. Es cierto que un caso de estas características, que pervive durante tanto tiempo, ha dado para que mucha gente opinara, hablara y teorizara».

Más allá del tsunami sociológico que provocaron los hechos, más allá del morbo, abordamos la perspectiva puramente audiovisual. Campos y Siminiani reconocen referentes: «Cuando empezamos El Caso Asunta, vivimos el boom de Making a Murderer y de The Jinx, pero nuestro referente más concreto era The Thin Blue Line, de Errol Morris.

«Nosotros pretendíamos aunar periodismo, investigación y cine. Y con cine, queremos decir intentar implantar una serie de dispositivos que no son tan habituales en este tipo de investigaciones: tratamos de darle mucho peso a los espacios. Y con determinados testimonios, trascender la cabeza parlante y penetrar en ciertos dispositivos que tienen mucho que ver con una elaboración más cinematográfica. Y otro referente es el podcast Serial, como ocurría allí, nos integramos en la trama, buscando que el espectador ocupe nuestro lugar y se sienta como parte activa de la investigación».

‘El Caso Alcàsser’ – Fotograma cartas de Fernando García El caso Alcàsser

Con dos estrenos recientes (Instinto, en Movistar, y Alta mar, en Netflix a partir de este viernes) y una lista de éxitos interminable, Bambú sigue confirmándose como uno de los grandes motores del audiovisual en España. Dice Ramón Campos: «Bambú es una productora que se sostiene en la ficción, pero mi formación es periodística y mi gran pasión es el periodismo. Para mí, estos truecrime son, como decían los hermanos Coen, el patio de recreo, donde seguir jugando. Los disfruto muchísimo. Me dan algo que la ficción no me permite: la ficción la controlo, y este proceso está mucho más vivo, cuando consigues un testimonio difícil o unas imágenes inéditas… esa sensación no se consigues con la ficción».

Y advierte: «Van a haber más. Acabamos de terminar Bajo escucha, sobre el crimen de Almonte, para Movistar y con Isaki Lacuesta como director. Y me gustaría que esta dupla creada con Elías siguiera creciendo, con una serie documental cada dos años».

Escrito por Àlex Montoya en mayo 2019.

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