La joven que desapareció detrás de una corona
‘The Crown’

La joven que desapareció detrás de una corona

The Crown - Elizabeth Philip - Elizabeth & Philip discuss his investiture
La segunda temporada de ‘The Crown’ expone los problemas de Isabel II por mantener sus convicciones ante el peso de las obligaciones monárquicas.

Después de una primera temporada que nos hizo desear ser vasallos de Isabel II, The Crown vuelve para seguir desenmarañando los entresijos del reinado más largo de la historia de la monarquía británica. Ahora, Isabel II lleva casi una década en el trono y el paso del tiempo se deja ver en la personalidad de la reina y en la interpretación de Claire Foy, que con solo un par de movimientos nos deja ver que Isabel II ha entrado en una nueva fase de su vida. Con unos gestos mínimos -ese bolso enganchado al pecho como si fuera su último resquicio de vida, o el caminar con pasos cada vez más pequeños- vemos una reina envejecida, a pesar de que sólo tiene 31 años.

Si en la primera entrega la trama política era el hilo conductor, en esta segunda etapa el foco está en la vida privada de la monarquía, el material del que durante años se ha alimentado la más aristocrática de las revistas del corazón, ¡Hola!. A diferencia de lo que nos pasa cuando nos lanzamos al cotilleo en los tiempos muertos de la peluquería, aquí nos podemos regodear sin culpabilidad porque viene envuelto por el barniz de la Historia. Peter Morgan, creador de la serie, justifica con estilo cada una de las incursiones que hace en los secretos de alcoba de los Windsor. Nos convence de que la monarquía es imprescindible en toda su extensión.

La política sigue estando presente –se explica la crisis del canal de Suez, el caso Profumo o las vinculaciones con el nazismo de algunos miembros de la familia- pero siempre en un segundo plano. The Crown se acerca un poco más al culebrón. Pero la precisión casi documental de los escenarios y la puesta en escena, recreando casi milimétricamente imágenes del pasado, resulta un placer para los espectadores que aman los dramas históricos.

Elisabeth Philip 2 The Crown 2 Alejandra Palés Serielizados

Isabel II y Felipe

Morgan, que renunció a una audiencia con la Reina para mantener su independencia artística, disecciona el complejo matrimonio de Isabel II y el príncipe Felipe (Matt Smith), que va mucho más allá de la simple relación de pareja, una mezcla de amor con una –asimilada- obligación política que trasciende sus sentimientos. Los diez episodios de la segunda temporada permiten ver un ciclo matrimonial completo, desde el distanciamiento y la desconfianza hasta el reencuentro. Vislumbramos la desigualdad dentro de la pareja: a pesar de la teórica situación de poder de Isabel II resulta evidente que, de puertas para adentro, está obligada a ir un paso por detrás de su marido si quiere mantener a flote el matrimonio. Ser la jefa de Estado no es garantía de no estar sometida a una falocracia dentro de casa o de poder imponer ideas.

‘The Crown’ continúa el proceso de humanización de Isabel II, aunque el retrato es cada vez menos benevolente

En este sentido, The Crown continúa el proceso de humanización que empezó en la primera temporada, aunque el retrato es cada vez menos benevolente. Las decisiones de Isabel II, como no compartir informaciones que afectan a terceras personas y que pueden marcar su futuro, hacen que la soberana construya una muralla que la aleja de sus familiares, especialmente de su hermana, pero también del espectador. El episodio dedicado a la visita de los Kennedy y su relación con Jackie, marcada por los celos, es un buen ejemplo de ello.

Las complejidades del amor en el seno de la realeza no sólo están representadas por la reina y su marido. La batalla de la princesa Margarita por encontrar su sitio y hacer lo que le da la (real) gana es uno de los pilares de esta segunda temporada en la que se constata que hay patrones familiares que se mantienen y reproducen a lo largo de la historia. Es inevitable que el fantasma de Lady Di sobrevuele la trama.

La historia de Margarita, un drama que seguirá presente en futuras temporadas,  sirve de ejemplo para un problema que recorre a todos los miembros de la familia Windsor en algún momento de su vida: la incomodidad por el papel que les ha tocado interpretar y por no poder ser quien ellos desean ser, algo que afecta hasta a  los más pequeños de la casa, como el príncipe Charles. Él es el protagonista de uno de los capítulos más descorazonadores de la temporada, que hace sentir pena por este niño que, en teoría, ha nacido con todo lo que se pudiera desear.

Con el cierre de la segunda temporada nos despedimos de Claire Foy, que pasa el testigo a Olivia Colman, actriz que protagonizará las dos siguientes décadas de reinado, en las que, previsiblemente, iremos viendo una cara más amarga de Isabel II.

Escrito por Alejandra Palés en enero 2018.

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