Asesinatos con una cucharadita de azúcar
'Por qué matan las mujeres'

Asesinatos con una cucharadita de azúcar

La serie parece ser un cheque en blanco donde por fin Marc Cherry ha podido desplegar toda su creatividad, coartada en 'Mujeres Desesperadas' que fue un exitoso laboratorio de ensayo.

Existen grandes preguntas de la humanidad sin respuesta: ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿qué hay después de la muerte? ¿por qué no podemos estornudar con los ojos abiertos? ¿por qué matan las mujeres? Ah no, esta última no… porque Marc Cherry ya se la ha apropiado para resolverla en su última serie. ¿Lo consigue? Spoiler: no. ¿Pasas un buen rato mientras te adentras en su particular visión? Spoiler: sí.

Marc Cherry es el creador de la dramedia negra Why women kill (sin interrogante, con firmeza, con la seguridad de conocer la respuesta) que se encuentra ya disponible este año en el catalogo de HBO España, donde llegó con un poco de retraso tras su estreno allá por el verano de 2019 en CBS All Access. Y, en cierta forma, esta última propuesta de Cherry completaría la trilogía iniciada con Mujeres desesperadas y continuada con Criadas y malvadas.

En cualquiera de las tres series queda claro que el productor se siente cómodo rodeado del universo femenino, al que homenajea creando personajes complejos, redondos, con matices interesantes y que evolucionan ante nuestros ojos. En Why women kill (Por qué matan las mujeres, en España), incluso más que en las otras dos series que la preceden, la presencia de los hombres es meramente testimonial, representan la comparsa necesaria para ellas. En las historias de ellos se ahonda menos porque no es necesario conocerles ni entender el porqué de sus acciones. Hecho por otro lado que ya se intuía en las series pasadas por el trato que se les daba, pero que aquí se revela sin tapujos.

Y es que Why women kill parece ser un cheque en blanco donde por fin Marc Cherry ha podido desplegar toda su creatividad, coartada en Mujeres Desesperadas que más bien representó un exitoso laboratorio de ensayo. En la nueva serie, se arriesga con propuestas que no tenían cabida en Wisteria Lane: intros mucho más elaboradas que conforman microhistorias en sí mismas, escenas clave ralentizadas que aunque chirrían al espectador no le desubican del todo, transiciones temporales maravillosamente bien ejecutadas…

Eso sí, Why women kill se basa en la misma fórmula que sus antecesoras, es decir, en rascar un poquito en lo que hay en la superficie de parejas felices para revelar todo un submundo más oscuro y menos reluciente. Mujeres desesperadas fue el descubrimiento, Criadas y malvadas una involución flagrante eso sí, seguramente por la implicación de Eva Longoria al meter mano en la producción. Como actriz, Eva Longoria puede tener un pase (al fin y al cabo, Gabrielle Solís puso los cimientos, muchos años atrás, sobre los que se alzaría Gloria en Modern Family para hacer brillar su personaje) pero su mano se nota en Criadas y Malvadas y no para bien. No es mi intención traumatizar pero recordemos la infumable serie Telenovela, escrita, creada, producida y protagonizada por Longoria… aún hay psicólogos sacando rendimiento de los traumas que produjo en los telespectadores.

Entonces, viajando sin copilotos, sin interferencias ajenas que coarten las historias, sin presiones de audiencia y dejando volar la creatividad, Marc Cherry se explaya a lo largo de 10 capítulos para contar las historias de tres parejas, en tres épocas diferentes: años sesenta, años ochenta y un 2019 pre-pandémico. Y como nexo entre las tres… una lujosa mansión en la que viven las tres parejas en diferentes décadas que, aunque suene manido, también representa un personaje por sí mismo por todo el peso narrativo que se lo otorga. Y no hay duda de que la matrícula de honor se la llevan algunos personajes inteligentemente pincelados, unas transiciones entre épocas que bien merecen un galardón, ambientación de música, decoración y vestuario excepcionales, sin fisuras, y un hilo conductor que enlaza de forma magistral cada una de las tres historias.

En cuanto a las tres parejas… son la verdadera alma de la serie. Perdón, ¿he dicho parejas? Los personajes femeninos son la verdadera alma de la serie. Ahora sí.

Imagina un caldero al que le echan un pizca de bisexualidad, un poco de relación abierta, sobre una base de amor interracial, con un poco de feminismo metido con calzador

En 1963 Beth Ann (Ginnifer Goodwin) y Rob (Sam Jaeger) conforman una pareja de manual donde él es el cabeza de familia perfecto que corresponde a la época y ella un ama de casa inocente y adorable… hasta que descubre la infidelidad de su marido. Es de agradecer que ya desde el primer capítulo se pongan las cartas encima de la mesa sin que la serie se alargue innecesariamente en este punto. El primer capítulo asienta las bases para un interesante desarrollo posterior no exento de sorpresas pero con las posiciones ya tomadas. Y Beth Ann parte de una situación con tanto potencial que permite que ella sea el personaje con el que más se pueda jugar a la hora de transitar por su mente y los diferentes giros que toma la historia.

Faltaba sólo desplegar una gran alfombra roja para Simone (Lucy Liu) y Karl (Jack Davenport), quienes aportan toda su experiencia actoral, autenticidad, carisma y saber hacer, para presentar a un matrimonio formado por una mujer de alta sociedad y su marido, también infiel desde el primer capítulo. Infiel y gay. En 1984. Un momento duro… Para los fans de la infravalorada Smash, qué pena que el personaje de Davenport haya quedado relegado a un segundo plano, con todo lo que sabemos que puede ofrecer. Y aún así, él junto a Liu son los más beneficiados de la serie por un guion que parece hecho a su medida, aunque en ocasiones resbale con demasiada facilidad por un tobogán casi caricaturesco. Roza sin tocar, pero aún así ambos regalan exquisitos combates dialécticos, humor en todas sus variantes y emoción a flor de piel.

La abogada Taylor (Kirby Howell-Baptiste) y el escritor Eli (Reid Scott) son la pareja de 2019, que no llegan a la complejidad narrativa de la primera pareja ni transmiten el carisma de la segunda. Y de acuerdo que el siglo XXI tiene muchos temas en boga de donde sacar chicha pero de ahí a lo mal que han dibujado la relación de esta pareja media un trecho. Imagina un caldero al que le echan un pizca de bisexualidad, un poco de relación abierta de pareja, sobre una base de amor interracial, con un poco de feminismo metido con calzador. ¿Queda soso? No pasa nada, le añadimos un poco de drogas, el papel de los roles de pareja… ¿qué falta? Ah sí, violencia de género y un poco de amor por los animales (atención a la escena plagiada -no sólo copiada- de la película Una rubia muy legal 2). ¿A qué sabe? A batiburrillo incomible.

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Lucy Liu y Jack Davenport en ‘Por qué matan las mujeres’ (HBO España)

Además, completamente prescindible una escena entre Taylor y sus hermanas donde, no importa si es con intención de hacer reír, se cae en los estereotipos raciales de lleno, de forma descarada y sin un ápice de vergüenza. Estas escenas en una serie norteamericana, con el conflicto racial existente desde hace décadas en el país, es inaceptable.

En definitiva, se podría decir que Why women kill es una serie muy recomendable para los incondicionales de Bree, Susan, Gabrielle y Lynette porque verán en su máximo esplendor toda la magia que ya rodeaba a las desesperadas. Más allá de eso, no pasa de ser una comedia deliciosa (totalmente), con toques de drama ácido (sutiles) y pinceladas negras (cogidas por los pelos) sin más pretensiones. De mayor calidad que Mujeres desesperadas pero sin su repercusión.

Sería muy osado aventurar que consigue retratar el papel de la mujer a lo largo de diferentes épocas, aunque esa podría parecer inicialmente su intención. Pero no acaba de ser un retrato ni tampoco rompe una lanza de forma clara a favor del empoderamiento de la mujer, aunque sean los personajes mimados de esta serie. En este sentido, esta producción se queda únicamente en una declaración de buenas intenciones con un escenario bien delimitado desde el minuto uno y con un final que ya adelanta el propio título. O no…

Escrito por Meritxell Cárdaba en octubre 2020.

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