Crítica de 'La mujer del viajero del tiempo': La incomodidad hecha serie
CRÍTICA: 'La mujer del viajero del tiempo'

La incomodidad hecha serie

La nueva serie de HBO Max explica una historia de amor a través de saltos en el tiempo pero tiene un problema.
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Si yo fuera una viajera del tiempo lo primero que haría es retroceder hasta el momento en que Steven Moffat empezó a adaptar La mujer del viajero del tiempo, la novela de Audrey Niffenegger. Si pudiera estar presente en ese instante le diría que hay escenas, diálogos y concepciones románticas que en 2022 no sólo están anticuadas sino que provocan una incomodidad infinita.

Él, seguramente, podría aducir que todos los momentos «problemáticos» ya estaban en el libro y que nuestro problema es estar mirando la serie desde la perspectiva woke actual. Quizás tendría razón pero hay algo contra lo que no se puede luchar: la reacción visceral que se siente al escuchar a una mujer de veinte diciéndole a un hombre de veintiocho que lleva prácticamente esperando desde los seis años para follar con él. Bienvenidos al festival del red flag, del cringe y del estupor.

La mujer del viajero del tiempo es una serie de ciencia-ficción romántica que se basa en la novela homónima de Niffenegger. Ella explica que escribió el libro como una metáfora de sus fracasos amorosos. «Me di cuenta de que no encontraría ese alma gemela para mí, así que me la inventé», ha explicado la autora, que ya vio su libro adaptado a la pantalla con una peli protagonizada por Eric Bana y Rachel McAdams.

De almas gemelas, de amores predestinados y que sobreviven a los viajes en el tiempo va el libro y va la serie: Henry DeTamble (Theo James) tiene un desorden genético que provoca que de forma involuntaria viaje en el tiempo. Cuando tiene 28 y trabaja en una biblioteca conoce a Clare (Rose Leslie), de 20 años, que la primera vez que lo ve le comunica que en un futuro ella será su mujer. ¿Cómo sabe Clare eso? Bien, porque desde que tiene seis años Henry se le aparece periódicamente y se lo ha explicado.




Básicamente, Clare ha crecido con la presencia constante de un hombre adulto que le ha prometido que en el futuro estarán casados y cuando, por fin, se conocen en el mismo plano temporal ella se lanza a sus brazos. En su primer encuentro sexual, ella le explica lo durísima que fue su adolescencia con él como «amigo», teniendo que aguantar el deseo que sentía cuando lo tenía cerca y hacían actividades como jugar al ajedrez o aprender los verbos en francés. Ah, un detalle: siempre que Henry aterriza en un nuevo plano temporal lo hace desnudo (fans de Sanditon que os quedasteis con ganas de más, aquí tenéis Theo James en todo su esplendor tantas veces como queráis).

La relación entre Clare i Henry cae dentro del patrón del ‘grooming’ (acoso a un menor)

Con este punto de partida es difícil no pensar que, aunque se quiera utilizar la excusa de las paradojas temporales, la relación entre Clare i Henry cae dentro del patrón del grooming, las estrategias utilizadas por hombres adultos para ganarse la confianza de menores de edad con una finalidad sexual. En un momento entre ridículo y perturbador una Clare de seis años está peinando a su Pequeño Pony. Y cuando Henry le pregunta por qué le gusta peinar al pony, ella contesta: «It’s no brushing, I’m grooming her» (grooming puede servir tanto para expresar tener cuidado como para hablar de acoso a menores). En ese momento no sabes si Steven Moffat se está riendo de ti o si básicamente es una coartada para decirte: «Ey, sé lo que estás pensando y esto no es lo que está pasando».

Sea o no un guiño el momento grooming, no hay que ser muy lumbreras para ver cosas un poco perturbadoras en esta relación. Como el momento en que Clare le dice a Henry que básicamente ha construido su vida alrededor de él, esperando esas citas que él prometía. Steven Moffat defiende que Henry no es consciente de la la existencia de Clare hasta que se conocen en la veintena. Y que es entonces cuando se enamora de ella. Por tanto, argumenta, todos nuestros reparos sobre un posible grooming son infundados.

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Steven Moffat, responsable de la adaptación de la novela ‘La mujer del viajero del tiempo’.

«La historia no va de eso, ni la del libro, ni la película ni la serie. Él está casado con ella. La conoce cuando es adulta, se enamora de ella y entonces viaja en el tiempo, sin tener él la culpa, y se encuentra con la versión infantil de la mujer de la que ya está enamorado. Además, en la versión televisiva, él deja absolutamente claro que solo es un amigo», explica Moffat.

«En la versión televisiva, él deja absolutamente claro que solo es un amigo» – Moffat

Podemos comprar la versión del creador a medias porque aunque Henry no tenga ningún interés sexual en esa Clare niña, sí sabemos que el hecho de conocerse cambia la vida de Clare. Y eso hace que ella construya toda su vida a su alrededor, con lo cual es una relación totalmente desigual y de supeditación. Por no hablar del discurso inicial de ella de ser la mujer que siempre está esperando, una Penélope moderna.

Las historias románticas con viajes en el tiempo no tienen que ser necesariamente malas, aunque siempre acaban en el discurso de la predestinación que puede dar un poco de grima, como Outlander. Hay algunas, como la película Una cuestión de tiempo que se han ganado un sitio en la lista de las mejores historias románticas de siempre. En el caso de La mujer del viajero en el tiempo me parece difícil que esto pase. Los múltiples saltos que hemos visto en el primer capítulo hacen que la serie se convierta en un nudo que no tienes muchas ganas de deshacer. Solo harías el esfuerzo por una pareja tremendamente carismática y este no es el caso, por mucho que Rose Leslie siga manteniendo en el encanto que nos atrapo en Juego de Tronos.

Escrito por Alejandra Palés en mayo 2022.

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