Diez cosas que aprendí de Steven Bochco
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Diez cosas que aprendí de Steven Bochco

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Jimmy Smits, Steven Bochco (segundo izquierda), Dennis Franz y James McDaniel en el set de 'Policías de Nueva York'

El respeto y la categoría intelectual de las que hoy goza la televisión tienen su origen en el compromiso de creadores como Bochco.

Tras la muerte de Steven Bochco han sido muchos los textos que se han escrito sobre él y su innegable influencia en la Historia de la ficción televisiva. A destacar, en mi opinión, tres. Uno, maravilloso y documentado de Conchi Cascajosa. El segundo, especialmente a tener en cuenta, al escribirlo José Miguel Contreras , probablemente el principal emisario de Bochco en España y que aportó a Globomedia la mecánica de trabajo del creador norteamericano. El tercero, el homenaje que Variety le dedicó a través de las palabras de gente del nivel de David Milch, Daniel J. Travanti, Warren Littlefield, David E. Kelley, Jimmy Smits…

Como no puedo competir con esos textos (por documentación, por pasión y por los argumentos de autoridad, respectivamente) y no es cuestión de repetir algo que, por lo demás es una verdad como un templo (que Bochco, con sus éxitos y sus fracasos, es uno de los grandes que han elevado el arte de crear series al máximo nivel), creo que lo más honrado es aplicar mi visión de guionista al respecto. Hablar de las cosas que me ha enseñado alguien a quien nunca conocí y que, sin embargo (cosas positivas de la aldea global) reconozco como un maestro.

1. El valor de lo que han hecho otros antes

No hay nada peor que creer que el mundo nació cuando naciste tú. Pese a ello, es un problema bastante extendido en estos momentos en los que las series han alcanzado un reconocimiento definitivo. Cuando se habla de que estamos en la Edad de Oro de las series ocurre un poco eso. Porque, en todo caso, tendríamos que hablar de una nueva Edad de Oro, apoyada (de manera esencial) por algo que sí es novedad: la aparición de plataformas que posibilitan una nueva manera de contemplarlas. Porque ahora se hacen excelentes series, pero eso lleva ocurriendo desde hace mucho tiempo: series de Bochco como Hill Street Blues, La Ley de los Ángeles, Policías de Nueva York o Murder One (pese a un final de la primera temporada bastante discutible), son un gran ejemplo de ello. Como lo son Mash, Lou Grant, Aquellos maravillosos años, Doctor en Alaska… Series todas ellas que, si se hubieran creado ahora, difícilmente tendrían cabida en cadenas generalistas USA. Por eso mis respetos a una obra maestra como The Good Wife, esa obra maestra que es la excepción de la regla.

Valga doble mi reconocimiento cuando soy deudor, aún más que de las series norteamericanas, de la BBC sobre todas las cosas. La cadena pública británica ha dado muchas “edades de oro” a la historia de la ficción. Desde sitcoms como Un hombre en casa, Fawlty Towers, Allo, Allo… A series de género fantástico como la saga Quatermass, Doctor Who (55 años tiene) o Los Siete de Blake. Y, después con un faro de la revolución narrativa televisiva como fue Dennis Potter con series como Pennies from Heaven, The Singing Detective, Lipstick on your Collar o Karaoke.

Y, con perspectiva, no es cuestión de gusto. Es cuestión de análisis, de referencias, de generar semillas. En la Historia del Arte, te puede gustar David y odiar a Fragonard. Pero los dos están en los libros. Pues lo mismo. Es como hablar de The Wire sin citar Homicidio o de House sin Becker.

En definitiva, décadas y décadas de obras maestras que han compuesto la historia de las series y que conviene no olvidar. Como a Steven Bochco.

2. La autoría

No ha habido, sobre todo en España, ni una vez que se haya hablado a Bochco y, a la vez, el concepto de writers room. Bien hecho. Bochco (y no sólo él) elaboró un trabajo en la nueva manera de hacer series (de su época) en la que cuidar el mapa de tramas, equilibrar la coralidad entre principales y secundarios (con sus momentos de gran protagonismo) y la necesidad de que el creador ejerciera de showrunner (que conlleva muchos asuntos de producción, casting, dirección…) exigía ese trabajo en equipo que aún perdura. Y lo hace porque es necesario. También conlleva el reparto de funciones y la habitual necesidad de dos productores ejecutivos relacionados con la creación. Aparecen así, al lado de Bochco, figuras esenciales como las de Kozoll, Milch o Kelley.

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Tom Fontana y Dean Winters en el rodaje de ‘Oz’

Pero no perdamos el norte. Pese al trabajo de equipo, la autoría permanece. De hecho, una serie de Bochco es eso: una serie de Bochco. Sólo que para hacer que lo que el creador piensa se vea en la pantalla, muchas veces (por no decir siempre), es necesario que el propio creador batalle con cuestiones de producción y con reinterpretaciones equivocadas de directores, actores (sobre todo si trabajas con David Caruso), vestuario, localizaciones, presupuestos… Tom Fontana (referencia máxima para mí) lo explicó en Barcelona en unas jornadas organizadas por el GAC. Él lleva un equipo, con responsables por área que elegía por su capacidad y les dejaba trabajar… pero todo lo supervisaba él o Levinson (en el caso de Homicidio). Y una serie de Tom Fontana es, también una serie de Tom Fontana. Digo todo esto porque he vivido en muchas salas de guionistas y muchas veces esa autoría se diluye si no hay alguien que ejerza de showrunner. Bochco es un gran ejemplo para entender esto.

3. El relato emocional

En los EE.UU., ya desde Las calles de San Francisco, allá por los 70, se asumió un concepto de producción con más exteriores, más cercanas a la producción cinematográfica. Sin embargo, pese a que no estaban encerrados en un plató, en el caso de Bochco, hay una vuelta al interior evidente. Porque lo importante no es la peripecia, sino los personajes y su entorno, su mundo: la comisaría en Hill Street Blues y NYPD Blue, el bufete y los juzgados en L.A. Law o Murder One.

En ese sentido, la dramaturgia de Bochco asume la herencia de conceptos propios de Strasberg. Es decir, que no importa sólo lo que se dice (y que lo que se dice no es siempre lo que el personaje piensa), sino que hay un conflicto por secuencia. Y si no, hay un estado de ánimo que mostrar o una relación emocional que, por sí solas, van más allá del mero y puntual punto de vista. Son transiciones que, por decirlo de alguna manera, dejan de serlo. Porque lo importante no es solo la trama policial, sino también lo que afecta a quienes la viven y dan su visión del mundo.

4. El valor de los personajes

Sólo entendiendo el punto anterior, se puede comprender la grandeza de los personajes de Bochco. Personajes que no son monolíticos ni superhéroes, sino que vagan entre las grandes decisiones que deben tomar y sus debilidades. Incluso sus miserias. Y, a la vez, referentes emocionales de sus creadores y sus experiencias y visión del mundo. Cosas del Método. Incluso, como me apuntó en una charla -tras la muerte de Bochco- mi amigo (y guionista) Jordi Calafí, lo hace también con los supuestos villanos como el Richard Cross (Stanley Tucci) de Murder One, un antagonista lleno de contradicciones… Y cuando no lo hace, es cuando Bochco falla: de aquí el bajón del final del primer caso donde el asesino resulta ser un personaje tan poco Bochco, un malo malísimo de una sola pieza.

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Stanley Tucci y Daniel Benzali en ‘Murder One’

No hay superhéroes (Mash y Lou Grant ya lo anticiparon). Son gente normal que saben que en un cenicero cabe una catástrofe. Y que ante una ventana de un rascacielos se vuelven cobardes muchos hombres y hasta algunos ángeles, como escribiera Maria Elena Walsh. Sísifos de la era moderna, vaya.

5. Trabaja al lado del que sepa lo que tú no sabes

Ya he nombrado a Milch, Kozoll, Kelley… Grandes escritores que crecen al lado de Bochco, que sabe rodearse de gente que sabe de algo más que él. En este caso, dicen muchos, escribir.

En este sentido, Bochco es un gran generador de carreras ajenas, lo cual es digno de elogio. Porque significa dar visibilidad a la gente de calidad que le rodeaba y saber que, llegaría un momento en el que, probablemente, serían mejores que él. En todo. Sobre todo, si también se rodeaban de personas que supieran más que ellos en alguno de los apartados de la creación o de la producción. También ha sabido manejar castings en este sentido, apostando por la calidad y no por la fama, lanzando al estrellato a actores y actrices que ahora tienen una carrera incluso en el cine, como Stanley Tucci, Patricia Clarkson, por no decir de estrellas de la televisión como Jimmy Smits

6. Si no te divertes, déjalo

Contaba Bochco que un día, en los inicios de su carrera, fue testigo de una charla de café entre productores y otros profesionales en la que hablaban con tedio de su trabajo. Y pensó: el día que me pase lo mismo, lo dejo.

Hay que luchar por tu historia. Siempre. Hay que amar lo que se hace. Defendiendo, como Bochco, apasionadamente tu trabajo

Todos, en este trabajo, hemos oído frases como “no te mates: hagas lo que hagas ya llegará alguien que lo joderá”. O “si se van a hacer 20 versiones, ¿para qué dejarnos el alma en la primera si nos la van a tirar abajo igual?” Eso se puede pensar, pero no decir ni trabajar acorde a esos parámetros de capitulación, aunque sepamos que es cierto. Hay que luchar por tu historia. Siempre. Hay que amar lo que se hace. Defendiendo, como Bochco, apasionadamente tu trabajo. No es de extrañar (cito el texto de Cascajosa) que “cuando le preguntaron para su entrevista en el Archivo de la Televisión Norteamericana le pidieron un consejo para aspirantes a productores, respondió: “No la jodáis”.

7. El compromiso moral

Una novela, un guión, una película, una obra de teatro, una serie… deben ser una visión del mundo. Y mostrar el punto de vista del que la crea. Si no, es puro género. Y cuando ocurre eso, la consecuencia es una sucesión de clichés.

Ese compromiso moral del autor se traslada a sus personajes, pero evitando (igual que hay que evitar que hablen todos de la misma manera) que todos tengan el mismo. Y el sentido de la moral (y del honor) de cada uno no tiene por qué ser estrictamente el del creador ni el del espectador.

Recuerdo, en Policías de Nueva York (NYPD Blue), las vicisitudes de uno de los protagonistas (el magnífico Dennis Franz, descubierto por Robert Altman y uno de los que mejor han interpretado a Mamet en un teatro), intenta hacer parecer que un viejo inspector a punto de jubilarse ha muerto en acto de servicio en vez de follando con una puta. Para preservar su jubilación, su honor y el respeto de su viuda. Memorable.

Dennis Franz y David Caruso en una escena de ‘Polícias de Nueva York’.

También hay un tono moral en sus personajes y en su casting. Bochco siempre fue integrador a nivel racial (el propio Smits, Blair Underwood, James McDaniel, Henri Simmons…). Y anticipó el poner en valor el papel de la mujer con potentes personajes femeninos ya desde principios de los años 80, cuando aún no se hablaba de igualdad o paridad. Como la fiscal Joyce Davenport de Veronica Hamel, la policía Lucy Bates de Betty Thomas o la excéntrica Fay Furillo de Barbara Bossom -esposa de Bochco- en Hill Street Blues. Como la fiscal Grace Van Owen de Susan Dey, la Anna Kelsey de Jill Eikenberry, la Abby Perkins de Michelle Greene y la secretaria Roxanne Melman de Susan Ruttan en L.A. Law. (Gracias, Jordi Calafí por acordarte de todos los nombres)

8. La mezcla de géneros

Junto a la writers room, muchos utilizan a Bochco como ejemplo de dramedia. Es decir, como patriarca de la mezcla del drama y la comedia. Y, aunque a veces Bochco cae en cierta excesiva “entrañabilidad” (no sé cómo algo que tiene que ver con entrañas es sinónimo de enternecedor) y ñoñería, sus grandes obras lo que hacen es demostrar lo leve que es la frontera entre comedia y drama y las muchas veces que se funden. Porque dramedia es eso y no hacer, según las tramas, una secuencia de risa y la siguiente de mucho llorar. Eso no es dramedia. Es bipolaridad. Y muchas de nuestras series “familiares” han abusado de ello quedándose, digamos, con el Bochco fallido y no con el gran Bochco.

Lo mismo ocurre con la multitrama. Si no hay una unidad conceptual, una continuidad capitular (algo que en The Good Wife es puro arte e innovación en cuanto a la creación del mapa de tramas) o una incidencia en la actuación de los personajes en otras tramas, la multitrama destruye la unidad dramática. Mezclando multitrama con dramedia y writers room (más los 70 minutos de nuestras series) se han perpetrado grandes atentados contra la buena ficción nombrando a Bochco en vano.

9. El respeto al público

Adoro The Wire. Comparto la opinión de que, muy probablemente, sea la mejor serie jamás hecha. Pero no comparto la frase de David Simon de “que se joda el espectador medio”. Crear es estar a otros asuntos que no son ése. Debe ser de lo poco que Simon no aprendió de Tom Fontana (tras estar día a día en el rodaje de Homicidio (basado en el libro de relatos de sucesos del propio Simon) para crear The Wire. Puedes no querer gustarle a todo el mundo. Para mí, de hecho, es algo necesario. Gustar a todo el mundo es síntoma de que tu obra es trucha, que dirían los argentinos. Pero la televisión no nació para una élite. Es popular. Vanguardia popular, de hecho.

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Bochco apeló a un público inteligente y lo tuvo. Luego, vinieron las audiencias, gracias a los premios, el apoyo de la crítica y una nueva forma de entender de su cadena. Y, en sus tiempos, esto era más difícil que ahora, en el mundo de las plataformas.

Creo que cuando escribes lo haces para que te guste a ti. Pero sabiendo que tú vales tanto como el espectador que va a ver tu obra. Ni más ni menos. Nunca hay que mirar al espectador por encima del hombro.

10. El respeto a las series

Si no te diviertes creando una serie, no divertirás. Si no te ríes escribiéndola, tu público jamás lo hará. Si no te duele, no dolerá. Si no respetas tu trabajo, no lo respetará nadie. Es la primera lección del libro de un guionista. Escriben las emociones y es necesaria una ética.

Bochco jugaba con una comunicación emocional en la que esta lección estaba bien aprendida. Porque la emoción es un lenguaje universal, propio del filósofo y del albañil. Porque los dos se emocionan. Y el que se emociona, piensa.

La creación serial tiene más que ver con una novela que con una película

Por eso es uno de los maravillosos culpables de que la ficción televisiva haya llegado donde ha llegado. A ser respetada como nunca. Y respetarla no es decir o escribir: “es tan buena que parece cine”. He visto series malísimas (muchas por pretender ser cine, de hecho) y películas maravillosas. Y viceversa.

La creación serial tiene más que ver con una novela que con una película. Y una serie jamás es una película muy larga (ver Murder One, al respecto).

Quien desconozca eso ignora que, en un mundo líquido y fragmentado, la narración serial estaba destinada a ser la reina. Quien desconozca eso, no ha entendido para nada la obra de creadores como Steven Bochco.

Escrito por Javier Olivares en abril 2018.

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