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'Desaparición en el Hotel Cecil'

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'Desaparición en el Hotel Cecil' se estrenó en Netflix el 10 de febrero de 2021.

El 'true crime' del mes entretiene pero tropieza en su acercamiento a la muerte de Elisa Lam: aunque intente aportar luz situando el caso en su contexto, es incapaz de escapar a las limitaciones del formato.

Carmel: ¿Quién mató a María Marta?, El destripador de Yorkshire, Acosador Nocturno… desde que allá por 2015 Netflix encontrase un filón en su seminal Making a Murderer, la plataforma ha ido encadenando documentales true crime uno detrás de otro, hasta llegar al punto de saturación de tiempos recientes: de los mencionados anteriormente, todos se han estrenado en los últimos meses.

Y cada uno de ellos, claro está, se ha vendido como el evento del mes: de ello se han encargado sobre todo sus fuertes campañas de publicidad, pero también el boca a oreja que garantiza su truculencia y sus aceptables valores de producción. Aunque lo cierto es que, creativamente, la mayoría son de corto recorrido: no hacen sino repetir unos mismos patrones narrativos y recurrir a nuestros instintos más bajos, aunque vengan remozados por una aparente pátina de calidad que busca poner cada caso en su contexto social y económico.

En medio de este tsunami de documentales true crime, Netflix estrenó a finales de 2019 No te metas con los gatos: Un asesino en internet, que introducía el factor online en la ecuación para construirse en torno a una comunidad de «detectives de internet» que consiguió desenmascarar a un escurridizo asesino en serie. Escena del crimen: Desaparición en el Hotel Cecil (¿qué narices ocurre con la longitud de los títulos?), estrenado el pasado 10 de febrero en la plataforma, puede leerse en primera instancia como una respuesta cínica al éxito de aquellos detectives amateur; aquí lo que vertebra los cuatro episodios es el progresivo desmantelamiento de una conspiración surgida en internet en torno al caso de Elisa Lam: ya sabéis, esa chica que desapareció en el hotel Cecil de Los Ángeles, dejando tras ella un terrorífico vídeo en el que se comporta de forma muy extraña en un ascensor. En este caso, los Sherlock Holmes de Facebook lo único que consiguieron fue hundirle la vida a un supuesto culpable, entregarse a teorías peregrinas que no llevaban a nada y, en definitiva, entorpecer la investigación con esa mezcla de morbo y superioridad moral que da poder opinar sin levantarse de la silla.

Así, y aunque la intención del documental sea loable (poner un espejo ante todos nosotros para mostrarnos lo peligrosa que puede ser la espiral conspiranoica en internet), lo cierto es que su propia estructura parece dispuesta a dinamitar constantemente este mensaje. Desaparición en el Hotel Cecil es, en la práctica, una colección de opiniones y teorías absurdas… que solo en su cuarto y último capítulo apuesta definitivamente por dejar a los conspiranoicos en su sitio. Entre tanto, el esfuerzo por profundizar en el contexto que rodea al crimen (el abandono por parte de las instituciones de Skid Row, el barrio en el que está situado el Cecil; el cuidado con el que se hila la voz de la propia Elisa, que dejó cientos de escritos en su página de Tumblr…) no llega a entenderse del todo cuando viene contrastado con un tratamiento visual exageradísimo y unos efectos de sonido que parecen sacados de una mala fiesta de Halloween.

Temas como la perspectiva de género y de clase o la bipolaridad quedan diluidos por una fachada que en realidad avanza en la otra dirección: la de lo truculento y la crónica negra

Así, aunque el documental juegue a subvertir las expectativas, desbrozando poco a poco el misterio de Elisa Lam hasta mostrar que, en su corazón, no tenía nada de misterioso, lo cierto es que cae presa de las mismas cosas que quiere denunciar. La perspectiva de género o de clase y el intento por profundizar de forma amplia en la bipolaridad mental quedan más bien como apuntes, notas al pie que permiten al documental aparentar seriedad pero que quedan diluidas por una fachada que en realidad avanza en la otra dirección: la de lo truculento y la crónica negra.

Pero el problema es que, además, Desaparición en el Hotel Cecil es tremendamente aburrido dentro de su terreno. Sin la tensión narrativa de No te metas con los gatos, la falta de un personaje principal potente y complejo como el de Making a Murderer o simplemente por el mero hecho de que aquí hablamos solo de un misterio y no de varios, como sí suele ocurrir en la mayoría de documentales de asesinos en serie, estirar hasta una duración de casi cuatro horas un caso que puede explicarse perfectamente en menos de dos hace que el documental se resienta profundamente.

  • En esta entrevista exclusiva, el director y productor Joe Berlinger explica la historia real detrás de la serie:

Hay, eso sí, una interesante ironía: la de que la mayoría de detectives de internet que presenta el documental sean hombres y mujeres blancos, y las dos personas escogidas para aportar una perspectiva psicológica y social (para aportar algo de luz entre tanta conspiración) sean un hombre y una mujer racializados. Como Elisa, en realidad.

Y es que si tradicionalmente los casos de violencia contra las mujeres han sido construidos mediáticamente como una lección moral para limitar sus derechos (el terror sexual es una forma de control de las mujeres, como bien plantea Nerea Barjola en su Microfísica sexista del poder, análisis del caso Alcàsser), aquí además vemos cómo ese castigo por romper el tabú se centra en un colectivo aún más específico, al ser ella de padres chinos. Una perspectiva racial apenas sugerida, en fin, en un documental que ni aporta nada nuevo sobre el caso ni se atreve a estirar del hilo a la hora de dibujar una perspectiva más amplia.

Escrito por Ricardo Jornet en febrero 2021.

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