«¿Cómo me va a molestar que un señor que está comiendo ganchitos me llame ‘gordo’ por Twitter?»
'Paquita Salas 3'

«¿Cómo me va a molestar que un señor que está comiendo ganchitos me llame ‘gordo’ por Twitter?»

Los aplausos casi unánimes respecto a la tercera temporada de 'Paquita Salas' nos llevan a charlar con su protagonista. Brays Efe habla con Serielizados sobre su momento profesional, sobre su concepción del éxito y sobre redes sociales, haters... e hijos de puta.

«¿Un hombre haciendo de mí? Eso sí que es tránsfuga», dice la representante y reina del torrezno al saber que Juan Echanove le va a dar vida en uno de los últimos giros metalingüísticos de la tercera entrega de Paquita Salas. Dos semanas después de su estreno en Netflix, la brillante y original ficción parida por los Javis colecciona aplausos y críticas buenísimas, y, obviamente, uno de los grandes responsables del éxito es el hombre tras la peluca, los collares y… los torreznos. En la piel de la dueña de la agencia PS Management, Brays Efe (Las Palmas de Gran Canaria, 1988) ha encontrado una vía insólita para revelar un talento interpretativo descomunal.

Serielizados charla con el actor en pleno subidón, aunque a él apenas se le note: «Intento vivirlo con tranquilidad, sin dejarme llevar por las reacciones en las redes sociales. A ver, que tampoco parezca que me falta entusiasmo, todo lo contrario: yo ya estaba muy contento cuando terminé de hacerla. Por supuesto que estoy encantado de que se vea, la hago para eso, para que guste y se rían y se emocionen. Pero, para mí, la parte importante del proceso es el rodaje. Es un momento que disfruto muchísimo, que hago con mis amigos, y que es muy guay. Pero vamos, ¡que estoy muy contento!».

Me parece un mérito enorme que a uno se le olvide que tras ‘Paquita Salas’ hay un hombre, un actor que interpreta a una mujer.

Es que no existen unas emociones de mujeres y otras de hombres, son las mismas para todos. El género, al final, es una construcción social. Yo lo que hago es darle la mayor verdad y verosimilitud posible a lo que le pasa a esa persona. Que luego es una mujer, y mayor que yo, y hace cosas que la sociedad le ha enseñado por ser mujer… Cuando leo el guion o me pongo a reflexionar en cómo hace Paquita las cosas, no pienso en lo que la diferencia de mí. Todo lo contrario: busco que sea lo más parecida a mí que pueda, porque eso significará que le daré la mayor verdad posible. La empatía es la mejor arma para afrontar cualquier personaje, ya no sólo Paquita.

Estando de acuerdo con esa aproximación interpretativa, después está la mirada de quién se va a creer o no a Paquita como personaje. Y que la interprete un hombre lo complica…

Lo que trato es de darle humanidad. Hay una parte importante de caracterización que ayuda: vestuario, elementos posturales, tacones… aspectos que se van añadiendo para darle personalidad a Paquita. Y claro que todo eso puede caerse, pero ese es un hilo finísimo que no controla nadie. Yo intento darle la mayor verdad posible, para que cuando veas el resultado no te estés planteando las cosas que diferencian al personaje de la realidad, en vez de todas las que la unen.

Con dos fenómenos como ‘La Llamada’ y ‘Paquita Salas’, los Javis han demostrado tener un universo propio, potente, tan tierno como desmadrado, un punto naif, originalísimo. ¿Qué dirías que tienen como creadores?

Creo que son muy talentosos, pero también muy trabajadores. Y que les obsesiona contar la historia: hay directores que se olvidan un poco, pero ellos están obsesionados con que la historia esté contada hasta el último detalle, que todo lo que quieren explicar esté ahí, aunque a veces haya mucho impás cómico y mucho salto al vacío de la locura. Pero todo debe estar en función de la historia que tienen en la cabeza.

En el caso de Paquita Salas, quieren que cada temporada tenga un tema, que esté reflejado en cada capítulo, que el relato avance constantemente… Los guiones están muy bien construidos, les dan muchas vueltas, se los cuestionan una y otra vez, cada día. Y después, como creadores tienen una falta de prejuicios muy buena: mezclan todas sus influencias, todas las cosas que les gustan. Eso se ve mucho en los castings que hacen. Y además dominan muy bien esa cosa tan difícil que es la mezcla de géneros, que les sale de forma muy natural: comedia y drama, risa y emoción, incluso en la misma secuencia. Y en su caso ese es un sello de la casa.

¿Y como directores de actores?

«El estilo semidocumental permite una realización más caótica, más movimientos de cámara y favorece que el actor haga cosas imprevistas»

Se nota que los Javis lo han sido: les gusta respetar el impulso del actor… Por ejemplo, con ellos no hay marcas en el suelo, aunque también es verdad que el estilo semidocumental de la serie permite una realización más caótica, más movimientos de cámara. Y eso favorece que el actor haga cosas imprevistas. Ellos lo promueven, les encanta la improvisación. Y después está esa habilidad, muy loca de ver, de lograr que todo ese casting tan diverso esté bien y en el mismo tono, en el mismo código. Los Javis entienden muy bien a los actores, les dan lo que necesitan para estar seguros y les permiten ser ellos mismos.

Ese código apuesta por una interpretación absolutamente naturalista…

Yo creo que en las series cada vez se habla menos como en la vida real. Recuerdo una frase maravillosa de Javi Ambrossi sobre una serie española: «¡Qué bien doblada está!» (risas). Y después tienes a gente como Yolanda Ramos o Belén Cuesta, que en eso son unas maestras, lo que hacen es increíble. Belén es la Shirley MacLaine española. No te sabría decir de dónde sale eso, tiene un talento brutal, es emocionante y divertida a la vez. Y luego Yolanda es un volcán absoluto, nunca sabes lo que va a salir por esa boca, juega al ping-pong contigo, y hace crecer muchísimo cualquier escena.

Hablabas de lo variopinto del reparto… Llama mucho la atención que apuesten por iconos pop a los que los Javis dan la oportunidad de mostrar otra cara: Ana Obregón, Terelu Campos, Belinda Washington, Miriam Díaz Aroca… Os reís de su universo sin perder respeto ni cariño.

Claro, hablando del mundo que habla, la serie tenía que incluir todas esas referencias. Hay una mirada nostálgica, desde el presente, que habla de un mundo que ha desaparecido. Y esa mirada le tiene mucho cariño a nuestra tele: todos hemos renegado mucho de ella y al final es con lo que hemos crecido. Ahora que acaba de morir Arturo Fernández… ¡yo veía siempre La Casa de los Líos! Y me encantaba. Es absurdo que diga que veía I Love Lucy… Cuidado, que Arturo y La Casa de los Líos eran el I Love Lucy español (risas).

‘I Love Lucy’ (1951 – 1957) fue la serie más vista en los Estados Unidos durante cuatro temporadas (5 premios Emmy) y dio a conocer a la actriz Lucille Ball.

Es todo un mérito de los Javis, que esta gente se ponga en sus manos y se conviertan en cómplices.

Es verdad que, por ejemplo, lo que hace Belinda esta temporada es un salto sin red. Que con tu nombre real se juegue con una trama de un vídeo sexual… seguro que otras se negarían a hacerlo. Pero es que los Javis te cuentan sus ideas con una pasión y una confianza que acabas convencido. A lo mejor en la primera temporada de Paquita Salas hubiera sido más difícil. Pero después de ver, por ejemplo, el desarrollo de la trama de Ana Obregón en la segunda temporada, ya no tienes duda. Esto va a salir bien, o al menos con cariño. Hay algo de lanzarse, sí.

Por otro lado, nuestra experiencia dice que es falso eso de que en España no haya sentido del humor para hacer cosas así. Quienes han venido a jugar han quedado encantados de reírse de sí mismos. Y hay otros que lo han pedido y no han podido estar en la serie…

Uno de los grandes golpes de guion en esta tercera temporada tiene que ver con Ana Allen, cuya peripecia (en 2015 fue machacada por la opinión pública tras saberse que inventaba trabajos en el extranjero y que publicaba asistencias a fiestas en Hollywood, o a la gala de los Oscar, con fotos trucadas con photoshop) ya formó parte de la trama de la serie. Ahora, la propia Allen protagoniza un rizo del rizo tan emocionante como revelador.

Cuando ocurrió el asunto, y todo el mundo se metía con ella, escribí que Ana Allen siempre tendría un sitio a mi lado donde sentarse. Que se equivocara o no está fuera de la cuestión: todos nos equivocamos, y en España le hemos dado más caña a Ana Allen que a los de los másters falsos. Yo no tengo que entrar en lo que hizo, pero bastante era todo como para que nos lanzáramos a hacer leña del árbol caído.

Recuerdo que en el momento en que sucedió pensé que las reacciones se le iban de las manos a la gente. Si esta chica tenía un problema, nos habíamos pasado; y si lo había hecho mal, pues chica, no pasa nada. Yo me he inventado anécdotas, o he deformado una real para hacerla más divertida… lo hace todo el mundo.

Hay barra libre para destruir…

«Estoy a favor de la libertad de expresión hasta las últimas consecuencias»

Tampoco sé por qué en algunos casos ocurre y en otros no. Yo no digo que la gente se autocensure ni nada por el estilo, estoy a favor de la libertad de expresión hasta las últimas consecuencias. Pero estaría bien que se tuviera presente que lo que publicas en una red social lo va a leer todo el mundo: tu madre, tu jefe, tu vecino, tus amigos, y las personas de las que hablas. Y si piensas de verdad en eso, hay cosas que a lo mejor no dirías.

Ya lo afirma Paquita en la serie: no son haters, son hijos de puta.

Yo he tenido mucha suerte y a mí no me han dado mucha caña en redes sociales. Y cuando me la han dado… paso bastante, la verdad. A mí me parece muy bien que cada uno diga lo que quiera, de hecho Twitter sirve para eso, para que la gente piense que su opinión vale la pena. Insultar, o el acoso, son más graves. Pero Twitter existe para que un señor que está comiendo ganchitos en su casa diga: estás gordo. ¿Cómo me va a molestar eso? Que lo diga. Si no, pobrecito… ¿esta gente qué hacía antes?

Las redes sociales son algo muy nuevo, tienen su parte buena y su parte mala, puedes aprender un montón, pero también hay personas que vuelcan sus frustraciones ahí. Y mira, si a ellos les sienta bien… Yo no tengo ningún problema, no les voy a llamar hijos de puta, eso lo hace Paquita, y ese odio no viene de un lugar personal para nada. A mí me da igual, no me molesta que existan trolls. Ojalá no existieran, pero pienso que cada uno debe ser libre para decir lo que quiera. Siempre.

Brays Efe como Paquita Salas en la tercera temporada de la serie.

Esta es una serie que habla del éxito y del fracaso y de cómo gestionarlos. ¿Dirías que estás en un momento de éxito?

Una de las cosas más bonitas de lo que ha venido con Paquita Salas es que me ha permitido reflexionar mucho sobre ese asunto, porque las tres temporadas de la serie, en mayor o menor medida, giran alrededor del éxito. Y han surgido siempre reflexiones muy interesantes al respecto. Hemos generado una sociedad en la que el fracaso o el éxito no dependen de ti, sino que se miden según si te ocurren o no determinadas situaciones. Y yo creo que el éxito es algo muy íntimo: yo sé que la serie sí lo está teniendo, y eso me ha abierto puertas y oportunidades laborales. Eso es algo que yo disfruto y aprovecho al máximo.

Pero si yo me siento afortunado por esta serie, no es porque la vea mucha gente en Netflix o porque esté ganando más dinero. Para mí, el éxito es lo que disfruto haciéndola, rodándola con tranquilidad, colaborando en su creación… para mí ese es el mayor triunfo. Por eso creo que el éxito es un concepto muy muy relativo.

Es difícil aspirar a más: que te permitan construir, aportar, que haya esa comunión en el equipo…

Claro, es algo que siempre me dicen que no suele ocurrir, con lo que me siento superafortunado. No podría pedir más que lo vivido con Paquita Salas: un proyecto que me gusta, que me hace sentir creativamente realizado, por el que me pagan bien, que le gusta a la gente y a la prensa, por el que hablan bien de mí y me dan premios… ¿Qué más puedo pedir? No suele pasar y a mí me ha pasado… ¡Ya está! (Risas).

Escrito por Àlex Montoya en julio 2019.

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