‘Bodyguard’: entretener y arriesgar
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‘Bodyguard’: entretener y arriesgar

David Budd (Richard Madden) y Julia Montague (Keeley Hawes) en 'Bodyguard'

Desde el primer segundo al final no hay tregua para un espectador al que Mercurio trata como un ser inteligente y capaz de seguir su ritmo.

El pasado 12 de septiembre, en The Guardian, Stuart Heritage escribió un artículo titulado “The real Bodyguard conspiracy: when is it OK to reveal spoilers?” En él, como introducción, se podía leer: “Aviso que este artículo sobre el último capítulo de Bodyguard contiene spoilers. Aunque no sé por qué me molesto en advertirlo cuando nadie más lo ha hecho”.

Cuando se dice algo así de una serie, cuando las redes sociales se hacen eco de cada giro de una serie, es señal inequívoca de éxito. En este caso, de los grandes: pasar, en estos tiempos, de los 10 millones de espectadores y acercarse al 50% de share no es ninguna tontería. Y si vemos las audiencias proyectadas a 30 días, nos encontramos con resultados que no bajan de 14 millones y que, en su último capítulo llegan a los 17.

Según datos de la propia BBC, Bodyguard es el drama más visto desde 2008 en su emisión en directo (11 millones), sólo por debajo del capítulo navideño de Doctor Who (2008) y por encima de los datos de Downton Abbey (2011) y Call the Midwife (2018).

Sin duda, el público de la BBC es inteligente y le gusta que le traten como tal. Conseguir que sus series tengan calidad y –además- audiencia, es fruto de un trabajo de muchos años con las ideas claras de lo que debe ser la ficción de una televisión pública. Tal vez por ello, la BBC sobrevive no solo a sus detractores internos (esa gente a la que lo público le genera urticaria) sino también al boom de las plataformas.

Pasan los años y ahí está la BBC con series como (entre otras muchas) Occupation, State of Play, Secret State, White Heat, Doctor Who, Jonathan Strange & Mr. Norrel, Happy Valley, Line of Duty o Bodyguard. Estas dos últimas llevan el sello del mismo creador: Jed Mercurio.

Por cierto, aviso que este texto sobre Bodyguard contiene spoilers.

Prohibido ir al baño

Hace años, un ejecutivo de una cadena española, viendo el piloto recién montado de una serie, se quejó de que pasaban tantas cosas que el público no podría ir al baño. Porque si lo hacía se perdería información básica para seguir entendiendo el capítulo. Si ese ejecutivo viera (suponiendo que le guste ver series y sepa siquiera de su existencia) Bodyguard, tendría que verla con pañales.

Desde el primer segundo al final no hay tregua para un espectador al que Mercurio trata como un ser inteligente y capaz de seguir su ritmo. Sus tramas que componen un puzzle perfecto, un laberinto ideado de manera envidiable desde todos los puntos de vista. Tiene giros imprevisibles, una estructura de hierro capítulo a capítulo y sus personajes despliegan una infinita gama de matices. Todo, para cumplir dos objetivos esenciales: el primero, entretener; el segundo, no conformarse con el primer objetivo y anhelar ser una serie recordada.

Desde el primer segundo al final no hay tregua para un espectador al que Mercurio trata como un ser inteligente y capaz de seguir su ritmo

Para conseguir este doble objetivo, y Mercurio lo sabe, no es suficiente el puro marketing. Tampoco lo es reiterar fórmulas de éxito propias del pasado, en las que el target prevalece sobre el estilo del creador (porque el target en sí mismo nunca es un estilo). Las series que siguen estos criterios podrán ser hits de gran impacto momentáneo… Pero desaparecerán de nuestra memoria sin necesidad de lágrimas ni de lluvia.

Mientras, hay creadores como Mercurio que, entre fracasos (los menos) y éxitos (los más), reúne en su CV series que forman parte de la historia de las series. Para conseguir esto, hay que tener valor y oficio. Necesidad de contar algo y técnica para, por ejemplo, enganchar al espectador desde el minuto uno. Y pocos lo hacen mejor que Mercurio.

La escena de la bomba en el tren del inicio de Bodyguard está al nivel (y no es fácil) del arranque de la primera temporada de Line of Duty, para mí uno de los mejores teasers de siempre. Y también con el tema del terrorismo presente.

Para conseguir ese objetivo de permanecer en nuestra memoria, hay que arriesgar. Y eso incluye perder personajes esenciales a mitad de temporada si hace falta, como lo hace Bodyguard, dejando boquiabierto al espectador. Permitir esta licencia en una serie emitida en abierto es un lujo de esos que sólo se permite la BBC.

Como el de atreverse a proponer al público, unos personajes con los que no es siempre fácil empatizar… pero con los fidelizas pese a que jamás compartirías ideologías y pensamientos… Y en esto, Bodyguard plantea una ecuación imposible de resolver: probablemente no hay ninguno con el que estés de acuerdo.

Sin embargo, te preocupas por ellos como si fueran de los tuyos porque tienen verdad y razones (equivocadas o no, no tengo superioridad moral para dictaminar eso) para hacer lo que hacen.

Para ser recordada, una serie, debe mostrar -capítulo a capítulo- capacidad crítica y ser reflejo de la sociedad. Una sociedad (y una política) en la que los daños colaterales molestan menos a quien los provoca que el vuelo de una mosca. En este aspecto, Bodyguard es digna heredera de la tradición británica de crítica al poder, mostrada en obras maestras como State of Play, Secret State o la misma Line of Duty, donde la corrupción en las más altas esferas es protagonista. No es algo nuevo en Mercurio. En Bodies (adaptación de su novela), una serie de médicos que no era una serie de médicos más, mostró la homofobia, el racismo, el cinismo y la amoralidad. Tanto que se rumoreó que fue cancelada por presiones del prime minister Major.

‘Line of Duty’ retrata temas como la protección policial a personajes inatacables por su poder, hagan lo que hagan, abusos de menores incluidos

También se dice que Line of Duty es la primera serie en la que la policía inglesa se negó a colaborar con su imagen dado el paisaje de corrupción policial que describía. Una serie que retrata (cualquier parecido con la realidad no es coincidencia) temas como la protección policial a personajes inatacables por su poder, hagan lo que hagan, abusos de menores incluidos. ¿Quienes luchan contra ellos son héroes intachables? No. Los protagonistas de Line of Duty muestran debilidades que, en otras muchas series al uso, les impedirían ser eso: protagonistas de una serie… Cuando no el rechazo de la misma desde la primera fase de mero proyecto.

Tiene mérito encadenar éxitos haciendo series en las que, en situaciones de riesgo, nunca se mira para otro lado. Tanto por parte del autor como por la de los ejecutivos de la BBC que le permiten esa libertad para seguir creando.

La difícil tarea de un genio: competir consigo mismo

Bodyguard es junto a The Haunting of Hill House, una de las dos mejores series que he visto recientemente. A la altura de las grandes por todo lo que da, a pesar de que no está a la altura de las mejores temporadas de su otra obra, Line of Duty. Esencialmente de las tres primeras temporadas. La cuarta, lo siento, entra también en un correcalles final del que parece haberse contagiado Bodyguard.

Comparando ambas series, Bodyguard duplica la audiencia de Line of Duty (que no era poca). Y también, como Line of Duty, entrará probablemente en la gloriosa lista de las mejores 50 series inglesas de toda la Historia. Algo que, aparte de con la calidad de Mercurio, se asociará siempre a la aparición en ambas de una actriz inconmensurable: Keeley Hawes.

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Keeley Hawes en ‘Bodyguard’

Pero Bodyguard me parece inferior a Line of Duty. ¿Por qué? In my opinion, dentro de la brillantez de la serie, su final (o más bien acumulación de finales) me parece precipitado y demasiado familiarmente feliz. Con una confesión final de una terrorista que es un chimpún en toda regla.

Bien es cierto que ese final apunta (aunque Mercurio ya haya dejado de disparar) hacia los frentes que tiene que apuntar como diciendo “¿qué queréis que os diga? ¿Qué David ya no vencerá nunca a Goliath? Despertad del sueño, amigos“.

‘Bodyguard’ me parece inferior a ‘Line of Duty’ porque su su final (o más bien acumulación de finales) me parece precipitado y demasiado familiarmente feliz

No es la primera vez que pasa: el final de Secret State es otro ejemplo. La serie caminaba tanto por el lado peligroso de la denuncia que alguien debió decidir no seguir por esa vereda para no despeñarse. En ese sentido, quien mejor maneja las reglas del último acto en este tipo de ficción con crítica política y/o social es el Paul Abbott de State of Play. Pero es que no hay nadie como Abbott para generar pequeñas victorias en un mundo de amarguras y de derrotados.

Otro genio al que le es complicado competir consigo mismo (los que no somos tan buenos, no tenemos tantos problemas). Ver la citada State of Play o Hit & Miss, Shameless o Exile es ver la obra de un genio al que sólo reconoces de vez en cuando en su última serie: No Offence.

Volviendo a Bodyguard, tampoco me gusta esa confusión sobre quién es la traidora en relación a sus dos jefas femeninas. La historia está muy trazada como arco de trama, pero en su desarrollo en pantalla hay un engaño al espectador, al que se lleva de un lado para otro con meros trucos. Y no sólo pasa con ellas dos. Hay secuencias para engañar al espectador remarcando en texto y tono la maldad de personajes que luego se diluyen en la traca final. Algo que está lejos (como la declaración final de la terrorista) de la sutileza de Line of Duty. De sus personajes (todos).

Y, como ejemplo máximo, de los magistrales interrogatorios de Line of Duty (sobre todo, en sus temporadas 2 y 3), que pueden durar de 6 a 15 minutos (y puede haber dos en un capítulo de 50 minutos) y cuando acaban, rezas porque haya otro de inmediato. Cuatro personas sentadas en una mesa y no echas de menos peripecia alguna más. Eso es de maestros y Mercurio lo es (y de los más grandes). Cuando alguien llega a su nivel, es complicado competir consigo mismo.

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Pese a todo, cuando acabé de ver Bodyguard, me dije: “¿Y qué más dan esas incongruencias cuando me ha tenido sentado sin pestañear durante toda la serie? Cuando me ha dado tantas cosas y tan brillantes”. Porque, como decía, entretener es lo primero. Y esa regla la cumple Bodyguard con matrícula de honor. Pero, además, no se conforma con eso: refleja el mundo en el que vivimos. Es de esas series que, tras verlas, nos preguntamos por lo que hay detrás de las noticias de los periódicos al día siguiente. Y al otro… Y al otro… Para acabar reflexionando que, aquí en España, nuestra actualidad ofrece mil historias para hacer este tipo de ficción.

Si alguien se atreviera a hacerla, claro.

Escrito por Javier Olivares en noviembre 2018.

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