Grábalo todo, por tu puta madre
'Black Summer'

Grábalo todo, por tu puta madre

'Black Summer' (Netflix, 2019) / Crédito: Netflix

Una serie que bebe (sangre) de referentes como 'El amanecer de los muertos', '28 días después' e incluso '[REC]' nos sorprende por hacernos sufrir como a un personaje más.

La ficción contemporánea pasa por una sobredosis de zombis. Es un hecho. Desde que The Walking Dead apareció en televisión de la mano de AMC muchas otras productoras se han sumado a hacer ficciones de no muertos. La propia serie de Greg Nicotero y Robert Kirkman –creador de los cómics en los que se inspira la serie- ha optado por realizar un spin-off para seguir expandiendo el universo zombi protagonizado por Rick Grimes, que se ha visto sustituido por su camarada de armas, Daryl Dixon.

Black Summer nace de un sentimiento similar de expansión de Z Nation, la también desastrosa serie de zombis –al igual que The Walking Dead– que opta por un tono más adulto, gore y de serie B con bastante comedia y cachondeo de por medio. Y es que está creada por The Asylum, la productora responsable de demencias como Sharknado que siempre anda al acecho del blockbuster de turno al que puedan plagiar en la medida de lo posible para reinterpretar su argumento y volverlo un absoluto disparate. Black Summer se establece como un spin-off de la mano de la misma productora y de Karl Schaefer y John Hyams, que también han pasado por su serie madre, pero ésta juega en otra liga. Otra a la que ni The Walking Dead ni Z Nation pueden aspirar. Ni siquiera Fear the Walking Dead o la recién llegada Kingdom. Juega en la liga de George A. Romero, Danny Boyle o Zack Snyder.

El título del artículo no es gratuito. No es solo una referencia directa a la mítica frase que Manuela Velasco recitó en [REC] (2007, Paco Plaza y Jaume Balagueró), sino cómo la aplica a su producto. En 1995, con 12 Monos, Terry Gilliam introdujo en el mundo del cine un virus que volvía a la gente una asesina maníaca sin escrúpulos. Pocos años más tarde, Danny Boyle, siguiendo el testigo de Gilliam, reutilizó esa interpretación en 28 días después. Quizá sin querer, marcó una de las pautas por las que se regiría el subgénero zombi venidero: que los no muertos no tuvieran que levantarse de las tumbas y que los humanos, vivos, pudieran ser infectados. Con una mordedura se convierten en portadores de una especie de virus, bacteria, hongo o esencia maligna que los convierte en caníbales.

Una mirada personal al zombi

Zack Snyder, por su parte, se lanzó a hacer un proyecto en 2004 que a ojos de cualquiera parecería una locura: un remake de El amanecer de los muertos de George A. Romero. Con su exagerada puesta en escena y su barroca fotografía, Snyder asentó las bases de su remake bajo las reglas que Boyle dejó escritas en 28 días después, y dio a luz a la película que serviría de referente a cualquier director que aspirase a ponerse tras las cámaras para dar vida a una ficción de zombis en lo que respecta a estética y composición.

Black Summer es consciente de todo eso. Consciente de que llega muchos años tarde para reinventar nada o explicar una nueva historia alrededor de los no muertos, pero eso no le impide poder aportar un toque personal y regalar a los fans del género un producto que va directo al grano. Que se deja la trama en el camino y se centra en la supervivencia que desemboca en una especie de Left 4 Dead puro y duro.

‘Black Summer’ / Crédito: Netflix

Pero si lo que cuenta la trama ya lo hemos vivido mil veces, ¿qué es lo que hace que Black Summer sea tan genial y tenga cierto sabor a original aún tirando de referentes habituales? Vamos a ir por partes.

1. Calladito estás más guapo

En la capacidad que tiene para explicar un argumento sin la necesidad de una gran cantidad de diálogos. Uno de los puntos más fuertes de la nueva serie de zombis de Netflix es precisamente el no dar la brasa contando la misma canción una y otra vez. Sabe que el público que se ponga a consumir Black Summer conoce mínimamente el argumento en el que se contextualiza: la humanidad se va al traste porque se convierten en zombis misteriosamente de la noche a la mañana y las pocas personas que quedan deben sobrevivir. Otro día, la misma mierda. La serie de zombis con menos diálogo que he visto hasta la fecha y la que mejor ha sabido explicar el difícil conflicto de supervivencia al que se enfrentan aquellos que no han sido infectados.

Además de atreverse a incorporar en su guion un episodio que pone en medio de ese apocalipsis a un grupo de jóvenes que se dedican a putear al personal con el que se topan. Los pequeños cabrones de Luis Buñuel de Los olvidados (1950) se unen con el dilema moral de ¿Quién puede matar a un niño? (1976, Narciso Ibáñez Serrador) para gestar uno de los mejores capítulos de la serie y de las ficciones de zombis contemporáneas.

2. Adiós al montaje picado

La primera vez que terminé de ver [REC] creo que me volví hipertenso sin saberlo. La sensación de adrenalina que la cinta española consigue transmitir, aún a día de hoy, me parecía casi insuperable. Hasta la llegada de Black Summer. Mediante el uso de largos planos secuencia –sí, claro, algunos con trampa, pero eso no importa- los creadores de la serie logran dejarte sin aliento después de cada persecución, de cada enfrentamiento o incluso de cada discusión. La clave reside en no abusar del corte cada vez que se plantea una secuencia en la que va a haber mucha interacción entre los vivos y los muertos. Las escenas de acción se sienten reales gracias a que la cámara nos introduce en escena como un personaje más. Hemos visto decenas de escenas en las que el montaje, más que otra cosa, marea y no deja claro lo que está pasando en pantalla. Quizá por aquello de ahorrarse unos dineros en maquillaje y efectos especiales, o quizá por torpeza por creer que cortar cada medio segundo va a ser lo que nos provoque un ataque al corazón, aunque es más probable sufrir un ataque de epilepsia.

‘Black Summer’ utiliza el recurso found footage: convertir la cámara en un personaje más e introducir al espectador de lleno en la experiencia

Black Summer se fija en cómo [REC] utilizó el recurso del found footage que El proyecto de la bruja de Blair introdujo a finales del siglo XX y lo llevó al campo del caos de una epidemia, de la sangre a borbotones y de la histeria. Se servía de la cámara para que ésta se convirtiera en un personaje más y ayudase a introducir al espectador más de lleno en la experiencia del terror. Más al estilo como lo haría un videojuego. Black Summer no estira del found footage, pero sí que mueve la cámara como si lo hiciera. Evita el corte lo máximo posible y deja espacio a los personajes para que actúen con libertad delante de cámara. Como si el espíritu de Ángela Vidal (Manuela Velasco) estuviera susurrando: «Pablo, grábalo todo, por tu puta madre«. Solo que con mayor elegancia que [REC] y en campo abierto en la mayoría de las veces. Se atreve, inclusive, a ponernos desde la perspectiva de un infectado. Del dolor que puede sufrir una persona en ser abandonada por los que más quiere porque, debido a sus heridas, no puede continuar y supondría la muerte de todos. La venganza cuando resucita sabe hasta bien a pesar de que los muertos son los malos.

3. Menos historias y más sangre

Y por último, pero no por ello menos importante, cómo desarrolla a sus personajes a base de hostias y no de profundos diálogos sobre la existencia del ser humano y su próxima extinción. Black Summer no quiere servir como referente espiritual en ningún sentido ni quiere que el espectador se haga –hablando mal y pronto- pajas mentales que le den juego a fantasear sobre los múltiples significados que pueden tener los hechos que se representan.

Es por ello que no se da cancha a que los personajes tengan un pasado definido o unas metas para su futuro. No conocemos prácticamente nada acerca de ellos ni tampoco se nos precisa información que permita conocerlos más de cerca. Solo somos testigos de un circo romano en el que, en diversos actos, se echa gente a la arena para que sean perseguidos, alcanzados y finalmente devorados. Pero lo más curioso de todo ello es que, aún sin saber nada de ellos, sintamos empatía y veamos cómo poco a poco van volviéndose más y más salvajes. En cómo pierden la piedad y abrazan el instinto básico de la supervivencia del más fuerte. Pero sin llegar al punto de engancharse a ninguno al estilo de Juego de Tronos y nos siente mal que muera o desaparezca. Aquí venimos por los zombis.

4. Y con esto y un bizcocho…

Si todavía no habéis visto Black Summer, ya estáis tardando. Por aquí tenéis motivos más que suficientes para darle un tiento. Eso sí, revisad [REC] y El amanecer de los muertos (2004) para ir preparados.

Escrito por Xavi Mogrovejo en abril 2019.

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