La deformación de Soderbergh
'Mosaic'

La deformación de Soderbergh

Soderbergh juega con la narrativa de la ramificación, dando el control al espectador, pero no ha sabido dotar de fondo este experimento formal.

Dice Javier Cercas que lo que cuenta Madame Bovary es, en realidad, una chorrada, y que lo importante es la forma de contarlo que tiene Flaubert. Mucho más pragmático, Oscar Wilde decía que no existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Priorizar el fondo o la forma es uno de los debates más antiguos de la literatura y de las artes de representación.

Tras perpetrar Magic Mike (2012), Soderbergh intuyó que las narrativas tradicionales de Hollywood empezaban a decaer y viró su carrera hacia la televisión, un espacio que parecía más proclive a la experimentación formal y narrativa. Si el siglo XX fue el de la forma, en estas dos primeras décadas del siglo XXI, el audiovisual pone en lo alto de la cadena de valor el contenido. Las series son de quienes las piensan, las debaten, las crean y las escriben.

Sin embargo, el audiovisual está en un proceso de reflexión permanente y de cuestionamiento de sí mismo y de su expresión. Lo que ayer valía, puede que ya no valga mañana. La regla es que ya no hay reglas. Los formatos mutan y directores que languidecían en el cine encuentran en las series y en las miniseries un nuevo campo para explorar su talento, o explotarlo, que de todo hay.

La forma de narrar de Soderbergh en ‘The Knick’, con el uso de anacronismos, nos hablaba directamente al ser humano del siglo XXI

Soderbergh ha encontrado en la televisión un espacio, quizá para ambas cosas. En The Knick, ponía al servicio de los guiones de Jack Amiel y Michael Begler, su capacidad de reinventar la puesta en escena televisiva convencional, consiguiendo que un contenido de calidad excelente tuviera un empaque personal y vibrante. Además, Amiel y Begler tenían algo que decir sobre los cirujanos de principios de siglo: eran hombres que se creían dioses, y la forma de narrar de Soderbergh, con el uso de anacronismos nos hablaba directamente al ser humano del siglo XXI, poniendo de relieve la locura carnicera de aquellos que querían engañar a la muerte a golpe de bisturí.

Por otro lado, en Mosaic nos encontramos con una propuesta ambiciosa que busca reinventar la narrativa de ramificación, en la que el espectador dejaría de ser un sujeto pasivo en un marco de juego poliédrico. Soderbergh plantea una historia con guion de Ed Solomon de “whodunit” clásico, en la que el espectador va averiguando y conformando diversos matices sobre lo ocurrido a través de los distintos puntos de vista de cada escena, configurando un mapa de intereses, objetivos y emociones de cada uno de los personajes en un rompecabezas, en un puzzle imperfecto, del que se desprende el nombre de la serie: Mosaic.

Garrett Hedlund Sharon Stone Mosaic Enric Pardo Serielizados

Garrett Hedlund y Sharon Stone en ‘Mosaic’

A Solomon le falta algo que contar, como diría Wilde, y lo que es peor, su historia carece de la sustancia que justifique que el contenido sólo pueda ser explicado de esa forma

De todo ello se puede disfrutar en Estados Unidos con el uso de una aplicación que HBO España no ha tenido a bien lanzar en nuestro país -privándonos de disfrutar de una narrativa más cercana al videojuego- emitiendo un montaje convencional de seis horas de duración en el que parece haberse montado todo. ¿Merece la historia de Mosaic una narrativa distinta? No, a Solomon le falta algo que contar, como diría Wilde, y lo que es peor, su historia carece de la sustancia que justifique que el contenido sólo pueda ser explicado de esa forma.

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Por otra parte, como siempre a lo suyo, Soderbergh juega a la búsqueda de la experimentación formal. Casi todas las escenas son concebidas desde el plano secuencia, dejando espacio a una dirección de actores brillante, llena de matices, naturalidad y verosimilitud. Sharon Stone interpreta a una hija de puta caprichosa a la que el espectador ama y odia a partes iguales. La puesta en escena con ángulos de cámara forzados, recorre los caminos de la experimentación que Lynch llevó al paroxismo expresivo en la tercera temporada de Twin Peaks.

A la espera de que la interactividad de futuras propuestas narrativas de ramificación en las que la forma se desprenda de un fondo que lo merezca (quizás autores nativos tengan más intención, juventud, conocimiento del medio y talento narrativo), Mosaic hace aguas por todas partes, hasta el punto de que el montaje convencional realiza un hallazgo que parece casi de chiripa: al montar juntas todas las piezas del rompecabezas plantea varios finales en los que todos son los asesinos, porque todos tenían sus motivos para matarla.

Si el camino que llevan algunos autores en la televisión es el de poner la forma por encima del contenido, otra vez, algunas propuestas correrán la misma suerte que aquel cine que no sólo dejó de interesar, sino que también dejó las salas vacías.

Escrito por Enric Pardo en marzo 2018.

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