Réquiem por una ciudad
'La Peste'

Réquiem por una ciudad

La miseria y la enfermedad funcionan en 'La Peste' como reflejo de todos los males inherentes a la condición humana. Ser demasiado consciente de ellos te convierte en un ser que deambula por la vida con la certeza de que la injusticia reina.

Sevilla, la nueva Roma

A los pocos minutos de empezar La Peste entramos de lleno en un mundo que nos resultará conocido y único a la vez. En pleno siglo XVI y ante un brote de peste bubónica, la Sevilla que nos muestra La Peste es una capital mundial de su era, etapa final de un viejo mundo a la que llegaban aquellos sin ya más oportunidades, esperando encontrar al otro lado del Atlántico una tierra si no mejor, sí nueva y distinta. Sevilla era por eso una ciudad multirracial, diversa y rica. Muy rica. Pero también una ciudad apestosa, sucia, colapsada y corrupta. Muy corrupta. La diferencia entre esa Sevilla y cualquier ciudad actual no es tan abismal como pudiéramos pensar. Es en esa diferencia tan poco abismal donde el discurso de La Peste encuentra todo su sentido y razón de ser.

La propuesta de La Peste es demasiado atractiva como para no aceptarla de buenas a primeras. Un gran presupuesto, magnífica fotografía y mejor diseño de producción. Al frente, la firma de Alberto Rodríguez, uno de los mejores directores españoles de los últimos años así como la de su guionista habitual, Rafael Cobos. Sin inventar nada nuevo ni significar una revolución –¿debería ser así?– La Peste consolida la apuesta de Movistar+ por la ficción propia con una trayectoria más que destacable en el último año. Junto con La Zona y Vergüenza esta apuesta está ayudando a levantar el listón cualitativo de la ficción televisiva española y nos augura buenos tiempos en el futuro próximo.

pañuelo La Peste Guillem F Marí Serielizados

Valerio Huertas (Sergio Castellanos) y Mateo Núñez (Pablo Molinero)

‘La Peste’ decide no explotar el morbo, la sangre y el sexo salvaje, ni usarlos como pies de apoyo

También ayuda a empaquetar mejor el producto de La Peste su trama histórica, tan prometedora como peligrosa: quien espere el morbo, la sangre y el sexo salvaje que tantas veces asociamos a la ficción histórica en literatura o en la televisión reciente, seguramente se decepcionará. Ya que La Peste no va por estos caminos sino por los que ella misma quiere. Sin rehuir de ellos totalmente, eso sí, decide no explotarlos ni usarlos como pies de apoyo. En su lugar, los trabaja sólo como un adorno que complementa a su historia. No es ficción histórica pura. Es una ficción detectivesca muy consciente de la tradición que precede a este subgénero.

El anuncio de una muerte reciente y una promesa de vida ligada a ésta, hace arrancar una trama investigativa con toques existenciales situada en un cuadro tan espectacular como el que ofrece esa Sevilla del siglo XVI, puerta al nuevo mundo y capital de los defectos de la humanidad que poco tiene que envidiar a la antigua Roma imperial. Al fin y al cabo, lo demás es una excusa.

¿Quién es Ledesma?

Mateo Núñez vuelve a Sevilla tras cinco años para cumplir una promesa: sacar de la ciudad al hijo bastardo de un antiguo amigo que ha fallecido. Este protagonista con un pasado traumático del que sabremos poco, interpretado convincentemente por Pablo Molinero, responde al arquetipo que le pedimos a un detective en declive, con rasgos crepusculares y una afectación importante: la melancolía. Incapaz de echar ojo, Mateo es un antiguo impresor demasiado culto e iluminado para el mundo que le ha tocado vivir. Junto al bastardo, investigará una serie de muertes sospechosas, obligado por la Iglesia, que le coacciona con la promesa de vivir libremente y sacarse de encima su sambenito de hereje. Pronto, un nombre que nadie conoce, Ledesma, será el misterioso McGuffin que mueva la investigación.

loro La Peste Guillem F Marí Serielizados

Mateo Núñez y Luis de Zúñiga (Paco León)

Acompañan a Mateo en este sucio escaparate de personajes lleno de muerte negra y corrupción su mejor amigo Luis de Zúñiga (Paco León), un nuevo rico que asciende dentro de las estructuras de poder. Valerio Huertas (Sergio Castellanos) el bastardo buscavidas que ejercerá de dudoso aprendiz y esponja absorbe-todo así como Teresa Pinelo (Patricia López), la viuda del fallecido, una mujer que desafía su lugar en el mundo y Celso de Guevara (Manolo Solo) un cura dominico astuto y racional. Junto a ellos, una ristra de secundarios de nivel que dan a la serie más capas y aportan las mejores interpretaciones del plantel. Como la de Manuel Morón interpretando a una versión sevillana del Fagin de Oliver Twist a cargo de una tropa de niños luceros –¡ojo con los luceros!- o Antonio Dechent aportando su siempre imponente presencia física y aplomo e incluso la aparición de la figura lánguida y multiforme del cada vez más indispensable en Hollywood Javier Botet. A destacar por encima de estos secundarios, un personaje clave que nos ayuda a calibrar la brújula filosófica de La Peste, el médico Monardes, interpretado magistralmente por Tomás del Estal.

Por su parte, Alberto Rodríguez consigue contarnos con su habitual brío visual y músculo narrativo una historia que, sin ser innovadora, revolucionaria ni rebelde, te atrapa desde el primer episodio. La firma de Rodríguez en la dirección de la serie se nota en cada plano y precisamente se hecha en falta cuando no está en un par de episodios dirigidos por Paco R. Baños. La Peste, además introduce con acierto a cada uno de sus personajes y despliega sus arcos con inteligencia y buen hacer. Consiguiendo así crear un mundo propio interesante del que queremos conocer más y –cosa nada menor– trazando un recorrido final a la altura de la fuerte ambición del proyecto.

“La peste no desaparecerá nunca, dormirá hasta que la despertemos”

Así de contundente suena el médico Monardes cuando afirma que el brote de peste no puede morir, sino dormir aguardando su próximo ciclo, hasta que la humanidad la despierte con sus miserias, podredumbres y colapsos. Es un ciclo, una rueda, que vivimos una y otra vez hasta la extenuación y cuanto más consciente seamos de ello, peor. Como le ocurre al melancólico protagonista de La Peste. La muerte acecha en cada esquina y verla no es un síntoma de locura, más bien de cordura. Así se lo diagnostica Monardes a Mateo “Tienes melancolía, sabes que eres mortal y te duele. Eso que ves no es el diablo ni es la muerte. Es tu tristeza y tu desamparo”. Su desesperanza nos acompaña a lo largo de la investigación central de La Peste y se deja notar en el resto de acontecimientos de la trama.

Es un mundo donde la ignorancia tiene recompensa mientras que el conocimiento sólo produce amarguras, desconsuelos y duda

El mundo del que nos hablan Alberto Rodríguez y Rafael Cobos es un mundo donde la ignorancia tiene recompensa mientras que la iluminación y el conocimiento sólo producen amarguras, desconsuelos y dudas. Sea en las calles de esa Sevilla capital mundial rodeada de peste o en cualquier rincón de nuestro día a día actual. La inmundicia y la enfermedad funcionan en La Peste como reflejo de todos los males inherentes a la condición humana. Ser demasiado consciente de estos males te convierte en un ser que, como el protagonista, deambula por la vida con la certeza que la muerte acecha, la injusticia reina y que quizá –un jodido y demasiado hipotético quizá– el nuevo mundo aguarda algo mejor.

(Fotos: Julio Vergne/Movistar+)

Escrito por Guillem F. Marí en enero 2018.

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