El Trono de Hierro bien vale una familia
'Juego de Tronos' (8x04)

El Trono de Hierro bien vale una familia

Daenerys termina el capítulo enfrentada a Cersei ante las puertas de Desembarco del Rey / (HBO).

Antes de la gran batalla entre las Casas, los lazos familiares se intensifican, con la excepción de Daenerys, cuya soledad la vuelve cada vez más vulnerable (y peligrosa).

Después de la tempestad llega la calma, pero es verdad que, con tres capítulos para llegar al final, la calma en cuestión es corta en Juego de Tronos. La batalla de Invernalia (guste o no, un hito para la historia de la televisión) terminó de forma abrupta con la intervención de Arya cuando parecía estar todo perdido, y ahora toca el turno de rendir homenaje a los muertos, acompañados por la hermosa melodía compuesta por Ramin Djawadi. Aunque las bajas parecen contarse por centenares, hay más supervivientes de los esperados, al menos para servir de fondo a la escena impecablemente rodada por David Nutter.

Es verdad que Juego de Tronos no está ofreciendo la clase de muertes de primer nivel que algunos anticipaban para este tramo de conclusión, pero algunas sí son significativas por el carisma de los personajes y, sobre todo, por lo que su pérdida puede significar para algunos de los principales operadores en juego. El caso más obvio es Daenerys Targaryen, que con la muerte Jorah Mormont ha perdido no sólo un protector, sino sobre todo un confidente, y las consecuencias de ello se ponen inmediatamente de manifiesto. Como es lógico, Daenerys ha asumido mal saber que su amante Jon Nieve es potencial pretendiente a su trono y, aunque en la cena de celebración intenta presentarse como una monarca generosa dando una posición de privilegio a Gendry, el hijo ilegítimo de Robert Baratheon, no aguanta que Tormund diga (y a gritos, para que todo el mundo lo oiga) que Jon es digno de ser rey. Su respuesta es abandonar la celebración.

A continuación, Daenerys intenta que Jon guarde el secreto de su origen, algo francamente cuestionable en términos morales y ridículo en los narrativos. Jon considera que lo debe compartir con Sansa y Arya. Para Sansa, claro está, esto se convierte en un arma que puede utilizar contra la que en estos momentos es su principal antagonista, y a su vez se lo cuenta a Tyrion. Para entonces, ya no es un secreto sino información, una que lleva a Varys (el primer sorprendido en haber llegado hasta aquí) a empezar a conspirar contra ella. Está claro que Daenerys lo pone fácil (más sobre ello luego), pero a la vez se hace muy explícito el verdadero problema: Daenerys es una mujer con un elevado grado de autonomía y considerable poder (aunque éste vaya mermando con la sucesiva muerte de sus dragones), y sería mucho más conveniente que fuera sustituido por un hombre algo más manejable como Jon.

De nuevo, y ocurre a menudo en ‘Juego de Tronos’, los personajes femeninos como Brienne parecen escritos para explicar a los masculinos

Sin duda, el guion de David Benioff y D. B. Weiss es el más flojo de la temporada, con demasiadas acciones poco motivadas pero muy convenientes para una narrativa que tiene que ponerse en velocidad de crucero. Aun así, el tiempo en Invernalia ofrece algunas escenas emotivas de complicidades recobradas. Juego de Tronos siempre ha sido en su corazón un drama de salón palaciego. Tras haber sobrevivido lo imposible, los protagonistas vuelven a mirar al futuro. Aunque el reencuentro de los hermanos Stark no tiene la intensidad debida, otros momentos son más efectivos, como la despedida de Sam y Jon, las confidencias de Jaime y Tyrion y el camino en común de El Perro y Arya, que una cosa es entregarse a los deseos de la carne y otra aceptar proposiciones de matrimonio que amenazan con privarle de su mayor talento (matar, claro).

Menos convincente es la transformación de Brienne. La tensión sexual no resuelta con Jaime era legendaria, y a nadie le puede molestar un poco de pasión en medio de tanta muerte. ¿Pero salir llorosa en mitad de la noche para pedir al claramente tóxico Jaime que se quede? ¿Después de lo que ha sido capaz de llevar adelante ese personaje? De nuevo, y ocurre a menudo en Juego de Tronos, los personajes femeninos parecen escritos para explicar a los masculinos. Jaime parte para o bien reunirse en un arrebato de pasión con Cersei, o bien para matarla. Quizás ambas cosas, y quizás no necesariamente en ese orden.

Jon, Sansa, Arya y Bran Stark se reúnen antes de la batalla final por el Trono de Hierro / Crédito: Helen Sloan (HBO).

Decía líneas atrás que la narrativa toma velocidad de crucero, en parte porque los barcos que llevan a Daenerys y compañía a Desembarco del Rey parecen moverse propulsados por un motor nuclear. Supongo que muchos pensarán que estamos ante un capítulo de transición, y no les falta razón en términos de la estructura general de la temporada. Pero no tengo tan claro que sea así en cuanto a caracterización.

Daenerys en la orilla de la pérdida

Aunque los Stark le dan título, este es esencialmente un capítulo para mostrar a Daenerys a punto de llegar al límite. Consciente de que su corona peligra antes de llegar a portarla, con su ejército casi destruido, su historia de amor comprometida y su mayor confidente muerto, Daenerys abandona con celeridad el territorio hostil de Invernalia para un enfrentamiento directo con Cersei. Pero lo que le aguardan son dos terribles pérdidas adicionales: el dragón Rhageal (su hijo) y Missandei (lo más parecido a su hermana). También para Daenerys es el plano final. ¿Cabe en la cabeza de alguien que Cersei se vaya a rendir ante el magro ejército que queda en pie y el dragón que tan a tiro está de los contundentes arpones de Euron en esa escena final? El único sentido de lo que ocurre es mostrar a Daenerys en la orilla de la pérdida.

Quizá lo mejor de este capítulo haya sido la riqueza con la que explora uno de los temas principales de la serie, la familia. Los Stark se agarran a ella porque es lo único que tienen: Arya reafirma su amor de hermana (ahora prima), Bran y Sansa se complementan como núcleo, y Jon revela su secreto para proteger a toda costa su relación. Mientras Jaime se dirige a Desembarco del Rey, Tyrion intenta salvar (fútilmente, claro) la herencia de su familia convenciendo a Cersei de que proteja a su hijo no nacido con una rendición. Pero también es el momento de la verdad para los Targaryen, la familia destruida por la locura, la pasión desmedida y la ambición. La ejecución de Missandei, que recuerda a la de Ned Stark, es la puntilla para una Daenerys cada vez más sola y acosada. Ahora debe decidir si intenta superar el legado de los Targaryen o acabar devorada por el fuego.

Escrito por Concepción Cascajosa en mayo 2019.

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