Crítica 'In My Skin': La vida de los otros
Crítica 'In My Skin'

La vida de los otros

Esta pequeña crítica tiene un único objetivo: reivindicar 'In My Skin'. Una serie conmovedora sobre crecer y florecer en tierra quemada. Id corriendo a verla, difundidla, comentadla y sobretodo disfrutadla.

Bethan miente. Miente constantemente. Miente a todos los que la rodean: a sus amigos, profesores, compañeros, a la chica que le gusta. Y de una forma mucho más íntima y dolorosa, se miente a sí misma.

De cara al resto, su vida es maravillosa. Sus amigos Travis (James Wilbraham) y Lydia (Poppy Lee Friar) piensan que tiene una madre cariñosa y que lleva un estilo de vida más bien extravagante. Ella siempre explica lo mismo: que su padre Dilwyn (Rhodri Meilir) es funcionario y que su madre Katrina (Jo Hartley) trabaja en una empresa en el departamento de recursos humanos. Pero la realidad luce muy distinta. Todas estas mentiras son creadas con el fin de enmascarar la realidad de un padre violento, una madre con trastorno bipolar y el hecho de que ella es la única que mantiene unidos los restos existentes de su desoladora vida familiar.

‘In My Skin’ nos muestra un tipo de dolor muy concreto: el dolor vinculado a la familia

Bajo el paraguas del amplísimo concepto coming of age, In my Skin es una desgarradora y divertida historia sobre la entrada forzada a la madurez y sus consecuencias. Nuestra protagonista, Bethan (Gabrielle Creevy), es una chica de 16 años, que además de tener que lidiar con todo aquello que conlleva ser adolescente, es la columna vertebral que sostiene su desestructurada familia.  

In My Skin nos muestra un tipo de dolor muy concreto: el dolor vinculado a la familia. Este; profundo y lacerante, se enmarca en los ojos de nuestra protagonista. Bethan lucha de forma constante. Ser ella, y hacer el ejercicio de meternos en su piel, resulta en muchas ocasiones, agotador. Bethan quiere huir, pero también desea recuperar lo que un día fue suyo: el amor de su madre y la estabilidad. 

‘In My Skin’ está disponible en Filmin

La serie retrata muy bien la presión lapidaria que ejerce la sociedad y el sistema sobre las víctimas y las supervivientes de violencia machista. Nuestra protagonista necesita vivir engañada —»miento desde los ocho años», como bien dice ella— para poder sobrevivir y no perderse en el camino. Es ahí donde surge esa idea de habitar otra vida, al menos de cara al resto. De cubrir con un tupido velo la vergüenza social que Bethan siente por algo que ni es su responsabilidad ni es su culpa.

In My Skin sigue la estela de las series de comedia negra británicas recientes, con su dosis de drama cotidiano, personajes disfuncionales y realismo social. Rodada en Cardiff, ciudad natal de su creadora, Kayleigh Llewellyn; la serie es un testamento y crónica sobre la juventud perdida. Su creadora bien podría compararse con cualquiera de sus coetáneas Michaela Coel o Phoebe Waller Bridge, ya que al igual que ellas, hay un fuerte componente de realidad en sus textos. 

«Ojalá pudiera viajar al pasado y decirle a mi “yo” adolescente que no tenía de qué esconderme”

Llewellyn explica que se basó en sus propias experiencias para escribir, “la serie es el reflejo de mi adolescencia. Habla sobre una época en la que me avergonzaba pertenecer a una familia galesa de clase baja que lidiaba con enfermedades mentales”, comentaba. “Mi madre es bipolar y recuerdo que a menudo tenían que ingresarla en un psiquiátrico que estaba al lado de mi instituto. Vivía con el miedo de que mis amigos lo descubrieran y me marginaran. Ahora, 15 años más tarde, me he dado cuenta de la cantidad de familias que sufren estos problemas y, aún y así, lo silenciadas y estigmatizadas que están. Ojalá pudiera viajar al pasado y decirle a mi “yo” adolescente que no tenía de qué esconderme”. Y concluía, “No dispongo de una máquina del tiempo, así que lo mejor que puedo hacer es escribir una serie y explicárselo a todo el mundo”.

Nuestra querida Bethan (Gabrielle Creevy)

Esa realidad, esa vergüenza, la presión y el viaje al pasado del que habla su creadora, están en los momentos que Bethan comparte con su madre y su abuela en la intimidad del hogar o de la clínica de internamiento. Es ahí donde reconocemos su vulnerabilidad, donde ella está presente, sin ser filtrada y sin necesidad de aparentar. Una adolescente condicionada por la urgencia de proteger a su madre y su deseo de vivir más tranquila.

‘In My Skin’ es un buenísimo ejemplo sobre todo lo que está bien y funciona en la ficción social reciente

Las dos temporadas arrancan con puntos de partida muy diferentes que empujan y ayudan al personaje a avanzar a través de ese complicado camino que recorre la vergüenza; hasta llegar al orgullo de ser uno mismo. El poder de reconocer lo conseguido a pesar de la espiral de violencia y caos.

El núcleo que parece conectar ambas temporadas es, en apariencia, la relación madre e hija. Pero lo que realmente cohesiona In My Skin, es la idea de priorizarse a uno mismo a pesar de todo. Esta serie, con sus capítulos de media hora (ejercicio brutal de economía narrativa), sabe cómo contar una historia de forma concisa, llenando sus espacios con aquellos acontecimientos realmente cruciales, sin caer en la sobrecarga. 

In My Skin es un buenísimo ejemplo sobre todo lo que está bien y funciona en la ficción social reciente. Una serie llena de empatía y sororidad, que a pesar de su crudeza de trasfondo, logra generarnos cierta nostalgia sobre todo aquello que solíamos soñar cuando éramos adolescentes

Escrito por Alba Pascual en junio 2022.

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