"We are all freaks": desde 'Carnivàle' a 'AHS'

Freak power!

Reflexiones sobre la figura del freak.

Con la carpa de American Horror Story: Freak Show me detengo a pensar en los protagonistas de las series contemporáneas. Todos estaremos de acuerdo en que los héroes ya no son lo que eran. A todos nos cae mejor el ladino Loki que el rubiales Thor; preferimos al dandy de Hannibal, ante el taciturno Will Graham; y adoramos al enano Tyrion por encima del engominado Don Draper. Podríamos seguir dando nombres, pero queda claro que repasando la ficción televisiva, es fácilmente constatable que sus protagonistas casi siempre poseen un elemento que los aleja del héroe clásico, del héroe solar campbelliano. No sólo eso, sino que esa divergencia es llevada más allá y en muchas ocasiones se caracterizan por la condición de losers como los de Glee (donde el único tema propio era nada casualmente Loser like me); una dificultad socializadora que puede venir en forma de síndrome (como el Asperger de Sheldon Cooper en The Big Bang Theory y Sonya Cross en The Bridge o el trastorno bipolar de Carrie Mathison de Homeland); o incluso llevado al extremo de la sociopatía del Sherlock Holmes de Cumberbatch. Estos y otros, personajes que en muchas ocasiones nos enternecen, comprendemos y/o admiramos, son «freaks».

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«‘Freak’ se empleaba asociado a la expresión «freak shows», ferias donde se mostraba a personas que padecían alguna malformación o anomalía física»

Si nos remontamos a su acepción original el término se empleaba asociado a la expresión «freak shows», ferias donde se mostraba a personas que padecían alguna malformación o anomalía física (mujeres barbudas, enanismo, gigantismo o hirsutismo, entre otros) y que eran exhibidas en los circos entre 1840 y 1970, tal como lo ilustran Freaks (1932) de Tod Browning, El hombre elefante (1980) de David Lynch, o Máscara (1985) de Peter Bogdanovich. Estos freaks quedaban confinados al ostracismo social, y sólo formaban parte de la sociedad como objeto de mofa ya que en muchas ocasiones ni siquiera eran considerados del todo humanos: «Los monstruos se erigen, entonces, como seres profilácticos en quienes la sociedad descarga sus angustias. […] Y el tiempo se ha encargado también de promoverlos de villanos a héroes» (Cappello, 2011).

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La ficción contemporánea continuó la estela de estas películas con Carnivàle (HBO, 2003-2005). Daniel Knauf retrataba la eterna partida que el Bien y el Mal juegan desde el principio de los tiempos, y sobre el tablero colocaba a los personajes de un freak show, con el enano Samson como maestro de ceremonias, el mismo Michael J. Anderson que tiempo atrás había acompañado al agente Cooper cual Virgilio en sus pesadillas de Twin Peaks. «La feria, el viaje y la épica, en definitiva, hacen de Carnivàle una obra «freak» (Carrión, 2011). Los freaks de la serie de HBO eran dibujados como luchadores, que peleaban por salir adelante en el contexto de miseria del dust bowl, de la América de la depresión, y también por sobrevivir a la lucha con fuerzas malignas superiores. En la misma línea apunta la ficción de Ryan Murphy, que ya anticipaba algo de este espíritu en American Horror Story: Asylum (FX, 2012) mediante Pepper, una de las habitantes del psiquiátrico, aquejada de microcefalia, que repetirá intervención en la cuarta temporada.

“That’s how it works for us freaks, we get blamed for everything”, le espeta Pepper al doctor Arden en Asylum. Su figura además cierra un círculo referencial, no solo dentro de la obra de Murphy, sino también en cuanto al tema que nos ocupa, porque está basado en Schlitzie, un personaje histórico aquejado por el mismo trastorno neurológico, conocido por su intervención en la película de Tod Browning. 

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En una acepción más cercana, el Oxford Dictionary también define como «freak» aquello que es «a very unusual and unexpected event or situation». Así la palabra traducida por «friqui» se refiere a la persona con un interés desmesurado por un tema o hobby hasta el punto de convertirlo en una forma de vida. Claramente se trata de un fenómeno que trasciende la ficción televisiva, espejo una vez más de lo que ocurre en la sociedad: desde 2006 se viene celebrando el Día del Orgullo Friki cada 25 de mayo; y no se puede pasar por alto el éxito adquirido por personajes que tradicionalmente habrían sido considerados como rematadamente freaks, como Bill Gates, Mark Zuckerberg o el difunto Steve Jobs (los dos últimos con sendas películas biográficas: The Social Network de David Fincher, 2011, y Jobs de Michael Stern, 2013). A las apreciaciones reales, se suma que las temáticas ficcionales proclives a generar comunidades de fans han proliferado en los últimos años en la pequeña pantalla de la mano de Battlestar Gallactica, Caprica o The Walking Dead entre otras; procedentes en muchas ocasiones del mundo del cómic, uno de los hábitats naturales del freak: «What was once ostracized has become exceedingly mainstream and widely accepted in pop culture today» Tyree, 2009).

Así que no podemos sino suscribir lo que los Chic afirmaban allá por 1978. No hay más que ver el origen de la estética hipster o como «las revistas de tendencia recogen la estética nerd –grandes gafas, camisas de cuadros, tirantes». El concepto de freak ha abandonado la imagen condenada al ostracismo, y ya no tiene la cara del primo Balki de Primos lejanos (Perfect strangers, ABC, 1986-1992) o de Steve Urkel en Cosas de casa (Family Matters, [ABC, 1987-1997 y CBS, 1997-1998]). Ahora, le freak, c’est chic.

– TEMAZO:

Bibliografía

CAPPELLO, Giancarlo (2011). “El héroe como demonio. A propósito de los asesinos en serie de la ficción televisiva”. La Mirada de Telemo, n. 6.

CARRIÓN, Jorge (2011). Teleshakespeare. Madrid: Errata Naturae.

TURNER, Kate (2013). “Revenge of the nerds: the rise and prominence of ‘nerd’ culture”. The Cord. [www.thecord.ca/revenge-of-the-nerds-the-rise-and-prominence-of-nerd-culture/#sthash.DOwplPUz.dpuf] 10-08-2013.

TYREE, James Hansen (2009). “Warm-Blooded: True Blood and Let the Right One”. En: Film Quarterly,nº 63, p. 31-37.

Escrito por Raquel Crisóstomo en octubre 2014.

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