Crítica de 'El tiempo que te doy' (Netflix): "Adiós con el corazón"
'El tiempo que te doy'

Adiós con el corazón

Nadia de Santiago y Álvaro Cervantes protagonizan El tiempo que te doy, una delicada serie de Netflix que habla de la pérdida y el duelo a partir de una dolorosa ruptura sentimental. Una devastadora preciosidad.

Tiempo. Un valor preciado que damos por sentado y que, cuanto más echamos en falta, más se escurre entre los dedos. El tiempo es uno de los grandes protagonistas de una serie innovadora en lo formal y tremendamente impactante en lo emocional, que habla de la asunción de la pérdida, del manejo de la tristeza, del proceso de duelo, de lo que cuesta decir adiós. El tiempo que te doy parte de una ruptura sentimental, y, mezclando un presente doloroso y un puñado de recuerdos, algunos felices, otros no tanto, recorre la trayectoria de una pareja cuyo amor navega a la deriva, agotándose a marchas forzadas.

Lina es camarera en un hotel y tiene el turno de noche. Nico es un cliente madrugador, hay que aprovechar el día, es biólogo y aficionado al buceo. Se conocen en el bar de la piscina, justo cuando ella termina el turno y él necesita un café antes de iniciar su jornada bajo el mar. La historia de amor está a punto de empezar, pero los espectadores sabemos que probablemente está destinada a un fracaso inevitable. Justo antes de descubrir cómo se conocieron, la primera escena de El tiempo que te doy ya nos ha mostrado que lo suyo no tiene solución. Un minuto de presente, la discusión que anticipa la ruptura, y diez minutos de recuerdo, el despertar de la chispa entre Lina y Nico.

El primer episodio de esta serie de Netflix, creada por Nadia de Santiago (la protagonista), Inés Pintor y Pablo Santidrián (los directores), encara un ingenioso formato tan novedoso como eficaz, orgánico, nada artificioso, hijo de los tiempos y las prisas que vivimos: 10 capítulos de 11 minutos en los que la duración dedicada al presente aumenta progresivamente mientras la destinada a los recuerdos va decreciendo de forma gradual.




Tenemos tiempo, le dice Lina a Nico en un revelador momento, ante la fantasía de viajar juntos a un paraíso para disfrutar de las maravillas del fondo marino. Llegados a ese punto, sabemos que están intentando salvar algo que está aparentemente muerto y enterrado. Les hemos visto abrazarse y regañar, reír y llorar, tomar el sol y decepcionarse mutuamente, jugar en la nieve, salir de fiesta y tirarse los platos a la cabeza, apoyarse y no saber cómo hacerlo. Y les hemos visto follar, con pasión, con alegría y también con dolor, ese terrible último polvo con aroma a despedida.

En cada capítulo de esta serie se apela, de nuevo el concepto, al tiempo: no solo al que aspiramos a disfrutar, en ejercicios poco fundamentados de deseo; también el que queremos que pase volando para que las heridas del corazón duelan un poquito menos. Tiempo al tiempo… vaya frase de mierda.

La química entre Nadia de Santiago y Álvaro Cervantes, que se abren en canal y se dejan el alma, es una de las claves de la serie

Es horrible necesitar a alguien para que te haga ilusión algo que has deseado durante años, dice Lina ante una aventura vital que quiso y ya no está segura de querer. Porque ya no está segura de nada. O, mejor, porque, dominada por la apatía y la tristeza, ya no quiere ni espera nada. Es uno de los pasos, tan desolador como necesario, en el proceso de duelo que vive. Es el punto de vista de Lina el que domina la narración a lo largo de los diez capítulos de la serie. Son sus ojos los que atraviesan el relato. Y en esa mirada hay negación, hay ira, hay negociación, y hay, claro, aceptación.

Quien más quien menos se sentirá identificado con una historia tan real como la vida misma. Quien más quien menos notará el vacío en el estómago o la lágrima en la mejilla. Esa es una de las claves que explican el éxito de la serie. También, sin duda, la química entre Nadia de Santiago y Álvaro Cervantes, una extraordinaria pareja protagonista que se abre en canal y se deja la piel y el alma. Hermosa y devastadora, tierna e intimista, delicada y naturalista, elegante y generosa, llena de verdad, tremendamente desgarradora, El tiempo que te doy es una daga en el corazón de todos nosotros, y también una serie que, llegada sin hacer demasiado ruido, está destinada a pervivir en nuestra memoria.

Escrito por Àlex Montoya en noviembre 2021.

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