Postales desde el fin del mundo
'El Colapso'

Postales desde el fin del mundo

Bajo la premisa de un desplome total de la sociedad occidental, la serie de Canal+ ofrece ocho miradas a diferentes escenarios durante los días posteriores al colapso.

¿Qué haríamos frente al fin del mundo? No somos Tom Cruise ni Will Smith ni estamos en una taquillera producción de Hollywood. Esto es la vida real: los suministros escasean, el cambio climático amenaza nuestra sostenibilidad y los mercados financieros se desploman. Estamos ante el colapso total y definitivo de nuestro sistema tal y como lo conocíamos hasta ahora. Hacer zapping a la hora de los telediarios puede resultar un ejercicio de desesperación existencial. Diez o quince años atrás todo esto sonaba a un guion palomitero propio de Roland Emmerich pero de un tiempo a esta parte, series como Black Mirror, El cuento de la criada o Years and years nos han puesto en alerta. Llevábamos tiempo recibiendo todas las señales pero no sabíamos dónde mirar. Ese futuro apocalíptico de chaquetas de cuero, páramos hostiles y amenazas mutantes es una fantasía macabra que aún parece lejana pero 100 días de confinamiento y Estado de Alarma, con largas colas en supermercados sin papel higiénico o harina, nos han preparado para lo peor, para lo inminente.

Y ahora llega una serie, más oportuna que nunca, que nos muestra con aterradora inmersión, cómo puede ser ese inminente fin de la civilización si ocurriera más pronto que tarde. Filmin estrena El Colapso, una serie de Canal+ Francia, firmada por el colectivo audiovisual Le Parasites, rodada en ocho precisos planos secuencia de entre 15 y 20 minutos de duración. Le Parasites nació como un colectivo multidisciplinar en 2013, autofinanciado a través de iniciativas cooperativas y que creaba contenido en Youtube. Con El Colapso llega su obra más ambiciosa, una entrada en la escena mainstream que amenaza con sacudir el sistema desde dentro.

Bajo la premisa de un desplome total de la sociedad occidental, El Colapso ofrece ocho miradas a diferentes escenarios durante los días posteriores al colapso al que se refiere el título. Son ocho postales, algunas ligadas entre ellas y otras sin aparente relación, que nos meten de lleno en la angustia de la lucha por la supervivencia desde diferentes circunstancias: Un «sálvese quien pueda» en toda regla que muestra poca fe en los esfuerzos colectivos ante un desastre mundial y nos reafirma, aún más si cabe, que una vez somos llevados al límite, sólo nos preocupa nuestra propia salvación, aunque sea sólo por un día más.

El fin del mundo es una idea recurrente en la ficción y, hasta aquí, nada sorprendente. Sin embargo, El Colapso tiene la astucia de utilizar el plano secuencia, no como recurso puntual, sino como herramienta imprescindible para jugar con nuestro punto de vista y ponernos al límite. En cada episodio es inevitable cuestionarnos qué haríamos nosotros si estuviéramos en la situación que se nos presenta. Incluso si los personajes nos caen mal o si apenas los conocemos, el efecto inmersivo del plano secuencia nos adentra casi, por un acto reflejo, en el centro de la narración, sin preocuparnos demasiado por cómo se ha llegado allí, qué ha causado este desplome ni por qué los personajes actúan como actúan. Eso es lo de menos, la adrenalina de la acción potencia esa sensación del «aquí y ahora» que desprende constantemente El Colapso y nos hace olvidar todo lo demás.

Hemos vivido en nuestras propias carnes situaciones que nos hacen pensar en un futuro cercano totalmente colapsado; ahí radica también la fuerza de ‘El Colapso’

El frenetismo de la cámara y la puesta en escena acerca la serie a un concepto de urgencia que la une a los postulados de la Colapsología, una serie de teorías multidisciplinares con origen en Francia que, desde el 2015, alertan sobre el proceso final de colapso de la sociedad moderna. Si El Colapso viene a ser una representación audiovisual de esas fatídicas teorías, su elección formal no podría ser más acertada pues entre tanta adrenalina y tanto «sálvese quien pueda», la serie se oye ulteriormente como un grito de socorro. Una llamada a la acción si no nos queremos ver sufriendo como lo hacen sus protagonistas.

En cada capítulo, Jeremy Bernard, Guillaume Desjardins y Bastien Ughetto, que escriben y dirigen la serie, deforman a su gusto la narración para subvertir nuestras expectativas. Saben elegir muy bien cada escenario y el tipo de protagonista para cada historia, volviendo a girar también nuestro punto de vista de un capítulo a otro. Desde un joven reponedor de supermercado a las pocas horas del estallido de la crisis hasta un multimillonario que debe llevar a cabo su premeditado y exclusivo plan de evacuación. El frenético relato de cada acto de supervivencia nos repercute como espectadores y nos saca a relucir connotaciones morales ante lo que estamos presenciando. Además, varias tramas se guardan algún que otro giro de guion que nos deja ese sabor de boca «malrollero» de los buenos capítulos de The Twilight Zone, la de Rod Serling, claro.

Tampoco es nada baladí que lo primero que veamos en El Colapso sea un zapping en una televisión anónima que nos da un poco de contexto para iniciar la pesadilla. Tampoco lo es que la serie se cierre en un plató de televisión en su último capítulo. Viendo el pasar de los canales es inevitable, ya de buen inicio, no remitirnos a lo que recientemente nos ha sucedido -y nos sigue sucediendo- en todo el mundo. Hemos vivido en nuestras propias carnes situaciones que nos hacen pensar en un futuro cercano totalmente colapsado. Ahí radica también la fuerza de El Colapso. Ya sea por pura suerte, o quién sabe por qué, su gestión de los timings no podía ser más oportuna. Estrenada en noviembre del 2019 en Francia, su apuesta por el realismo incrementa aún más ese oportunismo premonitorio del que hace gala pero estrenada ahora en la España de la «nueva normalidad», El Colapso se vive como una pesadilla demasiado cercana.

Escrito por Guillem F. Marí en julio 2020.

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