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De películas que han adaptado series y series que han adaptado películas hay mil ejemplos; todos tenemos algunos en la memoria más o menos exitosos. Incluso hemos tenido casos de híbridos película/serie como aquella Libertad de Movistar Plus+.
De lo que cada vez tenemos más ejemplos, sin embargo, es de un fenómeno como el de la película continuación de una serie. Sexo en Nueva York, Expediente X y Downton Abbey tuvieron hasta dos films propios en cine, e incluso el film precuela de Los Soprano, Santos criminales, se llegó a estrenar comercialmente en cines. También El Séquito participó de su continuación en salas –¡qué tiempos aquellos en los que se estrenaba de todo!–.
Otros casos históricos y súper exitosos en taquilla nos los dan la animación con la película de Los Simpson en 2007 –hay otra en camino–, o la de South Park en 1999, por no hablar de las películas de Guardianes de la noche y tantos otros animes recientes. Y para el recuerdo, el film Batman de 1966, surgido del éxito de la mítica serie de Adam West. La mayoría de veces, si no todas, se trata de una jugada puramente comercial que busca aprovechar el tirón, sin más sentido o justificación que esto.

Mando (Pedro Pascal) quitándose el casco de Mandaloriano, otra vez.
Y otras se trata de El Camino, aquel film de Netflix que seguía las andanzas de Jesse Pinkman de Breaking Bad y que aún no sabemos muy bien qué función tenía. El destino ha querido que esta semana coincidan dos casos similares. Uno “menor”, como es Jack Ryan, de Tom Clancy: Guerra encubierta, directa a Prime Video y siguiendo donde lo dejó tras cuatro temporadas de Jack Ryan. Y uno que aspira (o debería) a dominar la taquilla: The Mandalorian and Grogu.
Del éxito en streaming al salto al cine con The Mandalorian and Grogu
Por eso el caso de The Mandalorian and Grogu es curioso. En 2019, la serie original, The Mandalorian, fue la punta de lanza para la llegada de Disney+ en plena guerra de plataformas. Consiguió ser la primera producción de acción real de Star Wars y un éxito inmediato gracias al acierto de crear un reclamo como Baby Yoda (Grogu) y una figura solitaria, el Mandaloriano (Mando), que devolvía el sentido aventurero, el western y el cine de samuráis a la saga. Llegó el mismo año que el decepcionante Episodio IX: El ascenso de Skywalker, sirviendo de bálsamo para fans desencantados.
¿Es realmente una serie que pareció haberlo dado todo ya la solución para devolver Star Wars al cine?
También marcó el camino a seguir para las cabezas pensantes en Disney y los ejecutivos de Lucasfilm quienes, comandados por Kathleen Kennedy, habían demostrado no tener un plan maestro para sus películas, acumulando incongruencias, dramas detrás de las cámaras y algún fracaso sonado. Pero el hambre de contenido, potenciado por la pandemia, se desmadró. Un producto relativamente sencillo se fue expandiendo con spin-offs de la mano de Dave Filoni y su universo propio traído de Las Guerras Clon y Star Wars Rebels.
En paralelo, todos los proyectos de cine que capitaneaba una Kathleen Kennedy —más preocupada en librar batallas culturales que en hacer avanzar el canon de George Lucas— iban desapareciendo del mapa. La prioridad era nutrir a Disney+ de más y más contenido, diluyendo la marca por el camino y entregando productos a medio gas como Obi-Wan Kenobi o convulsos fracasos como The Acolyte. Solo la excepción de un caballo de troya como Andor consigue elevarse del resto. Mientras eso sucedía, las salas de cine estaban huérfanas de una saga que desde 1977 había dominado la conversación global.
Qué significa el estreno de The Mandalorian and Grogu para el futuro de Star Wars
Lo que nos lleva al 2026 y a la solución que ha encontrado Disney para relanzar Star Wars en el cine tras siete años de sequía: en lugar de una cuarta temporada de la serie, estrenar el film The Mandalorian and Grogu. El resultado en taquilla determinará lo acertado o no de la decisión, pues a priori recurrir a dos personajes con buena acogida –y tremenda capacidad de venta– no es mala idea. Pero la sensación que se respira en el aire es que la excitación por un nuevo filme de Star Wars es baja, y más aún para la proyección de una serie que la gente está acostumbrada a ver en su casa.

A Rotta The Hutt le pone voz Jeremy Allen White (‘The Bear’).
Además, dado que las últimas temporadas de The Mandalorian perdieron fuelle a medida que su foco se desviaba de sus dos protagonistas para dar espacio a narrativas que respondían a un universo más amplio (como el arco protagonizado por Bo-Katan), los interrogantes antes de ver The Mandalorian and Grogu se multiplican. ¿Es realmente una serie que pareció haberlo dado todo ya la solución para devolver Star Wars al cine? ¿Qué nos ofrece la película que no haga la serie? ¿Qué queda ya de aquel fenómeno que llegaba cada cierto tiempo a la gran pantalla causando revuelo, colas, nervios y altas expectativas? ¿Ha quedado todo reducido a mero contenido de streaming inflado para la ocasión?
Por suerte, a diferencia de un servidor, la mayoría de la gente que vea la película dirigida por Jon Favreau no se comerá tanto el coco con estas cuestiones y disfrutará durante gran parte de las más de dos horas de metraje de The Mandalorian and Grogu.
El sello clásico de Jon Favreau
Pues si algo ha demostrado con creces Jon Favreau es su dominio de la gramática narrativa y visual del cine de aventuras clásico y las dinámicas de los blockbusters actuales. Aplicado al mundo de Star Wars, desde su papel de creador de la serie y ahora director de su film, esto siempre se ha traducido en un producto que transpira la esencia pura de George Lucas por sus cuatro costados. Eso se lo reconoceremos siempre tanto a Favreau como a Dave Filoni. Ya era así en la serie y lo sigue siendo en la película, que tiene más ADN Star Wars en sus primeros 20 minutos que todas las secuelas de Disney juntas.
The Mandalorian and Grogu rebosa sentido aventurero y es capaz en todo momento de ofrecer nuevos escenarios y diseños de personajes que nos devuelven a la experiencia –casi imposible de repetir– del asombro aquella primera vez que vimos la cantina de Tatooine, los mastodónticos AT-AT caminando por los nevados paisajes de Hoth o a Darth Maul empuñar aquel sable láser rojo de doble hoja.

Un fotograma de la secuencia inicial de ‘The Mandalorian and Grogu’.
Ludwig Göransson sigue siendo el único compositor que se ha atrevido a mirar a la cara a John Williams con propuestas originales y diferentes, mientras que Pedro Pascal cumple en un rol que desde hace tiempo es más responsabilidad de los dobles de acción que del actor chileno. Se le podría exigir mucho más al actor, pero parece que esto es lo que hay: no esperéis ver evolucionar mucho a Mando en este film o en los siguientes, si los hay.
El triunfo de Grogu en The Mandalorian and Grogu
Quien sí brilla, como no podía ser de otra manera, es Grogu, la joya de la corona. La marioneta sigue siendo entrañable gracias a la tangibilidad física que tiene, a diferencia de los personajes CGI como Rotta the Hutt (interpretado por Jeremy Allen White), y sus nuevas habilidades le permiten ser un personaje algo más activo de lo costumbre.

Grogu, de nuevo lo mejor de la función.
De hecho, lleva el peso de la porción más entrañable de la película cuando debe hacerse cargo del cuidado de un herido Mando. Es, sin duda, de lo mejor del film: una buena sección sin apenas diálogos que aguanta perfectamente gracias a lo tierno que es este pequeño personaje y a que nos creemos la relación entre los dos.
Estamos ante un experimento para dar respiro a Star Wars: una cuarta temporada reconvertida en film para tratar de recordar al público que aún hay alguien al volante
La historia aquí seguramente es lo de menos: un trabajo de cazarrecompensas que se complica y poco más. Lo que podría ser un arco de temporada o un bloque de tres o cuatro capítulos se convierte en el núcleo principal de un film que parece más preocupado en corregir las críticas a las últimas temporadas de la serie, olvidándose por completo de efectistas cameos y conexiones argumentales con otros arcos de la saga. Quien busque esas mega conexiones deberá esperar, como también quien espere algo distinto a la que ya nos daba la serie.
Una estructura de videojuego más propia de la serie
Este argumento simple da paso a una estructura demasiado cercana a la de un videojuego, donde cada pantalla es la lucha con un monstruo final y un objetivo a conseguir. Lo que se disfrutaría semanalmente con episodios más cortos aquí se antoja algo repetitivo y endeble como para sustentar un film que debería tener entidad propia y más ambición. Por ese lado, el de la escala que deberíamos pedirle a la saga cuando llega a los cines, The Mandalorian and Grogu desconcierta, por lo menos.
El resultado hace demasiado evidente que estamos ante un experimento para dar respiro a Star Wars: una cuarta temporada reconvertida en film para tratar de recordar al público que aún hay alguien al volante, aunque se esté cambiando de ruta. No olvidemos que en la Lucasfilm actual Kathleen Kennedy ya no manda y es Dave Filoni quien dirigirá el cotarro, dando paso a otra nueva etapa de la que The Mandalorian and Grogu ejerce como suerte de bisagra. Una producción anclada entre dos mundos (el cine y el streaming) y entre dos estados de ánimo: la excitación más ingenua y el hastío más descrído.

