«Me equivoqué matando a David, el Gnomo»
Entrevista a Claudio Biern Boyd, histórico animador español

«Me equivoqué matando a David, el Gnomo»

Claudio Biern Boyd

Claudio Biern Boyd (Palma de Mallorca, 1940)

Hablamos con el padre de 'D’Artacán', 'Willy Fog' y 'David, el Gnomo' sobre las series de animación que le convirtieron en un icono boomer, sobre yogures y sobre el sadismo de Walt Disney.

La generación del EGB vio cientos de veces su nombre, escrito sobre sus dibujos animados favoritos, mientras digería la comida del sábado, en una sobremesa con banda sonora pegadiza y personajes que se convertirían en memoria emocional. Hoy aquellos niños de los años 80 somos boomers atacados por una repentina nostalgia contra las canas, incapaces de evitar dar la turra recordando que eran uno, dos y tres los famosos mosqueperros y el pequeño D’Artacán siempre va con ellos. O que Willy Fog era aventurero, gran señor, jugador y casi siempre ganador. O que un gnomo como David era siete veces más fuerte que tú, muy veloz, y que siempre está de buen humor.

Claudio Biern Boyd (Palma de Mallorca, 1940) fue el padre de todos ellos. Y del pequeño Cid, y de Dragui, y de Mim. Supo leer qué demandaban los críos, y los padres, de la época, después de años gestionando los derechos en España de las míticas series de Hanna Barbera (de Los Picapiedra a El Oso Yogui) y otras como Marco, La Abeja Maya, Vickie El Vikingo, El bosque de Tallac o La Pantera Rosa, su favorita. Y de distribuir otros títulos de éxito, como Mazinger Z y Las aventuras de Tom Sawyer. Cuando en 1980 se lanzaron a la producción, con Ruy, el pequeño Cid, nuestro hombre tuvo clarísima la línea editorial que iba a marcar sus trabajos: “Buscar en los clásicos de la literatura juvenil universal, con temas que pudieran enganchar, y que también tuvieran valores. Mis series, por ejemplo, tenían acción pero no violencia. Siempre dije que tenía que poder ver mis series con mis hijos sin pasar vergüenza ni un mal rato”.

En este sentido, D’Artacán y los Tres Mosqueperros, La vuelta al mundo de Willy Fogg y David el Gnomo son, quizás, las joyas de la corona. ¿Cuál fue el secreto para que se convirtieran en series tan referenciales para tanta gente?

Con David el Gnomo conseguidos que por primera vez un producto español y diría que europeo se pasara en un canal norteamericano. Además, tenía un poderoso mensaje ecologista, de respeto a la naturaleza, cuando nadie más lo hacía. Nos adelantamos muchísimo. No sé si hay una fórmula para el éxito, para trascender así: yo buscaba ganarme la vida, seamos sinceros. Quizás esté en el guion, que creo que es el 70 por ciento del éxito de un dibujo animado. Tiene que engancharte, el resto viene después. Y es difícil tener mejores guionistas que Jules Verne, Emilio Salgari o Alexandre Dumas (risas). ¡Si Los Tres Mosqueteros se ha versionado más de 20 veces! Ahora están haciendo otra película en Hollywood sobre la novela. Puede que el secreto estuviera ahí, en ir a buscar clásicos literarios, que yo mismo había devorado de niño. Cuando empecé a hacer series, fue muy natural adaptar aquellas novelas que tanto me habían apasionado.

Tus series forman parte de la memoria emocional de una generación.

Es realmente impresionante, y lo que más me emociona es que se recuerdan con mucha felicidad. A mí también me hace muy feliz, claro. Porque, más allá de las series en sí, la memoria te traslada a una época en la que las familias estaban muy unidas, y se compartían muchas cosas. Ahora eso ya no sucede.

¿Han cambiado mucho los niños en 40 años?

Muchísimo. También el concepto de la familia, entre muchas otras razones porque los padres se han olvidado de su papel educador y lo han cedido a las escuelas, y dejan a los críos en manos de los móviles. Ahora mismo los niños tienen un sexto sentido: el móvil. Me enseñaron de pequeño que había cinco: vista, olfato, tacto, oído y gusto. Pero los niños tienen otro, el móvil o las tabletas son el sexto. Y eso condiciona mucho.

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Póster de la película ‘D’Artacán y los Tres Mosqueperros’.

A finales de agosto llega a los cines D’Artacán y los Tres Mosqueperros, versión cinematográfica de la serie. ¿Por qué regresar a aquellos personajes cambiando la pequeña por la gran pantalla?

Empezamos a pensar en ello hace doce o trece años. La coyuntura de las televisiones ha cambiado muchísimo, ahora mismo todo es mucho más complicado. Producir series ya no nos interesa, por la competencia con los contenidos que llegan fundamentalmente de internet. Nuestra apuesta por el cine es de supervivencia, y además también hay una voluntad de sacar la cabeza en lo que sigue siendo la catedral del audiovisual. Muchas madres me han preguntado a menudo por qué no volvemos a hacer series como aquellas, con los mismos valores. La película los tiene. Además de ser trepidante, tiene un look muy modernizado y sofisticado, y hemos puesto al día algunas cosas. Los personajes femeninos, por ejemplo: Juliet y Milady son ahora fuertes y activas, están empoderadísimas.

Entretenimiento más educación, diversión más cultura. Y seguir evolucionando…

«Disney era un sádico (…) ¿A cuántos padres y madres de los protagonistas ha matado? Ha hecho sufrir mucho a la gente»

Sí, por poner otros ejemplos: hice La banda de Mozart porque me encanta la música clásica y me di cuenta que en los conciertos a los que iba nunca veía a niños como espectadores. Como asesor tuve a Fernando Argenta, que en aquel momento tenía un programa de radio de divulgación que tenía mucho éxito, Clásicos Populares. Aquí funcionó regular, pero lo hizo muy bien en los países del este de Europa, porque tenían educación musical en las escuelas y todos los niños tocaban algún instrumento. En las celebraciones de los 500 años del Descubrimiento hicimos Las mil y una… Américas, que hablaba de la historia de aquel país antes de la llegada de los conquistadores españoles. O también hice Nicolás, en colaboración con la ONCE, con un protagonista que era un niño invidente, para ayudar a los niños a convivir con ellos con normalidad. Sí, es verdad que había una tendencia a que nuestras series fueran educativas, o que ayudaran a determinados colectivos.

La animación en la que el colectivo LGTBI+ se pueda ver representado es residual. ¿Tienes alguna opinión al respecto?

No he tocado nunca ese tema, es verdad, supongo que tiene que ver con el momento que me tocó vivir. En aquella época, los años 80 y 90, no se hablaba sobre ello, estaba completamente invibilizado. Ni se hablaba sobre homosexualidad, ni tampoco sobre otros temas como los abusos sexuales o el aborto, por ejemplo. Y supongo que ahora ya me pilla un poco mayor, aunque sí puedo decirte que estamos trabajando en algunos proyectos nuevos, y que la idea es que alguno de los personajes protagonistas sea homosexual. Otra de las ideas que barajábamos es la de una universidad de gnomos que concentraría a personajes de todo el mundo. Se trataría de mostrar la diversidad a todos los niveles, sexual pero también racial. Tiene que ser así si quieres hacer un reflejo de la realidad.

En ese sentido, Disney estrenaba Luca hace unos meses y mucho se ha hablado de lo que insinúa sin querer evidenciar.

Disney no se define porque navega entre dos aguas. Es una empresa muy importante y poderosa, que cotiza en bolsa, y que pertenece a un país que da un gran apoyo a ideas y políticas ultraconservadoras. ¿Quién era el presidente hasta hace nada? Lo que no le perdonaré nunca a Disney es cuánto ha hecho llorar a la gente. Todas aquellas primeras películas, ¿a cuántos padres y madres de los protagonistas ha matado? Bambi, Dumbo, La Cenicienta, incluso más adelante El Rey León… ¡eran películas de un dramatismo enorme! Disney ha hecho sufrir mucho a la gente, eh… mucho. Era un sádico (risas). Pero que quede claro que le tengo una admiración enorme, Disney es una referencia para todo el mundo, es La Meca para todos los que nos dedicamos a esto.

Willy Fog

‘La vuelta al mundo de Willy Fog’ se estrenó en 1984 (TVE) con 26 capítulos.

El mensaje ecologista en David el Gnomo era claro. ¿Había también alguna voluntad de dar un mensaje animalista con D’Artacán o con Willy Fogg?

Que los personajes fueran animales obedecía a varias razones. Por un lado, la violencia desaparecía: si un niño ve a un perro o a un gato luchando con su espada, es perfectamente consciente que aquel es un mundo de fantasía. Si pones a un dibujo animado con forma humana, esa misma escena incita a la violencia, no a la acción. En D’Artacán no ves una gota de sangre. Por otra parte, los niños suelen querer muchísimo a sus mascotas. Tercero, es mucho más fácil dibujar animales caricaturizados que seres humanos, eso es más complejo… y más caro. Súmale que adoro a los perros, todo eso me hizo pensar en convertir a los Tres Mosqueteros en los Tres Mosqueperros.

Eres un fanático de La Pantera Rosa, y gestionaste los derechos del personaje en nuestro país. Y conseguiste que los niños solamente quisieran comer yogur de postre.

«La Pantera Rosa es la serie animada que mayor impacto me ha causado. También Los Picapiedra, y todo el catálogo de Hanna & Barbera»

¡Todavía encontrarás pastelitos Pantera Rosa en los supermercados! (risas) Lo que hicimos con Danone fue increíble. Tenían un producto con una imagen casi sagrada en España. No querían hacer promociones, pero me empeñé, y después de ser una gota malaya conseguí que con los packs de cuatro yogures regalaran adhesivos de… creo que de Bugs Bunny, de esto hace casi cincuenta años. Y aquello fue una locura. Algunas madres esperaban al repartidor de Danone en las puertas de los colmados para no quedarse sin cromos. A partir de ahí, serie de dibujos animados que se estrenaba, colección que Danone promocionaba. Marco, D’Artacán, el de David el Gnomo fue una locura… Puedo decir que nuestras series fueron las culpables de un impulso brutal en el consumo de yogures en España.

¿Cuáles han sido tus referentes?

La Pantera Rosa es la número uno. Conocí a Blake Edwards en un estreno suyo en Suiza. Estuve con el equipo de la película un par de días. Recuerdo a Peter Sellers tocando la batería después de una cena. La Pantera Rosa es la serie animada que mayor impacto me ha causado. También Los Picapiedra, y todo el catálogo de Hanna & Barbera: también les conocí a ambos, visitaron Madrid con sus esposas, les llevé a comer, eran personas encantadoras. Hannah y Barbera fueron dos gigantes, de una creatividad enorme. Son los grandes referentes de series televisivas animadas, dos mitos. Y más recientemente, Los Simpson. Creo que han encontrado una piedra filosofal, porque llevando más de 20 años, y siendo una serie para adultos y con temas tan tan tan estadounidenses, enganchan a niños de todo el mundo. Hay que quitarse el sombrero con ellos.

Escapando del formato seriado, incluso de la animación, aunque la había… Te inventaste otro programa infantil mítico: Los Sabios.

Sí, fue lo primero que hizo en televisión Isabel Gemio, entonces Isabel Garbí. La escuchaba en la radio de madrugada, tenía una voz maravillosa. Y cuando TVE aprobó Los Sabios, la fiché. Seguimos teniendo una relación estupenda. Los Sabios tenía una parte de concurso de preguntas y respuestas sobre cultura general, y los concursantes eran parejas formadas por un niño y un adulto. Y cada episodio empezaba con una animación de diez minutos en el que un personaje llamado Mim contaba las vidas de personajes trascendentales en la historia de la Humanidad: de Marconi a Copérnico, de Graham Bell a Fleming.

David El Gnomo

‘David, El Gnomo’ se emitió en 1985 con 26 episodios.

Héctor Lozano, el creador de Merlí, nos decía en una entrevista que la muerte de David el Gnomo inspiró la del protagonista de su serie. Treinta y tantos años después, y aquella decisión sigue persiguiéndote.

Pensaba que no me sacarías el tema, pero me equivocaba… (risas). Partimos de una falsedad, de una mentira: David el Gnomo no moría, se transformaba en un árbol, en un cerezo. ¿Quién no firmaría vivir 400 años en un mundo en plena naturaleza, sin inspectores de hacienda, sin políticos, sin bancos, solo rodeado de la familia. Es la vida soñada. En cualquier caso, aún hoy, de vez en cuando hay alguien que se me acerca: tú fuiste el asesino de David el Gnomo, me hiciste llorar de niño. Es que aquello fue muy gordo, no habían estudios de audiencia, pero probablemente lo verían 25 millones de personas. También creo que me equivoqué matándole, porque de haber sabido el éxito que tuvo, hubiera podido protagonizar la secuela.

Fuiste vicepresidente del Espanyol, y eres un perico incombustible. ¿Eso forja carácter?

Sin duda. Ser del Espanyol te cura de espantos. Hace muchos años que ya no sufro. Yo estaba en el banquillo el día del Leverkusen (se refiere a la final de la Copa de la UEFA de 1988), durante 90 y tantos minutos fuimos campeones… y después llegaron los penalties. Indudablemente, ser del Espanyol forja el carácter (risas).

¿Ya podemos culpar a Javi Clemente de lo del Leverkusen?

No opino, no opino (risas).

Escrito por Àlex Montoya en julio 2021.

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