5 objetos que hacen de ‘Community’ una serie única
Community

5 objetos que hacen de ‘Community’ una serie única

Tras ser despedido después de crear y dar forma a uno de los productos televisivos más marcianos y entrañables que se puedan recordar, Dan Harmon vuelve a casa con el objetivo de colocar una vez más a 'Community' en el lugar que le pertenece: la cúspide del monte de las comedias televisivas.

Siempre se dice eso de que el ave fénix es el único animal capaz de volver a la vida renaciendo de sus propias cenizas. En el mundo de las series son pocas las que consiguen dejar atrás tiempos oscuros, para volver a convertirse en referentes de su género. El creador de Community, Dan Harmon, ha necesitado tan sólo tres episodios para cerrar la boca de muchos y dejar claro que la decisión de despedirle y de alejarle de un producto tan suyo, como el «Luz de gas» lo es de Laporta, fue una metedura de pata que ríete tú de la varita mágica de Maxim Huerta. Al igual que Dante en la Divina Comedia, Community ha dejado atrás la selva oscura y después de un largo viaje ha vuelto a esos días de gloria que tanto echábamos de menos.

Podría haceros una larga lista de motivos por los que deberíais ver Community, pero estoy seguro de que si estáis leyendo estas míseras palabras es porque habéis vivido en primera persona la magia que transmite el campus de Greendale y todos sus estudiantes. Así que vamos a hacer una cosa, en vez escribir una lista de razones os voy a presentar cinco objetos por los que Community es una serie única, maravillosa y desternillante. De este modo, los que ya conocéis la serie derramaréis alguna lagrimita (espero) y los que aún deambuláis indignamente en este mundo sin saber quién es Magnitude, espero haceros entrar el gusanillo para que decidáis ver Community.

La mesa

«Ha sido testigo de experiencias perturbadoras, momentos catárticos y de redención, de la felicidad más absoluta y de los enfados más coléricos que acompañan a todas las relaciones de amistad»

Parece mentira que un objeto tan cotidiano, aburrido y básico sea uno de los pilares de la serie de Dan Harmon. El supuesto grupo de estudio formado por Jeff, Britta, Annie, Troy, Abed, Shirley y Pierce necesitaba un lugar de reunión para juntarse y hacer de todo menos estudiar. De la misma manera que la JLA tiene la Atalaya, estos estudiantes de Greendale habían montado su campamento base alrededor de una simple mesa de madera en una sala del campus. Pero en Community nada es lo que parece o por lo menos nada normal es eso, normal. La mesa de Jeff y compañía ha sido testigo de experiencias perturbadoras, momentos catárticos y de redención, de la felicidad más absoluta y de los enfados más coléricos que acompañan a todas las relaciones de amistad. Por si esto no fuera suficiente también ha sufrido las visitas de un decano con tendencias sexuales más que cuestionables, los robos de material escolar por parte de un mono, al profesor Ben Chang lubricarse el cuerpo con aceite o una épica y trepidante partida de Dragones y Mazmorras que pasará a los anales de la historia.

El trampolín

«El potencial infinito que tiene la serie para convertir algo absurdo en un clásico instantáneo»

Después de enzarzarse en un mano a mano en la cacha de baloncesto, Jeff y Troy descubren un lugar mágico y perdido en el tiempo. Una especie de paraíso terrenal que en lugar de animalitos felices y abundancia por doquier, destaca por la presencia de un único objeto rodeado de flores y prados: un trampolín. Parecerá absurdo, pero saltar en la cama elástica te tele-trasportaba al instante  a un lugar de paz y tranquilidad absoluta. Vamos, como un chute de morfina pero sin todo el rollo de las jeringuillas y las venas reventadas. Cada salto te ofrecía un perfecto momento fuera del tiempo y de las palabras. Las dos únicas reglas que había que seguir para disfrutarlo eran sencillas: 1. mantener el emplazamiento de este lugar espiritual en secreto y 2. nunca podrían saltar más de dos personas a la vez. Al final resulta que el entrañable encargado de custodiar el trampolín, Joshua, era un racista de los pies a la cabeza y por el bien del mundo se destroza el trampolín. En este capítulo somos conscientes del potencial infinito que tiene la serie para convertir algo absurdo en un clásico instantáneo. Además, sale Hillary Duff interpretando el mejor papel que ha hecho hasta la fecha, el de zorrupia malvada.

Mantas, cojines y fuertes

«Acción, conflicto, amistades al borde de la ruptura y demencia»

Nadie habría imaginado que los cojines y las mantas podrían dar tanto de sí fuera de un anuncio de Pikolin, pero Community, como una tarde de Sálvame Diario, es impredecible. Mantas, cojines y los respectivos fuertes creados por estos dos elementos han sido los protagonistas de estos momentos míticos en la historia de Greendale. Primero fue el fuerte de mantas creado por Troy y Abed llamado Fluffytown que tuvo que ser desmantelado por volverse algo comercial. Un año después llegaría el nacimiento de Newflufflytown, un fuerte de cojines que trajo prosperidad y alegría al campus. Desgraciadamente y como decía Robert Frost, “nada dorado permanece”. Newflufflytown se separó por una disputa entre sus dos líderes. Troy fundó Blanketsburg y Abed le cambió el nombre a su territorio por un más que sugerente Pillowtown. Acción, conflicto, amistades al borde de la ruptura y demencia. En pocas palabras, Community o cómo sacar petroleo de las cosas más mundanas y absurdas para firmar uno de los mejores momentos que se han visto en la comedia televisiva.

La pistola de paintball

«La locura que toma el control del campus entero, desencadenando una guerra de todos contra todos en la que no hay límites»

Todo empezó con un simple juego de paintball. Pintura, pistolas y Community grabó a fuego en la retina de sus espectadores su carácter único y esa habilidad privilegiada para crear clásicos de culto instantáneos. El esquizofrénico Dean Pelton programa una divertida tarde de paintball en el campus, otorgando al vencedor un reproductor de Blu-Ray. Ahora bien, si todo fuese tan sencillo, no estaríamos hablando de Community. Pelton se queda sin Blu-Ray y como premio de consolación ofrece al ganador la posibilidad de matricularse el primero y organizarse el horario universitario a placer. Aquí es cuando se desata la locura que toma el control del campus entero, desencadenando una guerra de todos contra todos en la que no hay límites. Sólo hay una regla: sobrevivir. Tan clave fue este capítulo en las andaduras televisivas de los de Greendale que en la segunda temporada se decidió volver a organizar una jornada de paintball, con la esperanza de que no se repitiesen los dramáticos eventos del año anterior. Esta vez el premio no iba a ser algo tan jugoso como el poder para matricularse a las clases antes que nadie, sino que el ganador se llevaría unos miserables 100.000 dólares. Os podéis imaginar el resto ¿no? Eso sí, esta segunda jornada de paintball  –que ocuparía los dos últimos capítulos de la segunda temporada– se caracteriza por ser un brillante homenaje a uno de los mejores géneros cinematográficos de la historia. En efecto, el spaghetti western. El visionado de los hechos relacionado con guerras de pintura es algo tan sumamente único y necesario para la vida que no hay palabras que lo describan.

El Dado

«Delirante sucesión de distintas realidades alternativas a cada cual peor»

El repartidor de pizza llega y alguien tiene que bajar al portal a recoger el tan preciado manjar. Ahora bien ¿quién baja? Fácil, se tira un dado al aire y si sale tu número abres al repartidor. Lo que iba a ser una tranquila reunión de amigos para celebrar el nacimiento de la casa de Trobed –Troy y Abed a lo Brangelina–, acaba convirtiéndose en una delirante sucesión de distintas realidades alternativas a cada cual peor. Probablemente este sea uno de los capítulos más increíbles de Community, el simple hecho de lanzar un dado al aire permite explorar la teoría de las realidades alternativas de manera soberbia haciéndonos testigos de una realidad diferente cada vez que uno de los miembros del grupo se va a recoger las dichosas pizzas. Son varios los elementos que se repiten hasta la extenuación en las distintas realidades alternativas que sirven para incrementar la tensión que desemboca en consecuencias catastróficas en todos los casos –»Roxanne» de The Police, una maqueta de la escena de Indiana Jones, las tartas de Shirley o una repugnante anécdota de Pierce sobre el sexo en los aviones y un pequeño muñeco troll que da bastante miedo–.

Al final, tras un speech de Abed sobre lo peligroso que es jugar con la teoría del caos, se decide que lo mejor es no tirar el dado así la línea temporal de los estudiantes más famosos de Greendale queda intacta. Pero aunque parezca contradictorio, el daño ya está hecho. El atrapar el dado antes de que caiga sólo era una posibilidad más dentro de la infinidad de realidades que puede generar cualquier cambio en nuestro devenir. Es decir, que somos testigos de seis realidades alternativas, correspondientes a cada cara del dado, más la linea temporal en la que el dado no cae. En total son siete y no seis. Es aquí donde nace una de las lineas argumentales más importantes de Community –que se va a explotar durante esta quinta temporada–, la realidad oscura y malvada donde Pierce ha muerto, Shirley es una borracha, Troy se ha quedado sin cuerdas vocales, Jeff ha perdido un brazo, Annie se ha vuelto loca, Britta se ha teñido un mechón de azul y Abed… bueno Abed sigue igual. Todos deciden reunir sus fuerzas para hacer el mal y tienen como único objetivo matar a sus homónimos de la realidad en la que no se lanza el dado para recuperar sus antiguas vidas. Ah y para demostrar que son la versión malvada todos se ponen unas barbas postizas de fieltro.

Muchísimas cosas se han quedado fuera de la lista. Creedme, lo sé. El móvil de Jeff, el Dreamatorium –aunque sea un lugar más que una cosa–, cualquier objeto de la pseudo-religión que profesa Pierce, la colección de DVD’s de Abed, los vestidos del decano o la taza de Abed y Troy que utilizan estos dos bromies ejemplares en su programa “Troy and Abed in the morning”. Pero bueno, siempre podremos hacer más listas o retarnos a una partida de billar completamente desnudos.

Por último: E Pluribus Anus

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Escrito por Marco Ascione en enero 2014.

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