'The Americans' vuelve a poner de moda la Guerra Fría

¡Viva Rusia!

La serie de FX da una vuelta de tuerca al conflicto entre oriente y occidente desde el punto de vista de los “malvados” soviéticos

Si sois de los que creíais que la Guerra Fría era un tema “vintage” deberíais retractaros y empezar a buscar en mercados de segunda mano boinas soviéticas. La llegada de The Americans a la pequeña pantalla ha hecho resurgir el atractivo de este período histórico. Y es que desde los tiempos en que James Bond luchaba contra los rusos, la guerra soterrada entre la Unión Soviética y Occiente nunca había lucido tan atractiva como en la serie de FX. Una atracción que no es sólo estética -la moda de los 80 siempre nos seduce- sino también conceptual por presentar en forma de thriller adictivo y desde la personalización unos años clave de la historia mundial. La década de Ronald Reagan vista desde el punto de vista “de los malos de la película”.

“Desde los tiempos en que James Bond luchaba contra los rusos, la guerra soterrada entre la Unión Soviética y Occiente nunca había lucido tan atractiva como en la serie de FX”

The Americans plantea a los espectadores un dilema básico: ¿Hasta cuánto somos capaces de traicionar nuestros sentimientos y opiniones para alcanzar un ideal superior? En realidad se trata de una pregunta que no sólo se circunscribe a la época de la Guerra Fría y a la sociedad soviética, es una duda extrapolable a cualquier tipo de organización social estructurada alrededor de un objetivo final, aunque para ello haya que anular la voluntad individual. En este dilema moral y espiritual se encuentran inmersos los protagonistas de la serie, una pareja de espías del KGB infiltrados en Estados Unidos desde hace 15 años.

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Sí, parece un debate sesudo y pensado para aburrir a las ovejas, pero si lo situamos en medio de una trama de espías que se aleja del retrato típico y tópico de las partes implicadas la cosa cambia. Porque la serie no tiene nunca la intención de ponerse trascendente, sino que mientras sufrimos con los avatares de la pareja protagonista y el devenir de su extenso repertorio de pelucas, nos empuja a pensar cómo alguien puede soportar tanto tiempo olvidándose de lo que quiere.

Philip (Matthew Rhys) y Elizabeth (Keri Rusell), o lo que es lo mismo, Mischa y Nadezhda, han sido entrenados para vivir como robots entre enemigos, amputando su pasado para ser capaces de defender la Unión Soviética con su vida. Su día a día es una lucha por mantenerse impermeables a los diferentes estímulos de la sociedad capitalista y seguir defendiendo los intereses de la madre patria cueste lo que cueste. Seguramente a regañadientes, Philip y Elizabeth se han imbuido del “sueño americano” y juegan, de cara a la galería, a la pareja perfecta con niños incluidos. Sin embargo, bajo esta imagen ideal se está cociendo una esquizofrenia vital de resultados impredecibles. Cada uno se enfrenta a esta división interna de una manera diferente: él permitiéndose dudar y planteándose si ha tomado el camino correcto; ella obligándose a evitar cualquier tipo de simpatía por su país de adopción, una suerte de cárcel según su punto de vista.

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“The Americans, creada por el ex agente de la CIA Joe Weisberg, sitúa en el centro de la trama unos personajes a los que por tradición les tocaría el papel de antagonistas”

The Americans, creada por el ex agente de la CIA Joe Weisberg, sitúa en el centro de la trama unos personajes a los que por tradición les tocaría el papel de antagonistas. Cambiando el punto de vista con el que tradicionalmente se han presentado las ficciones sobre la Guerra Fría, la serie consigue que el espectador se encariñe con los que supuestos “enemigos”. Ya no podemos evitar desear que Philip y Elizabeth revienten el sistema capitalista desde dentro, que hagan lo que tengan que hacer mientras estén sanos y salvos. Respiramos tranquilos cuando Philip consigue escapar de situaciones complicadas cambiando de peluca y vibramos cuando Elizabeth saca toda su mala leche acumulada repartiendo tortas. ¿Quién se podía imaginar que Keri Rusell, la misma actriz que interpretó a la blandita y odiosa Felicity, nos acabaría conquistando con su cara más dura? Un punto más a favor de The Americans!

Puede que algunos puristas le tiren en cara a la serie algunos momentos poco creíbles o que no llega a las cotas de intensidad o autoconciencia de Homeland. The Americans no necesita decirle al espectador “Ei! Yo soy grande!”, le basta con darle un ritmo excitante, una pareja con buena química y una ambientación sexy que nos hace gritar “¡Viva Rusia!”.

Escrito por Alejandra Palés en febrero 2014.

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