Crítica de 'Furia' (2022): "Viaje a las entrañas del miedo"
'Furia'

Viaje a las entrañas del miedo

La nueva serie de Gjermund Eriksen, creador de 'Mammon', es un thriller policíaco prodigioso que consigue aunar forma y fondo para hablarnos del auge de la extrema derecha en Alemania y Europa.
furia serie filmin

Uno de los platos fuertes de la última edición del Serielizados Fest fue el estreno en España de Furia, serie creada por el guionista noruego Gjermund Eriksen. Ahora, disponible en su totalidad en Filmin, hemos podido constatar que nos encontramos ante uno de los thrillers policíacos de corte europeo más interesantes de los últimos años: una serie profundamente inteligente, que consigue mantenernos pegados al sofá gracias al ritmo frenético y los giros constantes, pero que sobre todo dramatiza de forma extraordinaria el auge de los grupúsculos de extrema derecha en nuestro continente.

Verla antes de seguir leyendo sería lo ideal, ya que su principal atractivo reside en su sorprendente estructura, y no nos gustaría estropearle a nadie el gusto de descubrirla por sí mismo. Furia es capaz de llevar más allá un tipo de thriller de espionaje en el que Eriksen cuenta con galones (un premio Emmy Internacional por Mammon), presentándose de entrada como la enésima serie policíaca de pueblo pequeño, encajonada entre imponentes paisajes noruegos, para a continuación hacer saltar por los aires el género y convertirse en un thriller internacional. Un viaje de Finlandia a Alemania en el que no faltan los héroes (y su capacidad para arriesgarlo todo por el deber) y un grupo de villanos aterradores que resume perfectamente las ansiedades de parte de la población europea ante la migración y la crisis política e institucional del continente.

La diferencia de muchos otros thrillers escandinavos, es su capacidad para transitar entre géneros gracias a su férreo guion

Se trata de un trayecto, decimos, de lo concreto a lo más abstracto, de una pequeña localidad a la capital alemana. Un inteligente movimiento propulsado por sus dos protagonistas, la estupenda Ine Marie Willman, policía infiltrada que se convierte en un símbolo para la extrema derecha, y Pål Sverre Hagen, agente perseguido por la mafia rusa que se ve envuelto en una conspiración criminal de dimensiones insospechadas. Los mimbres, como se puede intuir, no son especialmente originales, pero como decíamos el verdadero paso adelante de Furia, lo que la diferencia de muchos otros thrillers escandinavos, es su capacidad para transitar entre géneros gracias a su férreo guion y la potencia del elenco de secundarios que nos va presentando poco a poco.

Estamos ante una serie que en realidad son muchas, en la que se combinan la intriga política en las altas esferas con la investigación criminal. Ante una estructura muy interesante que no tiene miedo a presentarnos personajes clave para la trama pasado el ecuador de la serie, a jugar abiertamente con las expectativas del espectador. Algo que es muy de agradecer en un panorama en el que la producción demencial de series conlleva la repetición de estructuras de probado éxito, pero que ya hemos visto muchas veces. Es posible, eso sí, que el tono algo frío y la dirección discreta de los primeros episodios haga retroceder a aquellos que no tengan experiencia con el particular thriller escandinavo, pero nos encontramos ante una serie que sin duda no deja de ir a más, con un último episodio repleto de tensión pero al que no podríamos haber llegado por ningún otro camino.




Un camino a lo largo del cual Furia va trenzando innumerables elementos extraídos directamente del mundo real, desde los atentados del 11-S hasta la matanza de Utoya, pasando por la financiación por parte de la oligarquía rusa de ciertos grupos de extrema derecha, o los crímenes de falsa bandera. Su apuesta clara por explorar los problemas más acuciantes a los que se enfrenta no solo la sociedad europea, sino la humanidad en su conjunto, dota a Furia de una sensación de actualidad que por momentos llega a provocarnos un escalofrío, de una capacidad constante para hacer que nos preguntemos si lo que nos cuenta no estará ocurriendo, de verdad, en algún sótano de Berlín.

En un momento en el que los cimientos democráticos sobre los que se construyó la Unión Europea parecen tambalearse más que nunca, la serie se convierte en un ejemplo clarísimo de cómo utilizar las herramientas del entretenimiento mainstream para lanzar una visión crítica sobre el mundo en el que vivimos.

La ficción nórdica vuelve a marcar el camino para la construcción de una ficción televisiva capaz de aunar profundidad de contenido, originalidad en la forma y capacidad de mantenernos enganchados. El final abierto de Furia, además, indica sin duda la posibilidad de una continuación, para todos aquellos que no estén interesados en las cada vez más habituales series autoconclusivas o de poco recorrido. En un momento en el que sigue diciéndose demasiado aquello de «esa serie es tan buena que parece una película», Furia extrae oro de las posibilidades narrativas de la ficción episódica para seguir demostrando su capacidad para radiografiar el convulso mundo contemporáneo.

Escrito por Ricardo Jornet en febrero 2022.

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