Un curioso caso llamado Luis Miguel
El sol de México

Un curioso caso llamado Luis Miguel

La serie de Netflix arroja luz sobre los claroscuros de la carrera del cantante mexicano en un ejercicio de reinterpretación que nos obliga a tomar posiciones.

Las relaciones entre padres e hijos son fundamentales para cualquier ejercicio narrativo. A medida que las personas se conocen entre sí, aumentan su cercanía en la comprensión de sus entornos familiares. ¿Quién es tu padre?, ¿de dónde es tu madre?, aparecen como interrogantes que buscan remediar una inquietud para la que nunca habrá una respuesta clara. Ya lo había dicho el genial Goethe, se mete en líos quien intenta comprender a sus padres. No en otro problema se ha inscrito Luis Miguel —el cantante, el Sol de México— al intentar remediar el vacío que, como gran misterio, lo ha llevado a explorar su vida en relación con sus padres.

En la serie que lleva su nombre, el personaje que todos hemos escuchado deja de ser una deslumbrante estrella y se convierte en un hijo, un hermano, un muchacho talentoso al que sus amigos llaman Micky. El relato de su vida no es distante al de tantos otros que han tenido que hacerse a fuerza de penalidades de muy variado calibre. Sigmund Freud sigue siendo una coordenada vehemente para la interpretación narrativa de lo que vivimos como seres humanos. En la historia de Luis Miguel, una madre abnegada y un padre enloquecido aparecen como sostén de una delgada cuerda sobre la que, como los dramas de todas las épocas, el héroe batalla para realizarse. La ficción hace su aporte para domesticar los acontecimientos y darles una versión que logre apaciguar los tempestuosos caminos de una realidad que parece no brindar esperanzas de nada.

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¿Era el padre de Luis Miguel, Luisito Rey, así? ¿Era Marcela Basteri como la bella rubia que en la serie ha interpretado la actriz italiana Anna Favella? Algo muy curioso ha ocurrido con esta serie: la confrontación con la realidad, la activación de las redes de chismorreos y rumores sobre los cruces entre los hechos y sus interpretaciones, se ha puesto a la orden del día. Esta serie, como muy pocas, se observa con un pie en la pantalla y otro en las pesquisas de Internet sobre lo que fueron y son sus personajes. ¿Quién fue aquel presentador que ayudó a Luis Miguel?, ¿quién fue la chica que se metió en su cama?, ¿quiénes eran sus amigos? En Internet se resuelven y se amplían los conocimientos casi que de cada escena que la serie quiere recrear bajo un solo punto de vista, el oficial.

Las fascinaciones que despiertan las ficciones nos llevan, psicológicamente, a tomar rápidamente posiciones. Nos ponemos del lado de las víctimas; nos deja sin palabras la maldad y las humillaciones; nos atrae contemplar la aventura que emprende el héroe para realizarse a sí mismo, para vencer sus obstáculos y reivindicarse ante la adversidad. Por ese lado, los escritores de la serie Luis Miguel han llegado con la receta clásica para ofrecer a sus espectadores una producción muy juiciosa en sus características.

En esa reevaluación, Luisito Rey no resulta tan malo, Marcela no era tan dulce, y Luis Miguel mismo no era tan simple

Sin embargo esta ficción difícilmente puede dejar por fuera la realidad de otras percepciones ante los siempre irreverentes movimientos del alma humana. En ello, no se han hecho esperar las miradas críticas que quieren completar lo que la serie quiso sencillamente domesticar con su fuerza narrativa. A mi juicio, lo que ocurre entre los espectadores ha sido uno de los resultados más atractivos del desarrollo de esta historia. Va más allá de que se activen las ventas de los productos de Luis Miguel, el artista —algo que también ocurre en fechas recientes con el caso de Freddie Mercury y sus anécdotas hechas biopic en Bohemian Rapsody—, y anima una continua reinterpretación de lo que ha ocurrido en la historia a partir de voces distintas. En esa reevaluación, Luisito Rey no resulta tan malo, Marcela no era tan dulce, Luis Miguel mismo no era tan simple. Y no hay problema en ello. El trasfondo es que, tocados por las ficciones, nos gusta sentir y hacer de los buenos, santos, y de los malos, demonios irredimibles.

Luis Miguel junto a su padre, el cantante español Luis Rey.

Luisito Rey

El empeño puesto en la serie para hacer de Luisito Rey un personaje macabro no ha sido en vano. La acogida de la historia entre sus espectadores está marcada por ese enérgico interés que despiertan la maldad y sus acciones. Luis Miguel se hace una carrera gracias a su padre, el gaditano Luis Rey; pero también lo hace a despecho de este. El sometimiento, la disciplina, el agotamiento, el sacrificio, los ejemplos y hasta las malas palabras, todo resulta ser parte de una prueba de fuego en la que Luis Rey intenta también ganarse la vida. Marcado por las frustraciones de su propio talento, Luisito Rey se hace a la idea de que su hijo es la gallina de los huevos de oro y lo convierte en el arlequín de un imperio de la música pop latinoamericana que en México tendría su capital.

La caracterización del mal en la serie tiene una acentuada fórmula moral. Luisito Rey bebe, se enfiesta, se enorgullece, posa de mujeriego, maneja los dineros de una forma inapropiada, miente a su esposa y a sus hijos. El artista Luisito Rey, el compositor de “Frente a una copa de vino”, el guitarrista y cantante, desaparece para plantearse como un hombre malévolo que solo conoce la noción de las buenas acciones como fachada de su egolatría.

En toda la articulación del guion nos vemos convocados a entender que la vida de estos seres se sustenta en un núcleo llamado Luis Rey

Óscar Jaenada reluce en la interpretación de este Luisito Rey que aparece en la serie; sobre los hombros del actor catalán no solo ha recaído el atractivo del “malo” de la historia sino la energía misma con la que viven Marcela, Luis Miguel y sus hermanos. En toda la articulación del guion los espectadores nos vemos convocados a entender que la vida de estos seres, y también los círculos sociales de la familia Gallego Basteri, se sustenta en un núcleo llamado Luis Rey. De hecho, la conexión entre el primer capítulo y el décimo tercero es la de una vuelta de tuerca a los últimos momentos de vida de Luisito Rey mientras Luis Miguel estaba en uno de sus más grandes conciertos. La historia se cierra con la muerte del músico español pero también, a partir de ella, se precipitan el misterio y el redescubrimiento del padre.

Lo que ha hecho Luis Miguel, el artista, es redefinirse como hombre en la toma de distancia de los recuerdos y las vivencias que ha compartido y padecido con aquel ser al que todos conocíamos como Luis Rey.

Luis Miguel

A Diego Boneta yo lo había visto en un filme altamente entretenido llamado Rock of Ages. Compartía allí escenas, entre otros, con Tom Cruise, Paul Giamatti y Alec Baldwin. La película iba de homenaje y parodia sobre eventos musicales y sociales de los años ochenta. Boneta interpretaba allí a una joven promesa de la canción que quería vivir su sueño americano al vincularse a la industria de la música y, por ahí derecho, hacerse a un buen amor. En aquel entonces, cuando la película se estrenó, tuve una buena impresión del actor y cantante mexicano. La interpretación de Luis Miguel viene a darle nuevos y merecidos aplausos al talentoso artista.

Pero, en el caso de la serie, Luis Miguel no es solo Boneta. La historia apela al recurso continuo de jugar con los tiempos y alternar los relatos. Continuamente vamos del hombre en los grandes escenarios al niño que ensayaba canciones en casa o iba a la escuela. Por ello, aparecen otros dos intérpretes de Luis Miguel, más niños, menos caprichosos. Izan Llunas y Luis de la Rosa corresponden a los días iniciales de la carrera musical del Sol y a la cruda adolescencia en la que los retos vocales se hicieron tormento.

La configuración esencial de Luis Miguel tiene el trazo de un personaje hecho para sobrevivir a Luisito Rey. En la historia, el chico no ve la hora de liberarse de su padre, de llegar a la mayoría de edad para demostrarle que él no es un monigote del que el viejo pueda hacer lo que quiera. En este horizonte, el personaje vive anécdotas, amores, jugarretas, ciertas desventuras y accidentes, mientras labra su éxito y su independencia. La desconexión entre los hechos reales y el personaje de ficción resulta alta, pues todo queda matizado por el hecho de que Luis Miguel era o no era de determinada forma por culpa de su padre. Así, al ver una entrevista real (hoy en día en YouTube) ocurrida en aquellos años de formación y fama creciente, y contrastarla con el modo de contar los hechos en la serie, sentimos que se abre una brecha gigantesca entre lo que sabíamos y lo que es la versión actual de Luis Miguel.

No es un secreto que tras bambalinas, en los camerinos, en los ensayos, “por debajo de la mesa”, en las habitaciones de los artistas, ocurren cosas que no nos imaginábamos. La serie ha logrado que ese espacio vacío se llene con una ficción hecha bajo los códigos del bien y del mal radicales como marco continuo de referencia. Sabemos que la vida es mucho más compleja que ello y que, seguro, los buenos y malos no tenían sus contornos tan definidos en sus historias reales. No obstante, una extraña fascinación irrumpe cuando el deseo de superar lo vivido, a fuerza de batallar con un irreverente desafío desde la misma casa, se convierte en un icono de la música latinoamericana de las últimas décadas.

Luis Miguel tiende a ubicarse en el modo telenovelesco de narrar historias, si bien demuestra oficio en técnicas muy modernas de narración (gracias al cine, la literatura y las series que influyen en los escritores). Sale bien librada de su alargamiento, aunque a veces repita ideas y condiciones que están entendidas desde los primeros capítulos. Como caso curioso, y para terminar, me llama personalmente la atención que Bohemian Rapsody se hubiera pensado como un largometraje (dejando por fuera muchas anécdotas y momentos de Mercury y de Queen) y que Luis Miguel se hubiera profundizado como serie, enfatizando aspectos y vivencias que hicieron a Luis Miguel el Sol de México. Ni aquella película es inferior por su brevedad ni esta serie es mejor por su extensión. Lo que vemos, y se continúa confirmando, es que con cualquier idea se pueden definir diferentes contornos y pieles. Para quienes escribimos, todo lo que vemos y leemos se convierte en un modo de aproximarnos a la creación y a sus diversas posibilidades. Estoy seguro de que en Luis Miguel se encuentran provechosas lecciones.

Escrito por Luis Felipe Valencia en noviembre 2018.

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