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Cartel promocional de 'Tierra de mafiosos'.
”Que yo recuerde, desde que tengo uso de razón quise ser un gánster”. El pensamiento en voz alta pertenece a Henry Hill, el personaje de Ray Liotta en la sensacional Uno de los nuestros. Sin pruebas ni tampoco dudas, es más que probable que a Guy Ritchie se le haya pasado la misma idea por la cabeza. Porque el ex de Madonna lleva lustros sin dejar de ofrecer variantes, más o menos salvajes, más o menos ligeras, más o menos frenéticas, más o menos sangrientas, de la vida, obra y conflictos del crimen organizado.
Ritchie viene mostrando una extraña fascinación por las andanzas de mafiosos de alta alcurnia o de medio pelo
En películas como Lock & Stock, Snatch. Cerdos y diamantes, RocknRolla o The Gentlemen, que tuvo un afortunado spin-off en formato serie, Ritchie viene mostrando una extraña fascinación por las andanzas de mafiosos de alta alcurnia o de medio pelo. No es extraño, pues, que se haya apuntado en tareas de productor y director a la nueva fiesta seriéfila de Ronan Bennett, otro que tal, creador de Top Boy y guionista de los Enemigos públicos de Michael Mann.
En su primera escena, Tierra de mafiosos (que ha estrenado SkyShowtime) pone los puntos sobre las íes: dos bandas rivales de delincuentes se sientan alrededor de una mesa para pactar una paz momentánea. La reunión está organizada por los Harrigan, una de las dos familias que controla el crimen organizado en Londres. El encargado de intermediar en el asunto es Harry da Souza (Tom Hardy), el oficial solucionador de problemas del clan, un tipo eficaz que siempre sabe qué tecla tocar y a qué teléfono llamar cuando las cosas se complican. Por supuesto, nuestro hombre resuelve el problema y consigue un apretón de manos, pero, después de informar a su jefe, la tregua se convertirá en una masacre absoluta.

Tom Hardy es Harry da Souza en ‘Tierra de mafiosos’.
En esa secuencia de apertura de la serie se subraya un contraste que será moneda común en la serie: el protagonista, un astuto Señor Lobo que siempre tiene el mapa completo en la cabeza, deberá perfeccionar su habilidad con los malabares para manejar los impetuosos vaivenes, donde dije digo digo Diego, de un rey del crimen que parece haber perdido todo sentido de la contención y la mesura. Si hace no tanto nadie se atrevía a toserle, a Conrad Harrigan (Pierce Brosnan) se le empiezan a ver las costuras, y cómplices y enemigos ya le salen respondones.
Entre el thriller desacomplejadamente violento y el drama familiar con tintes shakespearianos, la serie se mueve con comodidad, eficacia y cierta elegancia
A lo largo de los diez capítulos de la primera temporada (sí, habrá segunda) de Tierra de mafiosos, los Harrigan gestionarán lealtades y complicidades, una ampliación del negocio ahora abierto al tráfico de fentanilo, la presencia de una rata infiltrada en la familia, la vigilancia de Scotland Yard, policías encubiertos, compraventas de rubíes y la amenaza de una guerra abierta con sus acérrimos enemigos, los Stevenson.
Y, mientras tanto, y sin perder una calma a prueba de bombas (literalmente), el bueno de Harry no hace más que apagar fuegos, a menudo atizados por las estrategias más bien erráticas de Conrad, y por la viperina influencia de su esposa Maeve (Helen Mirren), experta en malmeter, manipular, acechar y aparecer por la puerta como quien no quiere la cosa y cuando menos se la espera. Por si no fuera bastante, y como si de una versión armada de los Roy de Succession se tratara, los ambiciosos herederos Harrigan parecen más que dispuestos a moverle la silla al patriarca.

Helen Mirren y Pierce Brosnan son la matriarca y el patriarca de los Harrigan en ‘Tierra de mafiosos’.
Entre el thriller desacomplejadamente violento y el drama familiar con tintes shakespearianos (en la relación entre Conrad y Maeve se respira un poquito de Macbeth y otro poquito de El Rey Lear), Tierra de mafiosos se mueve con comodidad, eficacia y cierta elegancia. Pero que nadie se confunda y espere los recursos estilísticos habituales del cine de Guy Ritchie: no hay asomo del habitual montaje a base de cortes rápidos, ni cámaras aceleradas, ni freeze frame.
En sus retorcidos juegos de poder […] y en la capacidad de reírse de sí mismos, reside gran parte del encanto de una serie que, manejando los clichés con soltura, encuentra su camino y su propia mitología
Lo que sí sobrevuela en la serie es un humor seco, negrísimo, mucho más sutil de lo habitual en el cineasta: la ironía y la comedia están en el rostro lacónico y cercano al hartazgo de un Tom Hardy a quien se le acumulan las complicaciones, en las sospechas de un torturado Paddy Considine (Harrigan hijo), en las venganzas de Geof Bell (el jefe de los Stevenson), en los tejemanejes de Toby Jones (un ex inspector de Scotland Yard de métodos dudosos), en los recuerdos de Jordi Mollà (capo mexicano aliado de quién mejor le pague) o en la psicopatía de Anson Boon (el desatado benjamín de los Harrigan).
Y, por encima de todo, en la enfermiza relación de la pareja Helen Mirren-Pierce Brosnan, los Roper del hampa: la sabiduría y la química de ambos les anima a divertirse, y a divertirnos, en la composición de este matrimonio de pirados con ecos de Lady Macbeth y Ricardo III. En sus retorcidos juegos de poder, en las pérfidas conspiraciones de ella y en las groseras salidas de tono de él, y en la capacidad de reírse de sí mismos, reside gran parte del encanto de una serie que, manejando los clichés con soltura, encuentra su camino y su propia mitología.

‘Tierra de mafiosos’ está disponible al completo en SkyShowtime.

