Saturados (Parte I)
Los posibles cambios de la industria en la era del estrés cultural

Saturados (Parte I)

La saturación de ofertas de ocio, la multiplicidad de ventanas y los inputs exteriores que nos llegan en todo momento están haciendo que la experiencia íntima y personal de ver nuestra serie sea cada vez más difícil y compleja.

-¿No has visto True Detective?

-Estoy acabando la primera temporada de The Americans.

-¿Todavía no has acabado The Americans? La tercera de Girls sí la has visto, ¿no? ¿Qué te ha parecido la 4ª de The Walking Dead? ¿Y el final de How I met your mother?

-Es que no tengo tiempo para todo.

-Pues date prisa que empieza la primera parte de la Final Season de Mad Men.

-Voy a tener que dejar el curro para verlo todo.

-Serás más feliz.

Esta conversación se está repitiendo una y otra vez con nuestros amigos y familiares. Antes la teníamos en las terrazas de nuestras ciudades. Ahora la tenemos en el Chat de Facebook, en Twitter o en el Whatsapp. Por no hablar de todos los libros que no tenemos tiempo de leer, todas las películas que nos gustaría ver, exposiciones, conciertos, discos, videojuegos, etc. Por no decir de los deportes que nos gustaría practicar, las fiestas que nos querríamos pegar, las citas que quisiéramos tener. No hay tiempo para toda la oferta de ocio que tenemos a nuestro alcance. Y hay que decir que la oferta de ocio es extraordinaria en ésta era que nos ha tocado vivir. Lástima que el día siga teniendo tan sólo 24 horas y que nadie haya inventado ningún tipo de píldora que nos evite el engorro de dormir ocho horas diarias (más la hora de la siesta).

Centrándonos en las series, empezamos a tener un problema de agenda. Ya no hablo del problema básico de cuándo y en qué plataforma empieza una serie y la programación de nuestro DVR, que también, si no el problema de no llegar a todo, de que hay series maravillosas que nos perdimos en su momento, series que no podemos seguir en la actualidad y novedades que se nos pasan por alto. Por no decir que hay algunas series que nos gustaría volver a ver otra vez (tengo muchas ganas de volver a meterme Lost por la vena, ¿pero cuando?). Todos tenemos algún must que se nos ha pasado y que nos da vergüenza reconocerlo.
Yo tengo tres: Deadwood, The Good Wife y sí, amigos, Breaking Bad, podéis matarme.

Breaking-Bad-Walter-White-poster-serielizados-enric-pardo                                                                         Pardo, estás muerto.

Los hábitos de consumo del espectador han cambiado en los últimos años. El Prime Time ha evolucionado al concepto de My Time. Pero mucho me temo que estamos a punto de entrar en la era del No Time. La saturación de ofertas de ocio, la multiplicidad de ventanas (pc/mac, smart tv, tablet, videoconsola, smartphone, DVR, TV cable, TV satélite, TV convencional, etc.) y los inputs exteriores que nos llegan en todo momento están haciendo que la experiencia íntima y personal de ver nuestra serie sea cada vez más difícil y compleja. Si en los 2000 se estaba poniendo realmente complicado encontrar 2 horas y pico para ver una película, en el año 2014 se está poniendo realmente complicado conseguir 40/50 minutos para ver un capítulo sin que te salte una notificación del mundo exterior. En un mundo hiper-conectado las 24 horas del día, podemos llegar a considerar el siguiente mensaje…

conversación-whatsapp-series-primera-temporada-serializados-tv-dixit                                                                                          …como SPAM?

Esta falta de tiempo + saturación de la oferta de contenidos + multiplicidad de ventanas, conlleva un problema (benditos problemas del primer mundo) en la atención y fidelización del espectador.

Sostengo la teoría de que la narrativa de series gana por goleada a todos los demás soportes narrativos por el simple hecho de la amortización emocional de los personajes. La capitularidad narrativa y la amortización de la producción de una serie conlleva una fidelización del espectador mediante el uso (y abuso) de horas compartidas con esos personajes en la intimidad.

Es decir, a Peter Parker lo vimos tan sólo 2 horas y pico en el 2012 en una sala de cine. En cambio a Don Draper lo vemos 50 minutos durante 13 capítulos desde 2007, en el sofá de casa, en nuestra intimidad. Sí, es un tipo infiel, alcohólico, mentiroso y un poco fucker…

mad-men-626x367                                                          …pero es nuestro amigo.

El problema es que ahora tenemos muchos amigos potenciales y no tenemos tiempo para todos. Por no decir que sus historias cambian, mejoran, empeoran, son las mismas, nos quejamos de que sean las mismas, nos quejamos de que cambien. Somos espectadores más difíciles.

¿Cómo nos afecta todo esto a los creadores y a la industria? No tengo ni idea, pero mucho me temo que algunos cambios van/están yendo en ésta dirección:

-Reducción del tiempo de formato.

-Mayor horizontalidad en las tramas.

Reducción de capítulos por temporada.

-Desaparición de los capítulos de transición.

-Propuestas de nuevas series con un valor de producción más basado en el high concept y menos en el storyteller.

-Incorporación de la concepción clásica del concepto autor al modelo de serie.

-Trasvase de estrellas de cine a la pequeña pantalla (sic).

Aumento de los presupuestos de promoción de las series.

-Aumento de eventos alrededor de las series.

-Salto de calidad de los Festivales de Series.

-Mayor formación específica de los profesionales de las series.

-Reducción de número de series y concentración de presupuestos.

-Narrativa con mayor tensión dramática.

-Narrativa hipotecada al cliffhanger.

-Creación de series con final definido.

En “Saturados (Parte II)” desarrollaré todos estos puntos y algunos más. Como en las series, algunos artículos deben terminar con un buen cliffhanger.

Puedes leer la 2a parte del texto aquí

Escrito por Enric Pardo en abril 2014.

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