Pena, penita, pena
Hello Ladies

Pena, penita, pena

Stephen Merchant se gradúa en la HBO, se divorcia momentáneamente de Ricky Gervais y nos regala una sitcom de artesanía que hace de la vergüenza ajena un arte. Imposible no reírse de algo tan deliciosamente patético.

Tranquilos, es normal que sintáis lástima del gafotas larguirucho. Se lo gana día a día. Con creces. Hello Ladies es su lamentable historia, la de un perdedor que va de ganador, la de un pagafantas consumado al que nunca nada le sale bien. Os presento a Stuart Pritchard, un cretino con postgraduado. No hay nadie más cualificado en Los Angeles y alrededores en el arte de destrozar conversaciones y en la complicada disciplina de hacer el más espantoso de los ridículos desde al alba hasta la puesta de sol. Fijaos en el pájaro porque podréis aprender mucho sobre patetismo y autohumillación, podríais incluso veros reflejados en sus gafotas de calculín o identificaros con su desesperación insana por pillar cacho.

Stuart es un diseñador de páginas web británico que hace el petate y se compra un casoplón en Los Angeles para vivir el sueño hollywoodiense, una ilusión que su cerebro de mosquito ha fabricado gracias a una alimentación incontrolable de blockbusters americanos: el pobre diablo está convencido de que la ciudad lleva años esperándole y que su sex appeal va a causar estragos en los clubs de moda. Nada más lejos de la realidad, pues lo único que consigue cada vez que sale de casa es elevar el concepto de perdedor hasta cotas nunca vistas en toda la costa californiana.

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Hello Ladies, adaptación a la pequeña pantalla del show de stand up comedy del bristoliano, es el paso más firme que ha dado Stephen Merchant en el mercado televisivo estadounidense. Conocido en Inglaterra por sus trabajos codo con codo con Ricky Gervais –The Office, Extras y Life’s Too Short deberían estar en vuestra videoteca sí o sí-, el brillante humorista asume esta vez todo el protagonismo, dirige en solitario el invento y asume el rol principal de una sitcom que, pese a estar co-escrita junto a Lee Eisenberg y Gene Stupnitsky, lleva su inconfundible firma en todos y cada uno de los gags. Auspiciada por la HBO, esta comedia de digestión ligera -29 minutos por episodio- abunda en la fórmula que hizo del dúo Merchant-Gervais un binomio descacharrante y de la que Merchant es tan responsable como su célebre compañero: la explotación salvaje de la vergüenza ajena.

Stuart Pritchard es una variación nerdie del mito de David Brent. Narcisista, neurótico, patético, tacañísimo, capaz de degradar su imagen hasta lo indecible por un poco de reconocimiento, convencido de que es el tipo más cool y gracioso que ha parido Gaia… En efecto, estamos ante uno de esos perfiles que tan bien dibujaron Merchant y Gervais en su etapa británica. Todos los movimientos que hace el pazguato son fatales, todos los intentos de ser ingenioso se traducen en comentarios fuera de lugar o meteduras de pata catedralicias. Se trata de un pringado lamentable cuya caída en picado te hace disfrutar a base poderosos chorros de vergüenza ajena aplicados directamente a los lacrimales. Stuart se cree alguien, o al menos se cree tan cool como los ejecutivos, actores y empresarios de éxito que pueblan la noche angelina. Pero no lo es. De hecho, sus interacciones con otros humanos derivan siempre en miradas de lástima y mofa por parte de sus interlocutores yanquis. Un  puto desastre.

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Hello Ladies recurre pues a un estilo de comedia que los fans de The Office o Extras ya conocemos. Y en esta tesitura nadie como Merchant (o Gervais, claro) para construir gags tan desternillantes, bochornosos y humillantes. El marco de Los Angeles es una huerta abonadísima para la proliferación de situaciones embarazosas,  y aunque Merchant carece de la vis interpretativa de Gervais, sabe suplir sus limitaciones como actor de comedia con una efectividad envidiable en la escritura de los gags: todos son divertidos, todos están salpicados de diálogos tan absurdos como brillantes, todos son irreverentes, todos te arrancan una carcajada.

Además, si queremos ponernos profundos y encontrarle lecturas más hondas a las peripecias de Stuart, también podemos saborear en la serie cierto poso de amargura. El protagonista es un ser abandonado, sumido en una soledad implacable que le lleva a buscar de forma desesperada un poco de compañía en una ciudad  durísima e inclemente con los recién llegados. El Hollywood de Hello Ladies no es el Dorado que muchos creen, se trata más bien de un lugar frío, contraindicado para freaks incapacitados para la socialización más básica. Los sonrojantes intentos de ligar de Pritchard, siempre infructuosos, son aquí el plato principal. Y nunca te sacias: la gracia de todo esto es ver al desgraciado irse de vacío, una y otra vez, de sus sesiones de pesca con caña.

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Como cabía esperar, los secundarios que rodean a Merchant forman una cohorte de despojos humanos de la más alta categoría.  Su supuesto mejor amigo es un desequilibrado depresivo al que trata como una mierda –“si alguna vez quieres hablar conmigo, aquí estoy. Pero no lo hagas si hay tías cerca”, le dice el mamonazo de Stuart-; sale de fiesta con un paralítico –el nerd de Alias por cierto- al que suele humillar por defecto; tiene en su casa una inquilina solitaria que está grabando una webserie; y el tipo que trabaja para él es un geek borderline. El grotesco cuadro es como una versión loser de Entourage. Porque si en Entourage flotábamos en un dulce colocón de glamour hollywoodiense de la mano de un sex symbol triunfador, en Hello Ladies hacemos exactamente lo mismo, acompañando esta vez a una especie de Beaker de Los Teleñecos con aspecto de fideo reseco y lupas de Rompetechos. HBO lo ha vuelto a hacer: una de las mejores comedias del momento.

Escrito por Óscar Broc en octubre 2013.

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