‘Orphan Black: Echoes’: Una secuela en busca de originalidad
Crítica de la serie (Syfy)

‘Orphan Black: Echoes’: Una secuela en busca de originalidad

El spin-off de 'Orphan Black', que puede verse en Syfy España, se mueve por terreno conocido por los fans y aspira a seguir teniendo algo que decir sobre la capacidad de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos.
Orphan Black: Echoes

Krysten Ritten en una escena de 'Orphan Black: Echoes'.

La clonación humana es un tema que se ha explorado en la ficción un poco menos que las consideraciones éticas alrededor de los robots con apariencia humana, pero que suscita dilemas parecidos. Desde mediados de los 2000, de hecho, en televisión se han aplicado los temas que ya aparecían en el subtexto de los replicantes de Blade Runner a diferentes tipos de copias de seres humanos, ya fueran clones o androides, como los vistos en la nueva Battlestar Galactica, Humans (tanto la original sueca, Real humans, como su versión británico-estadounidense), Dollhouse (que, más que copias, mostraba a personas a las que se implantaban diferentes personalidades como si fueran robots cuya memoria se formateaba), Westworld, Terminator: las crónicas de Sarah Connor o la que, probablemente, mejor exploró todos esos temas subyacentes, Orphan Black.

Esta serie canadiense de BBC America arrancaba con una mujer que veía como otra idéntica a ella se tiraba a las vías del tren delante suyo. Su instinto de suplantar su identidad para aprovechar el parecido y ganar dinero rápido se convertía enseguida en algo que parecía salido de una pesadilla porque Sarah Manning terminaba descubriendo que había muchas otras mujeres iguales a ella físicamente, pero con vidas muy diferentes, y que formaban parte del programa de clonación humana de una gran corporación.

De quién eran propiedad, cuál era su verdadera identidad y si podrían alguna vez ser completamente libres y ellas mismas eran las preguntas que impulsaban la serie, que descubrió al mundo a una actriz como Tatiana Maslany (She-Hulk: Abogada Hulka), capaz de interpretar a múltiples clones con tal precisión, que era fácil olvidar que tras ellos estaba la misma persona.

Si Sarah pasaba buena parte de ‘Orphan Black’ descubriendo que era un clon y buscando al resto de sus hermanas, Lucy sabe desde el principio que ha sido fabricada.

Orphan Black consiguió un par de Emmys para Maslany y se ganó un fiel grupo de fans apodado el Clone Club, y desarrolló su historia durante cinco temporadas en las que parecía que Sarah y sus hermanas habían logrado acabar con el hombre que estaba detrás de todo. Pero ya sabemos que la industria televisiva actual tiene que explotar cualquier IP de éxito que tenga, y con las dificultades que está atravesando AMC para encontrar un universo que pueda suceder a The Walking Dead, era cuestión de tiempo que se fijara en la creación de John Fawcett y Graeme Manson para buscar algún tipo de continuación. Esa es Orphan Black: Echoes, que Syfy emite en España todos los lunes y que es más una secuela que un spin-off de la original.

Una serie en desventaja

Orphan Black: Echoes arranca con una clara desventaja, que es que el dilema de si una copia de una persona puede ser también una persona ya ha sido muy explorado anteriormente en, por ejemplo, Westworld, a la que remiten sus escenas de impresión en 4D de órganos y extremidades humanas. Igualmente empezamos con una mujer que despierta sin saber quién es ni por qué está allí, pero a partir de ahí, la guionista Anna Fishko aspira a ofrecer algún camino distinto a Lucy, su protagonista, a quien da vida Krysten Ritter (Jessica Jones).

Si Sarah pasaba buena parte de Orphan Black descubriendo que era un clon y buscando al resto de sus hermanas, Lucy sabe desde el principio que ha sido fabricada, aunque no sea del todo consciente de lo que eso significa realmente, y su objetivo es, simplemente, vivir su vida sin que nadie se entrometa en ella. Lógicamente, quienes la crearon quieren controlarla y tenerla de vuelta en sus laboratorios, y sobre ese conflicto se construye la ficción, que inicialmente apuesta por cierta acción y por ser un thriller de fugitivos. Sin embargo, también se van aportando algunos detalles que apuntan a que el mundo de la serie será más amplio que simplemente la fuga de Lucy.

Orphan Black: Echoes

Krysten Ritter es la protagonista del primer spin-off de ‘Orphan Black’.

Si la original tenía a Maria Doyle Kennedy como esa figura materna para Sarah que ocultaba sus propios secretos, ‘Echoes’ entrega el otro polo del protagonismo a Keeley Hawes, una científica que está relacionada con la creación de Lucy y que, además, parece haberse metido en una situación que la supera. Por supuesto, va a haber conexiones con Orphan Black que los fans agradecerán, pero la secuela trabaja para sostenerse por sí misma y que un espectador virgen en este mundo pueda disfrutarla también.

Quién es Lucy

El misterio alrededor de las circunstancias concretas del “nacimiento” de Lucy es donde parece estar el quid de la cuestión. ¿Es, simplemente, una recuperación del Proyecto LEDA o estamos ante una evolución del recurso a muñecos reborn en The Leftovers?

Por ahora, ‘Orphan Black: Echoes’ sí que apunta a un entretenido juego de gato y el ratón entre esa Lucy que ansía tranquilidad y libertad y esos misteriosos personajes que pretenden controlarla.

Esto es solo especulación tras el estreno doble visto en Syfy, pero si la serie ha optado por el segundo camino, sí tiene potencial para ofrecer algo diferente a la frialdad victoriana del creador de las hermanas LEDA.

Orphan Black: Echoes

Keely Hawes, interpreta a uno de los personajes potencialmente más interesantes de este spin-off.

Porque el gran inconveniente de Orphan Black: Echoes, y de muchos de estos spin-off que aspiran a expandir universos que nunca nacieron con esa intención, es que parte de lo que muestra ya lo hemos visto antes, tanto en la serie original como en otras ficciones con temática similar, y le cuesta separarse de esa sensación. Por supuesto, a lo largo de la temporada hay margen para que Lucy adquiera algo más de personalidad propia, aparte de esos detalles vacilones que Ritter incluye de vez en cuando, pero el principio adolece de la falta de originalidad que, por otro lado, justicia su existencia.

De todos modos, el campo de juegos en el que se movía Orphan Black era muy amplio, así que su secuela puede aún sorprendernos. Por ahora, sí que apunta a un entretenido juego de gato y el ratón entre esa Lucy que ansía tranquilidad y libertad y esos misteriosos personajes que pretenden controlarla. Y si el personaje de Keeley Hawes adquiere algo más de profundidad, en ella sí que existe la posibilidad de explorar algo realmente interesante.

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