No he visto la tercera de ‘Black Mirror’… ¡Y es la hostia!
Espejito, espejito negro...

No he visto la tercera de ‘Black Mirror’… ¡Y es la hostia!

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Tras dos años desde que visitara por última vez nuestra sala de estar, la serie antológica de Charlie Brooker se presenta como uno de los retornos más esperados de la temporada. La tercera entrega (de dos partes) cargada con doce cartuchos distópicos, para goce de sus militantes, seguro cumplirá con las expectativas.

No es broma: no he visto la tercera temporada de Black Mirror –se estrena el próximo 21 de octubre en Netflix– y ya estoy flipando de lo buena que es. No; no es que haya encontrado una puerta del tiempo de un ministerio secreto en mi ropero y haya viajado hasta el 21 de octubre para volver y contaros qué tal lo nuevo de Black Mirror. No es eso, lamentablemente. La explicación a esta certeza que os revelo es más sencilla y se fundamenta en un hecho inapelable: los siete capítulos que ha estrenado la serie de Charlie Brooker hasta la fecha SON MUY TOCHOS.

Así es. La serie más inquietante y agitadora de la televisión inglesa –de toda, probablemente– vuelve tras dos años alejada de nuestras pantallas. Lo hace bajo el nuevo arropo de Netflix y siguiendo con el mismo formato antológico, pero con el incentivo de contar con una mecha más larga: doce capítulos repartidos en dos temporadas de seis, en vez de los tres habituales. Después de los siete relatos orwellianos que preceden a esta nueva entrega –esos mundos terroríficamente cercanos a nuestro tiempo y que son un deleite ficcional– no hay lugar para el mal agüero. Ni siquiera para el clásico comentario cenizo y cobarde vestido de prudencia pretenciosa; el odioso “bueno, ya veremos”. ¿Que por qué? Porque la tercera temporada de Black Mirror es la hostia. Y PUNTO.

Pero, por si acaso pesa sobre ti un hechizo troll que te impide apreciar la belleza de este mundo, te ofrezco cinco buenas razones para creer en esta profecía:

 

1. Las tramas

¿Qué sería de Black Mirror sin sus tramas? En ellas radica la esencia de Black Mirror. Mundos tecnificados y perversos que condicionan lo más íntimo del ser humano. Conductas alienadas y personajes que el sistema ha desvirtuado hasta convertirlos en autómatas, condenados a pisar una y otra vez los cepos del progreso. Las historias que narra Black Mirror son alegorías perturbadoramente cercanas a nuestro tiempo, paisajes que resulta difícil mirar de cerca porque deja al descubierto las contradicciones de un sistema que persigue el progreso a cualquier precio y del que nosotros participamos activamente, conniventes, apalancados en la llamada zona de confort. Una literatura que se nutre naturalmente del abrevadero distópico de Orwell o Huxley y que golpea las seseras adormecidas con el puño cerrado, a lo Bud Spencer. Las redes sociales volverán a tener un peso relevante en una tercera temporada que tocará varios géneros y en los que también veremos asesinatos, viajes al pasado y –ojo– una guerra contra mutantes.

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2. El reparto

Uno de los alicientes con los que cuenta esta tercera temporada es la presencia de un puñado de caras familiares. Algunos de los actores y actrices que aparecen en esta hornada han saltado a la fama interpretando a secundarios memorables de otra series, corroborando aquello de que los buenos personajes (o los que más querencia despiertan) a menudo son aquellos que se construyen alrededor del protagonista. Es el caso de Michael Kelly (Doug en House of Cards) o Jerome Flynn (Bronn en Juego de Tronos), dos actores que ya dieron muestras de su talento con sendos personajazos. Otras fachas que nos harán decir aquello de “Ostras, éste/ésta salía en…” son las de Mackenzie Davis (Halt and Catch Fire), Kelly MacDonald (Boardwalk Empire), Bryce Dallas Howard (Jurassic World), entre otros. Yo con Michael Kelly me basta y me sobra.

 

3. En la dirección

«Los realizadores de televisión no suelen contar con el reconocimiento que sí reciben los cineastas»

Otro aval lo encontramos detrás de las cámaras. Aunque los realizadores de televisión no suelen contar con el reconocimiento que sí reciben sus paisanos cineastas y sus nombres no brillan ‘con luz propia’, lo cierto es que su papel no puede disociarse del proceso creativo ni del conjunto final –ni de estar expuesto al juicio público ulterior–. Además, saber en qué otros seriales han participado puede darnos una idea de lo que nos espera y convertirse en un estímulo (o no) para afrontar el visionado de proyectos venideros. Por ejemplo: entre los directores a cargo de estos seis primeros episodios de Black Mirror –de los otros seis aún no se sabe nada, por cierto– están nombres cuyos currículos dan pie al optimismo, como James Hawes (Penny Dreadful), Owen Harris (Misfits), Joe Wrigth (Hannah) o Jakob Verburggen (House of Cards, The Bridge). Realizadores con tablas que con toda probabilidad lo harán bonito.

 

4. Netflix

A la británica Channel 4 aún le chispeaban los ojos de felicidad viendo triunfar a su pequeña Black Mirror cuando la plataforma estadounidense ya firmaba los papeles de adopción. No fue para menos teniendo en cuenta la repercusión mediática que tuvo la serie británica entonces y el pujante interés que siempre mostró Netflix por ella, situándola siempre en la cabecera de su catálogo. El aterrizaje de Black Mirror en la productora del momento (esto es: pasta al servicio de un producto de calidad) puede hacer que el nivel de la serie se eleve hasta cotas desconocidas. Will see.

 

5. 12 capítulos

La adopción ha sido exitosa, y Netflix es muy feliz con su nuevo retoño. Sin embargo, el formato de tres capítulos con el que la serie salió a la luz y se prolongó una segunda temporada no encajaba con el sistema de emisión que habitualmente emplea la plataforma norteamericana. Por eso Netflix, con el visto bueno de Charlie Brooker, convino darle un mayor recorrido con doce capítulos divididos en dos entregas. 12 CAPÍTULOS DE BLACK MIRROR. Esto se vende solo.

Todo está perfumado y bien colocadito para que la vuelta de Black Mirror sea la hostia. Así que poned el cerebro en remojo y preparaos para sentir vuestras conciencias crujir con la fuerza de esa revolución tantas veces prometida, que aguarda aletargada, y que –quién sabe– tal vez tenga en la ficción su remanente más activo y letal.

Escrito por Arnau Margenet en octubre 2016.

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