«No todo es tener gracia: hay mucho curro detrás de la comedia»
Entrevista a Julián López

«No todo es tener gracia: hay mucho curro detrás de la comedia»

Julián López en una escena de la segunda temporada de 'Justo antes de Cristo' / Crédito: Movistar+

El chanante protagonista de 'Justo Antes de Cristo' nos habla de romanos y del trabajo que se necesita para hacer comedia, de Gila y de Fernando Esteso, del paso del tiempo y de su seriefilia.

Esta vez, Movistar+ ha roto la tradición, y no ha esperado a Semana Santa para darnos una nueva ración de las peripecias de Manio Sempronio, ese tribuno tirando a cobardica, rey del pragmatismo y del escaqueo, el gran protagonista de Justo Antes de Cristo, que ahora estrena su segunda temporada. Un tipo en las antípodas de lo que se le supone a un romano: ni asomo de virtud, ni pizca de arrojo. Enviado a Tracia para escapar de una sentencia de muerte, nuestro hombre continúa evitando el campo de batalla y haciendo de las suyas en un campamento que recuerda, como nos decía aquí Borja Cobeaga hace unos meses, al de M.A.S.H. pasado por un filtro a lo Berlanga. Ni rastro de los Monty Phyton, la inexistente referencia que algunos aventuraban sin haber echado el ojo a ninguno de sus seis primeros capítulos.

Creada por Pepón Montero y Juan Maidagán, y con Cobeaga (en la primera entrega) y Nacho Vigalondo de directores invitados (media segunda temporada lleva ahora su firma), Justo Antes de Cristo rodó doce capítulos del tirón. Y es cierto que los nuevos episodios -que llegan el 13 de marzo- mantienen una curiosa continuidad formal y tonal, aunque alterada por golpes de guion mucho más locos, mucho más despiporrados (la subtrama del Hitler romano y del augur es una chaladura maravillosa), sin perder jamás ese aire tan… ¿berlanguiano? «Fíjate que al leer los guiones, a mí me venía a la cabeza el humor de Gila, tan atávico, tan ibérico», apunta en una línea parecida, pero no, Julián López (El Provencio, Cuenca, 1978), protagonista estelar de la serie y motivo de estas líneas. «Y también me recordaba a los cómics de Astérix y Obélix que leía de crío, esas aventurillas tan trasladables a la actualidad. Pero en todo caso, la definición de Borja era muy acertada», admite nuestro hombre.

Tu personaje es un tipo con pocas virtudes para ser romano. ¿Cómo te planteaste acercarte a él?

Tengo que confesar que es uno de los personajes que más me gustan de entre los que me han ofrecido, y de los que más he disfrutado interpretando. Y creo que tiene que ver por esa falta de virtudes, por lo poco que ofrece. Eso le hace muy interesante, te daba tantas posibilidades, se podía hacer tantas cosas con él, que lo convertían en un caramelo.

Rodasteis las dos temporadas del tirón, pero curiosamente, en esta entrega, hay alguna que otra escena muy rupturista y loca a nivel narrativo.

Sí, en algunas cosas se ve muy diferente a la primera. Y es curioso, porque nosotros no nos dimos cuenta, precisamente por el hecho de rodarlas del tirón. Eso nos vino fenomenal para afianzarnos en los personajes, las tramas y la manera de trabajar de todo el equipo. Pero es verdad que en estos episodios pasan muchísimas cosas, algunas de ellas loquísimas, y en algunos momentos se rompen ciertos estilos respecto a la primera. Y el final también es muy potente.

En toda esa locura, hay un momento en el que Manio Sempronio clama al Cielo, literalmente, en lo que es, casi, una rebelión del personaje hacia los guionistas.

Me gusta mucho esa lectura. Nacho Vigalondo, el director de ese episodio, tuvo la idea de filmar la escena haciendo un plano casi cenital desde una grúa, empequeñeciendo al personaje. Manio cree que los dioses se están riendo de él, que es un títere manejado, y mira hacia arriba rebelándose contra sus creadores. Pero de alguna manera también es metalenguaje, el personaje contra lo que le están haciendo los guionistas, casi rompiendo la cuarta pared. Muy El Show de Truman es ese momento (risas).

Hay un personaje con mucho protagonismo, el augur, el oráculo que ve el futuro. Y es curioso porque, en ese contexto, y sin destapar nada del argumento, ¡la serie casi predice el coronavirus!

(risas) Total, total… esa pandemia que se extiende y que hace estragos… Y toda la trama de Saulo el augur, con esas visiones…

Manio ve cómo le insisten en que debe irse a Roma para alegrar, con sus chistes y su sentido del humor, a las tropas que vuelven de la guerra. Ya sea hoy, ya sea hace unos cuantos siglos, qué importante es el papel reparador de la risa, su papel de antídoto.

Sí, y es interesante cómo Manio quiere huir de ello. Porque la vis cómica es algo que se suele envidiar. Para él es una carga, se ve como un bufón que no aporta nada. En el fondo, todo eso sirve de crítica hacia lo denostada que está la comedia. Todo el mundo disfruta con ella, pero parece que no sirve para nada. Puedes ser un gran cómico pero nunca se te va a reconocer… la felicidad nunca es plena.

Al hilo de lo que cuentas, los romanos de la serie tenían más sensibilidad hacia la comedia que nuestros contemporáneos. Es eterno el debate del cómico que solamente consigue ser valorado cuando hace drama…

Los romanos inventaron muchas cosas y seguro que eran más sensibles hacia ese asunto (risas). En realidad le damos muchas vueltas y es evidente que el drama y la comedia no pueden valorarse de la misma manera, porque transmiten cosas muy distintas. Puede que el éxito de la comedia solamente tenga sentido si se mide con el aplauso de la gente, con sus risas, ese ya es un gran premio. No nos podemos poner muy sesudos cuando todo es mucho más sencillo.

En nuestra entrevista con Borja Cobeaga, afirmaba: «Creo que Julián está pidiendo a gritos un drama. Se nota que le apetece y el que sea el más listo se lo va a dar».

«Si ‘Justo Antes de Cristo’ fuera un drama, creo que mi trabajo y la perspectiva del personaje hubieran sido los mismos»

Somos amigos y hemos hablado mucho sobre esas cosas. Probablemente lo diga porque en la serie, en una especie de transición, trabajaba mi personaje desde ahí, desde el drama. Lo que le ocurre es trágico, otra cosa es el tono de comedia, las tramas y los guiones cómicos, y yo podía confiar en eso. Si Justo Antes de Cristo fuera un drama, creo que mi trabajo hubiera sido prácticamente el mismo. La preparación y la perspectiva del personaje hubieran sido exactamente iguales. Y eso es, también, romper una lanza en favor del mucho trabajo que hay detrás de la comedia: puede parecer que los cómicos nos dejamos llevar por la inspiración y por la gracia que podamos tener, por nuestra vis cómica, pero hay mucho trabajo detrás, mucha preparación. Mi siguiente proyecto es otra comedia, y los guiones que me llegan son de comedia, pero de alguna manera, con Manio, tengo la sensación de haber levantado la mano: estoy preparado para lo que pueda venir. Puede ser que muchos se sorprendan si algún día hago un drama. Así que… ¡lo que dice Borja! ¡El que sea listo que me lo proponga! (risas).

Hay otro momento que trasciende, de forma muy obvia, a la propia trama: Ovidio, diciendo que, después de tanto tiempo alegrando a la gente con su humor, se han olvidado de él. Algo que aumenta su dramatismo cuando es Fernando Esteso quien le da vida…

Sí, sí… tiene mucho peso. En esa escena se hace un guiño al espectador, es uno de los detalles más bonitos de la temporada. Que Fernando Esteso encarne a Ovidio era una declaración de intenciones: todos sabemos quién ha sido Esteso en este país, un gran cómico con mucho reconocimiento. Pero luego la edad es muy cabrona, todos nos vamos haciendo mayores. Y a los cómicos nos pasa mucho como a los rockeros, por ejemplo. Siempre hago esa comparación: no es lo mismo ver actuar a Mick Jagger ahora que en los años 70, no digo que sea mejor o peor, pero objetivamente es diferente.

Fernando Esteso junto al resto del reparto de ‘Justo antes de Cristo’ / Crédito: Movistar+

De lo que nadie se ha olvidado es de ‘La Hora Chanante’ y de ‘Muchachada Nui’. Seguís siendo un referente para el público y otros cómicos.

Hablar sobre eso es algo que siempre me da un poco de pudor. Creo que no hemos querido ser muy conscientes de ello, pero después de unos cuantos años, todos seguimos trabajando en este  mundillo, intentando seguir aprendiendo. Y vas viendo a nuevas generaciones a los que hemos influenciado, como a nosotros nos ocurrió con otros cómicos. Si dejas algo de poso, de camino hecho, al final lo va a recoger alguien que venga detrás, es inevitable. Y obviamente estamos muy felices con eso.

Estrenas una serie, pero… ¿eres seriéfilo?

Definamos el término seriéfilo (risas). Veo series constantemente, pero no sé cuántas hay que ver para considerarse seriéfilo, porque hay gente que sigue muchísimas series. Yo suelo ver uno o dos capítulos cada noche, y sigo tres o cuatro series. Supongo que sí, que soy seriéfilo. Acabo de empezar Hunters, el inicio me ha divertido. Y acabo de terminar The New Pope, y déjame decir que hay que valorar muchísimo que Javier Cámara esté ahí… Es un grande, uno de los nuestros, y me gusta reivindicar que está en The Young Pope y en The New Pope. Siempre le digo a Javier que algún día podrá contar que él estuvo ahí, en esas dos series…

Escrito por Àlex Montoya en marzo 2020.

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