Feud T2: las plegarias atendidas de Capote
Crítica de la segunda temporada

‘Feud’ T2: las plegarias atendidas de Capote

Las expectativas respecto a la nueva temporada de 'Feud' eran tan altas que parecía imposible que Ryan Murphy consiguiera satisfacerlas. Y, sin embargo, lo ha vuelto a hacer.

Tom Hollander es Truman Capote en la segunda temporada de 'Feud'.

Han tenido que pasar siete años para que Ryan Murphy nos dé la segunda ración de ese prodigio de la televisión que bautizó con el nombre de Feud. Y basta con la primera escena de Las mujeres de Capote para saber que la espera ha merecido la pena: hay más chicha en los primeros minutos del primer episodio que en el catálogo entero de alguna que otra plataforma. Y vale que en el país de los ciegos el tuerto es el rey, pero poco o nada se le puede añadir o matizar a ese arranque que sirve también para recordarnos de qué va esto de Feud. Vuelven Murphy y compañía a reconstruir una de las riñas más célebres y distinguidas, por la categoría de sus implicados, de la historia reciente, y vuelven a hacerlo con una gracia, una elegancia y una profundidad al alcance de muy pocos. Que sea Gus Van Sant el encargado de dirigir los episodios sólo contribuye a rozar la perfección. 

Si en la primera temporada optaron por la colisión de dos de los grandes egos del Hollywood clásico, los de Joan Crawford y Bette Davis, en esta ocasión nos invitan a descubrir la magnitud del seísmo que puede provocar la conjunción de los mayores talentos que una persona puede poseer: el arte de la seducción y el don de la narración. Para que se encienda la mecha basta con regarlos con la suficiente cantidad de alcohol y esperar a que se produzca la explosión. 

Truman Capote, ¿sabio o bufón?

Eso fue más o menos lo que sucedió a mediados de la década de los setenta en un selecto grupo de la alta sociedad de Nueva York. Después de muchos años de compartir experiencias e intimidades con el que se suponía que era uno de sus mejores amigos, por no decir el mejor o, incluso, el único, algunas de las mujeres cuyos maridos movían los hilos de la ciudad tuvieron que ver cómo Truman Capote las convertía en las protagonistas de su última ficción. 

Las sombras de Toby Jones y Philip Seymour Hoffman siguen pesando sobre cualquiera que se plantee dar vida a un personaje tan singular; sin embargo, Tom Hollander consigue adueñarse por completo de las diferentes facetas de Capote

No es que el autor de Desayuno con diamantes se hubiera inventado nada, la roman a clef o novela en clave ha sido cosechada desde hace siglos y ha dejado notables ejemplos más cercanos como Mort de dama de Llorenç Villalonga o Garras de astracán de Terenci Moix, por no hablar de esa reciente cumbre del género titulada Bzrp Music Sessions Vol. 53. La cuestión es que Capote era Capote: el eterno confidente situado en una posición tan privilegiada como ridícula, a medio camino entre el sabio y el bufón, y a la vez el poseedor de una de las voces más afiladas y desvergonzadas de las que conformaron, ellos sí, el nacimiento de la novela de no ficción, los conocidos como inventores del nuevo periodismo. 

Y si bien cualquiera de los que alguna vez hemos soñado con tener una trayectoria literaria hubiéramos vendido nuestra alma al diablo por haber escrito A sangre fría, normalmente a todos se nos olvida que todo gran éxito conlleva una todavía mayor resaca, y es en este punto de la vida de Truman Capote donde nos sitúa esta nueva temporada de Feud. No en vano, el título de su último libro, el que se convierte en el epicentro de la serie, proviene de una más que acertada cita de Santa Teresa de Jesús. “Se han derramado más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas”, dijo ella. Y más que lágrimas fueron sollozos, tanto lo que provocó como lo que terminó derramando él. 

Feud: Capote vs. The Swans‘ está disponible en HBO Max

Los cisnes y el patito feo

Y si bien el éxito de la nueva temporada de Feud estaba prácticamente asegurado con la unión de Ryan Murphy –más el sello que la persona– y Truman Capote, había un tercer elemento a tener en cuenta, uno que podía hacer caer la balanza del lado de un simple éxito o convertirlo directamente en obra maestra. Hablamos de la elección del actor que tuviera el coraje necesario para meterse en la piel del Capote más decadente que hemos visto en la ficción, ese que tuvo un papel memorable, en el peor sentido de la palabra, en la mítica Un cadáver a los postres. 

Las mujeres que conforman ese gran personaje colectivo que pasó de aliado a enemigo de Capote tienen mucho de las actrices que las representan y, en ese sentido, la elección del reparto no podría haber sido más acertada

Las alargadas sombras de Toby Jones y Philip Seymour Hoffman siguen pesando, cada una a su manera, sobre cualquiera que se plantee dar vida a un personaje tan singular como fácilmente ridiculizable. Y, sin embargo, Tom Hollander consigue adueñarse por completo de las diferentes facetas con las que descubrimos al Capote más ruin y despiadado, y quizás por ello también al más humano. Traspasar la línea que hizo del escritor un ser único e irrepetible y convertirlo en una simple caricatura hubiera sido comprensible -aunque imperdonable- pero nada más lejos de la realidad. El Capote de Hollander es entrañable y miserable a partes iguales, cosa que no hace más que complicar el veredicto del espectador. 

Y, al otro lado del ring, los cisnes, un sobrenombre cuya explicación define también al hombre que así las bautizó. Las mujeres que conforman ese gran personaje colectivo que pasó de aliado a enemigo de Capote tienen mucho de las actrices que las representan y, en ese sentido, la elección del reparto no podría haber sido más acertada. La entidad de mujeres como Naomi Watts, Demi Moore, Calista Flockhart, Diane Lane y Chloe Sevigny no sólo no juega en contra de su interpretación sino que contribuye a situarlas en el relato y a proyectar un juego de referentes que el equipo detrás de Feud controla a la perfección. Una buena muestra de ello es, de hecho, uno de los mejores momentos del segundo capítulo: la aparición de una Jessica Lange que sigue demostrando una y otra vez que ella es simplemente la mejor. 

Feud season 2

Los cisnes de Capote.

Quedan todavía seis capítulos para descubrir si estamos ante una temporada que supere la anterior. Lo que ya tenemos claro, sin embargo, es que la última palabra la tiene siempre el narrador, como bien nos recuerdan en una animada cena sobre la que sobrevuela la pregunta que toda persona con dos dedos de frente se hubiera hecho antes de que fuera demasiado tarde: ¿seguro que es buena idea ser tan amiga de un escritor? Y si bien se supone que es quien mejor cuenta la historia el que puede hacer que sobreviva su versión, ahí está Feud, empeñada en recordarnos que en cualquier bronca, por simple que parezca y por mitificada que esté, existen por lo menos dos. Y a ver quién es el listo que, al terminar, se atreve a decidir qiuén es que tiene razón.

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