Disney Channel: hermanos, ornitorrincos, misterios y extraterrestres
Crónica anti-nostalgia (III)

Disney Channel: hermanos, ornitorrincos, misterios y extraterrestres

La animación en TV por fascículos, tercera entrega: el universo Disney Channel.

¿Todavía persiste la nostalgia –ese veneno que nubla la mente– en vuestros cuerpecitos? Pues hoy os pondré a prueba con un nuevo capítulo de esta crónica de purificación audiovisual, pues se abordará un estudio que os tocará right in the feels. Si conseguís superar esto, seréis capaces de sobrevivir a cualquier apocalipsis emocional. Es el turno de…

DISNEY CHANNEL

1984. Sí, el año de las distopías y los martillazos contra pantallas. Pero también es el año de creación del Walt Disney Television Animation y la traslación a la pequeña pantalla del Duckverse, el riquísimo universo del pato Donald y su tío Gilito, éste último nacido en el mundo del cómic gracias al reivindicadísimo Carl Barks. Pero hay vida más allá de – preparaos – Patoaventuras, Chip y Chop y de las tropecientas series spinoff de Clásicos Disney de los 90 que todos conocemos al dedillo. Quizá una de las más interesantes fuera el Pato Darwing, por ser una aproximación al género superheroico bastante juguetona y sus inesperadísimas parodias, como ésta de Twin Peaks.

Disney nos sorprendió cuando sus ejecutivos dirigieron la mirada hacia Nickelodeon: nos regalaron dos de sus mejores series de creación propia de los 90, la brillante sátira del micromundo del recreo que fue La Banda del Patio y la deliciosamente teen Pepper Ann de Sue Rose, creadora de Fido Dido, esa mascota de Seven Up-PepsiCo que si todavía recordáis será un jaque mate para vuestra memoria.

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En su transición a la televisión cable a partir de los años 2000/años cero/como se llamen, Disney Channel dio luz verde a una nueva hornada de series originales de éxito que todavía dura hasta hoy.

Kim Possible –la Alias del cartoon– encandiló a todos los fans del espionaje con una hábil parodia de los tropos y los clichés del género, mientras la no muy recordada Dave the Barbarian hizo lo mismo con la fantasía épica y la espada y brujería de Robert E. Howard.

Pero basta ya de monsergas y flashbacks. Desde esta trinchera queremos defender que precisamente estos últimos años de Disney Channel han alumbrado a las series cartoon más creativas, sofisticadas y sorprendentes en mucho, mucho tiempo.

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La opus magna de Dan Povenmire y Jeff “Swampy” Marsh es la historia de un verano infinito y de unos hermanastros con una inventiva sin límites – capaces de hacer cualquier cosa en lugar de ver la televisión – y de un habilísimo ornitorrinco agente secreto que se pelea cada semana con uno de los villanos más patéticamente divertidos de la televisión. Phineas & Ferb es un complejísimo engranaje narrativo digno de análisis: una estructura conscientemente rígida que ha sido explorada de todas las maneras posibles, un ritmo endiabladamente frenético capaz de aunar trama y subtrama – “Peerry!” – y número musical de la forma más hilarante, y unos running gags cada vez más retorcidos en los que se exploran todo tipo de “y si” incluyendo viajes espacio-temporales y dimensiones alternativas. Una serie capaz de sobrevivir con nota sobresaliente a un crossover con Marvel merece toda nuestro respeto. Lamentablemente, la marcha masiva de sus artistas nos dejó huérfanos, quizá, demasiado pronto.

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Otra magnífica serie cartoon que ha sabido integrar admirablemente las estructuras de la sitcom con la locura de la fantasía animada es Gravity Falls, ese Twin Peaks alocado y profundamente paranormal creado por el jovencísimo Alex Hirsch – quien ya se entrenó como guionista en la incomprendida Flapjack. Con solo 20 episodios, Gravity Falls ha tejido una mitología de misterios fractales à la Lost pero con la capacidad de concisión que le faltaba a la serie de J.J. Abrams. Y a su vez nos ha dejado gags divertidísimos. Pero pese a las dos fantásticas primeras temporadas, la serie fue trasladada al canal menor Disney XD, por lo que su cancelación fue irremediable.

“Inexplicablemente, Disney sigue apostando por nuevas producciones que luego se ven relegadas a su segundo canal una vez finalizada la primera temporada”

Inexplicablemente, Disney sigue apostando por nuevas producciones profundamente cartoon que luego se ven relegadas a su segundo canal una vez finalizada la primera temporada, como ha ocurrido con la última creación de Craig McCracken: Wander Over Yonder. McCracken no solamente es uno de los animadores más inventivos y posmodernos del momento – y ahí quedan Las Supernenas como testimonio – sino que también es capaz de sintetizar la historia del cartoon de los últimos 50 años – ¿para cuándo una wiki que recoja todos sus homenajes? – en un mundo espacial de protagonista sesentero y supervillano ochentero. Cada episodio de Wander Over Yonder es un delirio visual digno de ser estudiado en cualquier escuela de cine que tenga un mínimo interés en esa disciplina infravalorada llamada narrativa (puramente) visual.

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Disney Channel parece más interesada en sus longevas mascotas y recientemente ha cogido a su embajador por excelencia, le ha aplicado un downgrade devolviéndole su look vintage y lo ha puesto en manos de Paul Rudish – discípulo de Tartakovsky y autor de ese ma-ra-vi-llo-so piloto perdido de perretes musicales llamados 3 Dog Band. ¿El resultado? Pasen y vean. Que me aspen si esto no es la Segunda Venida de Mickey Mouse, en todo su esplendor, junto al cortometraje Get a Horse!. Y es que no hay que olvidar que la locura cartoon nació en esos primeros cortometrajes de personajillos animaloides: Disney se está esforzando mucho en rescatarla, pero ojo, también hay que mantenerla.

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(Y en la próxima entrega, Cartoon Network: el multiverso de los dibujos animados)

→ Leer la segunda entrega aquí

Escrito por Francesc Xavier Manuel Ruiz en abril 2014.

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