Crítica 'Smoke' (Apple TV+): ¡Dame más gasolina!
Crítica de la serie

‘Smoke’: ¡Dame más gasolina!

'Smoke', de Apple TV+ es una producción ambiciosa que deslumbra en lo visual y divide en lo formal mientras su creador, Dennis Lehanne se mueve entre el artificio y la reinvención. Como un pirómano, la serie busca su propio incendio.

No hay mucho que reprocharle a Dennis Lehane. Curtido como guionista en las calderas de The wire, novelista de primera clase y ahora mismo ejerciendo de showrunner por cuenta propia en Apple TV+, que a veces es la nueva HBO y a veces no. En Smoke, el tipo vuelve a tirar de talento para contar una historia pensada para los que creen que hoy en día ya todo es previsible. Algunos pensaran que hay algo de tramposo en el twist salvaje que Lehane se casca nada más y nada menos que en el segundo episodio.

De hecho, y si uno lo piensa detenidamente, el hecho de explicar que en el segundo episodio hay un enorme plot twist ya sería un spoiler: las series se miran con sospecha desde el momento en que descubres que todo lo que cuentan es en cierto modo temporal y que no puedes fiarte de nada lo que ves. Empiezas a buscar pistas y te olvidas de mirar la maldita serie.

En el mundo audiovisual la desinformación y el desconocimiento siempre juegan a favor del espectador a la hora de consumir una película o una serie

Si crees que el tipo que conduce el coche está a punto de dar un volantazo, es probable que te la sude mirar por la ventanilla y por eso nadie debería saber nada de ningún producto que se disponga a consumir porque en el mundo audiovisual la desinformación y el desconocimiento siempre juegan a favor del espectador a la hora de consumir una película o una serie. Seas cinéfilo o teléfilo, el goce de entrar en el mundo que alguien ha creado para ti siempre es mayor si entras en él con la (diminuta) dosis de inocencia que permite la avalancha de teasers, trailers, reels, stories, tuits, banners y videos con los que desayunamos cada día del año. Es imposible, pero por pedir que no quede.

Smoke

Taron Egerton es Dave Gudsen en ‘Smoke’.

Smoke pinta bien si uno atiende a los créditos. Richard Plepler (el pope de HBO que cambió para siempre la televisión) a la producción ejecutiva, Taron Egerton y Jurne Smollett encabezando el reparto, Thom Yorke de Radiohead poniendo voz a los créditos y Kari Skogland a la dirección. Queda claro desde el primer fotograma que la serie no ha escatimado en gastos y que como en Encerrado con diablo, que marcó la primera colaboración entre Apple y Lehane, el tempo del show va a ser, nunca mejor dicho, a fuego lento. Decir que Smoke es una anomalía es bastante obvio, ya que todo en él parece haber sido concebido para desconcertar, impacientar y hasta molestar al espectador. Hay flashbacks a destiempo, traumas mal digeridos que parecen simple relleno y personajes que sufren de una desidia emocional francamente irrelevante.

A veces las metáforas que buscan subrayar la naturaleza incontrolable y perversa del fuego se adueñan de una serie que brilla en lo visual y sufre en lo narrativo

Así, después del primer episodio en el que un investigador de los bomberos y una policía tratan de detener a dos pirómanos que están sembrando el pánico noche y día sin que nadie sea capaz de averiguar quién demonios son, una desagradable sensación de deja vu asalta al espectador. A la urgencia que -obviamente- representan los citados pirómanos se suman todos los conflictos, fantasmas, jorobas y mochilas que arrastran los dos protagonistas. Sus incendios no se apagan con agua y a veces las metáforas que buscan subrayar la naturaleza incontrolable y perversa del fuego (calidades que lo hacen dolorosamente humana) se adueñan de una serie que brilla en lo visual y sufre en lo narrativo. De hecho, el arranque de Smoke es ya una cata de lo que llegará después: un sofisticado aparato ocular adornado con frases que parecen sacadas de un guion distinto.

Smoke

‘Smoke’ está disponible en Apple TV+.

Esa confusión sigue vivita y coleando bien entrado el segundo capítulo, con la misma caligrafía confusa de con un seis y un cuatro hago tu retrato. Uno se pregunta qué vio Lehane en Firebug, el podcast que adapta Smoke. Si tenía previsto hacer un simple procedural del gato y el ratón no hacía falta tanta ceremonia. Lo de la buddy movie de antagonistas se ha hecho tantas veces que casi sería más fácil intentar recordar las veces que no se ha hecho.

¿Y ahora qué? Es probablemente la pregunta del millón y la primera que surge después del dichoso plot twist

Y así transcurre todo, testando la paciencia del espectador hasta que al final del citado capítulo la pantalla te suelta un tremendo sopapo, un bofetón con la mano abierta completamente inesperado y es entonces cuando, de repente, te planteas si el señor Lehane ha estado tomándote el pelo con sus diálogos de primero de guion, sus personajes con infierno portátil y su insistencia en convencerte de que estabas viendo un sosia de Arma letal con dosis de Llamaradas.

¿Y ahora qué? Es probablemente la pregunta del millón y la primera que surge después del dichoso plot twist. Si entramos en una serie creyendo jugar a las damas y de repente alguien le da una patada al tablero y empieza a colocar peones, alfiles, torres y caballos, la cosa te puede salir muy bien. O muy mal. No hay término medio. Es un movimiento arriesgado que desmonta todo ese castillo de cartas que habíamos estado contemplando, todo hay que decirlo, con poco entusiasmo.

Smoke

Taron Egerton y Jurne Smollett protagonizan ‘Smoke’.

Esto se escribe sin haber entrado en el universo que promete el tercer episodio, precisamente porque no sería justo tener el puzzle completo y ofrecérselo a los que aún no se han metido en el túnel y porque sería imposible escribir algo mínimamente coherente sobre lo que sucede en Smoke antes de que la serie te dé el puñetazo en la jeta si a continuación procedieras a tirar de la manta. Y porque -creo- es más interesante relatar el choque de trenes que contemplar cómo arden los vagones a posteriori.

Así pues, el lector que aún haya visto el show puede optar por dar algo de crédito a Lehane (no podemos decir que no lo merezca) y pasar de puntillas por las dos primeras entregas de la serie esperando el momento en que el payaso te estampa la tarta en la cara o huir de entrada y ahorrarse lo que a unos les parecerá un simple golpe de efecto y a otros una genialidad. Veremos que inventan los pirómanos de Smoke para que el golpe de timón no acabe siendo una simple ocurrencia de las que arruinan definitivamente una serie que ya se tambaleaba o un punto de partida que pone el contador a cero y abre las puertas a algo nuevo, más potente y -desde luego- mucho más original.

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