Crítica 'Rafaela y su loco mundo' (atresplayer): Muchachada LSD
Crítica de la serie

‘Rafaela y su loco mundo’: Muchachada LSD

Menudo viaje lisérgico el que propone Aníbal Gómez en esta chanante serie de ocho capítulos repleta de tramas imposibles, referencias pop, escatología y cameos por un tubo. Puro delirio con parte de la muchachada habitual y una Ingrid García-Jonsson que supera el complicado reto de no perecer entre tanto genio de la comedia más chiflada.

“¡Hola! Soy la sinopsis de este libro. A veces sirvo para que la gente se haga una idea de lo que hay en las páginas interiores ¡pero en este caso es imposible! El alucinante mundo de Rafaella Mozzarella es imprevisible, ilógico, descacharrante. Así que lo mejor será que dejes el móvil a un lado, abras ahora mismo sus páginas y disfrutes de una lectura diferente. Aviso: contiene humor absurdo a raudales. Apto para viejóvenes”. Así se presentaba el libro de Aníbal Gómez, mitad de los bizarros Ojete Calor, y ese mismo texto podría servir para su autoadaptación seriéfila, cambiando páginas por pantallas y lectura por visionado. Pese a las múltiples variaciones, tramas distintas y personajes nuevos, el desconcierto, el delirio y el descacharre son los mismos.

Aquel célebre, tantas veces usado, eslogan que rezaba algo así como “que no te lo cuenten, ¡vívelo!” sería ideal para la serie que nos ocupa. Uno piensa en el bueno de Gómez circulando de cadena en cadena, o de plataforma en plataforma, para vender este delicioso disparate en formato pitch, y se declara incapaz de imaginar las caras de asombro de aquellos ejecutivos acostumbrados a dar luz verde a ficciones de toda índole. Rafaela y su loco mundo sería indefinible de no existir el libro que la inspira, las canciones de Ojete y las tronchantes producciones chanantes de una muchachada que se antoja cómplice imprescindible para hacer realidad la propuesta del creador de esta chifladura.

Había una vez…

En la primera escena del primer capítulo, la voz carismática de Núria Trifol, actriz de doblaje española de Anne Hathaway y Natalie Portman, nos presenta a los habitantes de una casita de cuento, con su jardín, sus arbolitos y su valla de madera: la ingeniosa y aventurera protagonista de la serie y su ¿entrañable? familia, formada por un padre inventor anclado en la década de los 80, una madre que está mala de los nervios y es aficionada a disfrazarse de cualquier cosa, y una abuela de pocas palabras y esfínteres sueltos.

La serie abraza el despiporre y el absurdo, y parece querer traducir en carne y hueso los códigos del cartoon más gamberro

La singular, y parece que extraordinariamente cara, narradora de la serie nos habla también de las majaderas mejores amigas de Rafaela, adolescentes como ella: Corpus, la guapa superficial y sin pelos en la lengua, que adora el vapeo con sabor a ingle de futbolista y cuyas palabras favoritas son brunch y ojete; Chelo, la chivata ingenua, que lee como una niña de tres años y cree que hacer ghosting es hablar con fantasmas, y Debo, la más lista de la clase, asmática y propensa a los esguinces, que inventó una app que generaba excusas automáticas para no salir de fiesta. Y lo remata señalando a Bombi G. como la villana del asunto, aspirante a influencer, adicta a los rayos UVA y siempre dispuesta a llevar a cabo retorcidos planes dignos del Dr. Maligno.

Rafaela y su loco mundo

‘Rafaela y su loco mundo’ está disponible en atresplayer.

Hechas las necesarias presentaciones, Rafaela y su loco mundo desgrana las locas peripecias cotidianas de cuatro muchachas con las mismas inquietudes de cualquier adolescente contemporánea: acumular likes en instagram e improvisar coreografías para tiktok con amigos gays, viajar en el tiempo hasta el 23 de febrero de 1981, hacer fiestas de pijamas, escapar de cyborgs asesinas con pintas de Terminator, morrearse con chicos, proteger un diamante con poderes sobrenaturales o ir a conciertos de Rosalía. Y, claro, devorar su programa favorito, Charla dinámica, el debate más trepidante de la historia de la televisión con permiso de La Clave de Balbín, y fuente de algunos de los momentos más desternillantes de la serie.

Si el camino a Emerald City de ‘El Mago de Oz’ sustituyera las baldosas amarillas por dildos y botes de popper, iríamos de cabeza a la casita de Rafaela

Llegados a este punto, hablemos del reparto: Ingrid García-Jonsson es la audaz y pizpireta protagonista, Carmen Ruiz ejerce de madre camaleón cual Mortadelo, y Arturo Valls da vida a un padre a medio camino entre el profesor Bacterio y la Elsa Lanchester de La novia de Frankenstein, mechón blanco incluido. Y ojo a las/los encargadas/ados de interpretar a las besties de Rafaela: conocida la afición chanante a transvestirse, Joaquín Reyes, Carlos Areces y Aníbal Gómez son Debo, Chelo y Corpus, respectivamente. Tres personajes emparentados a aquellas Tontili, Monguili y la prima gilipich de Retorno a Liliflor. Y junto a ellas y ellos, un sinfín de caras conocidas: de unos divertidísimos Luis Callejo y David Verdaguer (aspirante desde ya a ser la reencarnación de Derek Zoolander) a Victoria Martín, los Hidrogenesse, Miguel Maldonado o una Esti Quesada aka Soy una Pringada ataviada como el añorado Marcial Ruiz Escribano.

Un porro de tomillo

Dirigida con brío por un Ernesto Sevilla que no se deja ver pero sí escuchar brevemente, con un notable diseño de producción y atractivas piezas animadas que salpimentan unas tramas que parecen obedecer a alguna envidiable experiencia lisérgica, Rafaela y su loco mundo abraza el despiporre y el absurdo, como no podía ser de otra manera. De alguna manera, parece querer traducir en carne y hueso los códigos del cartoon más gamberro. Y juega con cartas marcadas: expresiones y muletillas con sello chanante y algún que otro autohomenaje, humor escatológico caca-culo-pedo-pis, y gusto por lo retro.

Rafaela y su loco mundo

Ingrid García-Jonsson protagoniza ‘Rafaela y su loco mundo’.

Los referentes de la cultura pop, y no tan pop, son infinitos: por supuesto, se confiesa la influencia del Dios de todo humorista manchego, don José Luis Cuerda. Pero los guiños van de Regreso al futuro a Jumanji, de Al final de la escalera a En busca del Arca perdida, de Se ha escrito un crimen a Bette Davis y John Waters, de Con faldas y a lo loco a El mago de Oz. Si el camino a Emerald City sustituyera las baldosas amarillas por dildos y botes de popper, iríamos de cabeza a la casita de Rafaela.

No saber qué esperar era exactamente lo que cabía esperar de una serie que, afortunadamente, no se parece a ninguna otra. Si estás de bajona, no seas mangurrián y entrégate a la tontuna de estos gambiteros para sacarte unas risas a cascoporro. No te digo ná y te lo digo tó.

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