Carta a… la familia Crawley y sirvientes
Despedimos a los habitantes de Downton Abbey

Carta a… la familia Crawley y sirvientes

Downton Abbey

Estimada familia Crawley y sirvientes:

Esta es una carta de despedida. El punto y final a un largo adiós, gestado tras horas presenciando vuestras idas y venidas con serias tentaciones de dejaros tirados en la cuneta en más de una ocasión. Agradecerle a Julian Fellowes las veces en que ha ignorado vuestras necesidades de atención: simplemente no podía soportarlo (soportaros) más. Ni la adoración por Lady Violet –que cual Benjamin Button desafía las leyes naturales– me compensaba visionar vuestras aventuras y, sobre todo, desventuras.

Cuando os conocí, yo que soy muy de la hora del té, os amé intensamente. Sufría con vosotros y disfrutaba de los cotilleos de la planta baja de la majestuosa Downton Abbey. Los parajes de la campiña inglesa y vuestros ropajes me fascinaban. Sin embargo, mi obnubilación inicial acabó dando paso a una paulatina desconexión de vuestras vidas “culebroneras”. Ya no me llenaban los amores de Mary y Matthew, el luto por la muerte de Lady Sybil acabó siéndome indiferente; simple y llanamente comenzasteis a ser aburridos y previsibles.

Downton Abbey

“Vi claro que vuestras vidas iban a seguir los caminos más trillados de la televisión, que no debía esperar pizca de inventiva. Siguiendo un sistema de acumulación de sinsabores que casi llega a la parodia”

Mi historia de amor con vosotros empezó a resquebrajarse cuando me di cuenta que vuestro creador había decidido no dar tregua a los males de Anna y Mr. Bates. Vi claro que vuestras vidas iban a seguir los caminos más trillados de la televisión, que no debía esperar pizca de inventiva. Siguiendo un sistema de acumulación de sinsabores que casi llega a la parodia, la que en un principio parecía una pareja adorable se ha acabado convirtiendo en un colirio, un dúo aborrecible incapaz de generar empatía a pesar de sus dramas. Anna, Mr. Bates: lo siento de corazón pero no hay vuelta atrás. No os deseo más males de los que habéis vivido. De hecho, podéis seguir regodeándoos en vuestras miserias pero, por favor, lejos de mí.

Aunque seguramente estaré sola en mi afirmación, solo un miembro de la familia ha sido capaz de hacerme seguir unida a vosotros. Esa persona, por extraño que parezca, ha sido Lady Edith. Quizá porque siempre he sido fan de los perdedores mi corazón sigue fiel a ella. Querida, mi más sincera enhorabuena por tu capacidad de aguante. No sólo has soportado con dignidad las perrerías que la vida te ha regalado –futuros maridos que te plantan en el altar, amantes que mueren inesperadamente, hijas dadas en adopción– sino que has resistido la tentación de noquear a tu hermana Mary de un buen puñetazo o incluso asesinarla lentamente con un poco de arsénico. Tengo la esperanza de que, como reza el refrán, la venganza sea un plato que se sirva frío y tengas la oportunidad de devolverle a tu hermana mayor los años de humillaciones.

Downton Abbey

“Os perdono los pecadillos de los últimos tiempos porque no quiero que creáis que sólo albergo en mí reproches. También tengo una pequeña parcela de gratitud”

Ahora que vuestro final se acerca, he decidido reengancharme a vosotros y pasar por alto todas esas historias que me hacen torcer el gesto. Os perdono los pecadillos de los últimos tiempos porque no quiero que creáis que sólo albergo en mí reproches. También tengo una pequeña parcela de gratitud. Porque mientras muchos creen que sois sinónimo de apolillamiento y ranciedad, algunos hemos podido ver y disfrutar vuestros pasos hacía la modernidad, especialmente de la mano de las féminas Crawley y las del servicio, empezando por la camarera Gwen. Y es que en el fondo, vuestra historia es, entre muchas otras cosas, el relato de la emancipación de la mujer a principios de siglo (no en vano esta familia es a la práctica un matriarcado).

Esta Navidad os diré adiós definitivamente y espero poder hacerlo con alguna lágrima de emoción. Después de tantos años junto a vosotros, quiero pensar que sabréis despediros adecuadamente de vuestros amigos al otro lado de la pantalla y que nos regalaréis un final que nos permita hacer un balance positivo de nuestra relación. Un hasta siempre que, cuando sea recordado en los próximos años, me haga sentir añoranza de aquellos momentos de manta y té que me transportaban a la Inglaterra de rancio abolengo.

Siempre vuestra,

 

Alejandra Palés

Escrito por Alejandra Palés en octubre 2015.

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