El arte de tocar fondo y seguir cavando
'Bojack Horseman'

El arte de tocar fondo y seguir cavando

Sexto capítulo de la quinta temporada de 'Bojack Horseman'

'Bojack Horseman' alcanza su zénit narrativo en una quinta temporada en la que el caballo más famoso de la tele sigue en caída libre.

Bojack Horseman, quinta temporada, primer capítulo, última frase: “Te lo digo, tío, esta va a ser una temporada sensacional de televisión”. La frase es de Flip McViker, el exasperante director de la serie que Bojack protagoniza a lo largo de la última temporada de esta bendición animada. Flip habla de su serie -es decir, la serie dentro de la serie-, Philbert. Pero los guionistas que escribieron esa frase se referían a la propia Bojack Horseman, obviamente. Y la realidad es que no hay mejor forma de describir esta quinta temporada. Todo en ella es brillante, todo en ella deja aquel regusto en el paladar que nos hace pensar que estamos viendo una obra de culto. Maldición, si incluso la voz del imbécil de Flip McViker es de Rami Malek.

Bojack sigue empeñado en demostrar al mundo que nunca nos debemos infravalorar en cuanto a tocar fondo se refiere. La vida, amable y servil, siempre estará encantada de brindarnos una pala para que podamos seguir cavando en nuestros pozos de autodestrucción y caer más bajo si cabe. La espiral de drogas, cagadas, malas decisiones y sexo en la que siempre se ha visto enredado Bojack llega a su zenit en esta quinta temporada. No nos debería sorprender, a tenor de las cuatro temporadas anteriores. Ya sabíamos quién era Bojack y cómo se las gasta. Es un auténtico desgraciado, lo digo con y sin intención peyorativa a la vez. Pero la magia de Bojack Horseman ya no está en la mezquindad de su protagonista, como sucediera con anterioridad. La serie ha madurado, vaya si lo ha hecho.

Lo más impactante de la evolución del personaje de Bojack es ver cómo temporada tras temporada él mismo es cada vez más consciente de su mezquindad y aún así es incapaz de ponerle solución. En la quinta temporada, Bojack ya se conoce perfectamente a sí mismo y sabe del desastre humano -equino- en el que se ha convertido. Sin embargo, no puede cambiar. Sigue metiendo la pata, sigue autocompadeciéndose, sigue torturando con su egocentrismo a todos aquellos que le rodean, sigue abusando de los barbitúricos hasta perder la cordura. Reflexiona sobre ello con dureza en monólogos que son literatura -ya hablaremos del sexto episodio- pero aún así su yo oscuro siempre le puede al yo utópico. Quizá deberíamos empezar a pensar que Bojack no puede cambiar y las consecuencias emocionales que eso va a conllevar para una mente quebrada como la suya. La temporada termina con un rayo de esperanza, eso sí. Soy cautelosamente pesimista. Bojack aún va por la vida pala en mano para seguir cavando su pozo. Es un adicto a la caída libre.

Otra muestra de madurez en Bojack Horseman que queda patente es su paulatina conversión a una serie mucho más coral de lo que era en sus inicios. Las historias de Princess Carolyn, Diane, Mr. Peanutbutter e incluso Todd han ganado en peso y en profundidad, hecho que el espectador agradece. A su modo, ellos también siguen cavando aunque con un fin diferente: buscan una luz al final del túnel. A excepción de Diane, claro, cuya senda parece seguir los mismos derroteros que la de Bojack. Las tramas de los personajes supuestamente secundarios además otorgan un equilibrio muy necesario a la temporada. Con Princess Carolyn nos enternecemos al volver a su pueblo natal y presenciar su creciente instinto materno; con Diane nos sentimos perdidos al presenciar sus zozobras vitales y el viaje a Vietnam; con Mr. Peanutbutter nos relajamos al comprobar que incluso el más estúpido de entre los estúpidos tiene conflictos internos respecto al amor; y con Todd nos partimos de risa con su radical asexualidad y su ascenso profesional en la empresa que produce la serie de Bojack.

Si a todo esto le añadimos un robot sexual que se convierte en un gurú de los negocios, la constante sátira de la industria del espectáculo y de la corrupción moral inherente a la fama y unas estructuras narrativas complejas y muy originales, nos queda una maravilla. Eso es exactamente la quinta temporada de Bojack Horseman, una maravilla que no deja títere con cabeza. Evidentemente -no esperábamos menos- la serie habla sobre los abusos sexuales en Hollywood y el feminismo. Es de agradecer que trate de forma descarnada y ácida temas tan en boga y delicados a la vez, aunque evidentemente eso a algunos les va a ofender. Qué le vamos a hacer, es un mal necesario. Como curiosidad, incluso hay una chiste de humor muy negro sobre los atentados del 11M en Madrid en el cuarto episodio. Bojack Horseman tiene para todos.

Demoledor, hiriente, patético, real y catártico

Pero si de entre una temporada repleta de diamantes tuviéramos que elegir uno para colocar en un anillo de compromiso, el episodio sexto se llevaría tal honor. No lo destriparemos aquí, así en caso de no haberlo visto el lector lo podrá disfrutar como merece, pero sí daremos un par de pinceladas. Un pequeño spoiler para empezar: la madre de Bojack muere. Es un personaje poco relevante en esta temporada así que da un poco igual saber este dato, no lloréis. Lo importante de su deceso viene ahora. El capítulo sexto de la quinta temporada de Bojack Horseman es exclusivamente el discurso que Bojack pronuncia en el funeral de su madre. Solo le vemos a él subido en el estrado del tanatorio divagando sobre la vida, la muerte y la familia y cómo todos ellas nos moldean en nuestra infancia hasta gestar a futuros adultos emocionalmente catastróficos. La calidad literaria del guion del episodio es magnífica. Se trata de un monólogo interior recitado. Es demoledor, hiriente, patético, real y catártico. Cinco adjetivos básicos en todo proceso de luto y en toda crisis existencial, que no deja de ser un luto anticipado. Sí, el episodio sexto de la quinta temporada de Bojack Horseman es el mejor de toda la serie.

Poco más queda por añadir más allá de decir que esperamos con ansia la siguiente temporada. El personaje de Bojack ha adquirido unos matices y una profundidad que nos impele a madurar y caer al abismo junto a él, porque somos él. No somos actores famosos, ni caballos; no tenemos por qué tener problemas con las drogas y el alcohol, ni vivir en Los Ángeles; de hecho, podemos analizar al detalle a Bojack y darnos cuenta de que no tenemos nada en común con él. Sin embargo, somos él. ¿Por qué? Porque todos hemos tocado fondo alguna vez y hemos seguido cavando. Pónganse cómodos en su pozo, cojan una pala y vean Bojack Horseman.

Escrito por Marc Renton en diciembre 2018.

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