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Portada de la serie 'What It Feels Like For a Girl'.
Ambientada en el norte de Inglaterra a principios de los 2000, la historia narra el viaje iniciático de Byron (Ellis Howard), un preadolescente cuyo entorno le impide desarrollar plenamente su verdadera identidad. Abandonado por su madre (Laura Haddock) en la infancia, vive con un padre homófobo (Michael Socha) que no acepta su orientación sexual, razón por la que también sufre bullying en la escuela. Despreciado por el mundo que conoce, Byron se adentra en un universo desconocido que parece demostrarle un mayor interés: la prostitución. En este contexto, experimenta con su sexualidad, inicia su primera relación romántica y abandona su Hucknall natal —una pequeña ciudad del condado de Nottinghamshire— para explorar la vida nocturna de Nottingham.
La propuesta se aventura a explorar un tema poco habitual y extremadamente sensible: la prostitución de menores de edad
Allí conoce a Lady Die (Laquarn Lewis), una bailarina trans que lo incorpora a un grupo de jóvenes queer llamado The Fallen Divas. Este pequeño círculo constituye una suerte de familia elegida, que le brinda cariño, comprensión y un espacio seguro en el que desarrollarse como persona. Amparado por este, Byron emprende un itinerario tan edificante como autodestructivo por los bajos fondos de la ciudad: fiesta permanente, consumo de drogas, sexo desenfrenado e, incluso, actividad criminal. En medio de este caos, atraviesa diversos conflictos con humor y perseverancia, buscando mejorar la relación con su madre, alcanzar sus aspiraciones académicas y desarrollarse progresivamente como mujer trans, una meta inalcanzable en su pasado. De este modo, Byron trasciende las limitaciones de su contexto y se encamina hacia la mujer que siempre supo ser.

‘What It Feels Like For a Girl’ es la adaptación de las memorias de la periodista Paris Lees, primera columnista trans en Vogue.
Dualidades adolescentes
La propuesta se aventura a explorar un tema poco habitual y extremadamente sensible: la prostitución de menores de edad. Su tratamiento, que incorpora elementos de fantasía y comedia, no teme incomodar al espectador. Lo logra a través de una especie de ironía dramática macabra, en la que el público percibe la gravedad de la situación, mientras que el protagonista parece ignorarla.
La paradoja entre dominación y sumisión atraviesa todo el metraje […] lejos de celebrarla acríticamente, la serie la pone en cuestión, exponiendo sus riesgos y contradicciones
Byron comienza a prostituirse de manera casi natural, sin ser plenamente consciente de la magnitud de los hechos. No obstante, relata sus experiencias con cierta lucidez, subrayando con desprecio que la mayoría de sus clientes son hombres casados que mantienen relaciones con él mientras viste su uniforme escolar. Al mismo tiempo, narra sus encuentros con ligereza e ironía, convencido de que controla la situación, al ser el objeto de deseo de los hombres. Si bien más adelante Byron se percata de la relación de poder que sostiene estas prácticas, en un principio romantiza su situación, inquietando al espectador.
Esta paradoja entre dominación y sumisión atraviesa todo el metraje, desempeñando un papel central en la representación de la liberación sexual del año 2000. Lejos de celebrarla acríticamente, la serie la pone en cuestión, exponiendo sus riesgos y contradicciones. A modo de ilustración, en una pequeña escena del cuarto episodio, Byron y Sasha (Hannah Jones) —integrante de las Fallen Divas— realizan una felación en la calle a un mismo hombre. En medio del acto, un grupo de mujeres cis se detiene frente a ellas y llama a Byron: “sucia puta”. Él responde: “no soy una puta, estoy…”, dejando la frase en suspendida en el aire. A continuación, Sasha interviene, completando la intervención de su amiga, afirmando que está “sexualmente liberada”.

Ellis Howard es Byron en ‘What It Feels Like For a Girl’.
Pese al atrevimiento que supone tratar ambos temas desde esta óptica, la serie también incurre en numerosos clichés, entre los que destaca el personaje del padre de Byron, que carece de gran profundidad. Lo que podría ser considerado un defecto es, en cierto modo, una virtud. La combinación del atrevimiento de la propuesta con su tendencia a caer en ciertas convenciones da lugar a una serie que es tan naíf como aventurada, reflejando con precisión la personalidad preadolescente de su protagonista.
Otras voces
What It Feels Like for a Girl se compromete a representar experiencias de vida que rara vez encuentran su espacio en la pequeña pantalla. La serie se adentra en las condiciones y consecuencias de la marginalización social de la comunidad queer. Su premisa recuerda que muchas personas trans, repudiadas por su familia y discriminadas por el mundo laboral, se ven abocadas al trabajo sexual como único sustento económico.
Aunque la serie nos ofrece importantes lecciones, no pretende ser didáctica ni moralista; su único objetivo, en palabras de su creadora, es entretener
En este contexto, la ficción da voz a distintos testimonios: desde Max (Calam Lynch), un joven gay que empezó a prostituirse a los trece años y ha perdido el contacto con su familia, hasta Sasha, trabajadora sexual e integrante de las Fallen Divas que creció en un centro de acogida. La diversidad de experiencias y posicionamientos se plasma en una escena brillante que explora las estrategias de los personajes para revelar su identidad trans antes de mantener relaciones sexuales.
Aunque la serie nos ofrece importantes lecciones, no pretende ser didáctica ni moralista; su único objetivo, en palabras de su creadora, es entretener. Por ello, Byron no necesita ser un personaje agradable para que su historia merezca ser contada: es egoísta, altivo y contradictorio, pero aún así ocupa un lugar central en la ficción. Con ello, Paris Lees reivindica la representación de los excluidos, quienes —independientemente su condición — poseen un innegable valor humano. Del mismo modo, la serie no se limita a abordar temas de identidad de género y orientación sexual, sino que se adentra en otros territorios, esquivando el estereotipo de la obra queer centrada en “la salida del armario” y construyendo un relato abierto a públicos muy diversos.

‘What It Feels Like For a Girl’ está disponible en Filmin.
Trascendiendo la ficción
La escritura de Paris Lees en sus memorias se caracteriza por un estilo dialectal que captura fielmente la fonética y el argot de sus protagonistas. Aunque la serie conserva esta propuesta en su guión, no se atreve a trasladarla a la imagen, encontrando serias dificultades para proponer un estilo que transmita el universo de Byron. Por el contrario, el diseño artístico refleja a la perfección el momento histórico del relato y las características de su protagonista, con un vestuario compuesto por prendas atrevidas que evocan las tendencias de la época. Por su parte, la puesta en escena no se contagia de este espíritu, resultando contenida y austera en la mayor parte del metraje, salvo por algunos recursos expresivos, como el movimiento de cámara de 360 grados y el uso del efecto motion blur, que transmiten la percepción alterada de Byron tras el consumo de alucinógenos.
Uno de los objetivos de la producción: que los relatos queer trasciendan la pantalla y generen espacios seguros para su comunidad
En la sobriedad de la imagen, destacan las interpretaciones de los actores que encarnan a los personajes queer, uno de los mayores atractivos de la serie. Entre ellos, sobresale el trabajo de Ellis Howard, quien logra retratar las contradicciones de Byron: un joven inteligente y torpe, atrevido y temeroso, entrañable y detestable. Todo ello, con altas dosis de carisma. Las interpretaciones de sus compañeros de reparto están al mismo nivel, lo que permite construir una dinámica de grupo completamente natural. La rapidez de los diálogos y la química de las interacciones dotan de gran solidez a la familia elegida por Byron.
¿El secreto? Según Ellis Howard, el reparto constituye la comunidad de amigos queer que nunca antes había tenido. Basta con observar las entrevistas promocionales de la serie para confirmar que existe un auténtico vinculo entre sus actores, una demostración del alcance de uno de los objetivos de la producción: que los relatos queer trasciendan la pantalla y generen espacios seguros para su comunidad.

