Webseries, o cómo la cultura resiste
Internet como única ventana para jóvenes creadores

Webseries, o cómo la cultura resiste

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La velocidad del consumo cultural y la inoperancia de las instituciones públicas y de las grandes cadenas no frena una producción audiovisual que se reinventa en internet

El formato webserie está completamente condicionado por su canal: la pequeñísima pantalla. Un formato, el de las tablets y smartphones, que sigue acelerando la velocidad del consumo cultural. Para hacer un paralelismo, antes un capítulo de una webserie representaba lo que una canción dentro de un álbum, y ahora lo que un estribillo dentro de una canción. Malviviendo, el título que todo el mundo mantiene en la punta de su lengua por si nos preguntan sobre webseries, ésa, ahora sería impensable estrenarla. Una apuesta coral, filmada en exteriores, que ronda la media hora por capítulo… impensable.

Malviviendo nació en 2008, tan solo un año más tarde de que Steve Jobs dijera la lapidaria “this is the iPhone”. Y en aquellos tiempos la histeria por la inmediatez no estaba tan establecida como ahora, ahora que llegamos a leer los tuits en diagonal, y se podían colgar producciones medianas sin riesgo a que la gente saltase de ventana incapaz de estarse quieta. Ya no se escuchan álbums, sino tracks, ni se miran películas porno, sino clips. Todo lo que es susceptible de ser consumido a través de la pequeñísima pantalla se ha ido encogiendo paralelamente. ¿Qué nos traerán las Google Glass?

 

(Tráiler de Malviviendo)

Webseries que ahora la están petando a nivel nacional como Sin vida propia, o Con pelos en la lengua y Lavida.es que han recibido varios premios internacionales, oscilan entre los cinco y diez minutos de duración por capítulo, y están filmadas en interiores y con planos cerrados. Viéndolas uno piensa que la narrativa audiovisual se ha convertido en un gran ejercicio de síntesis o, en otros casos, en una representación de pequeñísimos conflictos. No hay adornos innecesarios, ni paja autocomplaciente, las historias que nos cuentan están concentradas como un zumo natural. Y de eso va adaptarse. España cuenta, hasta la fecha, con más de 500 webseries en su red, casi todas ellas impulsadas de manera independiente, y siguen empujando.

«La televisión ya no es un objetivo»

En relación a Lavida.es, realizada casi en su totalidad en lenguaje 2.0, su creador, Pau Serracant, nos comentó que “nosotros buscábamos una cosa de bajo presupuesto, porque no teníamos financiación”. Lavida.es no hubiera sido posible sin internet y por lo tanto tuvo que acatar sus leyes. “Hablar de Youtube es hablar de la vida. Un vídeo de un desgraciado golpeándose contra el canto de una piscina tiene millones de visitas, y un producto de calidad puede que no lo vea nadie”, añadió Serracant, “el éxito en internet es impredecible”. En su caso, nunca tuvieron la televisión en mente, “para nosotros no era un objetivo, el sitio de Lavida.es es internet”. Sin embargo, muchas webseries fantasean con ser llevadas a la pantalla familiar. Pero la tele se ha vuelto muy selectiva, de su escaparate cuelga un amable ‘solo productos rentables’ y para Humbert Aparicio, uno de los creadores de V.I.E., “esto provoca que la industria se esté polarizando mucho: o tienes la idea o tienes muchas pasta”.

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(Foto de la Jornada de Series y Webseries de jóvenes creadores organizada por SERIELIZADOS, en el Barcelona Visual Sound. A la izquierda V.I.E, a la derecha Lavida.es)

Acceder a los grandes canales de distribución se ha vuelto casi imposible. Con Humbert hablamos de la ‘Xarxa de Televisions Locals de Catalunya’, la única que apostaba por difundir este tipo de contenidos, aunque fuera a partir de las tres de la madrugada, pero de aquello no queda nada. Por si esto no fuera suficiente, la antigua DO, una plataforma pública que financiaba proyectos artísticos, como la webserie V.I.E., “terminó desapareciendo cuando entró el nuevo gobierno en la diputación de Barcelona. “Ese dinero pasaron a invertirlo en retransmitir misa los domingos por la mañana”, apunta un resignado Humbert.

(Primer Capítulo de V.I.E)

No hace falta medir para conocer la profundidad del pozo en el que malvive nuestra cultura. Hay poca luz y montañas de viejos residuos pero la muy perra siempre se adapta. Si la tecnología acelera, ella pilla el ritmo, si las instituciones no la acompañan, montará fiestas alternativas, da lo mismo. Los grandes canales de televisión miran hacia otro lado mientras internet lo abraza todo, para bien y para mal, dejando en nuestras manos el trabajo de filtraje. Algo así como el separar la tierra de las pepitas que practicaban los buscadores de oro. “No hay que culpar a la crisis, esto siempre ha sido así”, nos comenta Humbert, “cuesta colocar un buen producto porque, quieras o no, la mierda que se produce nos la acabamos comiendo”. De hecho, la de la buena cultura quizás sea la batalla menos épica que se conoce.

 

(Primer Capítulo de Lavida.es)

Escrito por Carlos Perelló en junio 2014.

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