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Un fotograma de la nueva temporada de 'The Pitt'.
La segunda temporada de The Pitt sucede íntegramente durante el 4 de julio, el día de la independencia de Estados Unidos. Un día de barbacoas, borracheras, calor infernal y fuegos artificiales…¿Qué más podemos pedir para la sala de urgencias del ficticio Pittsburgh Trauma Medical Center donde transcurre la serie? Si lo de la primera temporada fue movido, ahora vienen curvas de las buenas.
Estrenada el pasado 9 de enero, que The Pitt elija el 4 de julio como marco de acción de su nueva temporada no es un capricho al uso. Más allá del potencial médico –¿o catastrófico?– de esta fecha del calendario, la elección parece también una reafirmación misma de la serie. Como si Noah Wyle (que además de protagonista, es productor, guionista y director ocasional), John Wells (productor ejecutivo) y R. Scott Gemmill (creador, guionista y showrunner) nos quieran decir: “Esto no es Urgencias, estamos totalmente independizados de nuestra predecesora”.
Uno ha llegado a ver los nuevos capítulos de The Pitt con la boca abierta, casi babeando, anonadado viendo lo bien ejecutada que está la serie
Y es que por muy injusto que fuera, el recuerdo como espectador de la mítica serie de NBC se alargaba, inevitablemente, durante el visionado de los primeros episodios de The Pitt. Pero ésta demostró pronto que no era Urgencias y se ganó merecidamente su lugar como una de las mejores series del 2025, refrendado en listas de lo mejor y galardones de prestigio. Por si hubiera dudas, tras ver los primeros nueve primeros episodios de la segunda temporada –los que Warner Bros ha distribuido previamente a la prensa– podemos decir que The Pitt se ha independizado completamente. Y no solo eso; The Pitt es, en sí misma, lo mejor que le ha sucedido a la ficción seriada norteamericana en el último lustro.
‘The Pitt’ es lo mejor que nos podía pasar
¿Por qué una afirmación tan contundente como exagerada? La consolidación de The Pitt no debe leerse solamente como una puesta al día de un género perenne como el drama médico. Pasados cinco años de la pandemia ahora vemos realmente el impacto que aquello tuvo sobre el modelo audiovisual actual. El sector prosperó de forma explosiva; lo que se denominó peak tv dio paso luego a las famosas streaming wars, una suerte de neo-carrera espacial en la cada semana salía una nueva plataforma.
Y tras el pico, la realidad se ha ido ajustando hasta llegar a un momento en el que las plataformas sufren por cuadrar números, las fusiones están a la orden del día y los suscriptores pagamos facturas que suben como las de la luz. Eso ha supuesto que más allá de excepciones como las series blockbuster al estilo Stranger Things o Juego de tronos, el sector vaya volviendo paulatinamente a modelos pretéritos cuya viabilidad está más que contrastada. En solo dos años, casi la mitad de los usuarios de Netflix usan ya el plan con anuncios. Tanto progreso y modernidad para volver a la tele con anuncios de toda la vida, vaya.

Los médicos del Pittsburgh Trauma Medical Center en plena acción.
En este contexto, los creadores y productores también se adaptan y ante el poco retorno que tiene crear un número tan alto de series con gran presupuesto y toda clase de dificultades, de nuevo vuelven a ser atractivas las historias centradas en pocos espacios y un planteamiento que favorece que la acción y los personajes avancen. Los procedimentales, por ejemplo, vuelven a estar al alza, los whodunit están a la orden del día y las series médicas viven una nueva era de esplendor con The Pitt marcando el paso, siendo el modelo a replicar desde ahora.
Si no está roto…
La serie de HBO Max ha conseguido aunar lo mejor de ambos mundos, el de las prestigiosas series de la última edad dorada y el de las series formulaicas de toda la vida. Con el añadido que, quien así quiera, la podrá consumir en formato binge-watching una vez acabe cada temporada. Que narrativamente todo suceda a tiempo real y a lo largo de un solo día, da mucho juego para ello. Aunque si eres tan aprensivo como un servidor, mejor pensarse dos veces lo de la maratón.
La seguridad que muestra ‘The Pitt’ en su propia coreografía narrativa es sobresaliente.
Eso sí, por muy aprensivo que uno sea, la realidad es que, al igual que con la primera temporada, la experiencia del visionado sigue siendo espectacular. Uno ha llegado a ver los nuevos capítulos de The Pitt con la boca abierta, casi babeando, anonadado viendo lo bien ejecutada que está la serie. Ver The Pitt puede llegar a ser una experiencia similar a escuchar una orquesta sinfónica de primera, ver a un equipo bien engrasado dominar un partido u observar a un carpintero japonés practicando el Kumiko –la técnica para juntar maderas sin clavos–.
Por qué lo cierto es que existe otro tipo de arte, distinto al Arte en mayúsculas; un arte no tan evidente, más cercano a la tradición artesanal que al postureo artístico nacido para generar selfies. Un arte que emerge de la experiencia y que emite una belleza especial, la que se encuentra al ver cosas tan bien hechas desplegarse ante nosotros. Y en ese arte, The Pitt es excelsa.
Una serie coral perfecta
Sin duda, el bagaje que parte del equipo se trajo de Urgencias tiene buena culpa de esa excelencia, siendo Noah Wyle la personificación absoluta de ello. Si en la primera temporada su “Robby” Rabinovich asumió, como era natural, el rol de capitán que tira del carro, en esta segunda su presencia se acerca más a la del veterano jugador de equipo que mide sus esfuerzos con precisión y sabe cuando dar espacio al resto de jugadores. Los guionistas son conscientes de ello, al igual que saben también muy bien cuando deben lucirse el resto de MVPs de la temporada anterior, como es el caso de la enfermera Dana Evans, interpretada de forma magnética por Katherine LaNasa.

De izquierda a derecha: Noah Wyle, Katherine LaNasa y la nueva incorporación Sepideh Moafi
Siguiendo con las metáforas deportivas, el conjunto de la serie, en todas sus facetas, demuestra unos automatismos y mecanismos tan bien aprendidos como los de un pasador que lanza la pelota al espacio sin mirar al compañero, sabiendo que llegará a ocupar ese espacio. La seguridad que muestra la serie en su propia coreografía narrativa es sobresaliente.
Además, dentro de su vertiente como claro homenaje a la profesión médica, The Pitt consigue construir sus personajes con pequeños trazos personales y relacionales, sin renunciar al drama y al conflicto, pero poniendo siempre por encima del resto, la función médica de sus protagonistas. Como si antes de cobrar vida en la página en blanco ya hubieran jurado el juramento hipocrático. Todos ellos siguen desprendiendo la vocación que requiere una profesión así.
‘The Pitt’ nunca baja la guardia
En cuanto al conflicto, la gran novedad es la llegada de la Dr. Baran Al-Hashimi (Sepideh Moafi), quien reemplazará a “Robby” durante sus tres meses sabáticos, coincidiendo los dos el último día de éste antes de sus merecidas vacaciones. Mal día para venir al curro, debe pensar el bueno de “Robby”; además de la locura que supone el 4 de julio, la coexistencia de los dos jefes en este nuevo turno hace que salten chispas. Pasar la batuta a una doctora experta en tecnología y eficiencia de procesos pone de relieve dos visiones que chocan entre sí, cultivando el conflicto sin llegar a explotar un antagonismo odioso que estaría fuera de lugar en esta propuesta.
Pues The Pitt encuentra sabiamente espacio donde crecer en choques como el de la medicina del big data versus la medicina “de la experiencia” (o lo digital contra lo analógico) y de paradojas de un sistema saturado y aporofóbico. Respecto a lo primero –y sin destripar mucho más de la trama– veréis cómo la pirueta-evento (o eventos en plural, en este caso) que encuentran para superar al tramo del tiroteo de la primera temporada está muy bien escogida.

La segunda temporada de ‘The Pitt’ ya está disponible en HBO Max.
Respecto a lo segundo, The Pitt mantiene su identidad como la serie proletaria que es, heredera del cine de los setenta o las series de Norman Mailer. Es el retrato de una Norteamérica que sufre y lucha por salir adelante, día a día; alejada del exceso y la superficialidad de las elitistas costas o de la perfección estética de quien solo quiere lucir su tableta abdominal. The Pitt transpira humanidad: suda, sangra, se despeina y si la oliéramos, olería fuerte y desagradable. En esa humanidad The Pitt consigue ser pura televisión de primera.

