«The Good Wife»: el protagonismo de los secundarios
Alicia Florrick rules

«The Good Wife»: el protagonismo de los secundarios

La serie se resetea en su sexta temporada

La creación de Robert y Michelle King se encuentra en su sexta temporada y llega a ella en pleno esplendor. A estas alturas la mayoría de las series estarían desgastadas o camino de ello. Y sin embargo, Alicia Florrick está repartiendo más juego que nunca. Ella y la caterva de magníficos secundarios con entidad propia que la acompañan. Cary, con su aniñada media sonrisa traviesa. Diane con sus vitalistas contradicciones, y sus carcajadas (lo hace poco, pero cuando Christine Baranski ríe, el mundo tiembla). Khalinda y sus enigmáticos silencios: en ellos habita la seducción de la narrativa de Sherezade. Y por supuesto, otros personajes más esporádicos pero igual de bien trabajados, como Louis Canning, afectado de una diskinesia que usa a voluntad en los tribunales. El imponente e inteligente Lemond Bishop. O Elsbeth Tascioni, esa excéntrica pelirroja robapantallas que ve corretear pingüinos por el estrado, en la mejor tradición del John Cage de Ally McBeal. Por tan sólo nombrar a algunos de todos ellos, porque el peso dramático de esta serie no recae en unos pocos personajes, sino que se apoya y se reparte entre muchos.

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«En un principio podía ser confundida con una serie más de abogados, llevaba tiempo coqueteando con lo político, para afianzarse esta temporada en ese terreno»

La elegante The Good Wife, que en un principio podía ser confundida con una serie más de abogados, llevaba tiempo coqueteando con lo político, para afianzarse esta temporada en ese terreno. Vivimos tiempos de hibridación y esta narración es buena muestra de ello: serie de abogados, de políticos locales (por ahora), y de una máxima actualidad sociotecnológica, como nos muestran temas que se abordan recurrentemente, sobre todo de la mano de Zach, el hijo de Alicia y Peter, que nos habla de pantallas, de estrategias de comunicación y de reputación digital. Si bien la política era un telón de fondo para el espectador y para la propia Alicia, en esta temporada, la protagonista por fin ha adquirido conciencia de que en los pasillos de los tribunales se negocia más con política que con sentencias. En la antigua Grecia el politikós era el hombre que se dedicaba a las cosas de la «polis» y el idiotikós, el que se ocupaba de sus propios intereses particulares. Pero esa oposición ha quedado obsoleta: todo es política, querida Alicia. Desde lo que ocurre en los tribunales hasta la relación con Peter, pasando por las continuas negociaciones en tu bufete. La política en The Good Wife es un asunto público y privado… y sobre todo, digital. Porque en realidad esta serie no sólo es de abogados o de políticos, sino que habla sobre el poder y sus distintas relaciones y expresiones. En realidad todo son juegos de poder, sra. Florrick.

Y santa Alicia lo ha ido comprendiendo por las buenas y por las malas. Aquella comparecencia inicial ante los medios junto a su marido Peter, un acto de sacrificio social en aras de la virtud matrimonial, se convirtió en el primer reset de la protagonista, donde Alicia hacía frente con valentía a una nueva independencia forzada; el abandono de Lockhart & Gardner fue el segundo reinicio, donde la independencia se convertía aquí en voluntaria; y lo que ocurrió en la quinta temporada, es un tercer acto que desemboca en la autonomía completa en todos los ámbitos vitales. Con la imagen final del episodio «Shiny objects» se cierra un círculo: veremos con qué nos sigue sorprendiendo esta serie.

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Escrito por Raquel Crisóstomo en noviembre 2014.

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