¿Se ha cargado ‘Juego de Tronos’ siete temporadas de una puñalada?
Capítulo 8x03

¿Se ha cargado ‘Juego de Tronos’ siete temporadas de una puñalada?

Jon Snow durante la gran batalla de "La larga noche" / Crédito: Helen Sloan (HBO)

Después de siete temporadas y media con la mosca del "Winter is Coming" revoloteando por los Siete Reinos es difícil no sentir decepción tras ver que la gran amenaza termina con una puñalada por la espalda.

Los casi noventa minutos del tercer episodio de Juego de Tronos me revolcaron en el sofá como una ola en la orilla. Mantuve la respiración durante la vorágine hasta que al final salí escupido como un diente de leche. Ya está, todo terminó. Y el alivio de haber salido con vida de todo aquello empezó rápidamente a mezclarse con una sensación extraña de ridículo: ¿realmente ha sido para tanto esa ola? ¿Ha merecido la pena el sufrimiento?

El despliegue técnico de este oscurísimo episodio -recordemos que se titula «La larga noche«, el juego de sombras está más que justificado- es irreprochable. Llevábamos días esperando el momento en que arrancaran las decisiones y la acción, y las hemos tenido por encima de nuestras capacidades perceptivas. Además, en el plano dramático, hemos visto en la cara de nuestros personajes (Jaime, Daenerys, Sam, Melisandre, Sansa, El Perro, Tyrion, Arya…) expresiones faciales irreconocibles. Verdadero miedo. Desesperación absoluta. El trabajo de dirección de actores de este capítulo es brillante. Y no sólo a nivel individual; se respiraba a través de los ojos de todos los actores el mismo sentimiento. Una sola unidad de angustia.

Lejos de los típicos zombis kamikaze los caminantes dejaron una imagen digna de un ejército con una concepción del honor muy humana

Cabe reconocer también dos escenas que son para el recuerdo. La primera es nada más empezar la batalla. Los Dothraki, guerreros implacables y salvajemente decididos, se abalanzan contra el muro de la noche con sus sables en llamas. Poco a poco, esos puntitos de luz en el horizonte van apagándose engullidos por la oscuridad. Y la esperanza se diluye con sus últimos gritos de auxilio. Confieso que aquí abandoné la horizontalidad y me senté en el sofá como es debido.

La segunda tiene como protagonistas a los Caminantes Blancos cuando se topan con la muralla de fuego construida alrededor de Invernalia. Después de entender la amenaza, se plantan, intimidantes pero serenos. Y entonces deciden sacrificar su no-vida (primero uno, y otro, y luego más…) en beneficio de la gloria colectiva, lanzándose sobre las llamas para que sus compañeros puedan cruzar la trinchera y tomar la ciudadela. Pocas veces -quizá nunca- había sentido una mínima empatía por esta clase de tipejos. Lejos de los típicos zombis kamikaze -que también- los caminantes dejaron una imagen digna de un ejército con una concepción del honor muy humana. Es una secuencia para volver a ver.

Daenerys llora la muerte en combate de Jorah Mormont / Crédito: Helen Sloan (HBO)

Luego tocó disfrutar como desalmados de una hora de persecuciones, calcinaciones, peleas entre dragones, mordiscos, derrumbes, plegarias, la muerte de personajes secundarios y la redención de otros (como la de Greyjoy, Jorah Mormont o la misma Melisandre). Decir que este tercer capítulo fue flojo son ganas de ir en contra del sentimiento popular o, por otro lado, y más legítimo, porque nos pirra la tragedia, y el final de esta esperadísima batalla supo a poco.

¿Entre los pocos supervivientes que ha dejado esta batalla monstruosa han sobrevivido todos los personajes importantes?

Después de siete temporadas y media con la mosca del Winter is Coming revoloteando por los Siete Reinos es difícil no sentir decepción tras ver cómo termina la gran amenaza de la especie humana, de una puñalada por la espalda. No es que quiera ver el mundo arder, aunque admito que me interesa. Tampoco olvido la trayectoria militar de Arya Stark durante toda la serie, que se cierra con esta muerte de manera sublime. Pero está claro, a riesgo de que los próximos capítulos me dejen en evidencia, que los guionistas han optado por la épica de mercadillo: último instante, Jon contra el dragón, Bran contra el Rey de la Noche, Daenerys contra las cuerdas, Sansa y Tyrion contra todos y… ¡zas! Daga al riñón y el mal desaparece como un estornudo en el viento.

Todavía queda mucho por ver. Y de hecho ni siquiera ha terminado esta batalla. Faltan ver las secuelas. ¿Habrá algún herido de gravedad? ¿Ha sido el mal realmente neutralizado? O la que me hice nada más terminar el capítulo: ¿De verdad que entre los pocos supervivientes que ha dejado esta batalla monstruosa resulta que han sobrevivido todos los personajes importantes? Quizás es pedir demasiado, pero admitamos que por el curso que traía Juego de Tronos esta casualidad huele un poco a rancio.

Todo lo que pueda decirse ahora sobre lo que tiene que venir serán especulaciones. Aunque como ya se valoró en pasadas entregas el verdadero mal del que nos habla R.R. Martin no es el que tenemos delante, sino el que tiene el hombre en su interior. El gran final, pues, solo puede ser fratricida. Y no se librará más allá del Muro, sino en el corazón de la capital de Poniente. Preparémonos para estos últimos tres capítulos porque donde esté Cersei Lannister que se quiten Reyes de la Noche y dragones blancos.

Escrito por Carlos Perelló en abril 2019.

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