‘Samurai de ojos azules’: una de las revelaciones animadas
Crítica de la serie

‘Samurai de ojos azules’: una de las revelaciones animadas de Netflix en 2023

La serie sigue a una mujer que, vestida como un hombre, busca vengarse en un Japón feudal cuyas fronteras están cerradas al mundo exterior. Es la hija bastarda de ‘Kill Bill’ y ‘Mulán’.

‘Samurai de ojos azules’ está disponible en Netflix.

La animación para adultos de Netflix suele dar cada año alguna alegría en forma de una serie que conquista con su pericia técnica, los temas que toca y la manera de contarlos. Si, por ejemplo, en 2021 fue Arcane, el spin-off  del videojuego League of legends, en este 2023 ha sido Samurai de ojos azules, una creación original de Michael Green y Amber Noizumi que nos lleva hasta el Japón del período Edo, en el siglo XVII, cuando el país se cerró a cal y canto a cualquier tipo de influencia extranjera y, en concreto, occidental.

Allí nace una mujer de padre europeo y madre japonesa, lo que la convierte en casi un monstruo para los demás y también para sí misma. Las circunstancias de su nacimiento, y el odio hacia sí misma que generan, provocan que aparezcan en Mizu tanto una rabia incontrolable como unas enormes ansias de venganza de los cuatro hombres blancos que había en Japón en la época de su nacimiento, pero siendo mujer, sus opciones vitales están muy restringidas. Así que Mizu asume una identidad masculina, la de un espadachín experto lanzado a un camino de muerte en el que nada podrá apartarla de objetivo final.

‘Samurai de ojos azules’ se ubica en el siglo XVII, en el Japón del período Edo.

El punto de partida remite tanto a Kill Bill, donde Quentin Tarantino mezcla la acción asiática con la serie B de Hollywood en la venganza de la Novia de quienes la dieron por muerta el día de su boda (en un capítulo incluso suena Battle without honor or humanity), como a la inspiración para aquella película (Lady Snowblood, donde una mujer se venga de los hombres que mataron a su padre y violaron a su madre) o a Mulán, en la que una joven se viste de hombre para alistarse en el ejército del emperador de China y mantener el honor de su familia en la lucha contra los hunos. Pero en Mizu es también posible encontrar trazas de los pistoleros solitarios sin nombre interpretados por Clint Eastwood; al fin y al cabo, Hollywood ha adaptado no pocas historias de samurais en formato de western, como el díptico Los siete samurais Los siete magníficos.

Una protagonista llena de matices

Samurai de ojos azules trata a Mizu con una mirada entre contemporánea y coherente con las restricciones que la sociedad japonesa de la época imponía a las mujeres. Algunos espectadores han querido ver en ella cuestiones de fluidez de género, de disforia corporal y de identidad que en el siglo XXI están mucho más asentadas, mientras Mizu es, en el siglo XVII, simplemente una mujer con una misión que solo puede llevar a cabo si se viste y actúa como un hombre, lo que también le permite disimular su mestizaje. Es un protagonista que está constantemente luchando con el desprecio hacia quien es, el objetivo que se ha marcado como lo único que justifica sus existencia y las “distracciones” que van apareciendo en su camino, que van desde un joven cocinero sin manos que quiere ser su aprendiz a una pareja con la que la serie remite a otra historia de una mujer judía que asume una identidad masculina para, en este caso, acceder a una educación como Yentl.

Los combates pueden ser lo que más llama la atención de la ficción de primeras, pero todo el aspecto visual está cuidado hasta el mínimo detalle

Esa pareja la forman Akemi, hija de un noble con aspiraciones de acercarse a la órbita del shôgun (el jefe que gobierna el país en nombre del emperador), y Taigen, un samurai muy orgulloso de su habilidad con la espada. Ambos terminan enredados en los tejemanejes del padre de ella, que quiere casarla con algún noble importante, y cruzan sus caminos con Mizu formando un triángulo de emociones y ambiciones que amplía el mundo de la serie y la enriquece. Tanto la princesa como el espadachín tendrán que ajustar su visión de sí mismos y del mundo a lo largo de los episodios, mientras generarán en Mizu tanto dudas como recuerdos de su vida anterior, algo que ella evita a toda costa.

‘Samurai de ojos azules’ está disponible en Netflix.

Su huida hacia adelante está repleta de violencia, de sangre y de soledad, y Samurai de ojos azules la muestra con unas espectaculares peleas que se rodaron y animaron como si fuera una producción de acción real. Primero las llevaban a cabo los especialistas y, después, las animaba el estudio francés Blue Spirit (responsable, entre otras, de La vida de Calabacín) mezclando el estilo de la animación en 2D con el CGI y el 3D. Son dignas herederas de las películas de acción asiáticas, con movimientos acrobáticos y brutales, y sirven también para obligar a Mizu a enfrentarse a algunos de esos aspectos de sí misma que reprime y oculta.

Es uno de los mejores ejemplos de cómo la animación puede elevar una historia cuyos elementos básicos se han visto ya muchas veces westerns y películas de samurais

Los combates pueden ser lo que más llama la atención de la ficción de primeras, pero todo el aspecto visual está cuidado hasta el mínimo detalle: vestuario, edificios, costumbres, arte… Todo se sostiene sobre una exhaustiva labor de documentación que se suma a las referencias cinematográficas y del teatro tradicional japonés para construir un serie que es más una inmersión total en un mundo que ha hecho así a Mizu tanto como ella misma se ha moldeado de una manera muy concreta para sobrevivir. Y luego está el reparto de voces en la versión original, que incluye a Maya Erskine, Kenneth Branagh, George Takei y Masi Oka, entre otros. Es uno de los mejores ejemplos de cómo la animación puede elevar una historia cuyos elementos básicos se han visto ya muchas veces en westerns y películas de samurais.

La serie mezcla el estilo de la animación en 2D con el CGI y el 3D

El gran reto para Mizu es qué hará cuando termine su venganza. ¿Se convertirá en Ethan Edwards, el protagonista consumido por su odio de Centauros del desierto? ¿Podrá regresar a algo parecido a una vida normal o la violencia siempre la perseguirá, caso del samurai que intenta abandonar ese camino en Rurouni Kenshin? Hay que tener en cuenta que Mizu no deja de ser una mujer de ojos azules en un país que recela de los extranjeros y somete a las mujeres. Podrá matar a los cuatro occidentales que, en una vuelta de tuerca sangrienta a Mamma mia, quizá sean su padre, pero eso no cambiará su identidad.

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