Paquita Salas somos todos
Segunda temporada

Paquita Salas somos todos

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La representante de actores más cañí vuelve con una segunda temporada en que su lado más entrañable y sensible sale a flote.

En la era de los egos desbocados y el postureo de Instagram, Paquita Salas nos devuelve a la realidad, esa que está más poblada de perdedores con esperanzas que de triunfadores. Paquita es una de esas perdedoras que no se resigna a sucumbir, como muchísimos de los espectadores que siguen sus aventuras. Por eso, porque somos más los que hacemos el ridículo diariamente que los que pasan por la vida arrasando, Paquita Salas nos representa.

Paquita Salas ha pasado de ser una serie ‘sleeper’ –poca gente le echó cuentas cuando se estrenó en Flooxer, la plataforma digital de Atresmedia– a convertirse en un fenómeno de masas que llena la red de gifs y frases que sirven para cualquier situación. Su éxito boca a boca se ha materializado con el salto a Netflix, que adquirió su primera temporada y acabó de catapultarla entre un público poco dado a explorar servicios secundarios como es Flooxer. Paquita Salas es ahora mismo el mayor activo que tiene la plataforma en cuanto a ficción española, después de La casa de papel y Las chicas del cable. Netflix lo sabe y lleva meses alimentando el hype de la segunda temporada con una campaña de márquetin digital pensada por y para su público, utilizando los códigos y los recursos de los millennials, que es, a fin de cuentas, la generación a la que pertenecen sus creadores, Los Javis.

La segunda temporada de Paquita Salas sigue las pautas de la primera entrega: solo cinco capítulos, la extensión justa para que el espectador se monte una sesión de binge-watching de las que hacen historia. Y es que esta comedia es como las míticas Popitas, cuando haces pop ya no hay stop. Darse un atracón de Paquita tiene, sin embargo, algo de contraproducente: puede hacer que el espectador solo se quede en la superficie, en los gags que hay a primera vista, pero Paquita es mucho más que atracones de torreznos y gintonics de Larios. Sus bromas y referencias exigen un alto conocimiento del microcosmos que es el sector audiovisual español. A las 11 en casa, El secreto de Puente Viejo o Física o química son solo algunas de las series que flotan en el aire en las dos temporadas de la serie.

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(Foto: Tamara Arranz)

La interpretación de Brays Efe, esta representante de actores siempre al borde del colapso, es divertida pero también tierna y empática. Porque, como ya pasaba en La Llamada y en la primera temporada, sus creadores cogen un personaje aparentemente extremo para hablar de las fragilidades que son comunes a todos los seres humanos: la lucha por sobrevivir diariamente cuando todo parece ir en tu contra y la capacidad de levantarse una y otra vez cuando te caes, o cómo las amistades de verdad son las que siempre están a tu lado, ya estés en lo más alto del éxito o en el estercolero. En el arranque de la segunda entrega, Paquita está en la mierda, a punto de la ruina y habiendo perdido, de nuevo, a su actriz estrella: Mariona Terés. Se le cierran más puertas de las que se le abren, prácticamente ninguna, pero a su lado está su troupe de apoyos incondicionales formada por su ayudante Magüi (Belén Cuesta), el mensajero Alex (Alex de Lucas) y Lidia San José (Lidia San José), esa actriz que fue estrella juvenil y ahora, un poco como Paquita, navega sin rumbo. La última incorporación al grupo es la aspirante a actriz Belén de Lucas, interpretada por Anna Castillo.

Los Javis se han convertido en la pareja de creadores de moda y han salido de los circuitos alternativos para convertirse en ‘mainstream’, Operación Triunfo mediante

La carrera actual de Los Javis tiene poco que ver con la que tenían cuando empezaron con Paquita Salas. Si nos basamos en los parámetros estándares para medir el éxito, podríamos decir que ellos lo han alcanzado. Se han convertido en la pareja de creadores de moda y han salido de los circuitos alternativos para convertirse en mainstream, Operación Triunfo mediante. El talent show resucitó gracias a la explotación del medio digital, que conectó con una audiencia muy joven que no veía TVE y que se enganchó al concurso gracias a Youtube. Las clases de los directores, por las que pasaron tanto Efe como Cuesta i Castillo, eran algunos de los contenidos más reproducidos. Resumiendo rápido y pronto, podríamos decir que la pareja ha alcanzado el éxito, un concepto que no es ajeno a Paquita Salas. La reflexión sobre qué quiere decir esta palabra, qué se está dispuesto a hacer para conseguirlo y qué cambia una vez se alcanza, es el eje vertebrador de la serie y el análisis de los Javis no ha perdido honestidad a pesar del salto que ha hecho su carrera. La pareja tiene el don de meter el dedo en la llaga –ojo al primer episodio de la segunda temporada, ideal para estos años de patriotismo exaltado- tirando de ligereza y echando mano de un submundo pop –hay cameo de Ana Obregón– que te atrapa hasta hacerse imprescindible en tu vida.

Escrito por Alejandra Palés en junio 2018.

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