'Dates' y 'Cites': Mojar en tiempos de series
'Dates', 'Cites' y la serielización del amor

Mojar en tiempos de series

Estamos serielizando la vida y el ligar no iba a ser una excepción. Si cada vez queremos más las cosas a la carta, ¿como no íbamos a caer rendidos ante la posibilidad del amor a la carta?

Probablemente, la mejor y más placentera forma de afirmar nuestra identidad, encontrarle una finalidad a la existencia y olvidar que vamos a morir sea sentir que le gustamos a alguien. Y, puestos a pedir, gustarle lo suficiente para que ése alguien se avenga a compartir algún que otro fluido corporal con nosotros. Pero, ¿quién tiene tiempo para ligar en estos días que corren?

Dates nos habla de cómo el online dating está desplazando las maneras tradicionales de pillar cacho para abrir paso a un nuevo mundo de ligoteo más aséptico y optimizado, donde la autoconsciencia tiñe todas las situaciones de la vida que antes creíamos genuinas. El formato es irresistible porque se centra en diseccionar el momento mágico por excelencia: las primeras citas. Desde la quedada más pastelosa, diabética y sobreactuada hasta destellos de elegancia dignos de la trilogía de Richard Linklater; cuesta mucho apartar la mirada y no sucumbir al guilty pleasure que Dates nos pone en bandeja.

Dates

«El gancho de Dates está en la claridad del espejo que nos pone delante en el que todavía no estábamos acostumbrados a mirarnos»

Cada episodio lleva el nombre de los dos personajes que protagonizan la cita. A medida que la serie avanza y los nombres se repiten y entrecruzan, descubrimos más acerca de ellos y de las mentiras que decían en los primeros encuentros. El espacio para el desarrollo de carácteres que permite el formato es bastante limitado y este es, precisamente, el rasgo distintivo de la serie. Porque Dates no es interesante por la intriga de saber si Oona Chaplin es una implacable zorra londinense sin sentimientos que acabará encontrando la redención gracias a un bucólico príncipe escocés; o por si Gemma Chan terminará saliendo del armario a pesar de la camisa de fuerza cultural asiática. No, Dates va de otra cosa: de la nueva forma en que ligamos. El gancho de Dates está en la claridad del espejo que nos pone delante y en que, esta vez, nos encontramos ante un espejo en el que todavía no estábamos acostumbrados a mirarnos.

Dates nos muestra que el cómo afecta al qué. The medium is the message, y tal. Incluso algo tan aparentemente natural como el amor se ve profundamente condicionado por el ecosistema en el que se desarrolla y, como con todo lo demás, sería ingenuo pensar que el mar de hipercomunicación digital en el cual naufragamos cada día deja intacta la experiencia romántica tal y como siempre la hemos conocido. Estamos serielizando la vida y el ligar no iba a ser una excepción. Si cada vez queremos más las cosas a la carta, ¿como no íbamos a caer rendidos ante la posibilidad del amor a la carta? La serie retrata esta metamorfosis por la que están pasando nuestras formas de encontrar pareja y nos obliga a preguntarnos si todo sigue igual o si algo importante se ha quedado en el camino y no sabemos qué va a sustituirlo.

Dates

«El otro cada vez importa menos mientras se trate del portador de una vivencia placentera que incorporar a nuestro capital amoroso»

No me gustaría aburriros con una disquisición enrevesada y pedante acerca de los cambios en la fenomenología amorosa que Dates ejemplifica. Es broma, claro que me gustaría. Tan solo dejadme apuntar hacia algo relacionado con lo que he comentado anteriormente: la dialéctica entre el formato y el contenido. Creo que los capítulos de Dates -desde el acierto de titular cada episodio simplemente con el nombre de los protagonistas, hasta la decisión de reducir la narración al momento estricto que dura las citas- capturan aquello que se ha vuelto central en el amor hoy en día: la experiencia en sí misma, al margen de las personas que nos la proporcionen. En otras palabras, el otro cada vez importa menos mientras se trate del portador de una vivencia placentera que incorporar a nuestro capital amoroso. Mia no busca a David o a Stephen en su singularidad: ellos son meros contenedores de una experiencia romántica que Mia quiere consumir para enriquecer su historia personal. Cuanto menos margen para el sufrimiento, la sorpresa y el tener que soportar la carga emocional del otro, mejor. Al fin y al cabo, cada cual está invirtiendo su preciado tiempo y, como bien sabemos gracias a los economistas, lo importante no es lo que estamos haciendo, sino lo que estamos dejando de hacer. Estudia el mercado del amor, invierte en valores seguros, cóbrate el excedente emocional y reparte tus inversiones para minimizar pérdidas. Rinse and repeat.

Dates señala algunos de los interrogantes alrededor de esta nueva forma de ligar en serie. Sin embargo, a medida que pasan las semanas, la historia nos cuenta que la rueda del flirteo puede acabar deteniéndose y las parejas postmodernas acaban retornando a los cauces del amor tradicional, el de comedia romántica de sofá y manta de toda la vida. De hecho, los diferentes mensajes que nos envía Dates acerca del amor más allá de la primera cita son bastante insulsos y predecibles. La calidad de las interpretaciones y la finura de las batallas conversacionales es variable, con una sensación generalmente buena pero con algunos valles lamentables -siempre de la mano de las fracasadas actuaciones de Gemma Chan-. En definitiva, si la abstraemos de la frescura de su formato innovador y de las reflexiones a las que nos impulsa -motivos más que suficientes para recomendarla-, Dates es un producto bueno, pero no excelente. ¿Qué pasa cuando importamos el formato?

 

Cites es la versión catalana de la serie, producida por TV3, la nostra (la de los que pitamos himnos nacionales a las órdenes del Líder Supremo Artur Mas, ya sabéis). Como espectador resabiado que soy, predispuesto a despotricar sobre cualquier incursión en la ficción televisiva de nuestras cadenas estatales, cuando supe que TV3 había comprado los derechos de Dates y que la primera decisión era extender la duración de los episodios de 25 a 50 minutos, estaba preparado para echar toneladas de bilis sobre lo que esperaba que sería una nueva muestra de la lamentable cutrez seriéfila en la que vivimos. Y nada, que me lo como con patatas.

Cites

«Si la Dates original tiene sus fallos, Cites no tiene ni más ni menos, que ya es mucho»

No es que Cites sea el Sexo en Nueva York barcelonés, pero la verdad es que la serie supone un paso adelante respecto a la basura a que estamos acostumbrados en el terreno de la ficción, que siempre ha dado bastante vergüenza ajena si lo comparamos con el buen resultado en cultura, humor, deportes etc. Si la Dates original tiene sus fallos, Cites no tiene ni más ni menos, que ya es mucho. De hecho, es especialmente interesante notar que, mientras todas las parejas y líneas argumentales de la versión catalana son nuevas menos una, son precisamente los personajes copiados de la versión inglesa los que se comportan peor en el nuevo decorado. Esto habla en favor de los guionistas, que han resistido esa tentación tan nuestra de querer trasplantar historias americanas -o británicas, como es el caso-, y ambientarlas aquí en Barcelona. Los nuevos personajes de Cites consiguen parecer cercanos y -la mayoría- verosímiles y demuestran que el equipo de Pau Freixas, el director y productor de la serie, ha hecho un buen trabajo de adaptación.

Cites

Los capítulos tienen un buen ritmo y la factura es irreprochable. Como en la versión británica, también aquí hay mucha disparidad entre historias y cada semana nos enfrentamos a un melón por abrir. Los actores lo condicionan absolutamente todo en un formato tan íntimo y teatral como éste: al cabo de 5 minutos ya sabemos cuales pasan la prueba del constante plano medio y cuales no podrían sonar creíbles ni con todo el Stanislavski del mundo. Con todo, Cites es entretenida e interesante, con una inevitable dosis de azúcar extra que no puedo dejar de perdonar por el hecho de ser un producto nacional y partir de las consiguientes bajas expectativas. Una serie que podría haber repetido todos los vicios de la ficción catalana -y española-, consigue ir más allá que nada que haya visto en la pequeña pantalla nacional con la etiqueta de «romántico» e invita a recuperar la confianza en nuestra industria televisiva pública. Importamos nuevas formas de ligar y aprendemos a hacer buenas ficciones televisivas. ¿Qué será lo siguiente, una buena serie sobre la Guerra Civil?

Escrito por Joan Burdeus en junio 2015.

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